La muñeca americana - La muñeca americana
24 de Diciembre de 2005
Antropología, Ciencias sociales, Pensamiento y política
Zoe, mi hija de seis años, prácticamente vibraba de entusiasmo cuando abrió la gran caja rectangular y sacó su primera muñeca Niña Americana. Era su cumpleaños. Había pedido a Felicity (la muñeca de la era colonial) pero había habido un error y recibió a Kirsten. Esta "niña pionera" es sueca. Pelo rubio. Ojos azules. "Ohhh, es igualita que tu, Zoe" le decía la gente entusiasmada.
Ahora era la orgullosa propietaria de la muy deseada muñeca Niña Americana. Nosotros le habíamos dado un vago apoyo a su fuerte deseo de tener una muñeca Niña Americana. Al menos traspasamos su deseo de cumpleaños a un abuelo que quería hacer un regalo. Sabíamos que la muñeca venía con libros que contaban su historia, que las muñecas eran de calidad y que, bueno, no eran Barbies.
Es sabido que los padres de niñas experimentan momentos de éxtasis cuando sus hijas muestran interés en muñecas que no sean Barbie. Todos conocemos a Barbie. Tiene esa figura imposible, esos pies deformados (aunque ocasionalmente también hay el modelo sin tacones), el gran pelo, los pechos que desafían a la gravedad. No importa qué versión compres (y hay muchas), Barbie siempre es igual sin ropa. Por eso es que, aunque los 90 nos han traído la Barbie paleontóloga, la Barbie Dentista, la Barbie Marchosa, un cariñoso hermano mayor, Ken, que viene también con su hermano pequeño, una versión afroamericana de Barbie y Ken llamados Imani y Menelik (ambos vestidos con ropa africana) y una muñeca tipo Barbie en silla de ruedas llamada "Becky Comparte-una-sonrisa", los padres feministas odian a Barbie.
En algunas casas, Barbie está prohibida. Los padres quieren proteger a sus hijas tanto como sea posible de peligrosos estereotipos. En nuestra casa no prohibimos mucho, pero sí intentamos evitar ciertos juguetes. Kirsten, no obstante, fue prácticamente invitada. No tiene una cintura de avispa, pero mi alivio sobre eso duró poco. Resulta que está suficientemente cargada de dudosos valores "americanos" y errores históricos como para hacerme sentir nostalgia de Barbie y su acceso actual a un amplio muestrario de "carreras", a pesar de (o a causa de) sus deformidades ultra-femeninas. Después de todo, es muy fácil señalar la tontería de esos pies moldeados en tacones altos. Es un poco más difícil dar a entender el nacionalismo racista de la pionera de ojos azules y rubios cabellos.
La Pleasant Company, fabricantes de las muñecas Niña Americana y su colección de accesorios, cree que "ser una Niña Americana es genial, algo por lo que levantarse y gritar de alegría". La página principal de su web muestra una niña de piel muy blanca, mirándote a los ojos, sus manos en sus caderas. Su camiseta está decorada con estrellas y proclama "Orgullosa de ser una Niña Americana". Pleasant Rowland, fundador de la Pleasant Company, tiene el laudable objetivo de proporcionar a las niñas muñecas y libros de calidad, cada uno mostrando un periodo diferente de la historia de los EE.UU. Quiere dar a las niñas una "comprensión del pasado de América y un sentimiento de orgullo por las tradiciones que comparten con las niñas del ayer".
Contentos por tener historias sobre chicas que se centran en su coraje, su arrojo y su espíritu aventurero, e intrigados por las lecciones históricas que vienen en las "históricamente precisas" descripciones de las vidas de las chicas, los padres están encantados con el interés de sus hijas por las muñecas Niña Americana.
Estas muñecas dan a nuestras hijas modelos de comportamiento positivos. Las seis muñecas Niña Americana , Felicity (1774), Josefina (1824), Kirsten (1854), Addy (1864), Samantha (1904) y Molly (1944), son valientes, sensatas, chicas luchadoras con problemas reales y éxitos. Incluso hay un intento de representar la naturaleza multicultural de los EE.UU. Una de las muñecas es afroamericana y la otra es "hispana".
