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Michel Foucault en Las Palabras y las Cosas muestra dos grandes discontinuidades en la episteme de la cultura occidental: aquella con la que se inaugura la época clásica, hacia mediados del siglo XVII, y aquella que, a principios del XIX, señala el umbral de la modernidad. En ese momento el hombre se convierte en sujeto y objeto de estudio. Con Foucault concuerda también Jenaro Talens.
Jacques Derrida en La Doble Sesión ensayo que integra el volumen La Diseminación. El Entre se aparta de lo orgánico y sustancial; no se identifica con el sujeto como sustancia identitaria pero tampoco con los otros, enmarcados y producidos en tanto que otros y habilita el movimiento y la velocidad. El Entre a su vez implica un vacío. En palabras de Derrida: el Entre no es "puramente sintáctico (...) Además de su función sintáctica, mediante la remarcación de su vacío semántico se pone a significar. Su vacío semántico significa, pero el espaciamiento y la articulación; tiene por sentido la posibilidad de la sintaxis y ordena el juego del sentido. Ni puramente sintáctico, ni puramente semántico, señala la abertura articulada de esa oposición". (Derrida, 1975: 335).
Las luchas en busca de la muerte del sujeto se encuentran con un punto crítico en el debate entre Jacques Derrida y Michel Foucault. Para el segundo incluso Foucault preservó la idea de sujeto así sea bajo el manto tan irreconocible como el de ese sujeto llamado locura. Es bueno recordar que el estudio foucaultiano integraba: el saber; el sujeto y el poder.
"Concierne a aquella estructura de la conciencia del sentimiento y de la reivindicación nacional que hace que una nación se plantee no sólo como portadora de una filosofía sino de una filosofía ejemplar, es decir a la vez particular y potencialmente universal -y filosófica por eso mismo-. No sólo el nacionalismo no llega como un accidente o como un mal hacia una filosofía que le sería ajena y que sería por vocación esencial cosmopolita y universalista, sino un nacionalismo de esencia filosófica, una filosofía, un discurso estructuralmente filosófico. Y es universalista y cosmopolita" (Jacques Derrida; 1987: 34).
Para Pierre Bourdieu la violencia simbólica es padecida por una comunidad que no asume explícitamente que la está sufriendo. Pero tampoco es directamente asumida por quien la ejerce.
Marc Augé en su diagnóstico de la sobremodernidad designa al 'no-lugar' bajo "dos realidades complementarias pero distintas: los espacios constituidos con relación a ciertos fines (transporte, comercio, ocio), y la relación que los individuos mantienen con esos espacios". Son espacios sin identidad, ni memoria, no relacional, ni histórico. Sin embargo ya Michel Foucault ubica al 'no-lugar' (ubicación como paradoja) en el lenguaje, como forma de ordenar en el devenir el espacio de orden que ha constituido el saber occidental (metáfora del encuentro y desencuentro posterior entre "las palabras y las cosas".
Baudrillard en la introducción de "El crimen perfecto" anuncia: "Esto es la historia de un crimen, del asesinato de la realidad. Y del exterminio de una ilusión, la ilusión vital, la ilusión radical del mundo. Lo real no desaparece en la ilusión, es la ilusión la que desaparece en la realidad integral"
Quizás en ayuda de la discutida defensa que hace Sartori de su hipótesis se puede sostener que el sapiens ha vivido sin imágenes 'materiales' en la mayor parte de su historia, de los 200 mil años de existencia, las imágenes se han producido en los últimos 30 mil, es decir la séptima parte de su historia
Para Vattimo la crisis en la modernidad se explica por "un gran factor" como es el "advenimiento de la sociedad de la comunicación".
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