



Olvidando un poco el ámbito religioso, donde Darío llega a la maestría suprema del horror es en "Thanathopia"(Buenos aires, 1893), relato donde el vampiro es la figura central y que puede considerarse como la única muestra del tratamiento de este tema en el siglo pasado hispanoamericano. La influencia de Allan Poe es notable en este cuento, especialmente la influencia de su "Berenice" es patente en la narración de Darío que tiene como protagonista a un típico personaje del acervo de Poe: un joven atormentado por la locura, hermoso y taciturno, proveniente de una rica y antigua familia inglesa donde el padre es un ser misterioso entregado a cavilaciones científicas que, nuevamente, lo llevarán a la destrucción. El velo que separa la realidad de la locura en esta historia es muy sutil: el joven asegura que su padre lo mantuvo "secuestrado" cinco años en un hospital psiquiátrico por su maldad inherente, para evitar que propagara su terrible secreto. Esta es una duda que queda abierta al lector como lo precisa el mismo autor, proponiendo que sea él quien juzgue como crea pertinente los hechos acaecidos. Desde el inicio se hace patente que la relación con el padre no es buena, el hijo siente una especie de repulsión hacia él y hacia su misterioso trabajo que lo mantuvo siempre alejado de él y de su madre, a quien asegura mató con sus descuidos sentimentales. Desde que el joven se encontraba internado en Londres, ya estaban presentes fuerzas sobrenaturales que lo arrastraban hacia la alienación, personificadas por una extraña voz que lo llamaba desde la ultratumba. Sorpresivamente, el padre aparece un día para llevarlo a vivir nuevamente a su lado porque ha contraído nuevas nupcias y desea que todos vivan juntos como una familia. La acción avanza rápidamente, pues una de las características de la narrativa dariana es su brevedad, y lleva al lector hasta un clímax brutal; James se apresta a conocer a su madrastra, pero un ambiente de muerte flota en la entrevista: la palidez extrema de la mujer, sus ojos sin brillo, el olor sepulcral que emana de su frígida belleza, la voz de ultratumba escuchada antes que se entremezcla con el timbre subterráneo de la nueva esposa, el intento de ser besado por la espantable figura, todo ello envuelve al personaje y al lector con él en una loca carrera que desemboca en el espanto más abyecto: "...yo saldré de aquí y diré a todo el mundo que el doctor Leen es un cruel asesino; que su mujer es un vampiro; ¡que está casado mi padre con una muerta...!(10)
Este relato es hijo directo de la mejor narrativa vampírica del XIX, no sólo de Poe sino de Maupassant con su "Horla" y más cercanamente de "La muerta enamorada" de T. Gautier, donde el tema del hermoso cadáver que emana sensualidad después de la vida era un lugar común. Y aunado a la utilización de estos recursos, Darío agrega el de la duda psicológica, pues como se advirtió al inicio, queda a juicio del lector el creer o no en el relato de un hombre que ha escapado de un manicomio, lo cual deja abierta la posibilidad de incursionar en variados caminos, enriqueciendo aún más la vena ominosa que embarga a la narración.
Otro relato que continúa el sendero del tema de la posibilidad del sexo después de la muerte es "La larva"(Buenos Aires, 1910), cuento brevísimo que Darío alude como experiencia verdadera en las páginas de su Autobiografía: "En Caras y Caretas ha aparecido una página mía, en que narro como en la plaza de León, en Nicaragua, una madrugada vi y toqué una larva(11) una horrible materialización sepulcral, estando en mi sano y completo juicio". En este cuento los ambientes europeos y el lenguaje preciosista se han olvidado por completo para inmiscuirse de lleno en el folklore hispánico, construyendo la atmósfera terrorífica con el auxilio de las leyendas populares de duendes, posesos, tesoros ocultos que anuncian figuras espectrales, etc., toda esa rica veta de relatos coloniales que aún perviven hasta estos tiempos. Una vez dentro de ese pueblo perdido en la provincia, donde a las nueve de la noche ya las calles están desiertas, nuevamente se presenta un joven ansioso por vivir como personaje central; tiene quince años y está ávido de aventuras, de amor, de sexo, y no le importan internarse en las tinieblas de la noche para alcanzar esos placeres. Y será ahí, en la plaza de su pueblo, donde llegará al horror más inconmensurable, al tratar de seducir al ser más espantoso que pudiera imaginarse
¡oh, espanto de los espantos! aquella cara estaba viscosa y deshecha; un ojo colgaba sobre la mejilla huesosa y saniosa; llegó a mí como un relente de putrefacción. De la boca horrible salió como una risa ronca; y luego aquella "cosa", haciendo la más macabra de las muecas, produjo un ruido que se podría indicar así: -¡Kgggggg!...(12)
