2 - Concierto de voces

Artículo creado por Claudia Macías Rodríguez. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero24/valades.html
20 de Septiembre de 2006

La muerte tiene permiso posee una estructura que presenta la acción en retrospectiva desde el escenario final del relato. En este texto hay dos sectores delimitados incluso espacialmente: los de arriba, ingenieros y miembros de la asamblea, y “los de abajo [que] se sientan con solemnidad, con el recogimiento del hombre campesino que penetra en un recinto cerrado: la asamblea o el templo” (p. 10).

Los campesinos de San Juan de las Manzanas exponen sus quejas: “el agua, el cacique, el crédito, la escuela.” (ídem), en distintas voces de campesinos que van tomando turno en la palabra. Pero, dice el texto, “les preocupa algo grave” (p. 11) y entonces el patriarca, el más viejo decide quién deberá tomar la palabra. Designa a Sacramento.

El campesino expone enumerando los hechos:

- El caso de las tierras que perdieron unos campesinos injustamente.

- El aumento arbitrario en el monto de los préstamos que les habían concedido.

- La muerte de su hijo por haber ido a reclamar a la autoridad.

- El cierre del canal del agua.

- La violación de dos muchachas del pueblo.

Todas las quejas tienen al mismo culpable: “las tierritas se le quedaron al Presidente Municipal”, “el Presidente Municipal trajo unos señores de México, que con muchos poderes…”, “se fue a buscar al Presidente Municipal, pa reclamarle…”, “el Presidente Municipal cerró el canal”, “el Presidente Municipal con los suyos, que son gente mala y nos robaron dos muchachas” (pp. 12 y 13).

Las injusticias aumentan en gravedad según se narran ante la asamblea, y el tono de quien habla aumenta también en intensidad: “Por primera vez, la voz de Sacramento vibró. En ella latió una amenaza, un odio, una decisión ominosa.” (p. 13). El campesino agrega que en todas las ocasiones han recurrido a diversas autoridades y en ninguna ocasión se ha respondido a sus demandas. Y solicita, a nombre de la comunidad, el permiso para hacer justicia por propia mano.

Luego de estas intervenciones, toca el turno a los miembros de la asamblea que discuten entre sí. Gracias al estilo directo, conocemos las diversas opiniones de los asistentes. Uno califica de absurda la petición, otro señala que sería ir contra las instituciones, unos más aluden al concepto civilización/barbarie y lo califican de “acto fuera de la ley”. Y en este momento, la asamblea se divide también en dos sectores: los que argumentan en contra de la petición y los que están a favor de ella. En este segundo grupo se encuentra el presidente de la asamblea.

Desde el inicio del cuento se describe al presidente de manera peculiar. Sus “enhiestos bigotes”, con un paliacate “se suena las narices ruidosamente” y, al fin, el narrador agrega: “Él también fue hombre del campo. Pero hace ya mucho tiempo. Ahora, de aquello, la ciudad y su posición sólo le han dejado el pañuelo y la rugosidad de sus manos.” (pp. 9 y 10).

Las calamidades que han sufrido los campesinos conmueven a la asamblea. Y las voces en contra comienzan a ser acalladas:

-¿Y qué peores actos fuera de la ley que los que ellos denuncian? Si a nosostros nos hubieran ofendido como los han ofendido a ellos; si a nosotros nos hubieran causado menos daños que los que les han hecho padecer, ya hubiéramos matado, ya hubiéramos olvidado una justicia que no interviene. Yo exijo que se someta a votación la propuesta. (p 14)

Luego de otras intervenciones, habla el presidente de la asamblea:

Ahora interviene el presidente. Surge en él el hombre del campo. Su voz es inapelable.

-Será la asamblea la que decida. Yo asumo la responsabilidad.

Se dirige al auditorio. Su voz es una voz campesina, la misma voz que debe haber hablado allá en el monte, confundida con la tierra, con los suyos. (p. 15, subrayado nuestro.)

El narrador insiste en la calidad de la enunciación de quien preside. La asamblea vota a favor de la propuesta y los campesinos agradecen e informan:

-Pos muchas gracias por el permiso, porque como nadie nos hacía caso, desde ayer el Presidente Municipal de San Juan de las Manzanas está difunto. (p. 15)

Termina el cuento y como dice Federico Patán, “la noticia cae nítida, inesperada, como efectivo cierre a un texto preciso y breve.”

11 opiniones

Cruda Realidad

como no le hacen eso a calderoon(:
la merte tiene permiso

la verdad esta muy bueno ese cuento ya que tiene un poco de la vida real el que los gobernantes de ahora son injustos con su pueblo atte mary
la merte tiene permiso

pues la verdad me gusto mucho ya que pienso que se hace justicia esta muy buna, tienen que leerla
Algo que he le ido fantastico.

Estubo muy bueno.
La muerte tiene permiso.

El cuento retrata de manera muy diplomatica la desesperacion de un grupo de campesinos por la sandeses de su presidente municipal,igual en el presente la desesperacion nos frustra,ojala pudieramos hacer lo mismo que los habitantes de san juan de las manzanas.
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