



Sin embargo, Lizárraga también habla de indios y mestizos cuyo grado de hispanización está totalmente consumado. En estos casos, la aculturación total del personaje permite una definición en la que caben los atributos positivos, que lo alejan de la "barbarie" intrínseca al indio, asemejándolo (sin llegar a identificarlo) con el español:
(...) este indio se llamaba Baltasarillo, baptizado, a quien desde niño le crió en este reino el capitán Baltasar Velázquez, hombre principal y rico, teniendo a su cargo las haciendas de Hernando Pizarro, de cuyo repartimiento era este indio, porque los Chichas eran de Henando Pizarro, digo de su encomienda; bien dispuesto y en la lengua general y en la nuestra bien ladino.
(...) quedando otros como rehenes de que no harían mal, a un soldado, por nombre mosquera, mestizo del Río de la Plata, hombre de bien; y en la lengua chiriguana, y en la nuestra, bien experto.
Una vez que los religiosos aprendían la lengua indígena, al menos en un grado aceptable para predicar sin intérprete, se lanzaban a la evangelización. Así lo expresa, al menos, Motolinía:
Ya que los predicadores comenzaban a soltar algo en la lengua (de los indios) y predicaban sin libro (...) venían muchos de ellos los domingos y fiestas a oír la palabra de Dios y lo primero que fue menester decirles, fue darles a entender quién es Dios (...) y tras eso lo que más les pareció que convenía decirles por entonces; y luego junto con esto fue menester darles también a entender quién era Santa María, porque hasta entonces sólo nombraban María, o Santa María, y diciendo este nombre pensaban que nombraban a Dios, a todas las imágenes que veían llamaban Santa María. Ya esto declarado, y la inmortalidad del ánima, dábaseles a entender quién era el demonio en quien ellos creían (...); lo cual oyendo hubo muchos que tomaron tanto espanto y temor, que temblaban de oír lo que los frailes les decían (...).
La evangelización del indio no se limitó a la enseñanza de las figuras más importantes del dogma católico y de sus principales oraciones, sino que fue mucho más profunda. Y para ello se aprovecharon todos los recursos disponibles. Se creó, de esta manera, una didáctica nueva, una forma de adoctrinar que fundía excelentemente los criterios tradicionales de la enseñanza teológica con la improvisación y la elaboración de nuevas estrategias pedagógicas surgidas del contacto directo con la cultura indígena, dando a luz una nueva manera de aprovechar los conocimientos y las enseñanzas del Evangelio. Estaban practicando, otra vez, los consejos paulinos acerca de la mejor manera de difundir la "buena nueva" entre los nuevos gentiles. Se intentaba poner en práctica, pues, una realidad constatada desde los inicios del cristianismo: la palabra de Dios no es necesariamente incompatible con la diversidad cultural. Estamos, utilizando un término muy de moda en nuestros días, ante un proceso de evangelización ecológico.
Para acometer tan ardua tarea, los misioneros conjugaron, casi fusionaron, todos los elementos a su alcance, tanto lingüísticos como culturales. Se entregan al estudio de la cultura indígena [13], primero por el prurito de conocer certeramente dónde reside el error, la fuente que promueve la idolatría y los excesos que se quieren erradicar; luego, por la convicción de que las culturas autóctonas, sin desvirtuarlas del todo, son reconvertibles al cristianismo de tal modo que "sus métodos, que en Europa excitarían burlas o desdenes, nacieron de la experiencia; el catecismo en canto, no para corear gangosamente, como se hace en las escuelas de párvulos, sino para que, a fuerza de oírlo en casa, en el campo, en la iglesia y en el baile, detrás del arado y al compás del remo, lo embebieran las almas, olvidasen sus tradiciones y sus festividades gentiles, y ni vieran ni oyeran sino la religión naciente". [14]
En este sentido, Motolinía despliega en su obra una notable sensibilidad doctrinal. Describe detalladamente los aspectos más relevantes de la cultura indígena, en ocasiones para denunciar las aberraciones rituales o sociales que se practican:
(...) también en aquellos días se sacrificaban muy a menudo de las orejas con aquellas puntas de maguey, y siempre les daban algunas de ellas para que tuviesen, y si algunos cabeceaban de sueño, había guardas que los andaban despertando, y decíanles: ves aquí con qué te despiertes y saques sangre, y así no te dormirás. Y no les cumplía hacer otra cosa, porque el que se dormía fuera del tiempo (...) tomábanle las mantas y echábanlas en la privada, y decíanle "que porque había mal ayunado y dormíase en el ayuno de su dios, que aquel año se le había de morir algún hijo o hija", y si no tenía hijos decíanle "que se le había de morir alguna persona de quien le pesase mucho.
