La frontera imaginaria en la narrativa indigenista - Gamaliel Churata (III)
3 - Gamaliel Churata (III)
Pero el principal elemento que constribuía al relegamiento del indio a una condición de semiesclavitud era el gamonal. Por ello el relato más famoso de Gamaliel Churata no podía encaminarse hacia otra dirección que hacia la de criticar a este personaje que era el demonio para los indios y uno de los signos de atraso en que se mantenía el sistema económico de las regiones. El gamonal era la causa principal del sistema de explotación, por lo cual, en el relato, no sólo se le daba esta denominación al gran hacendado sino a todos los que colaboraban con él, de modo que tanto capataz como mayordomo recibían este nombre, pues todos ayudaban a sustentar el sistema. El efecto es del todo intencionado, ya que se les unificaba en una misma categoría, que era la categoría del explotador. Por ello, tanto indios como explotadores respondían a la configuración de dos polos enfrentados caracterizados por la tipicidad. Este era el motivo de que se dijera que el gamonal era tanto el blanco como el indio o el mestizo que colaboraba con el sistema de explotación. El gamonal era un personaje que había nacido en la hacienda y que, desde niño, buscaba la amistad del más fuerte. El texto muestra el proceso de crecimiento y desarrollo del gamonal:
"El gamonal a los diez años es un muchacho tímido y tonto, a quien, con toda facilidad, como se le pinta una mosqueta en el trasero, se le cuelga rabitos de papel. Es producto neto de la hacienda. Se le reconoce por un fuerte olor a trigo tostado y que en sus relaciones de amistad prefiere al mozo cuyo poder de puñadas le haya rodeado de una de esas admirables aureolas de trompeador que tanto se admiran en la escuela. Éste le es tributario en cambio de una chuwa de chancaca y buena porción de tostados."
La descripción del gamonal conjugaba una frialdad absoluta, propia de la crueldad de los hechos que se narraban, con una fina ironía que lo hacía parecer un personaje ridículo. Ya en la escuela el gamonal se servía de la adulación para ganar los favores de los profesores:
"La debilidad de sus menores siempre está a expensas de su crueldad tanto como él a espensas del juicio definitivo que el profesor forma de su estupidez mental, pues a una brutalidad incalificable, une un carácter servil de los peores respectos. Es uno de los pocos que conserva sus cuadernos cuidadosamente aforrados, aunque la grasa y ese intolerable olor a tostado mal digerido los haga gaseosos y a él temible a la pituitaria."
El gamonal tenía carácter pragmático. Sólo buscaba su interés personal a costa de los demás, como parte de un sistema de explotación:
"Muchas veces, y debido a ello, logra destacarse entre los demás, o casi siempre, puesto que los resultados apetecidos son esos. Tanto en la vida como en la escuela, el gamonal posee un sentido práctico de resultados inmediatos. Persigue la solución de un interés próximo. En la escuela, lucirse, para imponerse llegado el caso."
Estas acciones del gamonal no eran consideradas, indudablemente, como virtudes, sino que eran vistas como motivo de censura. El gamonal carecía de inteligencia y, por ello, al ser el elemento fundamental del sistema de producción, ese sistema de producción conducía a una falta de lógica, aliada de la injusticia y la explotación. Para la presentación del gamonal el narrador recurría a descripciones que recordaban a la prosa de Ramón Gómez de la Serna o a la de Benjamín Jarnés, en donde la frase insinuaba la esencia absurda del personaje:
"El gamonal es el prototipo del machacón. Ha convenido en que atorarse de letras es ser un sabio y que se es más sabio y más fuerte en relación al número de horas consumidas en rumiar los textos absurdos del colegio. Por ello, en el colegio el gamonal es el mejor alumno; en la vida, sí tuvo suerte, el hombre; pero, en verdad, ¡una bestia!. Vela hasta las once o doce de la noche, deja la cama apenas amanece y reempieza los fatigantes y fatigosos estudios con un sonsonete muy parecido al avemaría de los llamos en el corral. Se podría inventar una sinfonía sobre el tema. Su nombre acaso éste: sinfonía de la brutalidad angustiada. Es el primero en llegar a la escuela. Pero no se toma este trabajo inútilmente, robando alguna hora al plácido sueño infantil del amanecer, por ir a corretear con sus compañeros al campo perpetuamente vestido de fiesta para el corazón del niño. No; el campo es para majita una incitante tienda de refresco, un amoroso cajón de duldero. El gamonal está pervertido. Es un instinto de cálculo sirviéndose de un cuerpo canijo y miserable. Llegado, se colocará frente a la puerta principal en espera de la llegada del profesor, con el objeto de hacer ostensible su aplicación y formalidad. El profesor lo nota, pero cuando el profesor no pertenece al género del asinus gamonalis, lo cual es bien raro, sufre de una dolorosa impresión frente a esa ruina precoz."
