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La construcción social de la memoria - La construcción social de la memoria

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22 de Noviembre de 2005
NeurologíaPsicología
Texto extraído de artículo "La construcción social de la memoria", de Michael Billig y Derek Edwards aparecido en el número 150 (Especial monográfico sobre la memoria) de la revista "Mundo Científico", Editorial Fontalba, Barcelona, Octubre 1994
Puede comprarse un ejemplar de la revista o suscribirse a ella en el teléfono de España 93-458-55-08, fax 93-458-66-02 o encargándolo a Editorial Fontalba, Calle Valencia nº 359, 6º, 1ª 08009 Barcelona (España). Mundo científico es la edición en español de la revista científica "La Recherche". También puede encargarlo en cualquier librería al dar este número: "ISSN 0211-3058".


Según algunos psicólogos, la memoria no consiste solamente en la codificación y el almacenamiento. Es, sobre todo, una actividad social, que pasa por la palabra y que se construye en relación con otros individuos. Los padres enseñan a sus hijos lo que se puede memorízar: de este modo los socializan y al mismo tiempo les transmiten un pasado. De la misma forma, la conmemoración de un acontecimiento familiar o nacional proporciona a los participantes la ocasión de manifestar su pertenencia a un grupo y de recordarlo colectivamente.
«Lo recordaré siempre», dice la joven, al hablar del casamiento del príncipe Carlos con la princesa Diana, y al describir hasta el menor detalle lo que hizo aquel día. Sus padres se le unen con sus propios relatos, y todos disfrutan y ríen evocando sus recuerdos de este día que, para ellos y para la mayoría de la población inglesa, es memorable.
¿Qué hace la gente cuando relata acontecimientos del pasado como esta joven y sus padres? Las respuestas de los psicólogos no son unánimes. Según los psicólogos cognitivos, la memorización requiere un cierto número de operaciones mentales. Así las experiencias personales del casamiento real se tienen en primer lugar que codificar y almacenar en la memoria, y luego que conservar para que no se borren, antes de que se puedan reencontrar recurriendo a mecanismos cognitivos particulares.
Sin embargo, para un número creciente de psicólogos, esta descripción corriente de la cognición no es satisfactoria, no porque sea falsa, sino porque no logra dar cuenta de lo que hace realmente la gente cuando recuerda el pasado. Cuando la joven declara: «Lo recordaré siempre», no se limita a reencontrar una representación almacenada en la memoria. No sólo recuerda los acontecimientos pasados, también se pronuncia sobre el futuro. Y es hoy, al interaccionar con sus padres, en el momento presente, que habla del pasado y del futuro. Juntos, reconstruyen los acontecimientos de este día memorable.
La actividad de la reconstrucción de los acontecimientos es lo que interesa a los psicólogos defensores del constructivismo social entre los que nos situamos nosotros y que, desde hace más de diez años, se oponen a la influencia de unos paradigmas que estiman demasiado cognitivistas. Según ellos, el pensamiento es una actividad social: los procesos sociales afectan a cómo pensamos, a en qué pensamos, así como a los contextos en los que pensamos. La joven interacciona con sus padres cuando, juntos, recuerdan un día que para ellos, al igual que para otros, fue «memorable», ya que se trataba de un día durante el cual la nación conmemoró el pasado y el presente de la realeza (es decir, de un día en el que recordó colectivamente).
El enfoque constructivista se opone así a la corriente dominante de la psicología de la memoria que debe su origen a los trabajos del psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus. Éste puso a punto, al final del siglo xix, una metodología experimental de la memoria que todavía se utiliza en la actualidad. Presentaba a sus sujetos listas de palabras sin significado y les hacía pasar tests, en las más variadas condiciones de presentación, para determinar el número de palabras que lograban memorizar. Estos experimentos le permitían determinar la cantidad de nueva información que se podía tratar, sometida o no a las visicitudes de la interferencia con memorizaciones precedentes, el olvido, etc.
Mientras que el interés de Ebbinghaus se centraba fundamentalmente en los límites de la memoria, otros psicólogos, después de él, han intentado comprender la forma en que los estímulos externos se transforman en recuerdos. Hace más de sesenta años, Frederick Bartiett, un psicólogo inglés, puso de manifiesto que tratamos y modificamos las informaciones que nos llegan antes de almacenarlas, y que nuestros recuerdos no son simples copias de nuestras percepciones. Una de las primeras demostraciones de Bartiett consistía en hacer repetir a sus sujetos historias que se les había contado. Pudo establecer que los sujetos no recuerdan las palabras exactas de una historia, retienen la información en forma de un esquema de historia característico de ellos, al que se añaden con frecuencia elementos que no estaban presentes originalmente.
