La gastronomía como elemento narrativo - Implicaciones psicológicas y su significado

4 - Implicaciones psicológicas y su significado

Artículo creado por Barbara Fraticelli. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero20/gastrono.html
08 de Septiembre de 2006

Una posible pista para analizar la relación que el autor insinúa entre la comida y la psicología de algunos de sus personajes nos la ofrece el mismo Tabucchi.

En la secuencia de la clínica talasoterápica (en “Sostiene Pereira”) el doctor Cardoso afirma que es licenciado en medicina y doblemente especializado en nutrición y psicología, porque hay muchas conexiones “fra il nostro corpo e la nostra psiche” (p.120). De hecho, hay platos y bebidas que, a lo largo de la narración, son un claro reflejo de la evolución psicológica de algunos personajes, como por ejemplo en “Sostiene Pereira”.

El protagonista es un periodista viejo y cansado que necesita una múltiple dosis diaria de limonadas (con muchísimo azúcar) y de omelettes a las finas hierbas y no tiene una especial afición a las comidas sanas. Es curioso ver cómo, en un personaje tan poco dibujado, algunos de los trazos fundamentales se refieren precisamente a sus preferencias en el campo de la comida y de las bebidas “refrigerantes”. También los cambios a nivel psicológico se reflejan a través de sus costumbres en la mesa; el doctor Cardoso no propicia sólo una toma de conciencia por parte de Pereira sobre su papel en la sociedad portuguesa, cada vez más intolerante en esos años, sino que favorece, paralelamente, sus cambios de actitud frente a las omelettes y las limonadas.

El mismo doctor Cardoso insta a Pereira a librarse de sus recuerdos, que le mantienen atado a un pasado y a unas personas (su esposa) que ya no existen, y a través de unas conversaciones reveladoras le sugiere que no se limite, como de costumbre, a acatar las órdenes del director de su periódico filo-salazarista, sino que sea el testimonio vivo de los horrores que están pasando a su alrededor.

Empieza así un proceso en el que el periodista, conforme va tomando conciencia de su nueva actitud frente a la vida y a las personas que tiene a su lado (llega a dejar de hablar con el retrato de su esposa), va dejando paulatinamente de comer omelettes y de beber limonadas, sustituyéndolas por unas más sanas y ligeras ensaladas de pescado con agua mineral.

Durante los primeros encuentros con la joven y revolucionaria Marta, Pereira no hace más que beber limonadas, y sobre todo hay que notar que son casi un “refugio” para los momentos más inquietantes en los que la chica expone sus ideales y sus intenciones de lucha política en contra del régimen de Salazar; hacia el final del libro, sin embargo, cuando ya algunos de esos ideales han cuajado en el alma y en la conciencia cívica del periodista, en el último encuentro con Marta sabe resistir a la tentación de recurrir a su bebida favorita y se inclina por un Porto seco, vino que, desde luego, carece del poder de endulzar los recuerdos y la visión del presente.

Por lo que se refiere a otros personajes, y siguiendo en la misma línea interpretativa, es curioso constatar cómo a un personaje tan sumamente antipático como la portera del edificio donde Pereira tiene su despacho, se le asocia un nauseabundo olor a fritura, que invade todo el edificio y que repugna al periodista tanto como la actitud pseudo-policial de la mujer (p.135 y 148).

Lo que en “Sostiene Pereira” sirve de complemento para la caracterización de algunos personajes, en “Requiem” y en “La testa perduta...” nos parece más un elemento para enriquecer los conocimientos del lector sobre Portugal y estimularlo casi a que emprenda una aventura gastronómica por tierras lusas.

Una buena manera de llevar a cabo esta aventura es seguir los pasos de los protagonistas de las tres novelas. Los itinerarios culinarios son auténticos recorridos por las ciudades de Lisboa y Oporto, sobre todo la primera.

De la mano del narrador de “Requiem” descubrimos así, en el céntrico barrio del Chiado, el café “A Brasileira”, rico en reminiscencias pessoanas y donde todavía se puede ver una estatua del gran poeta, sentado en una de las mesas de la terraza. Llegamos luego al restaurante del Señor Casimiro, donde empieza un interesante itinerario por los sabores de la dura tierra del Alentejo, para seguir después hasta la Casa do Alentejo, y terminar en un café en el barrio periférico de Alcântara, presumiblemente el Alcântara Café, a juzgar por el ambiente sofisticado y postmoderno que ahí reina en la novela.

Leyendo “Sostiene Pereira”, nos movemos básicamente por las zonas centrales de Lisboa. Acompañamos a Pereira en sus frecuentes incursiones hasta el Café Orquídea, en la zona del barrio del Rato, luego le vemos almorzar con el joven Monteiro Rossi en un restaurante supuestamente literario en pleno Rossio lisboeta, para luego hacer una breve, pero intensa, parada en el British Bar del Cais do Sodré, esta vez frecuentado de verdad por conocidos artistas del mundo de las letras.

La solidez de la construcción narrativa de “La testa perduta...” deja en segundo plano detalles de este tipo, por lo menos respecto a la profusión de elementos que se observa en las otras novelas. Pero sigue habiendo una constante en el texto: el lector que quiera adentrarse en los secretos culinarios de Oporto, encontrará en este libro mucho material y muchas referencias, aunque sólo insinuadas, sobre comidas y lugares realmente interesantes.

Para acabar estas breves reflexiones, cabe observar que, a pesar de lo que se pueda creer, no todas las citas gastronómicas son elementos positivos: existe un caso en que Tabucchi se sirve de un producto comestible para dibujar una escena de horror en “Sostiene Pereira”.

Se sabe que Portugal, en el año 1938, estaba viviendo una situación realmente difícil, a causa de la llegada al poder de Salazar, quien instauró una dictadura filo-germánica. Los momentos en que Pereira empieza a sentir inquietud por la creciente represión que sufren las capas más desfavorecidas de la sociedad coinciden con dos momentos clave de la narración. Sabe que, el día anterior, en el Alentejo (una vez más...) han matado a un vendedor de melones, y la imagen que el autor utiliza es la del hombre muerto, encima de su carro, manchando con su sangre derramada los melones que transportaba (p.13 y 20).

Asimismo, y también como símbolo del cada vez mayor acercamiento a la ideología nazi, otro episodio al que asiste impotente es el de las pintadas racistas en la carnicería judía, alusivos a ciudadanos inermes y conocidos del barrio de toda la vida.

Sin embargo, se trata tan sólo de dos episodios aislados en la economía de la novela, en donde las referencias a elementos comestibles no tiene mayor trascendencia que la de contribuir a surtir el efecto deseado en el lector, es decir inspirar horror y reprobación.

Antonio Tabucchi es, sin duda alguna, un escritor que ha contribuido como pocos a la familiarización de lectores de todo el mundo con el universo cultural portugués, con sus ciudades, con sus grandes escritores, con su historia y, como hemos intentado demostrar, con su larga y variada tradición gastronómica. Y si este país, después de largos siglos de indiferencia casi total por parte del resto de Europa, vuelve a ser el foco de atención que merece ser, podemos afirmar que Tabucchi ha contribuido con su granito de arena, como gran amante y experto que es de Portugal.

1 opinión

Antigastronomico

Lo importante esta en italiano que no domino y la lectura se hace incomoda

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