



Investigar desde y en la imaginación poética es indagar y curiosear. Es leer(escuchar)-escribir(hablar) el mundo y la vida. Desciframiento y re-desciframiento de las huellas que el hombre en su tejido cultural crea con lo que queda y ensueña de él. Plantear una situación investigativa en el espacio oral-escritural de la imaginación poética, al límite de una modernidad que en Latinoamérica no acaba de entrar y ya está yéndose, es derivar de una vez y para siempre los esquemas hipostásicos de la demostración y la aplicación, los niveles clasificatorios, analíticos y concluyentes.
Las verdades apodícticas secan el océano de la imaginación poética. La poesía no intenta demostrar nada, a lo sumo dejarse acontecer y acontecer al Otro, pues el poeta –dejo escrito Nietzsche– es el único que aprecia verdaderamente la contingencia. Ser Siendo en el tejido entrópico, metafórico y simbólico, donde la libertad florece y el reconocimiento de lo interior con lo exterior se realiza en su diferencia. Ahondar en la escritura(habla) es ficcionar la verdad poética y convertirla en una nueva realidad; no es un reemplazo sino un engrandecimiento. Esta realidad esencial es virtual, posible, por eso presentimos mundos paralelos aun sin verlos y abrazamos al Otro sin conocerlo: presencia en ausencia. Únicamente lo verosímil y no lo verdadero tiene posibilidad de ser cierto, de deslumbrar el abatimiento. Lo verosímil multiplica los sentidos, plurifurca los semas y kinemas, los excede en su significación, es decir fragmenta la estrella sin apagarla, llevando cada fragmento la memoria del fuego total.
De manera que un espacio investigativo de la imaginación poética es más dialógico e interpretativo que metodología estructuralizante. Se trata de una interpretación Geopoética y dramática y no de una gramática glosográfica, puramente descriptiva y preescritiva. Quizá al margen de lo que Richard Rorty ha dado en llamar "el giro lingüístico" podamos iniciar un "giro espacial", un giro de silencio, una arqueología y geología poética, que abra el círculo que cierra el lenguaje al intentar comprender el ser (J. L. Pardo: 1991).
Hay que exaltar la imaginación, ponerla en libertad a través de metáforas imposibles que inauguran países y cartografías imaginarias; de imágenes que colapsan agonizando unas mientras se yerguen otras; de silencios que se ofrecen en un misticismo no acostumbrado y que a veces nos retuercen el ser a la velocidad del párpado; de ritmos que subvierten los laberintos del tímpano revitalizando nuestros mecanismos de comprensión y nuestra sensibilidad e incorporando nuevas analogías y homologías. Cuando las formas se anquilosan por la mecanización de una práctica sin meditación imaginaria, es preciso invadir su territorio con las estéticas, que son más expresivas y juguetonas.
Una dialogía poética debe ubicarse primero desde y en lo poético mismo, pues sólo el ensueño puede ensoñarse con intensidad. Luego, las esferas interdisciplinarias deben ser fuerzas que se combinan logrando crear figuras cada vez más elevadas de conocimiento vivo. Así el ensueño se deslocaliza y se engloba en el sueño universal, volviendo enriquecido al lugar donde comenzó su expansión. Una investigación creativa no es posible sino como búsqueda artística y dialogía vital, como decantadora de unas estéticas, como reconocimiento de sensibilidades cada vez más sofisticadas, por ello mismo más humanas; como lucidez intelectual en el distanciamiento y acercamiento a la imagen de la realidad que padece una transformación constante, un simulacro que parece no tener retroactividad alguna. El umbral poético (oral, escritural, visual...) intuitivo y reflexivo es vaivén del afuera/adentro: haz/envés: témpano de fuego/hielo.
No in-vestiga, es decir no entra al fondo de los vestigios quien no día-loga, Lee(escucha) el mundo. Aquí la palabra mundo significa penetrar no abarcar, palpar no solo tocar, mirar no sólo ver, saborear no únicamente deglutir, escuchar no sólo oír. Después del vértigo, el asombro lo obliga a moverse para iniciar la caída, y es allí, entre el Deseo de moverse y el desgano de la gravedad, en la bisagra del silencio/grito que el Polector (crítico y creador) se sitúa para mirarse como se mira, para mirarse en el Otro con una ausencia presente.
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