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La familia como institución ordenadora de un sistema económico justo - Finalidad económica y grupo doméstico

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Creative Commons Artículo de Isaac Payá Martínez - 08 de Junio de 2006
Temas Relacionados: FilosofíaPensamiento y política
2. Finalidad económica y grupo doméstico

El fin de la familia es triple.

a.- Proveer de bienes corporales y espirituales a sus miembros.

b.- La procreación de los hijos.

c.- Ser elemento estructurador de la sociedad.

Ha existido durante el siglo XX, una tendencia a la preeminencia del Estado por

encima de la familia, cuestión que ha sido más radical desde planteamientos

colectivistas que liberales. Se ha pretendido, considerar a las reuniones de familias

como reuniones de puros individuos independientes unos de otros en donde se

considera la necesidad de un traspaso de medios de producción a la propiedad

colectiva, por lo que la familia deja de ser una unidad económica de cooperación

bioespiritual para convertirse en una industria social.

Tanto las doctrinas de inspiración individualista o de tinte colectivista no han

demostrado excesivo interés, tanto por la institución matrimonial como por el grupo

familiar, a no ser que hubiera por medio algún fin pragmático o utilitarista (generalmente

unido a la utilización de tal institución para la consecución de objetivos de Estado).

Ambas actitudes nacen esencialmente del mismo defecto: una concepción incompleta,

unilateral y, por consiguiente, errónea de la persona en sus relaciones con la

sociedad.14

En principio, tan asumido lema por la sociedad de “ tanto ganas, tanto vales ” no se

aplica en el entorno familiar. Tal contenido no proviene más que de un liberalismo

económico ciego a los valores extramonetarios. En la familia, empero, el aprecio o

cariño y la valoración está asegurado de antemano.15 Sin embargo este criterio

economicista de valoración parece que se ha instalado definitivamente en nuestra

sociedad.

La mera comunidad de ingresos será un menor factor unificador, de menor

poder que la propiedad, ya que mientras esta última implica una identificación con la

unidad familiar de más difícil división que los ingresos, éstos comprometen rendimientos

de trabajo, que pueden obtenerse independientemente de la comunidad familiar. A partir

de aquí, (siglo XIX), se produjo una importante segregación de la comunidad doméstica,

ya que para emprender cualquier actividad económica no era imprescindible más que la

aportación de recursos de socios que no tendrían porque pertenenecer a la unidad

familiar.

Sin embargo, lo que el Estado debe hacer es proteger, desde el punto de vista

económico, a las familias a través de la justicia distributiva establecida por vía

fundamentalmente fiscal. Si la familia no pudiera mantenerse con los recursos

fundamentales, es necesario una política de ayudas o subsidios estatales o

comunitarios. Igualmente debe poner a disposición de toda familia la vivienda necesaria

o espacio físico donde mínimamente se debe desenvolver el desarrollo doméstico, que

deberá cumplir al menos dos requisitos:

l.- Lo suficientemente espaciosa para satisfacer todos los fines de la familia.

2.- La separación de otras familias.

3.- Adecuado asentamiento de las construcciones.

Pero la dimensión económica no debe ser la única que presida en las relaciones

familiares. Muy al contrario, tales vínculos sólo deben ser secundarios.

El tiempo en la relación familiar y como bien escaso, es de vital importancia dado lo

esencial de atender a uno o a otro aspecto. Así, el trabajo remunerado debe ser un

aspecto esencial, pero no podemos descuidar otros, como la formación y cultura, la

educación de los hijos, el trabajo en casa, los compromisos y la acción social.16

El nivel de entradas o ingresos en la familia, depende del tiempo dedicado al trabajo

remunerado; por eso, es imprescindible plantearse si es necesario buscar el mayor

número de ingresos, o por el contrario, también es importante la realización personal o

la seguridad en el entorno hogareño.

Por otro lado, el empleo de los ingresos familiares debe repercutir siempre en los

mejores fines posibles, que serán aquellos que produzcan la mayor armonización tanto

en las relaciones domésticas como en el entorno social envolvente. Aquí es necesario

que cada hogar se plantee el reparto de los recursos obtenidos analizando

continuamente:

l.- Los productos que se compran y su verdadera utilidad.

2.- Orientaciones privilegiadas de gastos.

3.- Cuales son los miembros de la casa que reciben tales bienes.

4.- Transferencias de bienes ad extra del entorno familiar.

Por otro lado, la verdadera maduración e integración afectiva de la personalidad y su

incorporación al cuerpo social sólo es posible realizarla en la unidad doméstica, ya que

es la comunidad familiar donde verdaderamente se valora a la persona en sí misma. En

este entorno, a diferencia de otras formas de intercambio, no existe un

condicionamiento objetivo como, por ejemplo, ganar en una competición, ni tampoco

optar por adquirir bienes materiales escasos ( compraventa ). La familia es algo más, de

tal modo que al finalizar la relación, siempre queda un mayor horizonte personal de

satisfacción y de mayor compenetración armónica. La donación mutua en el hogar es

algo continuo. Es un intercambio por todas las partes ( padres e hijos ), un dar y un

recibir permanentemente, enriqueciendo así todos los valores y capacidades de los

miembros de la familia. En tales relaciones interpersonales, el beneficio privado de cada

miembro juega un papel marginal. La actitud de la solidaridad es la preeminente en las

relaciones comunitarias de familia. Es decir, volverse hacia cada uno de los sujetos

componentes para aliviar sus necesidades y situaciones peculiares y para enriquecer y

perfeccionar en lo posible todos los comportamientos de los miembros del hogar.17

Es el ámbito familiar, el que proporciona a los miembros de la misma virtudes

económicas como la honradez comercial, la generosidad con los extraños, el respeto

hacia los bienes ajenos, el saber compartir con otros, la responsabilidad por los bienes

externos y su buen funcionamiento o la laboriosidad en la unidad de producción.

