[1] Se emplea el término societario en una aproximación a la idea del contrato social como mecanismo de relación y desarrollo armónico del Estado y la sociedad, en contraste con la noción capitalista de la propiedad privada de los medios de producción y de la prestación de servicios, que incide en el desarrollo social inarmónico. Es decir, en términos comunicacionales el carácter societario se afianza en el proceso dialéctico, único capaz de garantizar la conformación de una estructura comunicativa con relevantes niveles de equilibrio participativo.
[2] DOS PASSOS, John. Paralelo 42. Editorial Bruguera. Barcelona, España, 1981. Pág. 317
[3] Ley de Ejercicio del Periodismo. Artículo 3°. Capítulo I: De la profesión.
[4] Acá hay que tomar en cuenta lo siguiente: se habla de función reproductora y no transmisora porque quien transmite la noticia, al final del proceso informativo, es el Medio y no el periodista, quien sólo ejerce la labor de estructurador del hecho en noticia, o lo que es lo mismo, reproduce en estilo noticioso los elementos que constituyen el acontecimiento. Ahora bien, el manejo de la información forma parte de un proceso global comunicativo, dentro del cual la elaboración y transmisión de la noticia constituye un primer paso, que debe estar complementado por la interpretación sustancial del acontecimiento, como segundo paso, y por la generación de una opinión pública, como tercero. La estructuración y transmisión de la noticia es, en consecuencia, un engranaje del proceso comunicativo y no el fin del mismo. En este sentido, cada engranaje, por sus características técnicas y éticas, se constituye a sí mismo en un proceso complejo donde el profesional de la noticia (periodista o comunicador social) desarrolla un rol fundamental, y resulta justo y saludable exigir, para el normal avance de la comunicación social, el equilibrio total -en técnica, en ética y en contenido- de cada uno de estos engranajes.
[5] BORGE, Tomás. La paciente impaciencia. Ediciones Casa de Las Américas. La Habana, Cuba, 1989. Pág. 58
[6] No debe olvidarse que entre otros de los efectos producidos tras la Segunda Guerra Mundial, además del evidente cambio en el orden geopolítico y económico internacional, se cuenta el de la intervención del Estado en la conformación de nuevos poderes supraindividuales y determinantes de la razón sociopolítica del mismo -sobre todo de aquellos Estados nacionales que salieron vencedores en el conflicto y que ya habían consumido una experiencia previa, como la de la Primera Guerra Mundial-. Uno de estos nuevos poderes es el de la Comunicación Social, o el de un sector informativo que ya había dado muestras de su gran alcance social y de su posibilidad de convertirse en un efectivo mecanismo de creación y modificación de la opinión pública. En consecuencia, los Estados nacionales comienzan a participar del poder mediático, estableciéndose como dueños de Medios y promulgando normas para el control de los mismos, mientras la expansión económica que comienza a lograrse con el nuevo orden económico internacional a partir de 1950, impulsa el desarrollo del negocio informativo (a medida que avanza el siglo se desarrolla también el periodismo en la radio y la televisión) y favorece las estrategias monopólicas de los Medios de Información privados. Paralela a las situaciones de participación e intervención estatal y de monopolismo privado en el negocio mediático, se desarrolla toda una praxis comunicacional que va originando (entre Medios de calidad o de élite que cultivan la objetividad informativa y Medios de Comunicación de Masas cuya función primordial -aunque no lo exprese así su objetivo formal- se ubica en el entretenimiento), tanto un cuerpo teórico en torno al fenómeno comunicacional mediático, como una legislación positiva en torno a su conformación como poder y al desarrollo de los Medios, sus intereses y sus responsabilidades. Es en este marco que surge, hacia 1956, la denominada Teoría de la Responsabilidad Social de la Prensa, impulsada por la experiencia que tuvieron de los Medios como servidores públicos, tanto los Estados nacionales, como las sociedades civiles participantes en la Segunda Guerra Mundial.
[7] DESANTES GUANTER, José María. La función de informar. Ediciones Universidad de Navarra S. A. Pamplona, España, 1976. Pp. 354
[8] COMPAGNON, Antoine. Las cinco paradojas de la modernidad. Monte Avila Editores. Caracas, Venezuela,1991. Pág. 17
[9] Dentro de este sendero paradojal parecen ubicarse también las instancias responsables de velar por el eficaz desenvolvimiento de las categorías de la libertad de comunicación, quienes parecen participar -intereses mediante- como maromeros en esta feria. Aquí se hace referencia específica a los directivos del Bloque de Prensa Venezolano, quienes, a propósito de la discusión generada sobre el establecimiento constitucional de las categorías de veracidad en la información y de derecho a réplica, emitieron, en entrevista pública (PANORAMA, en su edición del día miércoles 29 de septiembre. Pág. 1-14), las siguientes frases: “Nosotros consideramos que la libertad de expresión debe ser libre y punto”. “Yo considero que la libertad de prensa en este momento está amenazada”. “Nos oponemos al derecho a la réplica y al defensor del usuario que consideramos es sumamente grave, porque va a ser la especie (sic) de censor de los periodistas, además de que quieren vigilar el trabajo diario de los periódicos”.
[10] Cabe decir “noticias-información”, según el criterio expresado por la profesora Gloria Cuenca, en su libro Ética para periodistas. 2da Edición. Editorial Kinesis, Caracas, 1995.
[11] Declaración Universal de Derechos del Hombre, artículo 19, refrendado y precisado en 1976 por el artículo paralelo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
[12] AGUIRRE, ARANGUREN, SACRISTÁN y otros. Cristianos y marxistas: Los problemas de un diálogo. Alianza Editorial. Madrid, España, 1969. Pág. 25