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La construcción de Me llamo Rigoberta Menchú - ¿Quién es la autora de Me llamo Rigoberta Menchú?

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CopyLeft Artículo de David Stoll - 14 de Septiembre de 2005
2. ¿Quién es la autora de Me llamo Rigoberta Menchú?
«No es la historia de su vida, no es su autobiografía, no encaja con su tipo de persona. Uno pronto se da cuenta de que ella es una persona muy estudiada, que no tiene sólo hasta el tercer año, que habla muy bien el castellano, mejor que si lo hubiera aprendido como dice que lo aprendió. Pero el libro representa la vida de otras personas, aunque no la suya. Muchas personas tienen una vida así.» -Norteamericano que trabajó en El Quiché antes de la violencia, 1992. Recientemente la autoría de los testimonios orales como Me llamo Rigoberta Menchú son tema de debate. Ahora que los pueblos nativos insisten en la igualdad, no están tan dispuestos a permitir que sus palabras sean difundidas por extranjeros. Esto incluye a los antropólogos, acostumbrados a hablar y publicar en su nombre. En mi propio caso, he sacado provecho de veinticuatro años de estudios, incluyendo generosos aportes a mis investigaciones, y puedo comunicar con algunos de los medios de información más influyentes del mundo. El prototipo de persona que yo suelo entrevistar tiene pocos años de escolarización, le cuesta descifrar un periódico y a duras penas puede escribir una nota sencilla. Esto es todo un desequilibrio de fuerzas. A medida que más personas indígenas aprenden a leer lo que se publica acerca de ellos, crecen sus críticas sobre lo que consideran incorrecto o inapropiado. Mientras tanto, en las revistas académicas abundan los debates sobre la representación antropológica, es decir, cómo comunicamos los pensamientos y las vidas de nuestros sujetos.

Entonces, ¿quién es el autor de una historia de vida grabada y transcrita como Me llamo Rigoberta Menchú? ¿La persona que la cuenta o el intermediario que la adapta para su publicación? La respuesta obvia parece ser el narrador, puesto que se trata del equivalente oral de una autobiografía, un género conocido en América Latina como testimonio. Pero el narrador no está capacitado para producir el libro por sí mismo. Las múltiples funciones del intermediario -plantear las preguntas que se deben responder, transcribir las respuestas de una grabación, reordenarlas para comunicárselas a una audiencia extranjera, editar las pruebas, corregir la gramática y firmar un contrato para su publicación- complican la cuestión de los derechos de autor. En el peor de los casos, el intermediario puede tomarse tantas libertades que resulta siendo el autor. Aun un intermediario fidedigno tiene que tomar tantas decisiones que adquiere ciertos atributos de autor.

En el caso de Me llamo Rigoberta Menchú, la persona que hizo el contrato con Ediciones Gallimard de París para administrar los derechos mundiales fue Elisabeth Burgos. Su nombre no aparece en la portada de la edición actual en inglés, apareciendo sólo como editora, aunque figura prominentemente en ediciones anteriores. Quién escribió el libro es un tema que ha sido debatido por los académicos y que ha hecho reflexionar a los lectores. También a la premio Nobel, que a veces afirma haber ejercido control editorial sobre el texto así como sobre el testimonio, y que a veces lo niega.

«El libro fue idea de Arturo Taracena, un amigo muy querido, un historiador latinoamericano», explicó cuando recibió el premio de la paz. «Él me animó a escribirlo. Para mí fue una tarea dolorosa, después de haber tenido unas experiencias tan horribles revivirlas para contarlas. Además tenía miedo de que nuestras historias terminaran siendo un panfleto, que fueran publicadas durante un tiempo y olvidadas después. Por eso decidimos trabajar con Elisabeth Burgos-Debray, una mujer maravillosa con un nombre muy conocido. En realidad, el libro es el resultado de un trabajo colectivo. El primer paso fue grabar durante doce días, doce días muy difíciles. Por aquel tiempo, mi español era muy malo. Apenas podía hablarlo, mucho menos leerlo. Con el apoyo de muchos amigos de los grupos de Solidaridad con Guatemala, se hicieron las transcripciones y me volvieron a leer el texto. De este modo pude oír lo que estaba escrito. Por supuesto, dejamos fuera muchos testimonios, testimonios que yo pensé que podríamos guardar para el futuro en lugar de publicarlos en aquel momento. Y además yo estaba inhibida porque nuestros padres nos dicen que hay cosas que es mejor no decirlas».{7}