Otras veces, para mostrar la complejidad y el grado de civilización de los pueblos que se van conociendo:
Los nombres de los meses y de los días no se ponen aquí, por ser muy revesados y que se pueden mal escribir; podrá ser que se pongan las figuras por donde se conocían y tenían cuenta con ellos. Estos indios de la Nueva España tenían semana de trece días, los cuales significaban por estas señales: a el primero, demás del nombre que como los otros tenía, conocían por un espadarte, que es un pescado o bestia marina; el segundo, dos vientos; el tercero, tres casas; el cuarto, cuatro lagartos de agua, que también son bestias marinas; el cinco, cinco culebras; el seis, seis muertes (...) el trece, trece cañas.
Sin que falten las comparaciones de igualdad con algunos de los elementos propios de la civilización cristiana:
Este calendario de los indios tenía para cada día su ídolo o demonio, con nombres de varones y mujeres diosas; y estaban todos los días del año llenos (de estos nombres y figuras) como calendarios de breviarios romanos, que cada día tienen su santo o santa.
Atendiendo a la importancia concedida a las lenguas autóctonas, se apresuran a traducir las oraciones católicas a la lengua de los indios. Para ello, utilizan todos los recursos didácticos y filológicos de que disponen en la elaboración de los materiales indispensables para la enseñanza y la conversión de los indios. Imitan sus sistemas pictográficos y sus códigos simbólicos; dibujan los principales misterios de la fe y enseñan a los indios a reproducir por figuras los pecados. Estos métodos, además de facilitar la comprensión del indio, ayudan al misionero en la evangelización:
Una cuaresma estando yo en Cholola, que es un gran pueblo cerca de la ciudad de Los Ángeles, eran tantos los que venían a confesarse, que yo no podía darles recado como yo quisiera; y díjeles: yo no tengo de confesar sino a los que trajeren sus pecados escritos y por figuras, que esto es cosa que ellos saben hacer y entender, porque esta era su escritura; y no lo dije a sordos, porque luego comenzaron tantos a traer sus pecados escritos, que tampoco me podía valer, y ellos con una paja apuntando, y yo con otra ayudándoles (...), porque ellos lo traían tan bien señalado con caracteres y figuras, que poco más era menester preguntarles de lo que ellos allí traían escrito o figurado.
Conscientes de la importancia que tenían los cantos y los bailes en las celebraciones rituales de los indios, aprovechan estas prácticas inocuas desde el punto de vista teológico para amoldar los preceptos de la fe a la lengua y al metro indígenas, contribuyendo así a la rápida asimilación y aceptación de la nueva religión:
A el principio para les dar sabor enseñáronles el Per signum crucis, el Pater Noster, Ave Maria, Credo, Salve, todo cantado de un canto muy llano y gracioso. Sacáronles en su propia lengua de Anáhuac los mandamientos en metro y los artículos de fe, y los sacramentos también cantados (...). Asímismo les han predicado en muchas lenguas y sacado doctrinas y sermones. En algunos monasterios se ayuntan dos y tres lenguas diversas; y frailes hay que predican en tres lenguas diferentes, y así van discurriendo y enseñando por muchas partes, a donde nunca fue oída ni recibida la palabra de Dios.
El éxito de esta novedad metodológica estaba asegurado:
Celebran las fiestas y pascuas del Señor y de Nuestra Señora, y de las advocaciones principales de sus pueblos con mucho regocijo y solemnidad. Los indios señores y principales (...) bailan y dicen cantares en su lengua, de las fiestas que celebran, que los frailes se los han traducido, y que los maestros de sus cantares las han puesto a su modo de manera de metro, que son graciosos y bien entonados.
En la fase de adoctrinamiento, se conjugó la predicación de la lengua natural de los indios con la enseñanza del español. Los religiosos habían demostrado un gran celo en el aprendizaje de las principales lenguas vernáculas, tanto que las disposiciones reales instaban a ello, porque "para aprovechar en la conversión de los naturales, es muy importante que, entre tanto que ellos saben nuestra lengua, los religiosos y personas eclesiásticas que se apliquen a saber su lengua (de los indios) y para ello la reduzcan a algunas artes y manera fácil como se pueda aprender". [15] Este tipo de instrucciones, que favorecía la composición de gramáticas, vocabularios y catecismos en las lenguas indias(por lo común, las lenguas generales), chocaban con otras que apremiaban a la españolización de los indios, puesto que en virtud de su condición de súbditos de la Corona, debían saber y utilizar la lengua española [16]. Al hilo de esa imperiosa necesidad de españolizar al indio, no faltaban los criterios teológicos de orden lingüístico que argüían que "habiendo hecho particular examen sobre si aun en la más perfecta lengua de los indios se puede explicar bien y con propiedad los misterios de la santa fe católica, se ha reconocido que no es posible sin cometer grandes disonancias e imperfecciones (...). Y habiendo resuelto que convendría introducir la castellana, ordenamos que a los indios se les pongan maestros que enseñen a los que voluntariosamente la quisieren aprender, como les sea menos molestia (...)".[17] Esta vacilación institucional será permanente durante todo el período colonial, ya que los religiosos, en su mayoría, seguirán predicando en la lenguas vernáculas, reduciéndolas a arte para mayor gloria de Dios.
