



En Carlota Fainberg encontramos un escaso número de personajes que contribuyen al desarrollo de la acción. Además de los dos personajes principales, Claudio y Marcelo, de los cuales el primero es el narrador del relato, como ya se ha dicho, aparecen otros ocho personajes: Mari Luz, la esposa de Marcelo Abengoa; Morini, el jefe de Claudio; Mario Said, antiguo colega de Claudio; Carlota Fainberg, la misteriosa mujer de la que se enamora Marcelo en Argentina; la vieja criada del Town Hall; el ascensorista y camarero del hotel y Ann Gadea Simpson Mariátegui, la "usurpadora" de la plaza titular de Claudio.
En primer lugar hay que destacar que Claudio y Marcelo son dos personajes opuestos. El autor de la novela así lo reconocía en una entrevista poco después de publicarse la obra:
Al principio Claudio es muy soberbio, pero acaba dando lástima, va haciendo al lector consciente de su fracaso con fogonazos de su vida interior. En cambio, Marcelo, que parece un patán sexista, va descubriendo su valor a lo largo de la novela. Eso es la literatura, la tensión entre la apariencia y lo que la gente y las cosas son, con impresiones sucesivas. Es muy estimulante crear un personaje por oposición a otro. (Azancot, 1999:20)
Claudio es un personaje tímido y solitario, dedicado a una vida académica que tarda en recompensar los esfuerzos e invita a la pasividad. Marcelo es un hombre de negocios vital y optimista que representa justo lo contrario de lo que Claudio es en la vida, la autoridad que siempre le amedrantó, la energía que tanto necesita.
En la fábula, estos dos actores se contraponen por sus relaciones ideológicas, pues representan dos mundos opuestos: mientras Claudio lleva una existencia contemplativa, Marcelo pertenece al mundo de la acción. La pasividad frente a la actividad; la cultura frente al dinero; lo reflexivo frente a lo práctico.
De este modo, en la novela cada uno de los dos personajes es portavoz de las estructuras mentales de un determinado grupo social: el mundo académico y el mundo de los negocios. Sin embargo, en el transcurso de la fábula se produce una paulatina transformación de Claudio o, dicho de otro modo, este actor cambia de papel. Si en la primera parte había asumido el papel de paciente u objeto de las influencias del agente, Marcelo, en la segunda parte de la acción tomará el papel de agente (visita al Hotel, resolución del misterio sobre Carlota Fainberg), aunque en la distancia siga influenciado por los consejos y la figura de Marcelo Abengoa.
En la historia, Claudio y Marcelo son personajes redondos. Así, son personajes complejos capaces de sorprender al lector y en cuyo diseño se emplean abundantes rasgos. Se trata además de un relato en el que los personajes son el propio tema y donde los acontecimientos narrados -encuentro en el aeropuerto, la aparición de Carlota Fainberg- parecen servir a la propia configuración de los protagonistas. Nos hallamos, pues, ante dos personajes dinámicos y ciertamente independientes de la trama. No hay que olvidar ahora que la historia está monopolizada por Claudio, que informa sobre sí mismo y sobre los demás personajes, y cuya actitud ante los otros, en especial hacia Marcelo, influye directamente en nuestra recepción del relato.
