[1] Álbum Ibero-Americano, nº 1, 7-8-1890, p. 2. (Firma “La Redacción”).
[2] Simón Palmer, María del Carmen: Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-bibliográfico, Castalia, Madrid, 1991, p. 363.
[3] Álbum Ibero-Americano, nº 1, 7-8-1890, p. 7, col. 3. Resulta interesante detener un segundo la atención sobre el uso de “literato”, en masculino, ya que “literata” conllevaba connotaciones peyorativas.
[4] Ibid.
[5] Pub. cit., p. 8, col. 1.
[6] Ibid.
[7] Pub., cit., p. 8, col. 2.
[8] Ibid.
[9] Ob. cit., p. 363.
[10] En el número 5 (7-9-1890, p. 53, col. 2 y 3), Salvador María de Fábregues firma un artículo que, si bien ajeno a lo científico, promete un contenido bien sesudo. Su título es “Filosofismo y Cristianismo”, y finalmente no pasa de una condena del socialismo, el anarquismo y el nihilismo, defendiendo que sólo el cristianismo recogió lo bueno de la filosofía antigua.
[11] “Sor Juana Inés de la Cruz”, por Gustavo Baz, en el Álbum Ibero-Americano, 30-8-1890, nº 4, p. 38 (del volumen), col. 3.
[12] En el número del siete de marzo de 1891 (nº 9, p. 104, col. 1, 2 y 3; p. 105, col. 1 y 3; p. 106, col. 1 y 2. Se anuncia que continuará, pero no he podido ver lo que sigue por no disponer del número 10), puede leerse otra biografía de una mujer sobresaliente, María Teresa de Austria, que también firma un hombre: Arsenio de Houssaye. Se pone de relieve la poderosa personalidad de la reina, que se casó contra la voluntad del padre, se hizo cargo del gobierno con veintidós años, y pronto tuvo que enfrentarse en una guerra con Federico II de Prusia. También se destaca su interés por la cultura: protegió a Metastasio y tuvo en su regazo al Mozart de seis años. Asimismo, F. de la Fuente García (tal vez un hombre, pero tal vez no) defiende de la acusación de frivolidad a las mujeres de la aristocracia en “Dos princesas célebres” (nº 15, 22-11-1890) escribiendo sobre dos mujeres modélicas que pertenecieron a la nobleza: la princesa de Éboli y la princesa de los Ursinos.
[13] Pub. cit., nº 8, 30-9-1890, p. 87, col. 1; nº 9, p. 99, col. 3 y p. 101, col. 1 y 2; nº 10, p. 113, col. 3.
[14] Pub. cit., nº 1, 7-1-1891, p. 27, col. 1 y 2.
[15] Pub. cit., nº 11, 22-10-1890, p. 131.
[16] José González Hompanera, “El matrimonio (a una desposada)”, pub. cit., nº 18, 14-12-1890, p. 212, col. 1.
[17] Ibid., p. 212, col. 1 y 2.
[18] Enrique Gesta y García, “Himno a la mujer”, pub. cit., nº 14, 14-11-1890, p. 161, col. 3.
[19] “Los celos”, por Salvador María de Fábregues, pub. cit., nº 18, 14-12-1890, p. 207, col. 2. Me permito apuntar que la moderna psiquiatría afirma que los celos afectan con especial intensidad a los hombres con personalidad obsesiva.
[20] Ibid., col. 3.
[21] “La curiosidad”, por J. F. Sanmartín y Aguirre, pub. cit., nº 15, 22-11-1890, p. 173, col. 2.
[22] Pub. cit., nº 15, 22-4-1891.
[23] Ibid. p. 71, col. 3. Hay, por otra parte, un buen número de comentarios anónimos (o firmados con iniciales) de grabados que merecerían un estudio detallado por su interés para el tema de las mujeres. También habría que pararse a pensar sobre las causas que movieron a escoger los propios grabados.
[24] Ibid., p. 88, col. 1.
[25] Ibid., p. 88, col. 2.
[26] Sin embargo, y a pesar de que no me he parado a realizar porcentajes, he advertido que en los números que he visto son mucho más numerosos los nombres masculinos.
[27] Pub. cit., nº 12, 30-10-1890, p. 141, col. 3 y p. 142, col. 1.
[28] Ibid., p. 141, col. 3.
[29] Pub. cit., nº 3, 22-8-1890, p. 26, col. 3 y p. 27, col. 1, 2 y 3.
