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La Metáfora en Política - El punto de vista arabe

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Creative Commons Artículo de George Lakoff - 10 de Junio de 2006
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4. El punto de vista arabe

Las metáforas empleadas para conceptualizar la crisis del Golfo esconden las ideas políticas más poderosas en el mundo árabe: el nacionalismo árabe y el fundamentalismo islámico. La primera persigue la formación de una nación basada en la raza árabe, la segunda, un estado teocrático islámico. Aunque ambas concepciones se oponen, tienen muchos puntos en común. Las dos se conceptualizan en términos familiares, una hermandad árabe y una hermandad islámica. Para ambas concepciones, las hermandades son más legítimas que los estados actuales existentes. A las dos les resulta extraña la metáfora del estado entendido como persona, que considera los estados actuales existentes como entidades distintas con derecho a existir a perpetuidad. Nuestras metáforas esconden además algo que quizás sea la preocupación más importante actualmente en todo el mundo árabe: la dignidad árabe. Estos dos movimientos políticos son considerados como una forma de alcanzar la dignidad a través de la unidad. Se cree que las actuales fronteras nacionales van en contra de la dignidad árabe de dos formas: una interna y otra externa. La cuestión interna se refiere a la división entre ricos y pobres dentro del mundo árabe. Los árabes pobres creen que los ricos se han enriquecido por pura casualidad, por la mera arbitrariedad de los Británicos al crear las fronteras actuales que existen en Oriente Próximo. Entender a los árabes metafóricamente como si se tratara de una gran familia es sugerir que la riqueza petrolífera debería pertenecer a todos los árabes. Para muchos árabes, las fronteras nacionales diseñadas por los poderes coloniales son ilegítimas, violan el concepto de los árabes entendido como una única "hermandad" y empobrece a millones. Para los millones de empobrecidos, el lado positivo de la invasión iraquí de Kuwait fue el desafío de las fronteras nacionales que puso en cuestión las divisiones existentes entre ricos y pobres, resultado de la división que se efectuó en la tierra. Si se quiere lograr la pacificación de la región, dichas divisiones tienen que redefinirse, esto es, hacer que los países árabes ricos inviertan en los pobres para posibilitar el desarrollo de estos últimos. Mientras que se mantenga esta tremenda división entre ricos y pobres en el mundo árabe, un gran número de árabes pobres verá una de las soluciones supraestatales, bien sea el fundamentalismo islámico o el nacionalismo árabe, como una alternativa interesante que tiene en cuenta su propio interés, y se mantendrá la inestabilidad en la zona. La cuestión externa es la cuestión de la debilidad. Las fronteras nacionales actuales mantienen a los países árabes enfrentados entre sí y por lo tanto débiles con respecto a Occidente. Para los que defienden la unidad, lo que denominamos "estabilidad" significa seguir siendo débiles. La debilidad es un gran tema dentro del mundo árabe y con frecuencia se conceptualiza en términos sexuales, más de lo que se hace en Occidente. Los oficiales norteamericanos al referirse a la "violación" de Kuwait, están hablando de un país indefenso y débil como si se tratara de una mujer y se refieren a los países poderosos militarmente como si fueran hombres. De igual forma, es un lugar común para los árabes el conceptualizar la colonización y la dominación posterior del mundo árabe por parte de Occidente, en concreto los EEUU, como si fuera una mutilación. Un dicho árabe muy repetido estos días en Iraq afirma: "Es mejor ser un gallo un día que ser un pollo un año". El mensaje es claro. Es mejor ser un hombre, es decir, fuerte y dominante, durante un breve período de tiempo, que ser una mujer, a saber, débil e indefensa todo el tiempo. Gran parte del apoyo que Saddamm encuentra entre los árabes se debe al hecho de que se considera que se está enfrentando a los EEUU, aunque sólo sea por un breve periodo de tiempo, y esta actitud es una actitud digna. Si mantener la dignidad es una parte esencial de lo que define el "interés racional de Saddam en si mismo", es de vital importancia para nuestro gobierno el saberlo, puesto que puede estar dispuesto a entrar en guerra para poder "ser gallo por un día". Los EEUU no entienden bien el concepto de dignidad árabe. Por ejemplo, pensemos en si Iraq saldrá de esta situación con parte de los campos de crudo de Rumailah y dos islas en el golfo que le darían una salida al mar. Desde el punto de vista iraquí se trata de necesidades económicas, si Iraq tiene que reconstruirse. El Presidente Bush se ha referido a ello diciendo que es "una agresión premiada", haciendo uso de la metáfora de los Países del Tercer Mundo entendidos como niños, y según la cual los grandes poderes son los adultos que tienen la obligación de recompensar o castigar a los menores para que se comporten como Dios manda. Esto es exactamente lo que irrita a los árabes que exigen ser tratados con dignidad. En lugar de ver a Iraq como una nación soberana que ha optado por una acción militar por razones económicas, el Presidente estadounidense trata a Iraq como a un niño que ha hecho algo malo, un muchacho que se ha convertido en el matón de la vecindad y que los adultos tienen que meter en cintura. El tema de los campos de crudo de Rumailah y las dos islas ha sido debatido en los medios de comunicación como si se tratara de "salvar las apariencias". Salvar las apariencias no tiene nada que ver con el concepto de dignidad árabe y su insistencia al reivindicar que se les trate como iguales y no como si fueran inferiores.