Actualmente, la psicología cognitiva contemporánea se interesa fundamentalmente por el tratamiento de la información, tanto por los humanos como por los ordenadores. Los investigadores elaboran modelos cognitivos sofisticados con objeto de describir cómo se almacena la información en la memoria, por ejemplo en forma de «esquemas», cómo se puede acceder a ella y cómo estos esquemas filtran las nuevas informaciones que pueden entrar en el sistema de la memoria.
Estos modelos de la memoria tienen dos características en común. En primer lugar describen la memoria desde un punto de vista puramente individual. Cualesquiera que sean los términos utilizados, los modelos cognitivos se refieren a la manera en que un individuo aislado recibe, codifica y recuerda la información. Además, la codificación y la memorización se consideran procesos mentales internos. Los psicólogos experimentales controlan los estímulos a los que exponen a los sujetos, por ejemplo sílabas sin significado como en los experimentos de Ebbinghaus, y observan sus respuestas para saber si se logra o no la memorización. A partir de estos datos, elaboran hipótesis sobre los procesos mentales que relacionan los estímulos con su respuesta.
Estos modelos de tratamiento de la información se basan en la presuposición, que parece proceder del sentido común pero que los defensores del constructivismo social discuten, de que la memoria está en el interior de la cabeza de un individuo. Estos críticos estiman que la psicología cognitiva localiza las operaciones de la memoria, o al menos las operaciones de una importante proporción de la actividad de la memoria humana, erróneamente. La psicología cognitiva proporciona, probablemente, una buena explicación de la memoria espontánea de las percepciones, por ejemplo de la forma en que reconocemos un rostro u objetos. Pero especies no humanas como las ratas, los gatos y los pollos tienen unas capacidades parecidas: pueden reconocer, por ejemplo, algunos motivos que se les presenten. Y todo lleva a pensar que los mecanismos que intervienen en este tipo de capacidades están genéticamente programados.
Sentado esto, lo esencial de la memoria humana funciona de forma muy diferente y nos distingue de todas las demás especies. Para los animales, el recuerdo está ligado a una experiencia directa: sólo lo que había sido codificado anteriormente por los sentidos puede ser recordado por la memoria. En cambio, los seres humanos se pueden acordar de un pasado del que no tienen una experiencia directa, de un pasado que les transmiten las generaciones precedentes. Así, en la Biblia, se pide que los hijos de Israel «se acuerden de la salida de Egipto» y este recuerdo es, todavía hoy en día, expresamente preservado y conmemorado.
Una variedad infinita de prácticas sociales proporciona a los hombres la ocasión de recordar. Rituales formales, como los desfiles militares y las fiestas de la independencia permiten que los miembros de una sociedad recuerden colectivamente y «con-memoren» su pasado. También existen recuerdos más personales: el aniversario de una boda, por ejemplo, o la generosidad de un amigo, o la actividad cotidiana de la memoria, como acordarse de tirar una carta o añadir sal en una receta de cocina. Según la expresión del psicólogo ruso Lev Vygotsky la memoria humana y la memoria social están unidas por lazos indisolubles.
El filósofo Ludwig Wittgenstein ya había avanzado un punto de vista parecido en los años sesenta. Según él, no existe una sola forma de acordarse, no habría una actividad única llamada «memoria». Así, podemos ser muchos al evocar el recuerdo «del casamiento real» o el de las vacaciones familiares. Pero hacemos otra cosa cuando nos acordamos por ejemplo de nuestros derechos legales, o cuando intentamos no olvidarnos de darle las gracias a nuestro huésped después de una velada agradable. Desde este punto de vista, el de los constructivistas sociales, la memoria al igual que el pensamiento no son procesos internos. En vez de especular sobre lo que pasa dentro de la cabeza de una persona, observan desde el exterior lo que pasa, a qué actividades se dedica la gente cuando recurre a su memoria y cuando piensa. Los constructivistas sociales observan lo que hace o dice, por ejemplo, la joven cuando sostiene ante sus padres que no olvidará nunca la boda real. Resulta entonces que la memoria humana es más compleja que lo que hacen pensar los tratamientos de listas de sílabas sin significado utilizadas por Ebbinghaus, y que su actividad está ligada al contexto en el que tiene lugar.
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