El narrador desarrollará el periplo del gamonal desde su infancia hasta la madurez en donde se verán consumados todos aquellos vicios que germinaron en la niñez. Era un traidor a su raza, ya que, en ocasiones tenía en parte sangre india, a veces era mestizo, pero había adoptado las costumbres de los blancos, pues el gamonal se movía por intereses de clase y no de raza, aunque el conflicto presentado por Churata tuviera un fundamento étnico:
"Hay que ver al gamonal casi un hombre ya. Color tan tostado, puesto que también heredó los cobres inkaicos. Es alto. Tres años de vida pueblerina, le han dado lo último que la naturaleza le dará: juventud. Niñez no tuvo. Nació deforme, sólo apto para el engaño. Su primer paso en la vida social se reduce a buscar compadres entre abogados y funcionarios. Le importa muy poco la miseria y la orfandad de sus amigos si a su precio puede comprar un nuevo compadre."
Pero, si el enfrentamiento debía parecer lo más crispado posible para poner de manifiesto la terrible situación que se vivía en las regiones frente a la costa y el peligro que una sublevación generalizada podía suponer para todos, incluidos los indigenistas, la ficción del mismo modo debía retratar a un indio que contrastara con el indio sumiso y esquivo que raras veces era capaz de rebelarse contra las injusticias sufridas. Y esa amenaza se veía fortalecida por la descripción de carácter épico con que se mostraba al indio. Se recurría al antiguo indio de la tradición incaica y se entraba en la atmósfera de la vanguardia mediante metáforas delirantes que resaltaban la férrea complexión del guerrero que podía participar en la anunciada "tempestad". A ello contribuía la comparación de la musculatura del indio con la de "la bestia fatigada" que de modo muy lírico era alumbrada por la débil luz del crepúsculo:
"De lo que es capaz, sólo una observación atenta podría revelarle. Una frente breve, el macetero y el etmoides, férreas prominencias con el mentón. Todo es agresivo en él: la nariz afilada en forma de corva, las órbitas dibujadas con dureza, el occipital donde se advierte la acción de una antigua deformidad y el cráneo todo estirado en el bregma. Todo él, el ancho cuello y el tórax, dan sensación de poder. Debajo de la camisa de cordellate parece palpitar con el propio ritmo de la entraña, el deltoides, como en la bestia fatigada. Tanta extraña conformatura está aforrada de una piel cobriza que el sol bruñe con sus mejores fuegos. No habla. Pero la fogata de occidente en sus últimos resplandores, orifica su perfil metálico. La tristeza de un linaje perdido en el hueso se miraba en su fornido cuerpo de hambriento."
Los indios se presentaban como "indiada", porque eran algo incontrolable, lo cual hacía más impactante la amenaza, puesto que, una vez comenzada la rebelión, nada se podría hacer para apaciguarla, pero a su vez la expresión insinuaba un universo muy alejado del mundo del narrador, un mundo que no podía dejar de mostrar su distanciamiento y su apreciable menosprecio de la vida indígena. De ahí que, en "El gamonal", no se especificara quién dirigía a los indios. El indio, como señalaba Valcárcel era una masa "ahistórica" y, según Mariátegui, no tenía conciencia de su situación. Asumida esta conciencia, la venganza del indio se hacía inevitable, y esa venganza afectaba a todos, a blancos y a mestizos, a dirigentes e intermediarios, a la clase dirigente y a la clase media. La violación de Encarna había sido el detonante para que su marido agitara a los indios y éstos tomaran conciencia del yugo opresor que los explotaba, y esa misma afrenta podía sonar como una maldición en el oído de todos aquellos que respaldaban ese mundo de injusticia o que lo toleraban: "¿Quién comanda a los indios? Eso no se sabe. ¡Alguien va!"