  

¿Qué oculta el hecho de ver al estado como una persona?

 

La metáfora del estado como persona pone de relieve las formas en las que los estado actúan como unidades, y esconde la estructura interna de los estados. Esta metáfora esconde la estructura de clases, la composición étnica, la rivalidad religiosa, los partidos políticos, la ecología, la influencia del ejército y las empresas (especialmente las multinacionales). Tengamos ahora en cuenta el "interés nacional". El interés de una persona consiste en estar fuerte y sano. La metáfora del estado entendido como persona lo traduce como "interés nacional" de la salud económica y la potencia militar. Pero lo que es de "interés nacional" puede que no coincida con el interés de muchos ciudadanos de a pie, grupos o instituciones, que pueden empobrecerse si aumenta el producto nacional bruto y debilitarse en la medida en la que aumenta el poder militar. El "interés nacional" es un concepto metafórico y en EEUU los políticos y los que hacen política son los encargados de definirlo. La mayor parte de ellos está más influido por los ricos que por los pobres, por las grandes empresas que por las pequeñas y responden más a los intereses de la industria que a los de los ecologistas. Cuando el Presidente Bush afirma que ir a la guerra "servirá a nuestros intereses vitales nacionales", está utilizando una metáfora que esconde exactamente de quién son los intereses a los que servirá y de quién no. Por ejemplo, los pobres, en concreto los negros y los hispanos, conforman la mayoría del ejército, y en una guerra las clases bajas y los grupos étnicos sufrirán proporcionalmente más bajas. De tal forma, que la guerra tiene más interés para las clases más acomodadas que para las minorías étnicas y las clases más bajas. También se esconden los intereses del ejército que se ven satisfechos siempre que una guerra esté justificada. Las esperanzas que se albergaban, después de la guerra fría, de que el ejército tendría un papel mucho menos destacado, se han desvanecido ante la decisión del Presidente de preparase para la guerra. Ha sido aconsejado, como debe ser, por el Consejo de Seguridad Nacional, que está formado principalmente por militares. La guerra es algo tan espantoso que no nos gustaría pensar que el interés propio del ejército podría ayudarnos a la hora de decidir si ir o no a la guerra. Pero en una sociedad democrática, hay que plantear la pregunta puesto que los argumentos a favor de la guerra justifican la continuidad de los fondos destinados a defensa y el papel político nacional del ejército, que todavía no ha disminuido.