Pero, tomado en su conjunto, hay algo preocupante sobre el patriotismo sin riendas central al concepto de la Colección Niña Americana. No hay ningún reparo o investigación crítica de las tradiciones de las que se supone que debemos estar tan orgullosos. La historia, dicen, la escriben los vencedores. Y la Pleasant Company realmente la presenta como la contaron los vencedores.
Incluso usar la palabra "Americana" para describir la colección nos hace pararnos a pensar. Puesto que las Américas comprenden dos continentes completos de los cuales los EE.UU es sólo una pequeña parte, y puesto que millones de indígenas habitaban las Américas y podrían ser llamados Americanos con mayor precisión, es un tanto exagerado proponer a nuestra niña pionera de Suecia como la quintaesencia de la Niña Americana.
La puñalada de la Pleasant Company al multiculturalismo dificulta nuestra comprensión de las diferencias y nos pone a todos en el mismo saco patriótico. "Os presentamos a Josefina", dice uno de los libros, "una Niña Americana". Bueno, en realidad, en 1824, era un niña mexicana, aún no una niña Americana en absoluto en el sentido Pleasant-Company de la palabra. Los EE.UU aún tenían que declarar la guerra a Mexico y luchar dos cruentas guerras para "reclamar" el territorio que hoy constituye el Sudoeste de los EE.UU. Pero el libro nos hace saber que ser una Niña Americana es su destino. Difícilmente se imagina Josefina que sus descendientes estarán luchando contra las iniciativas sólo-Inglés en sus estados natales.
Addy, la niña afroamericana cuya historia incluye la desgarradora separación de su familia y su huida de la esclavitud, es consciente de su raza y revela algo de la inhumanidad de la esclavitud. Sin embargo, el mensaje general es patriótico: la Guerra Civil se luchó para liberar a los esclavos. Al final de la historia, se muestra a Addy vestida en rojo, blanco y azul, con un retrato de Lincoln cosido a su vestido mientras lee la Proclama de la Emancipación a una silenciosa y agradecida congregación de gente negra en una iglesia.
Pero es demasiado tarde para preocuparse por todo esto. La muñeca es paseada por toda la casa. Catálogos de la Pleasant Company van llegando a un ritmo vertiginoso. Cada uno le ocupa a Zoe un mínimo de media hora de completa abstracción. El tomo a todo color de 85 páginas es más excitante que la hilera de Barbie en Toys R Us. Zoe apenas parpadea mientras hojea las páginas, admirando los comentarios sobre las Niñas Americanas de alta calidad y alto precio. Puedes comprar más vestidos y camisones históricamente precisos. Gran variedad de calcetines, zapatos, cestas de picnic y banderas americanas en miniatura. Hay también el cofre pintado a mano de la propia Kirsten por $155 y la cama a juego "con su encantador diseño" por $55.
"Mama, necesito más cosas de Kirsten para jugar mejor con ella"
Para distraerla de ese sueño de catálogos, sugiero que leamos uno de los libros de Kirsten. Acabamos obteniendo una enorme tergiversación de un trozo de la historia de América.
Kirsten, nos dicen, es una niña pionera "de gran fuerza y espíritu". Su familia viene desde Suecia para hacer de granjeros en Minnesota. El hecho de que la presencia de los pioneros en ese área, hecha posible por varios tratados fraudulentos de los EE.UU con diversas tribus Ojibwe, lleve al desplazamiento de la mayoría de los nativos es tratado como un detalle de neutral mala suerte de los Indios. La prima de Kirsten, Lisbeth, expresa su preocupación porque los "Indios" puedan enfadarse con los pioneros porque sus tierras de cultivo penetren en los campos de caza de los nativos. Pero, le dice a Kirsten, "Nosotros también necesitamos la tierra".
