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La construcción de Me llamo Rigoberta Menchú - Notas

(1 opiniones)
Artículo creado por David Stoll. Extraido de: http://www.lainsignia.org
14 de Septiembre de 2005
AntropologíaCiencias socialesPensamiento y política

5 - Notas

(*) Capítulo XIII del libro «Rigoberta Menchú y la historia de todos los guatemaltecos pobres», de David Stoll. Reproducido en **//La Insignia//** por cortesía de Nódulo Materialista.

{1} «La conciencia de Rigoberta», El Periódico (Ciudad de Guatemala), 14 de diciembre de 1997. En El Periódico del 9 de diciembre apareció un reportaje anterior, seguido por la reacción horrorizada de su aliada y líder indígena Rosalina Tuyuc («¡Qué Dios la perdone!») el 10 de diciembre, y una carta aclaratoria el 12 de diciembre en la que Rigoberta reiteró que Elisabeth la había despojado de su testimonio, lo había editado sin consultarla y nunca le había pagado derechos económicos.
{2} Menchú et al. 1998:253.
{3} De quien se divorciaría más tarde.
{4} Castañeda 1993:129-132.
{5} Canteo 1998. Cuando Régis publicó una valoración de las perspectivas de la lucha armada en varios países, el capítulo sobre Guatemala fue un esfuerzo común con Ramírez (Debray 1974), que murió de un ataque al corazón cuando este libro entraba en imprenta.
{6} Burgos-Debray 1984:xiv, xix (Arcoiris: 16).
{7} Juana Ponce de León. «Mission of Peace: Winner of 1992 Nobel Peace Prize Speaks for Native People Everywhere», Vista (New York), diciembre de 1992, págs. 6-ss. Compárese con Brittin y Dworkin 1993:216-218.
{8} En su historia de vida de 1997, la laureada describe a Arturo Taracena como uno de sus asesores más importantes y le otorga, así como a ella misma, un papel importante en la redacción de Me llamo Rigoberta Menchú. «La grabación de mi testimonio duró alrededor de doce días. Después, existía en París un colectivo de solidaridad con Guatemala que ayudó a la transcripción. Allí conocí a Juan Mendoza, entrañable amigo hasta la fecha. El doctor Taracena participó bastante en ordenar el libro, junto con Elizabeth Burgos. Al final, también hicieron la selección de los capítulos juntos. Quiero decir con esto que Arturo Taracena tiene una parte significativa en el libro... Después vino el texto ya ordenado. Yo, como por dos meses o más, dediqué tiempo para entenderlo. Es muy distinto lo que uno siente hablando que cuando ya está en papel. Reconozco que en esos años yo era muy tímida... inocente e ingenua. Simplemente no conocía las reglas comerciales cuando escribí esa memoria. Solo daba gracias al creador por estar viva y no tenía ninguna idea de mis derechos de autor. Tuve que acudir a compañeros, en la ciudad de México, donde vivía en ese entonces, para tratar de entender el texto. Fue muy doloroso volver a vivir el contenido del libro. Censuré varias partes que me parecieron imprudentes. Quité las partes que se referían a la aldea, mucho detalle de mis hermanitos, mucho detalle de nombres.» (Menchú et al. 1998:252-255).
Algunos meses después, Rigoberta acusó a Elisabeth de impedir que Arturo y ella desempeñaran las funciones anteriormente descritas: «Todas esas cintas fueron transcritas por otras personas que quisieron colaborar de esa manera con nuestra causa... Arturo Taracena con su sabiduría y paciencia revisó y corrigió los errores que yo cometí en el uso del idioma español... Elizabeth Burgos tomó esos manuscritos, los ordenó según su criterio y agregó y suprimió lo que le pareció conveniente. Le puso subtítulos e incluyó breves citas de otros libros al principio de cada capítulo... Jamás permitió que yo o el doctor Taracena conociéramos la versión final y mucho menos que pudiéramos hacer observaciones o correcciones al texto. Supimos que la señora Burgos me había despojado de mi testimonio cuando apareció la primera edición en idioma francés, con su nombre como única autora». («Carta de Rigoberta Menchú», El Periódico, 12 de diciembre de 1997).
{9} Esto quiere decir que la aspiración de Rigoberta en el testimonio, en el sentido de querer hablar por toda una clase de gente, anticipa su encuentro con Elisabeth. Una referencia a su inminente gira sugiere que era la tarea que le había asignado su organización. La descripción detallada de la inmolación de su hermano en Chajul sugiere que ella era consciente de la necesidad de dramatizar su historia de modo que llamara la atención. El artículo de setecientas palabras no incluye referencia alguna a haber trabajado en las fincas, a su padre y ella misma como miembros del CUC, o a haber presenciado la masacre de su hermano en Chajul. Pero sí hace un énfasis en como han sido expulsados de sus tierras los campesinos, sugiriendo que los llamamientos revolucionarios no logran satisfacer las necesidades reales de los campesinos. (Noticias de Guatemala, 1981).
{10} Burgos 1982.
{11} Entrevistas del autor y Canteo 1998.
