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La comunicación social en Venezuela - Algunos supuestos, y también las paradojas

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CopyLeft Artículo de Nelson González Leal - 23 de Septiembre de 2006
2. Algunos supuestos, y también las paradojas

Dentro de este marco y sólo con la simple intención de motivar una reflexión mayor, creo pertinente establecer los siguientes supuestos:

1.- El periodista venezolano cumple una función básicamente reproductora de contenidos noticiosos, sin mayor autonomía que la que el Medio le permite para discernir sobre éstos. Es decir, se encuentra sometido por el rol técnico: recabar la información y elaborar o construir la noticia a partir de ésta, lo que significa un proceso mecánico, o simplemente técnico, donde la aplicabilidad del intelecto y/o de la capacidad de análisis e interpretación continúan ausentes. Esta condición obedece al principio de acriticidad impuesto por la lógica empresarial de los llamados Medios de Comunicación Social; siendo que, para favor de un cabal desarrollo profesional, así como para garantizar la fehaciencia informativa y el esquema dialéctico de la comunicación, el periodista debería realizar el análisis y la interpretación con el objetivo de aproximarse a la verdad del hecho en concreto y a la proyección de sus posibles consecuencias, apegado a un criterio de equidad y justicia social, sin juzgar elemento alguno del acontecimiento4.

2.- En la profesión el imperio deontológico determina el criterio de justicia social desde una perspectiva jurídica privada.

El escritor y político nicaragüense Tomás Borge dice, en su célebre testimonio sobre el proceso revolucionario de Nicaragua, titulado La paciente impaciencia5, que entre los efectos de la Segunda Guerra Mundial está el de haber puesto de moda las palabras democracia y libertad, y yo me atrevo a agregar que la de comunicación. De igual manera sucede que la comunicación en Venezuela fue objeto de una circunstancia política bastante moderna: la potenciación de normativas particulares, gremiales o internas, con tendencia al igualitarismo categorial y al establecimiento de cotos lindados por privilegios especialísimos6.

Venezuela, por razones que no viene al caso analizar en este trabajo, entró tarde bajo esta estela, pero se ajustó con premura al rango en que los vencedores de aquel conflicto situaron los términos de libertad, democracia, comunicación y Medios. Todos, bajo la égida del nuevo interés globalizador, comenzaron a tomar cuerpo en un sistema de relación bastante aberrado y aberrante que constituyó a los llamados Medios de Comunicación Social -empezando por la prensa escrita- en el mecanismo más eficaz para controlar el proceso comunicacional, es decir, la libertad y la democracia, mediante la acumulación de poder económico (bajo una estricta lógica comercial) y la potestad de establecer la normativa del proceso mismo, de su funcionamiento y de sus condiciones.

El origen de esta situación es -como lo señala José María Desantes Guanter7- un criterio político de tendencia liberal que establece a la actividad informativa como potestad especial de instancias privadas (en la vertiente jurídica estas instancias pueden ser supraindividuales o no), para garantizar que se ejecute de manera libre. Es decir, tanto el estudio del derecho a la información, como el establecimiento de normativa al respecto del mismo -y por extensión de todo el proceso comunicacional-, se aborda desde la perspectiva de los Medios y de sus intereses, así como desde el interés gremial de los profesionales de la comunicación social, y aun desde el interés privado del público, en lo que al denominado derecho a réplica se refiere. Pero no desde la real perspectiva pública de la información o del proceso comunicacional, que, entre otras cosas, equivale al derecho del público a estar fehacientemente informado y a participar interactivamente del proceso comunicacional.

Ahora bien, resulta clara la consecuencia de este asunto: la normativa se erige como la única ley válida para determinar el alcance del Medio, llegando, incluso, a regir sobre los factores externos que podían determinar o advertir sobre el proceso, y algo bastante más grave aún, con esto se le adjudicó al periodista la absoluta potestad sobre un derecho universal y de libre uso por cualquier ciudadano en su carácter de ser social, el de comunicar lo que se le antoje, con la única restricción que impone la justa, sana, pacífica y equilibrada convivencia comunitaria.

Pues bien, en el contexto del presente análisis, se considera evidente que pocos periodistas, pocos de esos profesionales de la comunicación social percibieron la trampa: con esto el Medio, y el poder económico y político tras éste, garantizaban el dominio sobre el desarrollo comunicacional, al subordinar la categoría comunicación a un ejercicio profesional controlado por ellos.

Dentro de esta perspectiva surge otro supuesto: el Medio es el gremio, pues es quien controla y determina los alcances profesionales del periodista; es quien establece la medida del poder de la profesión y quien ensalza o subyuga la ética profesional, de acuerdo a sus muy particulares prioridades. Y, además, se ha constituido en la única fuente capaz de proveer, desde el punto de vista de la práctica profesional, elementos tan preciados como el conocimiento, la eticidad, la epistemología y, algo bastante importante, la seguridad de subsistencia.

Bastante paradójico el asunto, ¿cierto? Pues bien, este manejo mediático cumple su objetivo: atonta, y ubica al periodista dentro de dos paradojas modernas -ya definidas por Antoine Compagnon-, el prestigio de lo nuevo, desde donde, para sostener lo nebuloso de nuestra positiva modernidad, debe hablarse de lo nuevo (como culto, inclusive), “pero cuidándose de no aportar nada nuevo”8, y la otra paradoja, denominada feria de las ilusiones, que es consecuencia de la degradación de la primera, preparada por la fabulosa precipitación del criterio de renovación puesto también de moda -por cierto- desde la Segunda Guerra Mundial, y que estableció el dominio de un mercado mediatizador de la calidad del contenido conceptual y programático de las categorías libertad, democracia y comunicación9.

La pregunta válida en este caso es ¿Quién se percata del desvío de intereses que camina por la cuerda floja de este circo? A casi nadie le atrae ya el estudio sistemático de la comunicación como proceso, como sistema relacional, como mecanismo de conformación de identidades políticas, sociales y comunitarias. Ahora lo relevante es el estudio del Medio como fuente y su potestad sobre las determinaciones del proceso: el Medio es el proceso mismo, en cuanto actúa como generador de información10 y como garante de la libre circulación de la información -a través de los organismos destinados a cuidar la categoría de libertad de comunicar. Y se retorna así al supuesto: el Medio es el gremio, es el bloque, es la prensa, es la ley.

Autor y licencia de 'La comunicación social en Venezuela - Algunos supuestos, y también las paradojas'
Nelson González Leal Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/paradoja.html CopyLeft
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