Según la Pleasant Company, el conflicto de los inmigrantes europeos con los Indios no resulta en batallas sangrientas, epidemias, guerra económica y la casi completa exterminación de la población nativa. Visto a través de los ojos de la inocente Kirsten, que, en el libro "Kirsten aprende una lección" se hace amiga de una niña nativa de su edad, simplemente es un triste giro del destino que Pájaro Cantor esté hambrienta y deba irse al Oeste con su tribu en busca de comida.
Durante breves momentos, Kirsten juega con la idea de unirse a ella. "Ven, hermana" le dice Pájaro Cantor.
"Kirsten recordó el cálido tipi donde vivía Pájaro Cantor. Se imaginó a sí misma durmiendo al lado de Pájaro Cantor bajo las pieles de búfalo. Si viviera con Pájaro Cantor sería libre para deambular por los bosques todo el día. Reno Bravo sería bueno con ella. Era el jefe, y Kirsten sería su hija de cabellos rubios. Pájaro Cantor y ella estarían juntas para siempre".
El sueño de Kirsten de huir con Pájaro Cantor no se aleja mucho del romanticismo eurocéntrico estándar sobre la vida de los nativos. Contrastado como está en "Kirsten aprende una lección" con las horas tortuosas en la escuela con su severa maestra, que impele a sus estudiantes a no comportarse como salvajes, el sueño de huir con los "indios" simboliza el escape de la civilización. Por supuesto, Kirsten escoge no seguir a Pájaro Cantor. Una sabia elección, como muestra la historia. Si se hubiera unido a los indios, Kirsten no habría pasado mucho tiempo deambulando por los bosques y durmiendo en pieles de búfalo. Seguramente habría encontrado su muerte con una gente destinada a morir, y con un modo de vida que estaría extinguido en las próximas décadas. Kirsten le da una triste despedida a su amiga india y vuelve a casa para encontrarse con que ha ganado una "Medalla al Mérito" por recitar correctamente un verso en inglés.
Pero en este proceso ha aprendido otra importante lección: que Minnesota es su casa. "No estaba segura de cuándo este lugar se había convertido en su hogar, pero ella era de aquí ahora" nos dice el libro. La ilustración muestra las espaldas de los nativos mientras abandonan su tierra natal. Han sido desplazados limpiamente. Kirsten, a pesar de haber vivido en Minnesota sólo unos meses y aún no saber inglés, tiene un claro sentido de derecho sobre esa tierra.
Llamadme una madre políticamente correcta estridente si queréis, pero lo único que podía pensar después de leer esa historia a Zoe es cuál sería el equivalente alemán. Imaginad la "Colección Niña Alemana" presentando a Hilda, una niña alemana de nueve años en 1939. Se llevan a su pequeña amiga judía en un tren. Está triste primero, pero su partida, que se presenta como misteriosa y con glamour, parece inevitable. Oh, bueno, Hilda acepta la pérdida de su amiga y se decide a disfrutar de su estatus y sentido de pertenencia tan obviamente negado a la desaparecida. Mientras todos los judíos del área son cargados en trenes, Hilda vuelve a casa y se la premia por alguna cualidad que estimula su Germanitud esencial.
Las historias de Hilda y Kirsten son análogas, pero la de Hilda se consideraría ultrajante, un trozo racista y nacionalista de revisionismo histórico. Correctamente. Pero aquí en "América", este revisionismo es tan familiar como para ser banal.