[30] Pub. cit., nº 18, 14-5-1891, p. 209, col. 2 y 3, y p. 212, col. 1. Parece ser que en algún número posterior, que no he podido ver, el artículo se prolonga hablando del arte oriental, y en particular del de la India.
[31] Ibid., p. 209, col. 3.
[32] Pub. cit., nº 1, 7-8-1890, p. 10, col. 1.
[33] Pub. cit., nº 15, 22-11-1890, p. 176, col 1, 2 y 3.
[34] Pub. cit., nº 20, 30-12-1890, p. 236, col. 1.
[35] Pub. cit., nº 14, 14-11-1890, p. 160.
[36] Pub. cit., nº 6, 14-2-1891, p. 68, col. 2.
[37] “Los poetas de la duda” (pub. cit., nº 2, 14-8-1890, p. 22, col. 1 y 2); “En el mar” (ibid., nº 3, 22-8-1890), e “Ilusiones” (ibid., nº 7, 22-9-1890, p. 80, col. 3 y p. 81, col 1). En el número 2 (p. 14, col. 2), Concepción Gimeno reseña muy elogiosamente el libro de versos de Carolina Valencia, que llevaba un prólogo de la Pardo Bazán.
[38] Pub. cit., nº 3, 22-1-1891, p. 32, col. 1, 2 y 3.
[39] Pub. cit., nº 6, 14-9-1890, p. 69, col. 2.
[40] “A Adela Castell (distinguida poetisa del Uruguay). Pub. cit., nº 6, 14-2-1891, p. 68.
[41] Pub. cit., nº 2, 14-8-1890, p. 22, col. 2 y 3.
[42] Pub. cit., nº 4, 30-8-1890, p. 46, col. 1 y 2.
[43] “A..”, pub. cit., nº 1, 7-8-1890, p. 10, col. 1 y 2; “Tus cantares (al señor D. de E.)”, nº 18, 14-12-1890, p. 209, col. 2 y 3. En particular este último poema, escrito en endecasílabos asonantados, se lee como prosa.
[44] Pub. cit., nº 13, 7-10-1890, p. 152, col. 2 y 3; nº 14, 14-11-1890, p. 164, col. 1, 2 y 3, p. 166, col. 1, 2 y 3, p. 167, col. 1; nº 15, 22-11-1890, p. 178, col. 2 y 3.
[45] Pub. cit., nº 19, 22-12-1890, p. 224, col. 3, p. 226, col. 1 y 2; nº 20, 30-12-1890, p. 236, col. 3, p. 238, col. 1 y 2.
[46] Pub. cit., nº 8, 30-8-1891, p. 93.
[47] Ibid., col. 3.
[48] Pub. cit., nº 2, 14-8-1890, p. 20, col. 2; nº 6, 14-9-1890, p. 65, col. 1.
[49] Pub. cit., nº 16, 30-11-1890, p. 189, col. 2 y 3, p. 190, col. 1, 2 y 3; nº 17, 7-12-1890, p. 201, col. 3, p. 202, col. 1; nº 18, 14-12-1890, p. 212, col. 2 y 3, p. 214, col. 1, 2 y 3.
[50] Pub. cit., nº 11, 22-3-1891, p. 128, col. 2 y 3, p. 129, col. 1, 2 y 3.
[51] El barón Kunt, un danés, se ha convertido en empresario de una compañía circense y él mismo domará caballos. (Pub., cit., nº 10, 14-10-1890, p. 110).
[52] Al parecer lo hizo la mujer del príncipe Waldemaro, también de Dinamarca. (Pub. cit., nº 17, 7-12-1890, p. 194).
[53] Pub. cit., nº 13, 7-10-1890, p. 146.
[54] Pub. cit., nº 6, 14-9-1890, p. 62.
[55] Pub. cit., nº 15, 22-11-1890, p. 170.
[56] Pub. cit., nº 17, 7-5-1891, p. 194.
[57] De ambos, además de la muñeca, se habla en el nº 6, 14-9-1890, p. 62 y p. 64.
[58] Pub. cit., nº 7, 22-9-1890, p. 74.
[59] Pub. cit., nº 10, 14-10-1890, p. 110.
[60] Pub. cit., nº 14, 14-11-1890, p. 159.
[61] Pub. cit., nº 18, 14-12-1890, p. 206.
[62] Pub. cit., nº 17, 7-12-1890, p. 194.
[63] Pub. cit., p. 86, col. 1, 2 y 3, p. 88, col. 1.
[64] Ibid., p. 26.
