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En la época prehispánica las comidas y bebidas constituyeron las principales ofrendas rituales. La gama de platillos y bebidas fue muy variable y amplia, así como las formas de prepararlos, y su consumo dependía del tipo de festividad.
Los tamales
Este platillo en la época prehispánica y en la actual es fundamental en el altar de muertos.
Elaborados con maíz cocido, “nixtamal” molido o triturado hasta formar una masa, y mezclado con caldo de pollo hasta espesar, los tamales se ponen en pequeñas porciones, envueltos en hojas de maíz,
Papatla u hojas de plátano, colocándole en un recipiente para cocerlos; los hay de muy variados modos: de dulce, chile y sus derivados, mole, pipián o frijol, dependiendo de la economía de cada hogar.
Las tortillas de maíz proviene de un pasado prehispánico con el que se conformó la base de la agricultura. Es el alimento más importantes del pueblo mexicano, razón por la cual adquirió ofrenda principal. En esta fecha las mujeres en algunas regiones tienen por costumbre, elaborar las tortillas para
colocarlas junto a otras ofrendas en el altar.
El pan Tal y como se conoce en la actualidad, hecho de harina de trigo, fue introducido en México durante la Colonia y su preparación fue adoptada y adaptada por los nativos, pero es en los días de muertos cuando cobra singulares formas, pues los panaderos les dan figuras humanas y en algunos lugares se las dan de animales, vegetales y objetos geométricos.
El molli como ofrenda
Los guisos a base de chile que nuestros ancestros llamaban molli tienen sus orígenes en la época prehispánica, pues los historiadores mencionan el chile molido y mezclado con carnes de diversos animales, como el guajolote, el xolotlizcuintle (perro criado especialmente para comer), el pejelagarto y otros ingredientes; además se refieren a alimentos sazonados con diversas salsas de chile y de pepitas, la “pipiana”.
El chocolate
Actualmente durante estas fiestas se ofrecen bebidas preparadas a base de cacao y mezcladas con productos como la masa de maíz, canela, vainilla, amaranto y miel. Esta bebida se acompaña con tamales y es para conmemorar el día que vienen las ánimas de los niños o “chiquitos”.
Y cada Año,
A pesar de que la sociedad moderna se va imponiendo con sus prisas, con sus precocinados y su materialismo feróz, día a día, mes a mes, vivos y muertos siguen dejando un hueco de memoria en el tiempo, un espacio amoroso en sus vidas; la llama de la ilusión permanece encendida un año más, con la certeza de que durante unas horas , no habra ni más acá, ni más allá, y como el invisible hilo que nos une a todos en un solo espiritu, vivos y muertos , nos volvemos a reencontrar. Insolito caso este, en el que son la muertos quienes reunen a los vivos.

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