Como también lo es la preocupación lacrimógena por el hogar. La idea de la Pleasant Company de la familia es a medias Norman Rockwell y Newt Gringrich, con unas gotitas de Anita Bryant. El padre preside sobre el bien educado clan. La madre tiene niños, hace una cantidad enorme de tareas del hogar, y es felicitada con frecuencia por el padre por "tener ánimo" mientras sufren tantas penalidades. Anclada a una familia fuerte, con claros modelos de comportamiento, a Kirsten se le permite ser aventurera. En una historia, Kirsten va a poner trampas con su hermano y un viejo ermitaño que vive en los bosques. Encuentra un mapache herido y se lo lleva a casa para cuidarlo. Aunque le dicen que no debe entrar en la casa, le deja entrar igualmente porque hace mucho frío afuera. Claro, entonces viene el desastre. El mapache se escapa, tropieza con una lámpara de gas y se incendia la casa. Todo se pierde, excepto el cofre que trajeron de Suecia, rescatado por Kirsten en un esfuerzo heroico. La familia no tiene casa ni muebles, pero no temáis. Kirsten seguidamente se pierde en el bosque. Encuentra el refugio del viejo ermitaño y descubre que tiene una enorme pila de pieles. Para qué, nadie lo sabe. No tiene familia y no tiene muchas necesidades. Pero expoliar la naturaleza y acumular riquezas son importantes valores americanos, así que no necesita explicación el porqué un viejo ermitaño iría atrapando metódicamente a cualquier animal peludo de las cercanías, quitarle la piel, y acumular una buena pila con su trabajo. Eso es lo que hace la gente. Además, se ha muerto (de viejo, parece). Es el día de suerte de Kirsten. Coge las pieles y se las da a sus padres para que puedan comprarse una casa de verdad. Bien está lo que bien acaba. Las niñas traviesas no son problema siempre que sus energías resulten en mejoras familiares.
Resulta que también hay una Barbie Pionera. Claramente modelada en el éxito de la colección de la Pleasant Company, la Barbie Pionera viene con un pequeño libro que cuenta la historia de la incursión de Barbie en la frontera (en tacones altos sin duda). El libro es pequeñito y pobremente pegado con cola. Las letras se tuercen al final de la línea, y la historia es corta. Como la muñeca, no se pretende que sea para guardar. Apenas se pretende que se lea. Los dibujos son cómicos, mostrando a la familiar Barbie en un vagón cubierto. La caja entera es un juguete desechable que cuesta $9.99. No como la colección Niña Americana, llena de detalles realistas, accesorios con "calidad de anticuario", y justificaciones y racionalizaciones sin fin de los entresijos de la historia de EE.UU. Barbie tiene menos que decir. Seguramente, la gente de menos poder adquisitivo, que no puede pagar por la "calidad de anticuario" no tienen que estar tan bien adoctrinados en las excusas y justificaciones del dominio del capital y la glorificación de los valores de la familia. Las niñas con recursos, no obstante, están destinadas a mantener y reproducir los valores de las clases dirigentes, venerados y hechos accesibles en juguetes elaborados así como en las escuelas de la Ivy League.
Mamás y papás: no tenemos nada que hacer. Las opciones en muñecas para nuestros niños se mueven entre paleontólogas de pechos erectos y pioneras patrióticas de cabellos rubios. Quizás debemos estar agradecidas de que al menos las dos muñecas mencionadas no estén hechas para secretar fluidos corporales y así dar a nuestras hijas tempranas lecciones en la satisfacción de limpiar diversas excreciones. Quizás debemos estar agradecidas que el valor y el coraje sean atributos asignados a las chicas, y que también aparezca la ocasional chica con carrera profesional. Quizás deberíamos apreciar más que la rubia omnipresente deje lugar a la ocasional morena, e incluso a la negra. Quizás deberíamos estar contentas por que, además de tener como muñecas modelos de comportamiento de objeto-sexual-feliz-ama-de-casa, nuestras hijas tengan también modelos de alegres patriotas que a veces se meten en líos pero siempre salen victoriosas, y así facilitar la aceptación por nuestros hijos de la gran e inevitable ‘American way of life’. Yo no estoy muy tranquila.
Yo no puedo ser un guardián, y regular el torrente de influencias que pueden llegar a mi hija. No sólo sería una tarea ingente, también estaría limitando mi atención a mi preciosa y privada prole. Como comprar un sistema de purificación del aire (recomendado por médicos) para los dos metros cuadrados alrededor de la cama de mi hijo. Mientras el mundo de ahí afuera tiene vastos comandos de moléculas de aire sin filtrar esperando a invadir sus pulmones.