El tópico de la mujer malsana que atrae con su belleza y su misterio a los hombres es retomado en "Cuento de Pascuas (París, 1911) donde las prácticas ocultistas, la magia, los fastuosos salones parisinos y las drogas se conjugan para crear una alucinación espectral. El protagonista, joven dedicado a los placeres de la buena vida, conoce en una fiesta a una dama misteriosa de deslumbrante belleza, cuyo único adorno es una galón rojo en torno a su cuello. También conoce a un joven alemán que le confiesa su antigua ascendencia enriquecida con la presencia del gran hechicero Lycosthenes (astrólogo del siglo XVI que en realidad existió, recurso muy extendido en el siglo XX como medio para crear verosimilitud en lo narrado) y del cual ha heredado la pasión por la ciencias ocultas y la magia. Este personaje introduce en la atmósfera de frivolidad la parte oscura de la humanidad, su sed de saberes arcanos y los terribles secretos que pueden encerrar. El protagonista acepta una especie de droga que el alemán ha creado para acceder a ese mundo vedado a los ojos de los simples mortales; nuevamente he aquí el tema de la ciencia, el peligro que puede acarrear tratar de penetrar en los secretos que no están permitidos.
El héroe del relato se verá entonces sumergido en los más horribles delirios, donde la violencia y la sangre predominan sobre el patetismo humano: está atrapado en un bosque de cabezas, cabezas que han sido cercenadas a lo largo de toda la historia por diferentes odios y que, intempestivamente, entre su macabro desfile empiezan a invocar a las fuerzas del altísimo como único alivio, destacándose especialmente la cortada cabeza de aquella dama del galón rojo, que era en realidad una muerta en vida que robaba un tiempo que ya no le correspondía. Tras este alucinante carnaval, donde la mente del protagonista se encuentra agobiada por los espectros, nuevamente está presente el desenlace brusco y sorprendente que implanta la permanente duda entre lo espectral y lo real, el mundo cotidiano y el cubierto por tinieblas: "...-Nunca es bueno dormir inmediatamente después de comer- concluyó mi buen amigo el doctor..."(13) De nuevo el autor implanta ese pequeño detalle de la interrogativa, pudiéndose aducir todo a una alucinación causada por el alcohol y las drogas, pero también a una auténtica penetración en lo desconocido.

En "La pesadilla de Honorio" (Buenos Aires, 1894) se maneja también el tema del sueño alucinante, donde el lector puede dudar de si está viviendo un delirio yo realmente está penetrando en el terreno de lo fantástico. Aquí lo ominoso está presente en aquello que mueve al espíritu humano al mayor terror: el protagonista está atrapado en un lugar de la nada, lleno de soledad y terror, en un tiempo inmemorial que no puede ubicarse. Al igual que en el cuento anterior, Honorio es sentenciado a sufrir un desfile interminable de máscaras y rostros petrificados, que muestran todas las verdaderas pasiones humanas que se esconden bajo las impenetrables caretas; el agobio y el martirio son intolerables, sumiendo a personaje y lector en un remolino de imágenes que llevan hasta la locura. Y nuevamente irrumpe ese elemento perturbador: Honorio se sumerge en una especie de ensueño donde oye a lo lejos una alegre música de carnaval ¿las máscaras usadas en el carnaval produjeron la alucinación en la mente de un joven que tal vez hubiera probado las delicias del licor que abunda en esas festividades? Como en los casos anteriores, queda a juicio del lector separar la realidad de la fantasía, pero sin duda es patente que los posibles delirios que Darío sufrió cuando se encontró en aquella época en que el alcoholismo lo aquejaba se hayan materializado en este tipo de relatos.
Un cuento especialmente llamativo por la intrusión de saberes antiguos que evidencia el profundo conocimiento del autor en estos campos es "El caso de la señorita Amelia" (Buenos Aires, 1894), donde el tiempo sale de su dimensión establecida para mostrar los diferentes caminos que puede seguir. El protagonista es un hombre ya maduro, cansado de la vida, que en sus múltiples viajes ha recorrido todas las fuentes del saber antiguo, que ha incursionado en las ciencias ocultas, que conoce a los demonios que asolan todas las culturas. Pero este sabio también amó en su juventud a una niña de apenas doce años, Amelia, quien, por fuerzas sobrenaturales e inexplicables, ha quedado atrapada en una burbuja de tiempo, permaneciendo durante más de treinta años con el mismo momento en que su amigo partió, encerrada en el cuerpo de una niña que jamás creció y que no olvidó. En este relato, las influencias de Huysmann y Hoffmann son evidentes, creando el autor una dimensión fantástica pocas veces igualada en las narraciones de esta índole, pero como se dijo al principio, generalmente menospreciadas por la crítica.