Algunas descripciones del narrador producían contrastes bastante significativos en relación con el espacio en donde vivía el indio y la visión degrada que de él se daba. Así, la relación de la vida laboriosa en la que vivía el indio con su familia se caracterizaba por la tranquilidad en tanto que era el único momento en que los protagonistas se podían olvidar del gamonal. Estas escenas se veían siempre sucedidas por la aparición del gamonal que rompía la paz del hogar. El poder del gamonal afectaba no sólo a los indios con su obligación de trabajar sus tierras en una situación de semiesclavitud, sino que también afectaba a sus relaciones familiares. El gamonal se configuraba como el elemento desestructurador que impedía que el indio hiciese uso de sus tierras correctamente. Era un factor del desmembramiento del país, así como un motivo de infelicidad en la familia de Encarnita:
"Con lentitud y gravedad, vacas y toros, abandonan los corrales después del ordeño oloroso. Síguenles, con finos ademanes, llamas y alpacas. Ovejas y cabritos se van alejando también bajo la opresión de la hora suave y tónioca. Humean los fogones. Los gallos cantan. Los pajaritos pían en vuelos tensos. Asomadas a las puertas de sus chugllas, las madres entregan los pezones a las boquitas desdentadas de los majjtitos, mientras los hombres se afanan en labores múltiples.
El gamonal, de todas maneras, es un poder influyente, relacionado con lo más odoroso y rumboso del centralismo capitalino."
Por ello, en el rostro de esa indita violada se debía de reflejar todo el sufrimiento de la raza indígena. En su rostro se apreciaban las consecuencias de la penosa existencia que a todos los indios les había tocado vivir en la hacienda:
"Su cara es fea, seguramente. Gorda no es. Al menos viéndolo bien no parece. Flaca tampoco. ¡Trabaja tanto y sin descanso! Cuando se trabaja así, no se tienen los ojos en el abdomen y desde luego no se engorda."
Se pretendía dar una visión patética de la vida indígena para demostrar que el indio no iba a resistir esa situación por mucho tiempo. Así, cuando se describe el primer parto de Encarna, se dice que fue un parto difícil donde Encarna estuvo "a punto de morir". Se muestra también que los indios están obligados a una atención médica que no es la más adecuada, ya que, a falta de otro mejor, tienen que dejarse asistir por el hechicero. El indio así estaba relegado a vivir en la antigüedad y no se le daba acceso a los avances del mundo moderno:
"Si no es por el kollawaya se habría ido al otro mundo. Con ciertos sobajeos en el vientre y la cadera y cuatro lagartos que mató en el patio, diciendo misteriosas palabras, el kollowaya la hizo parir. De lo contrario habría muerto"
En este sentido, las escenas de dolor adquirían un carácter extremadamente trágico. Con un estilo más cerca de la hipérbole que del realismo, se mostraba a la mujer chillando hasta la finalización del parto:
"El marido se puso loco. SI TU ME LA SALVAS, decía, TE DARÉ LO QUE QUIERAS. Cinco días pujo Encarna. Ya le faltaban las fuerzas. Su flaqueza de ánimo la fortalecía para los extremos furores. MATAME TATITO: YA NO PUEDO, gemía la meneona. deseaba terminar de alguna manera. Miraba a su marido más abatido que ella misma."
Así pues, el relato cobraba esa dimensión tremendista al lado de la descripción de la extremada miseria en que vivía el indio. La caracterización del espacio actuaba como signo intensificador de la denuncia del autor, a pesar de que esa casa fuera la vivienda tradicional del indígena en el Perú, y el narrador de esa manera se situaba de parte del mundo indio y se inclinaba a favor de éste.