{12} El documental, que retrata a Elisabeth y Rigoberta en París, reitera los puntos clave del testimonio de enero de 1982 (Burgos y Romero 1983). En una versión anterior de este capítulo, yo declaré que nunca se recibió ningún comentario de Rigoberta, que nunca mostró interés en el manuscrito, y que nunca dio su permiso a Elisabeth para publicarlo (Stoll 1997:36). Ahora que tengo una copia de la carta de dos páginas mecanografiadas, fechada el 8 de agosto (no el 9, como se afirma por error), dirigida a la «Compañera Elisabeth» y firmada «Hasta la victoria siempre. Vicente», es evidente que, por lo menos, Rigoberta sirvió de correo en el proceso editorial.
{13} Las recriminaciones por parte de personajes de libros como Me llamo Rigoberta Menchú no son insólitas. Otro ejemplo es Phoolan Devi, una esposa impúber de la India que huyó de un marido abusivo para convertirse en delincuente y, por último, en «la reina de los bandidos» (Shears y Gidley 1984). Desde la prisión, Devi logró sacar clandestinamente un diario en el que describía todas las violaciones a las que había sido sometida. Este diario se convertiría en la base del libro Bandit Queen, del escritor Mala Sen; de la película de Shekhar Kapur sobre su vida; y de la fructífera campaña para su liberación. Aunque Devi había firmado un contrato aceptando que se utilizara su historia, recurrió a los tribunales para impedir que se proyectara la película, alegando que violaba sus derechos personales, distorsionaba los hechos sobre su vida, ponía en peligro su defensa legal contra cargos de homicidio y fomentaba el odio entre las castas (Hamish Mc Donald, «Queens' Gambit», Far Eastern Economic Review, 3 de noviembre de 1944, pág. 29; «Hands Up», Economist, 12 de noviembre de 1994, págs. 116-117). En ocasiones Devi reconocía su responsabilidad en la masacre de veintidós miembros de una casta que habían abusado de ella; otras veces lo negaba. En 1996 el Partido Socialista la eligió para el parlamento nacional, donde formó parte de una coalición para impedir que el gobierno cayera en manos de los nacionalistas hindúes.
{14} La revolución cubana todavía considera que la crítica es traición, como lo ilustra la reacción ante las críticas de Régis hacia su antiguo camarada Che Guevara. El contraataque fue capitaneado por la hija del Che, Aleida Guevara, que acusó a Régis de entregar información a sus captores bolivianos y, por lo tanto, de compartir la responsabilidad por la muerte de su padre (Vilas 1996). Mientras tanto, Elisabeth ha redactado una segunda historia de vida, la de uno de los sobrevivientes de la expedición boliviana del Che. Corroborando testimonios anteriores, Benigno dice que la columna del Che fue delatada por campesinos desconfiados y por un miembro boliviano reclutado a la ligera que resultó ser un ex policía (Alarcón Ramírez 1997:138-143).
{15} Brittin y Dworkin 1993:218, tal y como está traducido en Brittin 1995:110-111, excepto por la frase «derecho del autor».
{16} En mayo de 1998 Elisabeth me envió fotocopias de correspondencia que incluyen:
una nota mecanografiada, con el membrete del CUC, en la que dice: «A quien interese: La que firma abajo, Rigoberta Menchú, miembro del Comité de Unidad Campesina -CUC- por este medio hace constar que acepta la suma que le corresponde a Elisabeth Burgos por derechos de autor. Atentamente, (firmado) Rigoberta Menchú. Guatemala, Junio de 1982.»
una nota mecanografiada dirigida a Elisabeth en París, con fecha 24 de setiembre de 1986, diciendo: «Estimada señora: Me dirijo a usted con un saludo fraternal y respetuoso. De acuerdo con nuestra última conversación, del 22 de setiembre de 1986, usted me cede los derechos económicos del Libro 'Me llamo Rigoberta Menchú', los que, por el momento, ascienden a la suma de 74.335,98 francos, conforme al cheque extendido por las ediciones Gallimard, el 7 de marzo del año en curso. Por medio de la presente quiero dejar constancia que el beneficiario de dichos derechos económicos será el Collectif Guatemala (Asociación 1901), con sede en Rue du Theatre, París 75015. Me despido de usted agradeciendo su fina atención y espero volver a verla pronto. Atentamente, (firmado) Rigoberta Menchú Tum».
una nota escrita a mano, fechada en París el 25 de setiembre de 1986, en la que Rigoberta y Juan Mendoza reconocen haber recibido los 74.335,98 francos anteriormente mencionados en nombre del Collectif Guatemala.
cuatro notas mecanografiadas, con el membrete de Ediciones Gallimard, fechadas entre el 26 de mayo de 1989 y el 18 de diciembre de 1992, reportando el envío de un total de 221.466,80 francos a la Fundación France-Libertés, que estaba asociada con la Fundación Danielle Miterrand.
{17} Burgos-Debray 1984:35. Acerca de esta frase, frecuentemente citada, un finquero comenta: «Son pendejadas eso de que el trabajador tenga que tratar un grano de café como si fuera una persona herida. Está rodeado de una corteza dura, de modo que se trata de despojar una rama de todos sus granos maduros, y que quede intacta con los granos verdes».
{18} En mayo de 1999 pude oír otras dieciséis horas de cassettes en el apartamento de Elisabeth en París. Al igual que las recientes declaraciones de la propia Rigoberta, corroboran mi conclusión anterior, que ella es la única narradora de Me llamo Rigoberta Menchú.
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