No hay salida, de todas formas. Cada vez que interrumpo la historia con mis reflexiones (de acuerdo, diatribas), ella me dice, "Mama, no puedes simplemente leer el libro?"
Los expertos dicen que compremos juguetes que fomenten el juego creativo y que evitemos juguetes que sólo hacen una cosa. Así, ahorramos al no tener que comprar una Barbie que hace empastes (mientras está de puntillas), otra Barbie que hace aerobic (también de puntillas) y aún otra Barbie vestida en traje de noche (y cómo si no, de puntillas). Es más, tu hijo se beneficiará de un juego más libre, menos dirigido por juguetes exigentes y sus accesorios. También quiero añadir que debemos ser precavidos con los libros "educativos" que ofrecen justificaciones bien afinadas para las instituciones dominantes del pasado y del presente. Estos libros pueden interesar al intelecto de nuestros niños, pero representan el comienzo del proceso de inculcar a los niños los valores y normas que necesitarán para racionalizar un mundo injusto.
Consideremos también, en el mundo más allá de la habitación de tu hijo, cómo podemos ayudar a crear y respaldar instituciones y comunidades que ofrezcan alternativas. Crear espacios que den más énfasis al cuidado mutuo que al consumo, a la continuidad que al desecho, a la diversidad sobre la universalidad, mostrará a los niños valores que no encontrarán en el mundo convencional.
Ahora era la orgullosa propietaria de la muy deseada muñeca Niña Americana. Nosotros le habíamos dado un vago apoyo a su fuerte deseo de tener una muñeca Niña Americana. Al menos traspasamos su deseo de cumpleaños a un abuelo que quería hacer un regalo. Sabíamos que la muñeca venía con libros que contaban su historia, que las muñecas eran de calidad y que, bueno, no eran Barbies.
Es sabido que los padres de niñas experimentan momentos de éxtasis cuando sus hijas muestran interés en muñecas que no sean Barbie. Todos conocemos a Barbie. Tiene esa figura imposible, esos pies deformados (aunque ocasionalmente también hay el modelo sin tacones), el gran pelo, los pechos que desafían a la gravedad. No importa qué versión compres (y hay muchas), Barbie siempre es igual sin ropa. Por eso es que, aunque los 90 nos han traído la Barbie paleontóloga, la Barbie Dentista, la Barbie Marchosa, un cariñoso hermano mayor, Ken, que viene también con su hermano pequeño, una versión afroamericana de Barbie y Ken llamados Imani y Menelik (ambos vestidos con ropa africana) y una muñeca tipo Barbie en silla de ruedas llamada "Becky Comparte-una-sonrisa", los padres feministas odian a Barbie.
En algunas casas, Barbie está prohibida. Los padres quieren proteger a sus hijas tanto como sea posible de peligrosos estereotipos. En nuestra casa no prohibimos mucho, pero sí intentamos evitar ciertos juguetes. Kirsten, no obstante, fue prácticamente invitada. No tiene una cintura de avispa, pero mi alivio sobre eso duró poco. Resulta que está suficientemente cargada de dudosos valores "americanos" y errores históricos como para hacerme sentir nostalgia de Barbie y su acceso actual a un amplio muestrario de "carreras", a pesar de (o a causa de) sus deformidades ultra-femeninas. Después de todo, es muy fácil señalar la tontería de esos pies moldeados en tacones altos. Es un poco más difícil dar a entender el nacionalismo racista de la pionera de ojos azules y rubios cabellos.
La Pleasant Company, fabricantes de las muñecas Niña Americana y su colección de accesorios, cree que "ser una Niña Americana es genial, algo por lo que levantarse y gritar de alegría". La página principal de su web muestra una niña de piel muy blanca, mirándote a los ojos, sus manos en sus caderas. Su camiseta está decorada con estrellas y proclama "Orgullosa de ser una Niña Americana". Pleasant Rowland, fundador de la Pleasant Company, tiene el laudable objetivo de proporcionar a las niñas muñecas y libros de calidad, cada uno mostrando un periodo diferente de la historia de los EE.UU. Quiere dar a las niñas una "comprensión del pasado de América y un sentimiento de orgullo por las tradiciones que comparten con las niñas del ayer".