  

La política Energética.

 

La metáfora del Estado entendido como Persona define la salud del estado en términos económicos: la salud económica se entiende en la actualidad como algo dado, incluida nuestra dependencia del petróleo extranjero. Muchos comentaristas han afirmado que un cambio en la política energética nos volvería menos dependientes del petróleo extranjero y sería más racional que ir a la guerra para mantener el suministro del crudo barato del Golfo. Este argumento podría tener una fuerza real, pero carece de fuerza metafórica siempre que la definición de salud económica se tome como algo fijo. Por regla general, no nos enfrentamos a la enfermedad redefiniendo el concepto de salud. La lógica metafórica exige un cambio en la política energética, independientemente de la crisis actual. No quiero dar la impresión de que todo lo que está en juego aquí es una metáfora. Es evidente que existen intereses corporativos muy poderosos opuestos a una reestructuración profunda de nuestra política energética nacional. Lo triste es que cuentan con un sistema de pensamiento metafórico muy convincente. Si el debate se mantiene en términos de un ataque a nuestra salud económica, no se puede argumentar redefiniendo en qué consiste la salud económica sin cambiar los fundamentos del debate. Y si la discusión se plantea en términos de defender a una víctima, en ese caso, los cambios en la política energética no vienen al caso.

 

Los "costes" de la guerra.

 

La metáfora de Clausewitz requiere un cálculo de los "costes" y los "beneficios" que implican ir a la guerra. ¿Qué es realmente lo que se tiene en cuenta y lo que no a la hora de realizar dichos cálculos? Con toda seguridad en la fila de las "pérdidas" están las bajas estadounidenses, la pérdida de equipos, y los dólares invertidos en la operación. Pero la guerra del Vietnam nos enseñó que hay también costes sociales: el dolor ocasionado a las familias y a las comunidades, el desbaratamiento que se produce en la vida de las personas, los efectos psicológicos en los veteranos, los problemas de salud a largo plazo, además del gasto de nuestro dinero en la guerra en vez de hacerlo para cubrir necesidades sociales vitales en nuestro propio país. También se esconden costes políticos: la enemistad con los árabes por muchos años, y el coste que supone el incremento del terrorismo. Pero apenas se discute el coste moral que supone el hecho de resolver las disputas matando y mutilando a la gente. Hay que añadir igualmente el coste moral que implica la utilización de la metáfora de los "costes". Al hacerlo, estamos cuantificando los efectos de la guerra y de esa forma nos ocultamos a nosotros mismos la realidad cualitativa del dolor y la muerte. Pero éstos son nuestros costes. Lo que es más cruel en este cálculo de costes-beneficios es el que los "costes" del enemigo constituyen "beneficios" para nosotros. En Vietnam, los muertos contabilizados del Viet Cong eran una prueba de lo que nosotros ganamos en la guerra. Los seres humanos muertos estaban en el lado de los beneficios en nuestro libro de cuentas. Se habla mucho de las muertes estadounidenses en tanto que "costes", pero no se mencionan las muertes iraquíes. Las metáforas del cálculo de los costes y los beneficios y la del malo de los cuentos nos llevan a devaluar la vida de los iraquíes, incluso aun sabiendo que la mayoría de los que van a morir no son villanos, sino simples reclutas inocentes, reservistas o civiles.

 

EEUU como un héroe.