“Gruesa techumbre de totoras y de pajas. Habéis tenido ciertamente varias oportunidades de conocer la choza del indio puneño. La ventana mide apenas diez centímetros; es un hueco practicado, a manera de pupila, en uno de los lienzos, en aquel de los lienzos que mira al sol. Su color, además del ocre de la tierra fructífera, suele ser el blanco o el siena. Un cubo. Junto a él unido por el vértice del ángulo referente, otro cubo y más allá, otro de menor volumen y luego los rectángulos numerosos donde se aposentan los rebaños. El plano verde. Verde veronés. El aire vibrante. Son las diez de la mañana. Húmedo de tibia humedad. Primavera."
Este espacio no formaba parte únicamente del universo de los personajes de la acción, sino que era el ámbito en donde habitaba toda la raza. La casa era "la choza del indio puneño", era una casa apenas iluminada, donde la oscuridad proporcionaba la sensación de extremada pobreza y de una falta insalubre. Y a esta imagen contribuían los colores de la casa: paredes blancas, oscurecidas por el polvo rojizo que hay alrededor y animales que circulaban por la casa. Esta ambientación denunciaba la situación indigna en que vivía el indio y ponía de manifiesto el problema de toda la raza. Si atendemos a este hecho, es significativo comprobar cómo Marx y Engels "intentaban reencontrar en los personajes literarios la individualización de experiencias sociales fundamentales" y a este intento de tipificación respondía la inclusión del indio en el contexto de la hacienda.
La denuncia constaba en los periódicos, en las revistas y en las listas de quejas de la Pro-Indígena, pero el poder hacía caso omiso del sufrimiento y la sangre derramada de la mayoría de la población que era indígena y que vivía al margen del rumbo de la nación continuaba corriendo por los valles andinos. El régimen de Leguía sólo tenía buenas palabras que no remediaban en nada el abuso y la explotación del indio. ¿Había que amenazar? Churata optó por está opción, al igual que Valcárcel, al igual que otros muchos escritores indigenistas y, por ello, las acusaciones culminaban en una nueva amenaza, con esa "tempestad en los Andes" anunciada por Valcárcel: apaciguado el levantamiento, la tragedia no había terminado, sino que ésta únicamente era un aviso de lo que no tardaría en producirse a causa del desatendimiento de las denuncias. La rebelión cobraba el cariz de una revolución universal acorde con los acontecimientos que, desde México, Rusia, o cualquier otro lugar llegaban al Perú:
"Pero estos levantamientos son el anuncio de uno mayor que cundirá con proporciones dantescas luego que haya llegado el dolor a sus límites, para imponer, por vez, primera, un poco de justicia social y económica en los territorios de este vasto país de los inkas, el cual -así debe conocerse en América- es uno de los que tiene mayores injusticias que remediar y más campos que sembrar. Es pues, forzoso reconocer que estos llanos del Titikaka engendran buen número anarquistas. pero, que todo ello cuaje en beneficio de una revolución humana, pues no hay que olvidar que cuando se nace en tierra israelita ha de ser para expandir sobre el planeta un nuevo concepto de justicia y ya no moral sino biológico."
El mundo de los incas recobraba nuevamente vigor y aquel río de hombres olvidados se convertía en una llaga inclemente que predicaba el pago de las heridas sangrantes y desatendidas, las mismas heridas que habían nacido con la llegada de los españoles y que la vieja utopía milenarista y utópica se encargaba de revitalizar. ¿No estaba reproduciendo Churata toda la serie de rebeliones que se habían producido en la región de Puno, la misma en donde sucedía la historia de "El gamonal", entre los años de 1920 y 1923, rebeliones que tenían un carácter milenarista y que reproducían la ideología popular en la que se subrayaba la inversión del orden establecido? ¿No estaba predicando Churata la inversión del orden establecido, a partir de la cual surgiría una nueva época gobernada por la superioridad de la raza india sobre los blancos y los mestizos? Churata, como Valcárcel reconducía la vieja ideología popular de lo que había conocido en su juventud en Puno y añadía conceptos extraídos del análisis económico de Mariátegui y sus Siete ensayos, de manera que el pensamiento popular y el pensamiento culto quedaban articulados en una nueva unidad de sentido, en donde no se dejaba lugar para la integración