Contentos por tener historias sobre chicas que se centran en su coraje, su arrojo y su espíritu aventurero, e intrigados por las lecciones históricas que vienen en las "históricamente precisas" descripciones de las vidas de las chicas, los padres están encantados con el interés de sus hijas por las muñecas Niña Americana.
Estas muñecas dan a nuestras hijas modelos de comportamiento positivos. Las seis muñecas Niña Americana , Felicity (1774), Josefina (1824), Kirsten (1854), Addy (1864), Samantha (1904) y Molly (1944), son valientes, sensatas, chicas luchadoras con problemas reales y éxitos. Incluso hay un intento de representar la naturaleza multicultural de los EE.UU. Una de las muñecas es afroamericana y la otra es "hispana".
Pero, tomado en su conjunto, hay algo preocupante sobre el patriotismo sin riendas central al concepto de la Colección Niña Americana. No hay ningún reparo o investigación crítica de las tradiciones de las que se supone que debemos estar tan orgullosos. La historia, dicen, la escriben los vencedores. Y la Pleasant Company realmente la presenta como la contaron los vencedores.
Incluso usar la palabra "Americana" para describir la colección nos hace pararnos a pensar. Puesto que las Américas comprenden dos continentes completos de los cuales los EE.UU es sólo una pequeña parte, y puesto que millones de indígenas habitaban las Américas y podrían ser llamados Americanos con mayor precisión, es un tanto exagerado proponer a nuestra niña pionera de Suecia como la quintaesencia de la Niña Americana.
La puñalada de la Pleasant Company al multiculturalismo dificulta nuestra comprensión de las diferencias y nos pone a todos en el mismo saco patriótico. "Os presentamos a Josefina", dice uno de los libros, "una Niña Americana". Bueno, en realidad, en 1824, era un niña mexicana, aún no una niña Americana en absoluto en el sentido Pleasant-Company de la palabra. Los EE.UU aún tenían que declarar la guerra a Mexico y luchar dos cruentas guerras para "reclamar" el territorio que hoy constituye el Sudoeste de los EE.UU. Pero el libro nos hace saber que ser una Niña Americana es su destino. Difícilmente se imagina Josefina que sus descendientes estarán luchando contra las iniciativas sólo-Inglés en sus estados natales.
Addy, la niña afroamericana cuya historia incluye la desgarradora separación de su familia y su huida de la esclavitud, es consciente de su raza y revela algo de la inhumanidad de la esclavitud. Sin embargo, el mensaje general es patriótico: la Guerra Civil se luchó para liberar a los esclavos. Al final de la historia, se muestra a Addy vestida en rojo, blanco y azul, con un retrato de Lincoln cosido a su vestido mientras lee la Proclama de la Emancipación a una silenciosa y agradecida congregación de gente negra en una iglesia.
Pero es demasiado tarde para preocuparse por todo esto. La muñeca es paseada por toda la casa. Catálogos de la Pleasant Company van llegando a un ritmo vertiginoso. Cada uno le ocupa a Zoe un mínimo de media hora de completa abstracción. El tomo a todo color de 85 páginas es más excitante que la hilera de Barbie en Toys R Us. Zoe apenas parpadea mientras hojea las páginas, admirando los comentarios sobre las Niñas Americanas de alta calidad y alto precio. Puedes comprar más vestidos y camisones históricamente precisos. Gran variedad de calcetines, zapatos, cestas de picnic y banderas americanas en miniatura. Hay también el cofre pintado a mano de la propia Kirsten por $155 y la cama a juego "con su encantador diseño" por $55.
