



Efectivamente, según veíamos en el estudio histórico de la autobiografía de Olney, el tercer
período histórico, en el que podíamos colocarnos en la actualidad, se centra en el graphé, en el
propio texto y en su lenguaje. El teórico decide asumir todas las aporías y paradojas que el texto
autobiográfico entraña y recurrir a la constitución lingüística del mismo para comprender el contenido
cognitivo, el espejismo del yo, el problema de la referencia, etc. Definitivamente, parece asumirse que
ningún soporte extratextual puede fundar el poder constitutivo de la autobiografía para la
creación/comprensión de una vida. Memoria, metáfora y lenguaje son los elementos que estructuran
el texto y más allá de ellos no encontraremos ningún significado extratextual, ninguna interpretación
valida de las intenciones, los deseos o actitudes de sus autores, porque precisamente carecemos de
un medio para decidir que el paso del texto a la realidad esté fundado en una referencialidad literal,
porque esta mediación sólo podía atribuirse al texto, y, en consecuencia, no hay tránsito posible. El
signo no nos lleva a un significado sino a otro signo y ello es así porque el acto mismo de escritura
parece reproducir esta falta de mediación. No hay referente más allá del texto mismo y en
consecuencia el paso del Bedeutung fregeano al Sinn parecen igualarse. ¿Es esto también la
Deconstrucción?
Este es el resultado, que conmocionando el dominio de estudio que estamos tratando, parece
haber obtenido Paul de Man en su Autobiografía como Desfiguración.
De Man parte de la asunción de que la vida produce la autobiografía de la misma manera que
un acto produce sus consecuencias. Pero, entonces se pregunta si no está igualmente justificado
pensar que es el proyecto autobiográfico el que determina la vida. Si es así, naturalmente, la
producción autobiográfica resulta gobernada por los requisitos técnicos y los recursos del autorretrato.
"Y, puesto que la mímesis que se asume como operante en la autobiografía es un
modo de figuración entre otros, ¿es el referente quien determina la figura o al
revés? ¿No será que la ilusión referencial proviene de la estructura de la figura, es
decir, que no hay clara y simplemente un referente en absoluto, sino algo similar a
una ficción, la cual, sin embargo, adquiere cierto grado de productividad
referencial?" 23
En ciertos estudios sobre la metáfora se alude la posibilidad de una referencialidad
metafórica, de un tránsito desde la impertinencia a la pertinencia semántica, de la metáfora viva a la
metáfora muerta. Un rápido recorrido por estos trabajos nos permitirá comprender mejor cómo el
lenguaje en tanto figura pierde la referencia y a la vez es la propia estructura figurativa la que
construye una nueva referencialidad, aunque ésta ya no es una relación unívoca o localizada en una
historia, sino una relación especular incluida en la propia estructura lingüística.
Para ver como figura y referencia se relacionan detengámonos unos momentos en la obra de
Goodman, Languages of Art, particularmente en su teoría de la denotación generalizada, que era
para Goodman un punto crucial en el análisis de los símbolos. No olvidemos que su posición
extensionalista y nominalista le llevó a reducir toda operación simbólica al marco de la función de
referencia. O Como expresaba Goodman, work y world se corresponden.
Su primer análisis le lleva a investigar la aplicación literal de un símbolo que resuelve
dividiéndola en dos formas diferentes de creación de referencia:
(1) Por Denotación: Que es un movimiento que va de los símbolos a la cosa y que
consiste fundamentalmente en colocar etiquetas sobre ocurrencias. Así, por denotación los símbolos
no-verbales representan la realidad en el arte, mientras que los símbolos verbales describen la
realidad. La extensión lógica de esta denotación puede ser múltiple, singular e incluso nula para
referentes inexistentes. Y, en general, su campo de aplicación son los objetos y los acontecimientos.
(2) Por Ejemplificación: Que es el movimiento inverso, de la cosa al símbolo, y consiste
en designar una significación como lo que posee una cosa. Ejemplificar es ser denotado, poseer lo
significado en la etiqueta, es decir, ser una muestra, para el caso de los símbolos no-verbales y de los
verbales,aunque éstos también funcionan como predicados ejemplificados. Un signo verbal es
denotado por lo que ejemplifica.
Ahora bien, este segunda forma de referencia es la que permite pasar de la aplicación literal
a la aplicación metafórica de un símbolo. Y ello se produce por la transferencia de la posesión.
La Metáfora es una transferencia que afecta a la posesión de los predicados por algo
singular, más que a la aplicación de esos predicados a algo. La metáfora entonces es el resultado del
funcionamiento invertido de la referencia al que se le añade una operación de transferencia. De tal
manera, por ejemplo, a Aquiles se le transfiere ciertas notas o propiedades que posee el león
convirtiéndose así en ejemplo o mejor en figura de la valentía, la fuerza, etc. La figura es un uso
predicativo en una denotación invertida. Por eso el autobiógrafo, al convertir en ejemplo de vida su
narración, figuradamente construye una vida denotada por lo que ejemplifica. Esta es la necesidad de
Lejeune y de Bruss de apelar a un modelo o ejemplo para asegurar la realidad de la vida
autobiografiada.
Este esquema trazado por Goodman para la referencia por la ejemplificación que convierte
los enunciados metafóricos en figuras puede generalizarse para abarcar toda una estructura
tropológica que funciona en el lenguaje. Basta con percibir que la metáfora comprende también al
esquema -conjunto de etiquetas que se correlacionan con un reino, conjunto de objetos-.