de las razas. De nuevo la separación quedaba reñida con la integración y aquel río nacido en el Cuzco quedaba olvidado de los ojos de Dios, ya que la contradicción residía en el intento de conciliación de criterios económicos, y de criterios raciales para explicar la realidad, lo cual conducía inevitablemente al error. Con ello no se apostaba sino por un Perú basado en la venganza y el resentimiento. Un proyecto que olvidaba el mestizaje y que recurría a la violencia para amenazar a los sectores dirigentes. Por eso Churata se situaba en la misma posición que Valcárcel y avisaba de lo que podía ocurrir a no ser que se liberara al indio del yugo que lo oprimía. La utopía resultaba recurrente, pues se invertía el orden mediante el cual los blancos regían a los indios. Mediante el elogio de las gestas de Túpac Amaru la amenaza podía cobrar la intensidad del miedo y de un temor abismal, el mismo que sentía quien no tenía la conciencia tranquila y que a la vez sustentaba el poder desde hacía cuatrocientos años:
"Que la grandilocuencia de Bolivar fuese pródiga en exaltaciones del Inka, nada pone en favor de la Ontología Americana si él, u Olmedo, son castellanos representativos de la hispanidad. La única surgencia libertaria con su valor histórico fue la que propugnara Túpak Amaru (...); con la muerte del último Orejón con derecho a itiana, y la degollina que le siguió, el drama de América se torna minería y paisaje."
La amenaza encontraba su justificación en la actitud del poder frente a esta situación. Los gobernantes se refugiaban en un nepotismo que sólo ayudaba a mantener las injusticias. Para los indios, sólo había buenas palabras, sin que llegaran de una vez las soluciones. Churata relataba, de este modo, lo que hacían los dirigentes durante las negociaciones después de la rebelión, acciones que denunciaban un estado profundamente corrupto, donde los favores se compraban y se vendían para que todo permaneciera inalterado:
"El señor hace un gesto público de desagrado. Regatea el sueldo al administrador, disminuye el fiambre a los chacareros, estudia un aumento de sueldo al abogado y ordena la prudente distribución de lechones entre la gente de pro.
Vuelve a Puno. Promete secretarias, subprefecturas, porterías, becas, subvenciones, títulos académicos, lleva consigo dos o tres muchachos pobres, cuya mentalidad sea una esperanza para la patria y, para comprobar la parábola de su actividad política, ofrece un pilón para la plaza equis y una subvención, del cincuenta por ciento de sus honorarios, para las sociedades obreras. Y así, grave, onomatopéyico, ventrudo, retorna a la Capital. El presidente, su amigo y cofrade le guarda un ministerio. La forma del Gamonal en la provincia toma entonces proporciones fantásticas. Allá su vida pasa de antesala en antesala, del WC al comedor de un ininterrumpido banquete, hasta que un buen día se le revienta el abdomen y el Ilustrísimo arzobispo de la arquidiócesis le canta un responso en do mayor... Su periódico de la provincia se enluta, las condolencias son generales, cívicas. El administrador de la Hacienda está desorientado, pero a fijas íntimas sabe cómo va a proceder: el ganado será arreado a buena distancia y luego... El prefecto sufre un ataque cardiaco. A los secretarios profesionales se les vuela el apetito; pero el indio, en la Cárcel, se sonríe: acaso esa feliz coincidencia sea el origen de su transfiguración."
Las consecuencias de este estado de cosas era, inevitablemente, el mantenimiento del sistema de haciendas y la represión contra los dirigentes de la rebelión. A excepción de la muerte de algunos blancos, nada había cambiado, pero el indio se había transfigurado. A pesar de su internamiento en una cárcel, el marido de Encarnita se encontraba satisfecho con la venganza por la violación de su esposa. La afrenta había sido satisfecha y eso era lo importante. El orden se había subvertido momentáneamente. Al igual que Valcárcel, Churata no distinguía entre rebelión y revolución, lo cual conducía inevitablemente a que la única justificación para que se produjera esta rebeldía era la amenaza al poder establecido. Y a su vez, se disimulaba que esa revolución no era deseada por los indigenistas, ya que podía atentar contra sus propios intereses. Eso era lo que relataba Churata en "El Gamonal", la amenaza de que el Perú no podía continuar así, pues la respuesta que podía llegar podía ser en forma de sangre.