"Mama, necesito más cosas de Kirsten para jugar mejor con ella"
Para distraerla de ese sueño de catálogos, sugiero que leamos uno de los libros de Kirsten. Acabamos obteniendo una enorme tergiversación de un trozo de la historia de América.
Kirsten, nos dicen, es una niña pionera "de gran fuerza y espíritu". Su familia viene desde Suecia para hacer de granjeros en Minnesota. El hecho de que la presencia de los pioneros en ese área, hecha posible por varios tratados fraudulentos de los EE.UU con diversas tribus Ojibwe, lleve al desplazamiento de la mayoría de los nativos es tratado como un detalle de neutral mala suerte de los Indios. La prima de Kirsten, Lisbeth, expresa su preocupación porque los "Indios" puedan enfadarse con los pioneros porque sus tierras de cultivo penetren en los campos de caza de los nativos. Pero, le dice a Kirsten, "Nosotros también necesitamos la tierra".
Según la Pleasant Company, el conflicto de los inmigrantes europeos con los Indios no resulta en batallas sangrientas, epidemias, guerra económica y la casi completa exterminación de la población nativa. Visto a través de los ojos de la inocente Kirsten, que, en el libro "Kirsten aprende una lección" se hace amiga de una niña nativa de su edad, simplemente es un triste giro del destino que Pájaro Cantor esté hambrienta y deba irse al Oeste con su tribu en busca de comida.
Durante breves momentos, Kirsten juega con la idea de unirse a ella. "Ven, hermana" le dice Pájaro Cantor.
"Kirsten recordó el cálido tipi donde vivía Pájaro Cantor. Se imaginó a sí misma durmiendo al lado de Pájaro Cantor bajo las pieles de búfalo. Si viviera con Pájaro Cantor sería libre para deambular por los bosques todo el día. Reno Bravo sería bueno con ella. Era el jefe, y Kirsten sería su hija de cabellos rubios. Pájaro Cantor y ella estarían juntas para siempre".
El sueño de Kirsten de huir con Pájaro Cantor no se aleja mucho del romanticismo eurocéntrico estándar sobre la vida de los nativos. Contrastado como está en "Kirsten aprende una lección" con las horas tortuosas en la escuela con su severa maestra, que impele a sus estudiantes a no comportarse como salvajes, el sueño de huir con los "indios" simboliza el escape de la civilización. Por supuesto, Kirsten escoge no seguir a Pájaro Cantor. Una sabia elección, como muestra la historia. Si se hubiera unido a los indios, Kirsten no habría pasado mucho tiempo deambulando por los bosques y durmiendo en pieles de búfalo. Seguramente habría encontrado su muerte con una gente destinada a morir, y con un modo de vida que estaría extinguido en las próximas décadas. Kirsten le da una triste despedida a su amiga india y vuelve a casa para encontrarse con que ha ganado una "Medalla al Mérito" por recitar correctamente un verso en inglés.
Pero en este proceso ha aprendido otra importante lección: que Minnesota es su casa. "No estaba segura de cuándo este lugar se había convertido en su hogar, pero ella era de aquí ahora" nos dice el libro. La ilustración muestra las espaldas de los nativos mientras abandonan su tierra natal. Han sido desplazados limpiamente. Kirsten, a pesar de haber vivido en Minnesota sólo unos meses y aún no saber inglés, tiene un claro sentido de derecho sobre esa tierra.
Llamadme una madre políticamente correcta estridente si queréis, pero lo único que podía pensar después de leer esa historia a Zoe es cuál sería el equivalente alemán. Imaginad la "Colección Niña Alemana" presentando a Hilda, una niña alemana de nueve años en 1939. Se llevan a su pequeña amiga judía en un tren. Está triste primero, pero su partida, que se presenta como misteriosa y con glamour, parece inevitable. Oh, bueno, Hilda acepta la pérdida de su amiga y se decide a disfrutar de su estatus y sentido de pertenencia tan obviamente negado a la desaparecida. Mientras todos los judíos del área son cargados en trenes, Hilda vuelve a casa y se la premia por alguna cualidad que estimula su Germanitud esencial.