Esta versión de los acontecimientos es muy diferente a la de Elisabeth, y también difiere de otras dos explicaciones que ha dado Rigoberta. A raíz de su historia de vida de 1997, La nieta de los mayas, la laureada reiteró que había ayudado a redactar el texto final de Me llamo Rigoberta Menchú. Sin embargo, poco antes de que apareciera su nuevo libro, se enojó durante el transcurso de una entrevista y acusó a Elisabeth de haberla excluido de la redacción del testimonio de 1982.{8} Una tercera versión de Rigoberta acusa a Elisabeth de sustituir las historias de vida de otras personas por la suya propia. Esta última explicación, inédita, era la que proporcionaba el personal de Rigoberta en 1993. Según esta versión, Elisabeth no había entrevistado únicamente a Rigoberta, sino a cuatro o cinco exilados mayas más. Presuntamente, Elisabeth unificó después todas las historias bajo el nombre de Rigoberta, para tener un testimonio más dramático. A pesar de que Rigoberta y los demás habían aceptado esta decisión, ahora, al parecer, no estaban conformes con ella.

Esta última versión de los hechos, la hipótesis de los múltiples narradores, explicaría la amplia gama de experiencias personales recogidas en Me llamo Rigoberta Menchú. Un grupo de personas expresando sus testimonios podía proporcionar experiencias que Rigoberta no tenía. Después Elisabeth pudo haber destilado el testimonio de cuatro o cinco personas en la historia de una sola, sobreviviente y militante. Sin embargo el libro no sólo es un compendio de demasiados episodios como para haber sido vividos por una sola persona. Capítulo tras capítulo, integra también paradigmas revolucionarios, substrayendo los elementos que los contradicen. Para satisfacer las expectativas de que los conflictos de tierra son entre los virtuosos campesinos mayas y los maléficos finqueros ladinos, alguien exageró los problemas de Vicente Menchú con los finqueros ladinos de Soch mientras que omitió los que tenía con sus parientes políticos k'iche's de Laguna Danta. ¿Quién fue este alguien? Parece inverosímil que fueran los otros presuntos colaboradores mayas, lo que nos deja con una de las dos personas con las que empezamos. Pudo ser Elisabeth la que decidió omitir toda referencia con el pleito con los Tum, el Cuerpo de Paz y el internado. Pudo haber sido Elisabeth la que convirtió a Vicente Menchú en el fundador del Comité de Unidad Campesina. Pero si fue Elisabeth la que inventó el inolvidable testimonio sobre cómo murió Petrocinio en Chajul, o el inexorable retrato de Vicente en la clandestinidad defendiendo sus derechos, entonces Rigoberta perdería la autoría de su historia y del texto final. En vez de ello, se convertiría en el simple instrumento de una escritora extranjera, lo que desacreditaría Me llamo Rigoberta Menchú profundamente. No sólo no reflejaría su vida y la de su aldea tal como la recuerdan muchos otros, ni siquiera sería Rigoberta quien contó la historia.

Dados los dones obvios de la premio Nobel como oradora y protagonista, la explicación de los múltiples narradores es condescendiente. Tampoco es plausible. Aparte de las cassettes, que aún existen, las cuales demuestran que fue Rigoberta quien contó la historia, ya la estaba contando con su estilo característico antes de conocer a Elisabeth. Encontrar una narración anterior a la visita a París no fue fácil, pero finalmente apareció una. En un boletín revolucionario fechado el 2 de diciembre de 1981 Rigoberta describe cómo su padre soportó años de heroica resistencia ante «los atropellos constantes de los terratenientes»; cómo su hermano Petrocinio fue secuestrado el 9 de diciembre de 1979, torturado durante varios días, luego fue llevado a Chajul con otros veinte hombres para ser quemados vivos; y cómo su madre fue secuestrada, torturada durante doce días y después abandonada en «un monte cerca de la comunidad» hasta que sus restos fueron devorados por los animales. También anticipa la declaración clave de su testimonio de París: «Mi dolor y mi lucha es también el dolor y la lucha de todo un pueblo oprimido que lucha por su liberación».{9} A pesar de las declaraciones ocasionales de la laureada en las que afirma lo contrario, todo parece indicar que Me llamo Rigoberta Menchú es el propio testimonio de su vida.
Autor y licencia de 'La construcción de Me llamo Rigoberta Menchú - ¿Quién es la autora de Me llamo Rigoberta Menchú?'
David Stoll Extraído de: http://www.lainsignia.org CopyLeft
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