



La confianza de Blasco en la educación como instrumento que, no sólo mejoraría las condiciones sociales de las clases humildes, sino que, como consecuencia, contribuiría a la salud de España en su conjunto, aparece subrayada nuevamente en unas palabras pronunciadas por el escritor en 1905 y que recoge Inocencio Ruiz Lasala:
La misión de los revolucionarios no consiste únicamente en agitar los ánimos, sino en educar a los hombres, en difundir la cultura entre ellos, pues sin un pueblo culto y consciente, la República futura arrastraría una vida llena de dificultades (62).
Por lo que se refiere a las aportaciones de Blasco Ibáñez al mundo de la educación en el terreno práctico, Ruiz Lasala destaca la fundación por el escritor valenciano del diario "El Pueblo," el hecho de que pusiera su biblioteca personal al servicio de las clases humildes y la creación, gracias a sus gestiones, de la Universidad Popular de Valencia en 1903 (62-63).
La barraca, una de las novelas del llamado "ciclo valenciano," aparece en 1898, en el contexto histórico de fuerte atraso cultural1 que tanto preocupaba a Blasco.
Esta novela ha sido estudiada desde el punto de vista de sus rasgos naturalistas, realistas, costumbristas y hasta impresionistas. El tema de la educación en la novela sólo ha sido tratado de una manera lateral y secundaria, en afirmaciones de carácter general (Suárez, Chamberlin) o más profundamente, pero de manera sumamente sintética por Richard A. Cardwell. Desde el punto de vista de la presencia textual real que el tema de la instrucción tiene en La barraca, no es de extrañar que los análisis no se hayan concentrado en él, pues, de los diez capítulos en que se divide el texto novelístico, sólo uno (VI) se desarrolla en la escuela y hace de ella, del maestro y de sus discípulos los sujetos principales de la acción. Al margen de dicho capítulo, la novela sólo presenta al maestro don Joaquín en otras dos ocasiones: acudiendo a la barraca de la familia Borrull con motivo del entierro de Pascualet y rememorado por Batiste un día después del incidente en el que éste ha herido de muerte a Pimentó.
Es el propósito de este estudio demostrar que, pese a esta escasa presencia textual del tema de la educación, del ámbito en el que se desarrolla y de las fuentes de las que —al menos teóricamente— ha de proceder, dicho tema merece más atención crítica de la que ha recibido. El tema de la educación tiene una importancia estructural y significativa en La barraca de Blasco Ibáñez como se demostrará a través de su análisis a partir del concepto de "cronotopo" literario establecido por Mikhail Bakhtin como marco teórico de aproximación a la novela. A través del estudio de la escuela y su función cronotópica en La barraca se probará que, a diferencia de lo establecido por Cardwell, no existe en esta novela de Blasco una presentación de la educación como fuente de progreso (64), lo que establecería un paralelo con las posturas ideológicas y prácticas de Blasco descritas en los inicios de este trabajo. En La barraca, la educación no sólo contribuye a la presentación negativa del hombre en la novela, sino que sirve como elemento clave en la articulación de dicha presentación.
Bakhtin define el cronotopo (=tiempo espacio) como "the intrinsic connectedness of temporal and spatial relationships that are artistically expressed in literature"2 (84). La significación del cronotopo dista mucho de ser meramente escénica. Se trata, por el contrario, de una significación semántica, ya que "every entry into the sphere of meaning is accomplished only through the gates of the chronotope" (258). Esta importancia semántica se traduce en una importancia representativa que hace que "all the novel's abstract elements —philosophical and social generalizations, ideas, analyses of cause and effect— gravitate toward the chronotope and through it take on flesh and blood" (250).
Entre los diferentes cronotopos de la novela se establecen distintos tipos de relaciones ya que, como señala Bakhtin
Within the limits of a single work...we may notice a number of different chronotopes and complex interactions among them...
...Chronotopes are mutually inclusive, they co-exist, they may be interwoven with, replace or oppose one another, contradict one another or find themselves in ever more complex relationships (252).
En el caso de La barraca, existe un triángulo cronotópico en torno a cuyos vértices se concentra el material narrativo e ideológico más importante del texto, ya que a ellos, más que a ninguna de las otras unidades cronotópicas de la novela3, puede aplicarse la idea bakhtiniana de que "belongs the meaning that shapes the narrative" (250). Estos tres cronotopos son: la barraca que perteneció a Barret y a su familia y en la que se instalan Batiste y la suya; la taberna de Copa; y la escuela de don Joaquín. Los dos primeros ámbitos se presentan como mutuamente excluyentes a lo largo de los ocho primeros capítulos de los diez que forman la novela. De hecho, el rechazo que la "huerta" siente por la familia Borrull y que es signado de diversas maneras4, sólo tiene una realización cronotópica5: Batiste no entra nunca en el marco de la taberna a lo largo de los ocho primeros capítulos y los "huertanos" lo hacen en la barraca de manera excepcional con motivo de la muerte de Pascualet.