La metáfora despliega entonces el poder de reorganizar la visión de las cosas, de aportar
nuevas referencias al presentar nuevos significados, cuando es un reino entero el que se transpone.
Un ejemplo típico es la transposición de los sonidos en el orden visual o el de los colores en el de los
sentimientos.
Luego, atendiendo a la noción de esquema o reino, podemos clasificar las transferencias de
un reino a otro según se produzcan y obtener una generalización teórica de las figuras o tropos. Así
podemos distinguir, sin ser exhaustivos, tres grupos:
I.- Transferencias de un reino a otro sin intersección.
De Persona a Cosa: Personificación.
De Todo a la Parte: La Sinécdoque.
De la Cosa a La Propiedad: La Antonomasia.
II.- Transferencias de un reino a otro con intersección.
El desplazamiento hacia lo alto: La Hipérbole.
El desplazamiento hacia lo bajo: La Lítote.
III.- Transferencias sin cambio de extensión.
La Inversión en la Ironía.
No es el de Goodman el único intento de comprensión y clasificación de los enunciados
figurados que produce el lenguaje, y no se expone aquí como apuesta definitiva sino como
herramienta sumamente útil y eficaz para la comprensión de los problemas de la autobiografía, que
tal y como hemos visto se producían cuando, al analizar los usos de la memoria, comprobábamos la
progresiva des-autorización que se producía en el relato autobiográfico. Pero, ¿cómo se produce esta
pérdida de referencialidad y cómo convertido el hecho en figura se obtiene otra distinta? Y, volviendo
a De Man, ¿Cómo esta productividad referencial puede analizarse?
Para la primera pregunta encontramos en Ricoeur, al hilo del trabajo de Goodman, una
respuesta sólida y sencilla.
Según Ricoeur24 una interpretación literal del enunciado metafórico destruye el sentido literal,
lo que produce inmediatamente una destrucción de la referencia primaria. Ahora bien la
autodestrucción del sentido es una innovación de sentido en todo el enunciado producida por la
necesidad de una interpretación figurada. Es a esta innovación a la que Ricoeur denomina Metáfora
Viva. Es entonces, cuando surge una interpretación figurada, haciendo aparecer una pertinencia
semántica nueva sobre las ruinas del sentido literal, cuando se suscita también un objetivo
referencial. De tal manera al sentido metafórico le corresponderá una referencia metafórica.
Ajustemos esta vía al caso de la autobiografía. Sabemos que antes de comenzar a narrar la
vida, como veíamos en el texto de Valery, solo existe desconocimiento, sin embargo transferimos,
mediante la construcción de una trama, a la secuencia inconexa de acontecimientos y episodios las
propiedades de una vida y entonces, con un nuevo sentido, aparece la vida autobiografiada como
muestra, como ejemplo, con una referencialidad individualizada que convierte un modelo de vida en
'mi vida'.
Por eso cuando Ricoeur retóricamente se pregunta:
"La suspensión de la referencia real es la condición de acceso a la referencia del modo virtual. Pero, ¿qué
es una vida virtual? ¿Puede haber una vida virtual sin un mundo virtual en el que sea posible vivir? ¿No
es función de la poesía suscitar otro mundo, un mundo distinto con otras posibilidades distintas de
existir, que sean nuestros posibles más apropiados?" 25
Permitáseme reformular esta pregunta en los siguientes términos:
¿No es precisamente la autobiografía la que de un mundo real hace un mundo virtual,
abriendo lo que fue a lo que puede ser, lo que pasó a lo que puede pasar? La autobiografía es
igualmente una pérdida de referencia real para acceder a otra virtual, como ejemplo o muestra de una
serie de acontecimientos que poseen el sentido por el que el autobiógrafo atrapa/construye su vida y
como tal, expresándola -pero, expresar no es sino una transferencia metafórica de una posesióndeja
abierta o exige la interpretación no de la realidad o fidelidad, sino de la posibilidad, de la
habitabilidad. Las vidas, como las metáforas, gustan o no. Y gustarán en la medida en que la
virtualidad sea o parezca (figura de realidad) más o menos posible, habitable.
En la autobiografía es, en la pérdida de la referencia, de la autor-idad, cuando surge una
innovación de sentido a partir igualmente de una interpretación. Este sentido cubre los dos niveles
involucrados, autor y lector. Para el autor el sentido que aparece al recurrir a una estructura
tropológica -poner voz a los muertos, reinterpretar el pasado a la luz del transcurso del pasado o de
su dilatación hasta el presente o simplemente por la elección significativa de ciertos acontecimientos,
transportar atribuciones, suponer identidades parciales o encontrar correspondencias- viene
producido por la alegría de la que nos hablaba Wordsworth o Proust, por pensar que hemos
recobrado el tiempo perdido, que nos hemos redescrito, que hemos sobrevivido a la muerte. Y por
encima de esta aspiración, de entre la propia estructura tropológica del texto aparece una nueva
referencia, 'mi vida', que contempla en una "continuidad resumible y en una causalidad formulada" un
sujeto que la ha vivido porque la ha contado.
Para el lector su tarea consiste en, suponiendo que lo leído ha ocurrido y aún con la
esperanza de advertirlo en los hechos accesibles a él, no como juez que verifica, sino como un nuevo
ejemplo, una nueva instancia del modelo, comprobar la estructura tropológica vertida a la luz de la
suya propia. De tal manera que la interpretación será el gusto por la habitabilidad o el disgusto por lo
contrario.
Retomemos de nuevo el trabajo de De Man en el intento ahora de analizar la "productividad
referencial".
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