2 - "El exilio del tiempo"

Artículo creado por Javier Meneses Linares. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero26/atorres.html
27 de Septiembre de 2006

En el echarse atrás ya late el salto hacia delante. El precipitarse en el Otro se presenta como un regreso a algo de que fuimos arrancados. Cesa la dualidad, estamos en la otra orilla. Hemos dado el salto mortal. Nos hemos reconciliado con nosotros mismos”.
   Octavio Paz, El Arco y la Lira

La novela “El exilio del tiempo” se arma y se desarma en más de cien años de historia venezolana, una voz femenina narra la historia, la oficial (la escrita en los diarios o cartas del tatarabuelo y el bisabuelo) y la cotidiana (desde la intimidad de la casa, la que se da en las conversaciones, en lo doméstico del día a día), donde el yo narrador se hace multiplicador de muchas voces que cuentan la historia y se cuestionan sobre sus formas de hacerse. La redes entre la historia del país vista desde la óptica de las mujeres miembros de una familia de “clase alta” y la historia no oficial que surge precisamente de esa condición de ser mujeres, nos brindan esa historia política- social y cultural a través del “otro”.

Tanto en “Doña Inés contra el olvido” como en la novela que nos ocupa, se parte de una ficción del poder, en ambas la voz femenina preside la narración, aún o a pesar de su condición de mujer, la clase social a la cual pertenecen las narradoras de la historia esta relacionada con la clase dirigente. La escritura del pasado es en “El exilo del Tiempo” una operación que desplaza al lector hacia un pasado real. Es la historia que define Certeau como “historia que llega a lo vivido, a lo que ha sido exhumado gracias al conocimiento del pasado”… intenta restaurar lo olvidado y encontrar a los hombres a través de las huellas dejadas.

Cuando leemos la novela tenemos la extraña sensación de un diálogo permanente con el otro en uno mismo, las voces femeninas y la escritura de los hombres, en forma de cartas y diarios personales con personajes del poder, pero desde la intimidad del hogar narran a través del estado anímico y espiritual cómo se percibe la historia en los que la viven y la sufren, son las voces de los contrastes, donde se cuestiona el poder, es la constante pregunta, la respuesta. Son las voces de Olga que nunca se casó porque no la dejaron con el hombre que amaba o la de María Josefina, que se divorció varias veces o en Mercedes que descubre que en la historia ajena se determina la de uno mismo. En sus mundos aparentemente limitados a las paredes de sus casas trascienden a la muerte y esta al tiempo. La búsqueda se hace sujeto en la novela y obliga al lector a llenar vacíos, a suponerse, porque la novela sugiere su construcción fragmentada “si la vida fuera una película parecería filmada por un director inconstante que en los momentos de dramatismo cortara la escena y pasara a otra” (168). Entonces esa reformulación del discurso histórico que se ha evidenciado desde la burguesía que el yo narrador representa, se va diluyendo en otras voces narrativas, una tramitación nos va dando amplitud en el círculo del tiempo, se van despojando de su validez algunos enunciados y se concretizan otros a través de un examen colectivo de la conciencia.

“Ese otro es también yo. La fascinación sería inexplicable si el horror ante la “otredad” no estuviese, desde la raíz, teñido por la sospecha de nuestra final identidad con aquello que de tal manera nos parece extraño y ajeno. La experiencia del otro culmina en la experiencia de la Unidad”.
    Octavio Paz, El Arco y la Lira

A través de los recuerdos de la narradora se hace un recorrido por temas constantes en la narrativa venezolana y latinoamericana: las diferencias sociales, el adulterio, el patriarcado, las ansias de poder, el privilegio, las concesiones, las dictaduras, etc. Se cuestiona todo, entendiéndose cómo reconocerse en los errores. El letrado asume su condición de crítico y hacedor también de la historia, desde Zárate de Eduardo Blanco, la visión del escritor es trágica ante los acontecimientos del país: “Si radical, en lo político fue la transformación de Venezuela al separarse de la madre patria, pocas alteraciones en lo privado de sus tradicionales costumbres sufrieron los pueblos americanos de origen español, a pesar de la guerra y la emancipación de la metrópoli. Largos años después de ser independientes y llevar vida propia, conservaron nuestros padres, y con ellos la generación que les siguió inmediatamente, los usos y costumbres heredados de sus mayores… pero, no obstante tan violentos como trascendentales cambiamientos, no había alcanzado a desarraigar, en lo privado, las preeminencias sustentadas por tres siglos de perdurable estabilidad, ni logrado penetrar en el santuario del hogar…”8

El letrado latinoamericano ha estado desde sus inicios en una constante autocrítica, su labor artística, que es también filosófica, sociológica, antropológica e histórica así lo demuestran, su máscara de ficción sólo hace reafirmar su conciencia clara de nuestros grandes problemas porque en realidad “en eso poco hemos cambiado. La adulancia, el afán de trepar y el enriquecimiento fácil y peculoso sólo mudan su etiqueta política”9 (125), un gobierno tras otro, alzamientos, revoluciones y más promesas: ”Inventaron el liberalismo, Alejandro… Y es que el mundo ya no es mundo y han ocurrido tantos cambios que ya no lo entiendo. Ahora a nosotros nos llaman oligarcas y ellos a sí mismos se llaman liberales. ¿Qué cuál es la diferencia? No lo sé… Puedo decirte que no han hecho otra cosa que inventar promesas y en eso han en mucho aventajado a otros que las hicieron primero… esta tierra ha sido la invención de una promesa.. y tú también eres culpable, tú le prometiste a Juan del Rosario, tú hijo mal habido, unas tierras que te sobraban… y ya sabes los años que me costó demostrar la vanidad de esa promesa… Durante la guerra esto fue una piñata de promesas… y ¿qué fue lo que hallaron? Más promesas” (91).10

El tiempo indefinido de los recuerdos permite a la narradora ir recorriendo el tiempo cronológico de la historia de Venezuela, lo cual da la oportunidad de emitir juicios, retractarse, hacer otros, reconciliarse con ellos, porque “somos no productos de nuestras circunstancias sino apenas los residuos de ella, los quiebres y las rasgaduras del tiempo, puros momentos discontinuos, y la violencia contra mí ejercida no era sino el eco de otra más general, imposible de achacar a nadie, salvo entrando en las grandes generalizaciones como la Historia, el Tiempo y la Sociedad”…11

Convencida de que “la experiencia del otro culmina en la experiencia de Unidad” como dice Paz, Ana Teresa Torres emplaza mediante la división a través del conflicto a cambiar nuestra mentalidad. Todas las historias son válidas, no hay una historia aparte, todas se complementan. Es el punto donde se pertenecen el uno al otro, la muerte del segundo es sinónimo de la desaparición del primero. Esa complementación que nace a raíz del mestizaje nos permite ver que a la historia desde la visión de la mujer fortalece el discurso, agregando las voces marginadas.

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