Es precisamente en esta exclusión mutua que se establece entre los dos cronotopos que probablemente tienen un mayor peso textual —la barraca de Batiste y Teresa origina el conflicto argumental y de la taberna surge su desenlace— la que dota de su valor clave desde los puntos de vista estructural e ideológico al cronotopo de la escuela en La barraca. Este cronotopo sirve de vínculo entre los otros dos de las siguientes formas:
a partir de la reiteración de motivos cronotópicos de los otros dos ámbitos por parte del de la escuela y viceversa, y
a través de los educandos de don Joaquín, que establecen conexiones entre la barraca de Borrull y el mundo de la taberna.
En los albores de la novela se hace referencia retrospectiva al período de abandono de la que fue barraca de Barret. Los niños son los únicos que han mantenido un contacto constante con este cronotopo, prácticamente olvidado por sus adultos: "Esta [la barraca] sólo interesaba a los muchachos, que, heredando el odio de sus padres, se metían por entre las ortigas de los campos yermos para acribillar a pedradas la abandonada vivienda..." (19). Si bien, como afirma Cardwell, La barraca no ofrece un papel destacado a un naturalismo o determinismo de carácter hereditario (48), no deja de resultar llamativa la expresión "heredando el odio de sus padres," por lo que tiene de transposición de un primer motivo ajeno al cronotopo de la barraca y vinculado a los huertanos (=los clientes de la taberna) a partir, si no del cronotopo de la escuela, sí de sus educandos.
Otro de los motivos ajenos que reitera el cronotopo de la escuela es el de la autoridad-violencia paterna característica entre las familias de la época y que el narrador de La barraca describe como "la terrible majestad del padre latino, señor absoluto de sus hijos, más propenso a infundir miedo que a inspirar afecto..." (76). Paralela a dicha autoridad basada en el temor al más fuerte, se manifiesta la cólera traducida en violencia de don Joaquín, el maestro que castiga de forma física el fallo académico: "Y enarbolando la caña empezó a repartir sonoros golpes..." (110). El icono de la "caña" es, por otra parte, uno de los motivos del cronotopo de la escuela que encuentra un paralelo exacto en el cronotopo de la barraca de Batiste y en la taberna de Copa. La escopeta del primero y la porra del segundo son objetos tan preciados para sus propietarios como la caña lo es para don Joaquín. Si Batiste hacia el final de la novela "vivía en continuo contacto con su arma, la pieza más moderna de su casa, siempre limpia, brillante y acariciada con ese cariño de moro que el labrador valenciano siente por su escopeta" (185); y Copa cifraba su autoridad en la "porra que tenía bajo el mostrador, especie de as de bastos, al que le temblaban Pimentó y todos los valentones del contorno..." (170); el maestro, por su parte, basaba la suya en el único objeto "nuevo" de su decrépita escuela: "la luenga caña que...tenía detrás de la puerta, y que renovaba cada dos días en el cañaveral vecino" (106).
Volviendo al tema de la autoridad paterna basada en el temor, que se reitera en el establecimiento de la autoridad de don Joaquín bajo la amenaza de su caña y la violencia física que impone a través de ella, resulta muy significativo establecer una relación de los dos primeros ataques físicos directos que se narran en el texto6 contra miembros de la familia Borrull con 1) la educación basada en la imposición autoritaria, 2) los educandos como establecedores de vínculos entre cronotopos a través de la reiteración. En el capítulo V, Roseta es víctima de la violencia de las huertanas. Por lo que al primer aspecto se refiere, el narrador presenta los resultados de una crianza basada en la agresividad como una mera reproducción de dicha agresividad: "La juventud, libre de la severidad paternal, se desprendía del gesto hipócrita fabricado para la casa, y se mostraba con toda la acometividad de una rudeza falta de expansión" (99). De la misma manera, un capítulo más adelante, los niños de la escuela, una vez fuera del control de la caña del maestro, hostigan a los hijos de Batiste y Teresa y, tras varios ataques, son finalmente responsables del que conducirá a la muerte del más pequeño de los hermanos. Aún más importante es el hecho de que estos ataques deriven de la reproducción de los odios que anidan en los huertanos y en el cronotopo que los acoge, la taberna. El desencadenante de la paliza recibida por Roseta son los insultos y calumnias proferidos por la sobrina de Pimentó, que los autoriza diciendo que "en casa de Copa no se hablaba de otra cosa" (101). Por otra parte, en el caso del ataque que provocará la muerte de Pascualet, el narrador, significativamente, sitúa el origen de la disputa en la reiteración, por parte de los niños de las barracas vecinas a las de Batiste, de sus ejemplos familiares en la casa de Copa: "Los enemigos, hijos o sobrinos de los que en la taberna juraban acabar con Batiste, iban acortando el paso, para hacer menor la distancia entre ellos y los tres hermanos" (117).