Para ilustrar la aludida oposición entre Claudio y Marcelo a la que me estoy refiriendo, puede ayudarnos la breve lista que sigue. Mientras Marcelo se define por atributos positivos, Claudio personifica la carencia de los mismos:
Extroversión:
MARCELO: A mí lo que más me gusta es ver mundo y conocer gente nueva. (p.34)
CLAUDIO: en los viajes soy del todo incapaz de relacionarme con los otros. (p.18)
Resistencia física:
MARCELO: tenía una constitución inmune a la fatiga, un frame of mind tan robusto que ni los compromisos incesantes ni el jet-lag de los viajes transalánticos lo aturdían. (p.35)
CLAUDIO: A mí cualquier viaje me deja desguazado. (p.35)
Me dolían los pies, había pasado mala noche, porque los viajes y los hoteles me trastornan fácilmente el sueño. (p.146)
Carácter:
MARCELO: Pertenecía a ese tipo de personas enérgicas y prácticas que a mí me han amedrantado a lo largo de toda mi vida[...] Me bastaban unos segundos para reconocer ese modelo siempre idéntico de hombre hábil, decidido y veloz. (p.36)
CLAUDIO: Soy muy manso con cualquiera que muestra una autoridad rotunda hacia mí...(p.150)
Soy de esos hombres pusilánimes que viven amedrantados por el personal subalterno. (p.151)
Estabilidad profesional:
MARCELO: En todo esto, su estrategical advisory consistía en una tarea a medias de espionaje y de análisis financiero, de exploración aventurera y contabilidad. Era él quien viajaba por las capitales del mundo buscando hoteles que se ajustaran a los intereses de Worldwide Resorts...(p.33)
CLAUDIO: ...donde yo he venido labrándome en los últimos años una posición decorosa, aunque todavía insegura, como associate professor. (p.20)
Experiencias amorosas:
MARCELO: Carlota Fainberg le había amedrantado, como las mujeres ya adultas que le gustaban tanto cuando aún era un muchacho. (p.85)
Le habían gustado tantas mujeres, todas las mujeres, pero ahora, aunque las siguiera mirando y deseando, en realidad ninguna llegaba a gustarle, ni de lejos, tanto como ella, de modo que aquel adulterio había tenido la ventaja para su matrimonio de haberle vuelto mucho más casto, y desde luego más fiel. (p.86)
CLAUDIO: en la época de la contracultura yo estaba interno en un horrible colegio salesiano, donde sólo tuve acceso a la muy modesta revolución sexual del onanismo contaminado de culpa, de miedo de no sólo a ir al infierno, sino también a quedarme paralítico o raquítico. (p.111)
Es la apreciación de las cualidades de Marcelo la que cambia la imagen que Claudio tiene de su antagonista. Al hilo de su relato, cuyo desarrollo seguía "como las ratas y los niños seguían el sonido de la flauta del proverbial Piep Piper o el flautista de Hamelín", la antipatía inicial que le produce este hombre franco y seguro de sí mismo se va tornando en inconfesable admiración. Ante la fuerza de las intervenciones directas de Abengoa, quien resulta ser un improvisado y brillante narrador oral, el discurso de Claudio, repleto de anglicismos innecesarios e ahíto de términos lingüísticos y literarios, resulta aún más afectado y ridículo: otra vez la teoría de Claudio se rinde ante la soberbia puesta en práctica de Marcelo Abengoa.
De este modo, Claudio se ve arrastrado por las dotes personales de Marcelo. Así, si en un principio considera para sí a Marcelo “una persona vulgar” (p.17), pasa a manifestar su agrado por la personalidad de Abengoa:
Su ignorancia de las tremendas gender wars me pareció, contra mi voluntad, tan envidiable como su desenvoltura de narrador inocente... (p.49);
Por su parte, hay que resaltar que esta parte del relato está centrada en la figura de Marcelo Abengoa. Además de la transcripción de sus propias palabras de boca de Claudio, también se nos va describiendo su aspecto exterior, información, por cierto, que no recibiremos del narrador sobre sí mismo. En el retrato de Marcelo se resalta su modo de vestir y se profundiza en la impresión que el narrador tiene sobre él, especialmente en sus hábitos de hombre que disfruta de la buena vida:
No era alto, sino más bien stocky, y su cuello parecía más corto debido a un jersey de lana con dos botones en el hombro derecho y una hechura que le subrayaba la curva de una barriga notoria pero también fornida, la barriga de un hombre a la vez activo y familiar, tentado por el fitness pero también por la paella, y más aficionado a las cañas de cerveza y a los berberechos que a los complejos vitamínicos o al providencial Prozac. Lucía, en la claridad neutra y lívida del aeropuerto, un bronceado de pura salud casi rural, sin la menor sospecha de artificio. (p.35)
Abengoa estaría, calculé, en sus late forties, y su corpulencia ágil, su estatura chata, su pelo peinado con raya, contrastaban con la apariencia de las personas que iban y venían por el aeropuerto tan llamativamente como la lana de su jersey, el paño y el corte europeo de su abrigo y el cuero de sus zapatos. (p.45)
