



Después de este somero recorrido por los senderos del misterio, es claro que el terreno se vio abundantemente fertilizado por el genio nicaragüense, aniquilándose de este modo la teoría que acusa a los países latinoamericanos de no haber desarrollado el género, llevándose las palmas únicamente el mundo anglosajón. Pero lo evidente es que en ninguna parte ha sido tratada con respeto la literatura de horror, y es muy posible que ese obstáculo permanezca aún por muchas décadas por la especial repulsión que se siente por los temas macabros, a pesar de ser una preocupación que ha existido en el hombre desde el inicio de los tiempos: desentrañar lo desconocido y sumergirse en sus misterios. El genio del horror sobrenatural norteamericano, H.P. Lovecraft, estaba muy consciente de las dificultades de hacer respetar este género: "Cualquier obra maestra que mañana pueda surgir de los fantasmas y el terror, deberá su aceptación más bien a la calidad de su estilo que a la simpatía del tema ¿Acaso podemos afirmar que el tema tenebroso es un handicap? Radiante de belleza, la Copa de Ptolomeo estaba labrada en ónice"(17). A pesar de todo, es indudable que Rubén Darío pasó a la fama por sus versos exquisitos y no por sus cadáveres igualmente deliciosos, aunque ese ambiente de fino terror no es posible de olvidar una vez que se sumerge en el mar del misterio dariano y se queda atrapado en las redes de sus miedos.
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