 

El típico cuento define quién es un héroe: es una persona que rescata a una víctima inocente y que derrota y castiga a un culpable, a un villano especialmente malvado, y que lo hace por razones morales. Si los EEUU comienzan una guerra ¿será haciendo de héroe? Con toda seguridad no le irá muy bien el papel. En primer lugar, uno de sus objetivos principales será la reinstauración del "gobierno legítimo de Kuwait". Lo que significa restaurar una monarquía absoluta, en la que las mujeres carecen de cualquier tipo de derechos, y donde el 80% de la población que vive en el país son trabajadores extranjeros que realizan las tareas más sucias, y a los que no se les da la oportunidad de acceder a la ciudadanía. Este país no es una víctima inocente cuyo rescate nos convertiría en seres heroicos. En segundo lugar, gran parte de los seres humanos, que serán las víctimas de un ataque, será gente inocente que no ha tenido nada que ver con las atrocidades que se han cometido en Kuwait. Matar y mutilar a una gran cantidad de inocentes para quitar de en medio a un número inferior de villanos no nos convierte en héroes. En tercer lugar, en una trama de autodefensa, en la que el petróleo es un tema muy a tener en cuenta, los EEUU actúan movidos por su propio interés. Pero, para calificar a alguien de héroe legítimo en una trama de rescate, se debe actuar desinteresadamente. Con lo que estamos ante una contradicción entre el interés del héroe en la trama de la autodefensa y el héroe totalmente desinteresado de la trama del rescate. En cuarto lugar, los EEUU pueden actuar como héroes para las familias reales kuwaití y saudita, pero no para la mayoría de los árabes. La gran mayoría de los árabes no piensan en términos de nuestras metáforas. Una gran parte de ellos nos verán como una especie de poder colonial que utiliza la fuerza de forma ilegítima contra un hermano árabe. Para ellos seremos villanos, no héroes. Los EEUU aparecen como héroes clásicos únicamente si no se analiza cuidadosamente cómo se aplica la metáfora a la situación. Es aquí donde la metáfora del Estado entendido como Persona funciona de tal forma que esconde las verdades cruciales. La metáfora del Estado como Persona oculta la estructura interna de los estados y nos permite pensar en Kuwait como si se tratara de una entidad unitaria, la doncella indefensa de los cuentos. La metáfora oculta el carácter monárquico de Kuwait, y la forma en la que los kuwaitíes tratan a las mujeres y a gran parte de la población que vive en su territorio. La metáfora del Estado como Persona esconde también la estructura interna de Iraq, y de esa forma oculta la gente real que será asesinada, mutilada o herida en la guerra. La misma metáfora oculta además la estructura interna de los EEUU, y de ahí que oculte igualmente el hecho de que son los pobres y las minorías los más sacrificados, sin obtener a cambio ningún beneficio significativo. Y esconde, por último, las ideas principales que marcan la política de Oriente Próximo.

  

¿Qué hay que hacer?

 

La guerra producirá mucho más sufrimiento que el que aliviará y por ello, por razones humanitarias, se debería renunciar a esta opción bélica. No faltan alternativas a la guerra. Se pueden movilizar las tropas y utilizar un mínimo de ellas para frenar una invasión de Arabia Saudita. Se puede continuar con las sanciones económicas. Se puede instituir un sistema serio de inspecciones internacionales para prevenir el desarrollo de la capacidad nuclear de Iraq. Para Saddamm una cierta dosis de "salvar las apariencias" es mucho mejor que la guerra. Como parte de un compromiso, la monarquía kuwaití podría sacrificarse y se podrían celebrar elecciones en Kuwait. Se puede plantear el tema de las diferencias entre los árabes ricos y los pobres y presionar a los kuwaitíes y a otros para que realicen inversiones considerables destinadas al desarrollo de los árabes pobres. Las soluciones destinadas a alcanzar un equilibrio de poderes en la región deberían tenerse en cuenta en términos de reducción y no de incremento del armamento; los incentivos económicos se pueden utilizar junto con nuestra amenaza y de los soviéticos de no suministrar los recursos necesarios para mantener la tecnología militar al día. Si tiene que salir de las sesiones del Congreso una propuesta éticamente aceptable, habría que saber que hay mucha gente en este país, gente informada y que han pensado en otras alternativas a la guerra. Alternativas que tendrían que ser tenidas muy en cuenta.

Autor y licencia de 'La Metáfora en Política - El punto de vista arabe'
George Lakoff Extraído de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html

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