[65] Pub. cit., nº 6, 14-2-1891, p. 62, col. 3.
[66] Pub. cit., nº 15, 22-4-1891, p. 170, col. 1.
[67] Ibid., p. 14, col. 3, p. 15, col. 1.
[68] Pub. cit., nº 12, 30-10-1890, p. 134, col. 2.
[69] Pub. cit., nº 17, 7-5-1891, p. 194, col. 1.
[70] Pub. cit., nº 11, 22-10-1890, p. 122, col. 1.
[71] Pub. cit., nº 9, 7-3-1891, p. 98, col. 3.
[72] Pub. cit., nº 1, 7-8-1890, p. 2.
[73] “Fidelidad de las mujeres a Jesús”, pub. cit., nº 11, 22-3-1891, p. 122, col. 1, 2 y 3, p. 123, col. 1.
[74] Ibid., p. 123, col. 1.
[75] Pub. cit., nº 3, 22-8-1890, p. 26.
[76] Ibid.
[77] Pub. cit., nº 4, 30-8-1890, p. 38.
[78] Pintora, escultora y dramaturga que emplea el pseudónimo de Manuela. Pub. cit., nº 18, 14-12-1890, p. 206.
[79] Pub. cit., nº 1, 7-7-1891. En la página 2, columna 3, se lee: “El asombro que ha producido el que la Duquesa haya dedicado algún tiempo a revolver sus archivos, me parece depresivo para ella y para las damas de la aristocracia española, pues equivale a decir tácitamente que no se las cree capaces de nada serio, o que suponga el más ligero tinte de ilustración”.
[80] Pub. cit., nº 5, 7-9-1890, p. 50.
[81] Si bien de esta última, en una nota necrológica, además de reconocer su talento artístico, se destaca en su alabanza que fuera una “verdadera madre de familia” y una mujer virtuosa en su vida privada, lo que dice mucho a su favor pues “salvar la honra entre los bastidores de un teatro es muy difícil”. Pub. cit., nº 9, 7-10-1890, p. 98, col. 1.
[82] Pub. cit., nº 5, 7-9-1890, p. 50, col. 2.
[83] Pub. cit., nº 7, 22-9-1890, p. 74.
[84] Pub. cit., nº 17, 7-12-1890, p. 194.
[85] “Fernán Caballero, escritora realista”. Ibid., p. 182, col. 3, p. 183, col. 1, 2 y 3, p. 184, col. 1, 2 y 3.
[86] Más de la mitad del artículo se dedica a rechazar con repulsión las obras de Zola y Belot, que suponen “un reto a la moral o una transacción con lo obsceno”, y a proponer como modelo de novelar un realismo que también refleje lo elevado de la realidad, aunque con un estilo llano y próximo a la verdad que supere la afectación y el culteranismo anteriores. Escritores que ejemplificarían este realismo serían, según Concepción Gimeno, Homero, Virgilio, Shakespeare o el propio Goethe. También en el número 8, del 30 de septiembre de 1890 (p. 86), la directora del Álbum se pone del lado del realismo de Daudet frente al de Zola, pues éste degrada a las mujeres y parece despreciarlas, y asimismo, en el nº 18 del 14 de mayo de 1891 (p. 206), denuncia la excesiva crudeza de algunos pasajes de Pequeñeces, del Padre Coloma. Curiosamente, aunque Concepción Gimeno se adscribe al realismo en literatura, lamenta en varias ocasiones la desaparición del romanticismo en la vida real, dominada por el positivismo, y siempre que puede incluye en su “Crónica policroma” algún suceso trágico, como algún suicidio por amor o algún crimen pasional, que demuestre la pervivencia del poder de los sentimientos.
[87] Ibid., p. 50., col. 1.
[88] Pub. cit., nº 2, 14-8-1890, p. 14, col. 2.
[89] Pub. cit., nº 15, 22-11-1890, p. 170, col. 2.
[90] Pub. cit., nº 8, 30-9-1890, p. 86.
[91] Pub. cit., nº 11, 22-10-1890, p. 122, col. 1.
[92] Pub. cit., nº 2, 14-8-1890, p. 14, col. 3.
[93] Ibid.
[94] Pub. cit., nº 8, 30-9-1890, p. 86, col. 2.
[95] Pub. cit., nº 15, 22-11-1890, p. 170, col. 1.
[96] Pub. cit., nº 13, 7-10-1890, p. 146, col. 2.
[97] Pub. cit., nº 4, 30-1-1891, p. 38, col. 2.