Los tres últimos capítulos de la narración -XI, X y XI- narran la experiencia de Claudio en Buenos Aires y la vuelta a Pensilvania. Es en esta parte de la historia donde asistimos a la transformación del personaje. Hasta este momento Claudio se había mostrado contrario a todo lo español y fuertemente influenciado por los hábitos americanos, incluso por el idioma inglés. En su viaje a Buenos Aires y tras el conocimento de Marcelo, vuelve a él cierto apego por su cultura y sus raíces, incluida la pérdida de su chirriante spanglish. Así, al llegar a Buenos Aires comienza a sentir su repentina metamorfosis: parece que tras el letargo de su existencia en Pensilvania -especialmente marcada por la fuerte nevada del día de su vuelo - recupera su carácter latino nada menos que en la capital bonaerense. El clima agradable, el placer de la comida y la amistad son algunas de las experiencias conquistadas por Marcelo al alejarse de las agresiones que padece en su vida cotidiana. En varios momentos de su narración menciona a Abengoa y se sorprende de su nueva actitud hacia la vida:
Paseando ociosamente por Buenos Aires le di la razón al ya borroso Abengoa, a quien había tenido tan cerca durante unas pocas horas de mi vida y a quien seguramente no volvería a ver más: su ojo clínico, como él mismo habría dicho, resultó muy acertado. Me gustaba ver a esas mujeres bellas y enérgicas taconeando por las calles... (p.132)
Sentí placenteramente cómo me iba deslizando hacia el sueño [...] en un estado de beatitud física que me hizo acordarme de la cara colorada y la barriga prieta de mi fugaz amigo Abengoa (p.136)
El fracaso en la lectura de su comunicación, propiciado por la temible Ann Gadea Simpson, y la negación del ascenso a profesor titular acrecientan el sentimiento de repulsa hacia su "vida americana", a la vez que la experiencia en el Town Hall y el recuerdo de Abengoa le llevan a acariciar la idea de un viaje a Madrid y un próximo encuentro con Marcelo Abengoa, su amigo en la distancia. En Buenos Aires Claudio sufre un fuerte acceso de gripe que le obliga a retrasar su viaje un par de días. Parece que este nuevo contratiempo es otro síntoma de la transformación del profesor, una especie de reacción somática a los profundos cambios vitales que se avecinan.
Pero si bien la historia se centra en Claudio y Marcelo, también otros personajes son necesarios para la construcción del relato. De entre los personajes secundarios hay que citar en primer lugar a Carlota Fainberg. Estamos ante un caso claro de personaje plano y estereotipado de mujer fatal, de diosa del sexo.
Marcelo, hombre ducho en el arte de la seducción, caerá rendido ante Carlota, auténtico paradigma de la sensualidad de la mujer latina. Para la presentación de Carlota contamos con el testimonio de Marcelo referido ahora por Claudio. La descripción física de Carlota es cuidadosa en detalles:
Lucía una gran melena rubia, un traje de chaqueta oscuro, ancho en los hombros y muy ceñido a las caderas, unos tacones que la hacían parecer más alta, "aunque sin la menor necesidad", unos ojos rasgados, verdes, felinos (el adjetivo es suyo), espléndidamente maquillados, que se fijaron enseguida en él al mismo tiempo que su boca grande y carnal le sonreía sin censura ninguna, la típica sonrisa de la mujer porteña... (p.60)
tenía una voz porteña un poco ronca, pero espléndida, tan envolvente [...] como el perfume de madreselva, que tan cerca de ella cobraba una intensidad de tentación (p.74)
En lo referido a su carácter, se trata de una mujer decidida y una amante insaciable:
...de vez en cuando lo rendía el sueño, con gran irritación de su amante infatigable, que le reñía afectando mohínes repentinos de mujer desatendida, o lo sacudía hincándole entre el pelo sus uñas largas y rojas, o empleaba para despertarlo de nuevo las artes más sutiles y vampíricas de la estimulación, poniéndolo enseguida a punto...(p.103)
De nuevo por oposición, en el relato encontramos el prototipo de mujer entregada o esposa perfecta, la compañera que llega a convertirse en el descanso del guerrero y a la que fácilmente se le contenta con un abrigo de visón o un viaje organizado a un país exótico. Al contrario que Carlota Fainberg, Mariluz Soto Padilla es una mujer prudente, cariñosa, romántica y poco agraciada, a la que su marido ve más baja y rellenita tras sus noches con la rubia Carlota:
...cuando la vi aparecer entre los pasajeros la encontré más llenita y más baja de lo que yo recordaba, y aunque no quería compararla con Carlota Fainberg tampoco podía evitarlo, claro. (p.115)
Mira si soy canalla, que me fijé en lo cortas que tiene las piernas (p.121).