En la Historia, vamos a encontrar ejemplos que atienden a los dos puntos de vista sin que surja, en apariencia, ninguna fricción o problema entre la predicación en lengua vernácula y la enseñanza del castellano y del latín a los niños indios. La doctrina católica se vertía en la lengua del territorio que se quería catequizar, como la medida más natural y eficaz posible:
(...) siempre él y sus compañeros trabajaron en enseñar y doctrinar la gente de la tierra, sacándoles la doctrina cristiana en su lengua que es de zapatecas, y no sólo a estos, pero en todas las lenguas y pueblos por do iban, predicaban y bautizaban.
Pero, al mismo tiempo, se enseñaba a escribir y leer en castellano y latín al indio, porque, por un lado, formaba parte del legado civilizador; por otro, porque eso contribuía, desde la visión pragmática del misionero, al mejor entendimiento entre catequista y catecúmeno [18]:
Comenzó este sacramento (de la penitencia y confesión) en la Nueva España el año de 1526, y con mucho trabajo, porque como era gente nueva en la fe, apenas se les podía dar a entender qué cosa era este sacramento. Algunos que ya saben escribir traen sus pecados puestos por escrito (...).
Los indios, además, aprendían el arte de la escritura y de la lectura con relativa facilidad:
Escribir se enseñaron en breve tiempo, porque en pocos días que escriben luego contrahacen la materia que les den sus maestros, y si el maestro les manda otra forma de escribir, como es cosa muy común que diversos hombres hacen diversas formas de letras, luego ellos también mudan la letra y la hacen de la forma que les da su maestro.
Hasta el extremo de que, con algo más de dificultad (aunque no más de la que podamos encontrar en el aprendizaje de una lengua extranjera), algunos llegaban a convertirse en buenos gramáticos:
Hasta comenzarlos a enseñar el latín o gramática hubo muchos pareceres, así entre los frailes como de otras personas, y cierto se les ha enseñado con harta dificultad, más con haber salido muy bien con ello se el trabajo por bien empleado, (...) porque hay muchos de ellos buenos gramáticos, y que componen oraciones largas y bien autorizadas, y versos hexámetros y pentámetros, (...).
En la Descripción de Lizárraga, sin embargo, las manifestaciones acerca de la cultura de los indios son escasas (salvo en lo referido a las costumbres y características étnicas). No prodiga las referencias a los ritos, la escritura, etc., y cuando lo hace, apenas profundiza o se extiende en la descripción:
Lo más dificultoso de toda esta materia es averiguar de qué gentes procedan los indios que habitan estos larguísimos y anchísimos reinos, porque como no tengan escriptura, ni ellos ni nosotros sabemos quién fueron sus predecesores ni pobladores de estas tierras (...).
Se detiene algo más en la labor filológica de algunos religiosos (suponemos que, atendiendo al carácter de la Descripción, por tratarse precisamente de religiosos insignes), como en este fragmento:
Fray Domingo de Santo Tomás (...) fue el primero que imprimió y redujo a arte la lengua general deste reino.
Con todo, al menos podemos saber que, además de adoctrinar a los indios, también se les enseñaba a "leer, escribir, cantar y tañer flautas":
El convento del seráfico de San Francisco fue el primero (...). El sitio del convento es muy grande (...) a donde incorporado al convento tenían un colegio, así lo llamaban, do enseñaban la doctrina a muchos indios de diferentes repartimentos (...); además de les enseñar la doctrina les enseñaban también a leer, escribir, cantar y tañer flautas.
Para Lizárraga, diríase que los acontecimientos y las labores más ligadas a la evangelización –fuera de las puramente materiales, como la edificación de tal iglesia, de cual convento, de un pueblo cuyo nombre le viene de la advocación a un santo, etc.,- no son gestas reseñables más allá del comentario fugaz. Acaso su participación fuera testimonial. El caso es que, como apunta Esteve Barba: "Todo lo cuenta al pasar, sin detenerse, con sencillez rayana en desaliño, sin incluir galas de estilo, con la imparcialidad de una máquina fotográfica manejada sin buscar efectos. Casi siempre sugiere más que dice." [19] Tal vez podamos añadir que, después de lo que hemos visto, la máquina de fotografiar de este dominico raras veces muestra imágenes objetivas.
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