La muerte del niño es el elemento más significativo en la caracterización negativa de la educación en La barraca. Esta muerte es el producto de la mimetización de los motivos más negativos del ámbito cronotópico de la taberna en el de la escuela. En este sentido, es pertinente referirse a un motivo cronotópico, el de la repetición recitativa como único método de aprendizaje en la escuela de don Joaquín: "Allí imperaba el método moruno: canto y repetición, hasta meter las cosas con un continuo martilleo en las duras cabezas" (106). En un proceso de simbiosis cuyos resultados contribuyen a aumentar aquello que de negativo hay en la condición humana, la escuela, fiel a su método repetitivo, recoge en su cronotopo una serie de motivos —la violencia, sus iconos, la autoridad basada en la amenaza— que hacen imposible la regeneración de las nuevas generaciones. No deja de ser irónico que el narrador presente, a través de un uso metafórico del lenguaje, a la sociedad de las barracas y de la taberna reiterando el motivo recitativo del cronotopo de la escuela para los fines negativos del engaño y del disimulo. La coartada preparada por los habitantes de la huerta para proteger a Pimentó es repetida por éstos como lo son las "enseñanzas" de don Joaquín en su escuela: "Todos recitaban la misma lección. Hasta viejas achacosas que jamás salían de sus barracas declararon que aquel día, a la misma hora que sonaron los dos tiros, Pimentó estaba en una taberna . . ." (45).
La recitación memorística aparece presentada metafóricamente en la imagen del "rumor de avispero" con que el narrador abre el capítulo VI. El paralelo entre el cronotopo de la escuela y el de la taberna aparece signado con la reiteración de este motivo metafórico cuando, con motivo de la apuesta entre Pimentó y los hermanos Terrerola sobre quién será capaz de beber más aguardiente sin dejarse vencer por sus efectos, se describe el ruido de la gente, que acude a la plaza donde se encuentra la taberna para observar la hazaña, en los siguientes términos: "Toda esta gente, comiendo, bebiendo y gesticulando, levantaba el mismo rumor que si la plazoleta estuviese ocupada por un avispero enorme" (171).7
Por otra parte, la "contaminación" del cronotopo de la escuela por la reiteración de motivos del de la taberna aparece explícitamente expresada por don Joaquín cuando, ante el empleo de motes por parte de sus alumnos para referirse a sus compañeros, exclama: "¡Qué modo de hablar, Dios mío! Parece que esto sea una taberna..." (110). Por añadidura, el narrador se ocupa de ironizar la figura del maestro y de su cronotopo al establecer un paralelo paradigmático en el que al "sacerdote de la instrucción" (107) y al "templo de la buena crianza" (118), tal y como don Joaquín se refiere a sí mismo y a su escuela, enfrenta el "sumo sacerdote" del "templo del alcohol" (167-8), en la caracterización de Copa y su taberna.
Richard Cardwell afirma que La barraca apunta a la educación como medio de progreso social y moral y que para ello la novela se sirve de don Joaquín como su portavoz (64)8. Es cierto que éste postula la necesidad de una regeneración del hombre a través de la educación cuando afirma: "Aquí lo que se necesita es instrucción, mucha instrucción. Templos del saber que difundan la luz de la ciencia por esta vega, . . ." (153), con lo que parece ser el eco de las palabras de Blasco con las que éste pregunta en su artículo "Pan del alma": "¿Cuán incompleto resulta buscar la salud del cuerpo, el mantenimiento del bruto, dejando en el olvido el alma siempre hambrienta del pan de la educación?" (39). Sin embargo, don Joaquín y Blasco no se están refiriendo a la misma educación, el primero aboga por un tipo de enseñanza que no logra volver a trazar la línea divisoria entre hombre y bestia, que, como afirma Suárez, se ha esfumado en La barraca (382). El "seudomaestro" (372)9, como también lo denomina Suárez, identifica esa ciencia iluminadora con el cronotopo de su escuela, al decir: ". . . . En fin, si vinieran más chicos a mi templo, digo, a mi escuela, . . . , de otro modo andaría esto" (153).
En La barraca el cronotopo de la escuela, al reproducir los motivos de la sociedad huertana epitomizada en el cronotopo de la taberna de Copa, no sólo no logra su presunto propósito de regenerar al hombre y cambiar su condición, sino que perpetúa la bajeza de éste. Si la arrogancia ridícula de don Joaquín le lleva a creer que de "bestias" ha hecho personas —"Sin mí, ¿qué serían ustedes? Unas bestias, y perdonen la palabra: lo mismo que sus señores padres . . ." (109)—, el texto demuestra lo contrario: son precisamente sus "discípulos," los que, acostumbrados al imperio de la mimetización en sus enseñanzas y rodeados por la agresividad de una sociedad que también reitera la escuela, ejercen más impunemente la violencia contra seres inocentes. La barraca, a diferencia de los artículos y los discursos de Vicente Blasco Ibáñez, no postula que la educación pueda mejorar la condición del hombre, al menos no el tipo de instrucción recitativa, acientífica y carente de medios presentada en el texto.10 En la novela, la educación no sirve ningún propósito regenerativo; todo lo contrario, en unos casos reitera y en otros origina los esquemas de violencia denunciados por el texto novelístico.
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