En la familia se produce un aspecto fundamental relacionado con la comunicación

de bienes y realización de la persona. La transmisión de un bien, precisamente por ser

material, entraña en sí misma un empobrecimiento de la persona: ella no puede privarse

de un bien material en beneficio de otros, y, al mismo tiempo, pretender retener este

mismo bien para sí. En la medida en que una persona da, se priva, y por tanto, desde

este punto de vista, se despersonaliza. Por eso, la comunicación de bienes materiales

es insuficiente por ser alienante.

Sin embargo, no sucede lo mismo con la comunicación de un bien espiritual como,

por ejemplo, la comunicación de un saber, de la virtud, del afecto. El que enseña,

enriquece al mismo tiempo su acervo cultural, espiritual o sentimental.18 Por lo tanto, si

bien es verdad, que la comunicación entre los seres humanos se realiza normalmente a

través de bienes materiales o gestos corporales, sin embargo, tanto unos como otros,

serán sólo símbolos imperfectos de una realidad mucho más rica y profunda. Pues bien,

en el entorno familiar es donde estos aspectos aparecen con mayor intensidad. La

comunicación de bienes entre los padres e hijos, o entre hermanos, no es más que un

reflejo del cumplimiento de las virtudes más espirituales del hombre. No será más que

un abrirse a los demás para compartir la felicidad, y anular en lo posible los deseos

egoístas. Es pues, la dinámica del Bien Común, norma suprema de la moralidad social,

que encuentra dentro del grupo familiar su primera palestra. Sin un desarrollo armónico

en este entorno, no será posible una integración de la persona en el orden del

cumplimiento de los deberes y derechos sociales. La familia es la mejor escuela de

sociabilidad jurídica y económica.

Es un medio camino entre “ la familia-protección ” y “ la familia- promoción. ” Así lo

señala la Iglesia en el siguiente sentido: “ Otro cometido de la familia es el de formar los

hombres al amor en toda relación humana con los demás, de tal modo, que ella no se

encierre en sí misma, sino que permanezca abierta a la comunidad, inspirándose en un

sentido de justicia y de solicitud hacia los otros... ”19

Las condicionamientos económicos para el mantenimiento de la estabilidad familiar,

hacen referencia a la estabilidad laboral de los padres. Sin una continuidad en el puesto

de trabajo, las circunstancias en el hogar pueden deteriorarse de manera irreversible.

Piénsese en los momentos de búsqueda de un nuevo trabajo o los períodos de fuerte

estrés del padre o madre en situación de paro o de importante precariedad laboral. Por

ello, el bienestar de la persona y de la sociedad humana estará estrechamente ligado a

una favorable situación en la comunidad conyugal y familiar. Pudiéramos representarlo

matemáticamente de la siguiente forma:

Otra de las cuestiones más importantes que aparecen en la familia, es el tema de la

justicia. Es en ella, donde aparece y se desarrolla con más fuerza. Así, si entendemos

por justicia a la voluntad firme de dar a cada uno lo suyo, y actuar en consecuencia, es

necesario que lo del otro sea, al menos tan importante como lo propio. Ahora bien, el

hombre en las relaciones sociales parte del hecho de que lo propio es más importante

que lo ajeno. Pese a que todos pensemos que es mejor dar a cada uno lo suyo, nuestra

inclinación es contraria. Pues bien, en la familia este ambiente cambia. Pese a que

pensemos, a primera vista, que la ternura o la compasión son actitudes propias de las

relaciones familiares, es en este entorno en donde surgen de manera integral las

primeras relaciones de justicia, ya que el bien propio se considera tan importante como

el bien de cualquier otro miembro. A partir de aquí, será más fácil dar a cada uno lo

suyo, pero aplicando la justicia distributiva por encima de la justicia conmutativa.

 

Conclusiones

 

Una vez analizados someramente los efectos de las relaciones socioeconómicas

sobre la familia, no me queda más que afirmar el carácter de hecho universal y

naturalmente bueno de la realidad familiar entendida como nido de perfección personal

y social en las sociedades humanas, cumpliendo una tarea socializadora y de cooperación económica como funciones vitales. Por ello, la familia, constituye el principal baluarte de estabilidad de la persona, tanto individual como socialmente considerada, aunque esto no debe ser óbice para un desarrollo intercomunitario de mayor vitalidad.

 


14 Cfr. BELTRAO, P., Sociología de la familia contemporánea, Ediciones Sígueme, Madrid, l975, p, 181 y ss.

15 Cfr. MELENDO GRANADOS, E, Educación, familia y trabajo, Loma, México, l995, p. 135.

16 Cfr. FALISE, M., Economía, ética y fe cristiana, Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, l991, p. 89.

17 Este espíritu comunal viene precedido de tiempos en donde la familia constituía una auténtica unidad de producción. Todos, padres e hijos colaboran en el sustento doméstico. Esta forma de actividad económica fue alterada cenitalmente con la revolución industrial, que al introducir importantes posibilidades expansivas en el sujeto, traen consigo un deterioro, tanto en la dimensión como en la estructura familiar.

18 Así, el que ama aumenta su felicidad, el que comunidad santidad se hace más santo. En definitiva, es mejor dar que recibir. Cfr. POLO, L., ¿Quién es el hombre?, RIALP, Madrid, l991, passim.

19 Cfr. JUAN PABLO II, Familiaris Consortio, n. 64

Autor y licencia de 'La familia como institución ordenadora de un sistema económico justo - Finalidad económica y grupo doméstico'
Isaac Payá Martínez Extraído de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html

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