Finalmente, existe un curioso cuento que algunos críticos, como el profesor Edelberto Torres, han negado que sea de creación dariana. Sin embargo, el relato apareció en las páginas del periódico Diario de Centro-Americana, de Guatemala, el 10 de mayo de 1915 con el título de "Huitzilopoxtli. Leyenda mexicana" y con el nombre de Rubén Darío. Raymundo Lida apoya la atribución a Darío de este cuento, aunque no se incluyó en el volumen de Cuentos Completos del Fondo de Cultura Económica por razones que se desconocen, siendo la más plausible su dudoso origen. Estas interrogativas surgen del hecho que en esta narración, Darío se sale de los patrones del modernismo, tanto en el lenguaje como en la temática, que está completamente alejada del preciosismo, la influencia francesa o los recovecos idiomáticos. Pero esa es una crítica superficial, pues precisamente analizando los cuentos que conforman el grupo de lo misterioso es que puede apreciarse de manera cabal la evolución de la escritura de Darío, que nunca se encajonó en un solo estilo y que fue cambiando a lo largo de los años, razón de más para que la creación de un cuento a escaso un año de su muerte se alejara bastante de lo que fue la época de Azul.
Aunado a estas consideraciones, los elementos utilizados por el autor en la elaboración de "Huitzilopoxtli" no están tan aislados de los utilizados en sus anteriores producciones. Nuevamente está presente el elemento religioso, en un sacerdote mexicano que participa en la Revolución y que a la par de sus deberes sagrados posee gran fortaleza de ánimo, y lo que es más importante: respeto y hasta cierto miedo por las tradiciones prehispánicas. La creación de una atmósfera misteriosa proveniente de ritos paganos tampoco es nueva en Darío, como se vio en el cuento de "La historia prodigiosa...." donde
era la idolatría a los dioses-demonios lo que emanaba el terror. En esta narración es muy clara la atribución de cuestiones sobrenaturales a las tierras mexicanas, esta vez sin la ayuda de la veta colonial mencionada en "La larva", sino únicamente por la existencia viva de los pueblos que aún conservan sus antiguas tradiciones: "...aquí en México, sobre todo, se vive en un suelo que está repleto de misterio. todos esos indios que hay no respiran otra cosa. Y el destino de la nación mexicana está todavía en poder de las primitivas divinidades de los aborígenes..."(14)
Nuevamente, la duda entre la realidad o lo sobrenatural se encuentra dada por la mezcla de alcohol y drogas (mariguana), como fue el caso de "Cuento de Pascuas", en una noche de pláticas macabras y abuso de esos deleites. El protagonista se interna en el bosque en busca de uno de sus compañeros, un gringo que se separó del padre y de él a punto de llegar a un campamento de revolucionarios y que no ha vuelto, sin ser poco probable que un yanqui se perdiera fácilmente entre tropas revolucionarias sedientas de venganza. Sin embargo, el joven será testigo de una explicación más terrible que evidencia la supervivencia de los ritos prehispánicos que aún claman por sangre
Me convencí de que aquello era una altar de Teoyaomiqui, la diosa mexicana de la muerte. En aquella piedra se agitaban serpientes vivas(15), y adquiría el espectáculo una actualidad espantable (...) Me adelanté. Sin aullar, en un silencio fatal, llegó una tropa de coyotes y rodeó el altar misterioso. Noté que las serpientes, aglomeradas, se agitaban; y al pie del bloque ofídico, un cuerpo se movía, el cuerpo de un hombre. Mister Perhaps estaba allí.(16)
Y el relato concluye igual que "Cuento de Pascuas", con la presencia del médico salvador que relega todo lo acaecido al plano de la alucinación alcohólica, pero por las leyendas del sacerdote, al igual que las del alemán, queda abierta la posibilidad de que la fantasía sangrienta pertenezca al aún al mundo real. Como se puede apreciar, temáticamente el cuento reúne todos los rasgos utilizados por Rubén Darío en sus anteriores producciones relacionadas con el horror, y la cuestión del lenguaje se puede muy bien deber a una evolución propia de su escritura, por lo que pareció pertinente incluirlo en la selección preparada sobre su obra de misterio.
|