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¿Existe la magia o es pura charlatanería? Hay creyentes y detractores lo mismo que hay imaginativos y pragmáticos, o
magos y matemáticos. Desde el principio de los tiempos, mientras que la humanidad se debate entre ciencia y fetichismo, este principio del mentalísmo permanece aun sumergido en las abismales aguas de la ignorancia, y el hombre una vez más auto limita su crecimiento por el miedo a conocer el potencial que habita en el mismo.
Pero todo el mundo habla ultimamente de magia. Compramos libros de recetas mágicas, se abren escuelas, se realizan talleres, se cuenta, estudia, e investiga, hasta hay catedráticos de universidad que pretenden encontrar una razón, un sentido cartesiano, a algo que para ellos es incomprensible, y cuyo limite se encuentra en el hilo funanbulico que separa la supersitición de la lógica científica. Y sin embargo ¿Alguien ha explicado como se crea la magia?... ¿De donde procede esa vibración capaz de transmutar? ¿Cuáles la palabra mágica, el símbolo, el ritual que transmuta un lazo rojo en un contrato matrimonial? Los eruditos mágicos nos dan las recetas, los rituales y el procedimiento, pero no nos enseñan a manipular la energía, ni explican como atraerla hacia nuestro objetivo, y sin eso, no hay magia.
En este Libro de la Sombras hablamos de las posibilidades de incorporar la práctica mágica, en nuestras vidas a fin de hacerla asequible a todo el que busque de corazón el conocimiento autentico y sincero de cómo mejorar su vida, y a ellos queremos brindarles estos apuntes básicos pero esenciales.
Empezaremos definiendo la magia como “la capacidad de transmutar, un deseo en una realidad concreta, mediante la voluntad, utilizando rituales, símbolos, o imágenes representativas de fuerzas invisibles”.
La primera manifestación mágica la tenemos en la Biblia cuando dice que La tierra era caos, confusión y oscuridad por encima del abismo, y el aliento de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas. [3]Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.
[4] Y vio Dios que la luz era buena, y apartó Dios la luz de la oscuridad”... Fue el deseo, el acto volitivo, lo que diferenció la Luz de la tiniebla, y así surgió la creación. La palabra, Hágase, sirvió de herramienta que dio la forma a la idea; y la Voluntad materializó el deseo que originó la creación. La intención de crear Luz marcó la diferenciación, y hubo Espacio y Tiempo; y el Cosmos fue. Cada vez que leo eso me siento sobrecogida de emoción, ante la presencia de ese poder en la vida, como si estuviera asistiendo a un parto cósmico.
Bien, pero un deseo es algo intangible creado a partir de una idea que mediante la atracción de una vibración afín a nosotros, adquiere forma en nuestra mente. En realidad es una proyección mental de una necesidad anímica. Es evidente que eso no es nada nuevo, podríamos decir que nacemos proyectando necesidades. La diferencia esta en que es la voluntad consciente la que manipula este deseo que genera la mente mediante la idea. Pero todo esto es sutil, no tiene consistencia física, ni es tangible. Es energía, es espíritu, es mente, al fin de cuentas, y este es el verdadero sentido del principio hermético que dice EL UNIVERSO ES MENTAL.
Esto significaría que "cada una de las cosas que vivimos depende de nuestro pensamiento". De acuerdo a ello, el Universo es una sola Mente y absolutamente todo lo que existe está comprendido dentro de ella. El Kybalión utiliza la palabra "Todo", para de esta manera, sintetizar la idea de una Única Presencia a partir de la cual se genera la creación.
La Ciencia cuántica hoy en día lo ha definido como la teoría de los campos unificados, mediante el cual estaríamos todos unidos a una gran central de información, a través de canales de comunicación. Seria como una enorme red informática cósmica y su sistema de conexiones que vincularían en el Todo cualquier posibilidad de existencia. Visto así, podríamos aplicar un dicho tibetano que manifiesta de una forma muy grafica el sentido del principio mental diciendo:” ¿Cómo evitar que una gota de agua se seque?, ¡vaciándola en el océano ¡”.
Todo aquello que conocemos ya sea por nuestra propia experiencia o por aprendizaje es mental, la intuición, la parapsicología, la mediumnidad, es mental igualmente. Aquello que llamamos materia, o energía, es mente y eso es la esencia que perdura en todas las manifestaciones. Todo tiene su origen en el espíritu a partir del cual concretamos, y por consiguiente es el espíritu, incognoscible e indefinible, la base de la existencia del cual procede todo.
Cada uno de nosotros, como las gotas de agua en el océano, somos una partícula o pensamiento inmerso en este gran cuerpo mental y quizá de esta manera las premoniciones al futuro, la transmisión de pensamiento, los sueños vividos, e incluso las revelaciones, tendrían la explicación de su existencia.
Entonces, si es cierto que todos estamos conectados por una sola Mente", si hemos sido generados por ella, también básicamente, estamos compuestos de las mismas cualidades que nuestra fuente de origen, ¿no?, lo cual, significaría que el hombre puede así mismo crear, pero cualquiera que sea su creación, esta siempre comenzará en su propia mente a través de una idea, que generará un deseo, el cual mediante un acto volitivo activará la intención de convertir ese principio espiritual en una concreción material. Este es el proceso que debemos aplicar cada vez que deseemos crear una obra mágica.
Sin embargo nos resulta difícil creer en nosotros mismos y pasamos la vida en devaneos mentales que nos conducen a la “ciudad de ninguna parte”. Algunos consideran la vida como un banco de experiencias útiles y necesarias para crecer y disfrutar evolucionando; sin embargo, para otros, la vida sólo es un gran valle de lágrimas donde la palabra clave es sacrificio y lucha. La gran diferencia entre ambos puntos está en la propia mente, y en la manera de concebir el mundo.
La apreciación que tenemos de nosotros mismos, sera lo que veamos reflejado en los demás. Mientras que no tomemos conciencia del ser interior que nos habita y respetemos nuestra propia fe, participando activamente en nuestra vida interna; mientras no valoremos nuestro potencial; mientras no nos consideremos merecedores de felicidad, no lograremos el respeto de los demás, ni seremos tenidos en cuenta, ni disfrutaremos de la abundancia, y de la misma forma ocurrirá con los ingresos, la suerte o el éxito en el amor.
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