Ni siquiera la actitud cariñosa de su esposa en la cama del hotel logra que Marcelo pueda concentrarse en ella y olvidar la fantasmal presencia de Carlota en el hotel, que arruina definitivamente la desabrida aventura marital de Marcelo y Mariluz. Después nos enteraremos de que Carlota es, efectivamente, un fantasma, algo que podía sospecharse tras haber relatado Marcelo que en las dos noches que pasan juntos ella repite atuendo y dice las mismas frases.
Y otra vez por oposición encontramos a tres personajes relacionados con Claudio: Morini, Ann Gadea Simpson y Mario Said. El primero es el jefe del departamento de la universidad de Claudio, un hombre "de inveterada destreza administrativa" que da falsas expectativas a Claudio sobre su ascenso. La falsedad de Morini se corresponde con la artificiosidad de su aspecto exterior, apuntado con notables dosis de humor en un momento del relato:
no como Morini, dicho sea de paso, que se aplica en la cara un tanning torrefacto no indigno de Julio Iglesias, o de un magnate panameño del narcotráfico, y que tiene el pelo tan sospechosamente negro y abundante que unas veces da la impresión de que se lo tiñe y otras de que lleva peluquín, incluso de que se tiñe el peluquín. (p.35)
Morini representa la parte más lamentable de la comunidad universitaria, las intrigas y los trapicheos que suelen acompañar a determinados colectivos. En el mismo bando se halla Ann Gadea Simpson, la participante en el congreso de Buenos Aires que ataca a Claudio por el palpante machismo de los estudios literarios a lo largo de la historia. Ann Gadea, la "Terminator del New Lesbian Criticism" se confabulará con Morini para quedarse con la plaza de Claudio en la universidad. Ambos representan a la nueva hornada de profesionales que intentan huir del clasicismo de los estudios y convertir la investigación en un foro más de debates sobre el sexo y la modernidad necesaria. En la fábula, ambos actores pertenecen a una misma categoría actancial, la de oponentes en la trayectoria profesional de Claudio, el agente de la segunda parte del relato
En el lado opuesto está Mario Said, amigo y antiguo colega de Claudio, quien ha visto fracasar su carrera académica a causa de la misma mano negra que al final arruina a Claudio: Morini. Mario Said -casi "sad", triste" quien tiene "los ojos grandes y muy negros, muy brillantes, casi húmedos" (p.127)- advierte a Claudio sobre las astucias de Morini durante su encuentro en Buenos Aires. Como ocurrió con Abengoa, el otro actor adyuvante de Claudio, la influencia de su colega argentino le sirve al profesor para reconciliarse consigo mismo y con el mundo y empezar a meditar sobre la vida gris y solitaria que protagoniza en Pensilvania. También como Abengoa, Mario le sugiere el regreso a España al despedirse de él. Ambas influencias positivas y la decepción por los acontecimientos en la universidad le harán a Claudio replantearse su permanencia en Estados Unidos.
Por último, cabe mencionar a dos personajes menores que tienen cierto peso en la acción: el ascensorista y la criada del Town Hall de Buenos Aires. Ambos personajes, degradados e irreales como el propio hotel, son testigos del misterio de Carlota Fainberg, pero mientras el ascensorista y camarero mira al exterior -aún puede salvarse del presente y acariciar el futuro- la vieja criada española, que fue ama de llaves de la dueña del hotel, encarna el silencio y el pasado, si bien termina por confesar el gran secreto: el marido despechado de Carlota trucó el mecanismo del ascensor para propiciar la muerte de su esposa. Por eso su fantasma pulula por el hotel a punto de derruirse a la llegada de Claudio3, exactamente igual a como ocurrió cuatro años antes, cuando Marcelo Abengoa, el hombre más práctico y asentado en la tierra, mantuvo relaciones sexuales con un fantasma.
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