



La histeria, enfermedad característica de finales del siglo XIX, fue la que llevó a Sigmund Freud a buscar un método paralelo al de la medicina que diera respuesta a una serie de manifestaciones patológicas que parecían no tener localización somática. Elabora una primera etiología de las neurosis, conocida de forma póstuma con el título de Esbozo de una psicología para neurólogos (1895). Cinco años después, aparecería La interpretación de los sueños, considerada su obra maestra y, hasta hoy, el más sólido pilar del psicoanálisis.
La interpretación de los sueños contiene el resultado de un descubrimiento desconcertante: la neurosis de sus pacientes histéricas había revelado a Freud la importancia del sueño, clave de la neurosis, y con ella la definición de su objeto de estudio, el inconsciente. En su obra, Freud expone que el sueño es "el camino regio" para investigar y descifrar aquello que ataca desde adentro y que incluso habla cuando se está dormido. También revela que el inconsciente consiste en una actividad de desimbolización (Entstellung) de los movimientos pulsionales hasta figurarlos como cumplimiento de deseo. El inconsciente trabaja a través de operaciones ejercidas sobre una sustancia significante (palabra), transformando el deseo en decires. "Por eso el inconsciente existe sólo en la medida en que se lo escuche. Solamente si aquello que se dice encuentra un acertado interlocutor, hay inconsciente -interpretado-, afirma el filósofo y lingüista Eder García.
De principio a fin, la propuesta freudiana del inconsciente se conecta con el concepto y la comprensión del lenguaje. La ingenuidad de la relación palabra-mundo empírico queda discernida cuando Freud propone que el sujeto no habla, sino que es hablado por otro, por una escena (el inconsciente), escisión caótica que se revela cada vez que se habla, pues hay una lejanía de significación entre la enunciación pública y lo que realmente se dice. Lo que plantea Freud del inconsciente, a partir del estudio de los sueños, se transforma en una crítica del discurso humano (de los ocultos niveles de la asociación verbal). Nuestras palabras (habladas o escritas), su orden y sus valores, incluso su sintaxis, están encubiertas, enmascaradas.
después de precisar qué es el inconsciente, queda abierto el camino para formular la subjetividad en términos materialistas. A partir de esta propuesta teórica nace la fusión del pensamiento de Freud con el de Marx (freudomarxismo). Este pensamiento se reactivará en mayo del 68 en Europa como testimonio deslumbrante de lo que Freud llamó en 1930 "El malestar en la cultura". El psicoanálisis da así apertura al pensamiento crítico de la escuela de Francfort; influye en el arte de manera significativa desde el Surrealismo hasta las más recientes tendencias; en la filosofía, en la antropología, la sociología y como es lógico en la psicología general.
El psicoanálisis también ha tenido severas resistencias a través de estos 106 años. Tras el nombramiento de Hitler en enero de 1933, se inicia la feroz dictadura que afectaría el destino de Freud. El 10 de mayo de 1933 tuvo lugar en Berlín la incineración de sus obras por parte de los estudiantes nazis, precedida por esta declaración: "Contra la sobre valoración de la vida sexual, destructora del alma, y en nombre de la nobleza del espíritu ario, ofrezco a las llamas los escritos de un tal Sigmund Freud". El psicoanálisis aparecido en Colombia (1922) en la facultad de medicina de la Universidad Nacional, sufrió similares embates al ser considerado por algunos sectores moralistas-radicales como una psicoterapia inadecuada que negaba el valor de los aspectos espirituales del hombre. Es sólo a partir de la fundación del instituto de Psicología Aplicada (IPA) en el año de 1951, y su posterior transformación en la facultad de psicología en 1957, que se abre un espacio para la discusión de las ideas psicoanalíticas. "Hablar" o "escribir" no resulta ser un ejercicio tan sencillo como parece. Tal vez sea la razón por la cual el hombre tenga que releerse a diario. No en vano la teoría psicoanalítica se apoyó en una lectura particular de la literatura universal: Sófocles, Shakespeare, Dostoievsky. Fue precisamente Jorge Luis Borges quien desconcertó a la crítica europea con su concepción de que no se lee dos veces ni de igual manera un mismo libro (El libro de arena), pues los intrincados laberintos de la mente son una complejidad insondable, un espejo que sólo ha de devolver al hombre aquello que ha deseado desde siempre y para lo cual busca con afanado ahínco un algo que contenga su ser, la palabra que no lo remita más a la palabra, sino a la eternidad.