Las historias de Hilda y Kirsten son análogas, pero la de Hilda se consideraría ultrajante, un trozo racista y nacionalista de revisionismo histórico. Correctamente. Pero aquí en "América", este revisionismo es tan familiar como para ser banal.
Como también lo es la preocupación lacrimógena por el hogar. La idea de la Pleasant Company de la familia es a medias Norman Rockwell y Newt Gringrich, con unas gotitas de Anita Bryant. El padre preside sobre el bien educado clan. La madre tiene niños, hace una cantidad enorme de tareas del hogar, y es felicitada con frecuencia por el padre por "tener ánimo" mientras sufren tantas penalidades. Anclada a una familia fuerte, con claros modelos de comportamiento, a Kirsten se le permite ser aventurera. En una historia, Kirsten va a poner trampas con su hermano y un viejo ermitaño que vive en los bosques. Encuentra un mapache herido y se lo lleva a casa para cuidarlo. Aunque le dicen que no debe entrar en la casa, le deja entrar igualmente porque hace mucho frío afuera. Claro, entonces viene el desastre. El mapache se escapa, tropieza con una lámpara de gas y se incendia la casa. Todo se pierde, excepto el cofre que trajeron de Suecia, rescatado por Kirsten en un esfuerzo heroico. La familia no tiene casa ni muebles, pero no temáis. Kirsten seguidamente se pierde en el bosque. Encuentra el refugio del viejo ermitaño y descubre que tiene una enorme pila de pieles. Para qué, nadie lo sabe. No tiene familia y no tiene muchas necesidades. Pero expoliar la naturaleza y acumular riquezas son importantes valores americanos, así que no necesita explicación el porqué un viejo ermitaño iría atrapando metódicamente a cualquier animal peludo de las cercanías, quitarle la piel, y acumular una buena pila con su trabajo. Eso es lo que hace la gente. Además, se ha muerto (de viejo, parece). Es el día de suerte de Kirsten. Coge las pieles y se las da a sus padres para que puedan comprarse una casa de verdad. Bien está lo que bien acaba. Las niñas traviesas no son problema siempre que sus energías resulten en mejoras familiares.
Resulta que también hay una Barbie Pionera. Claramente modelada en el éxito de la colección de la Pleasant Company, la Barbie Pionera viene con un pequeño libro que cuenta la historia de la incursión de Barbie en la frontera (en tacones altos sin duda). El libro es pequeñito y pobremente pegado con cola. Las letras se tuercen al final de la línea, y la historia es corta. Como la muñeca, no se pretende que sea para guardar. Apenas se pretende que se lea. Los dibujos son cómicos, mostrando a la familiar Barbie en un vagón cubierto. La caja entera es un juguete desechable que cuesta $9.99. No como la colección Niña Americana, llena de detalles realistas, accesorios con "calidad de anticuario", y justificaciones y racionalizaciones sin fin de los entresijos de la historia de EE.UU. Barbie tiene menos que decir. Seguramente, la gente de menos poder adquisitivo, que no puede pagar por la "calidad de anticuario" no tienen que estar tan bien adoctrinados en las excusas y justificaciones del dominio del capital y la glorificación de los valores de la familia. Las niñas con recursos, no obstante, están destinadas a mantener y reproducir los valores de las clases dirigentes, venerados y hechos accesibles en juguetes elaborados así como en las escuelas de la Ivy League.
Mamás y papás: no tenemos nada que hacer. Las opciones en muñecas para nuestros niños se mueven entre paleontólogas de pechos erectos y pioneras patrióticas de cabellos rubios. Quizás debemos estar agradecidas de que al menos las dos muñecas mencionadas no estén hechas para secretar fluidos corporales y así dar a nuestras hijas tempranas lecciones en la satisfacción de limpiar diversas excreciones. Quizás debemos estar agradecidas que el valor y el coraje sean atributos asignados a las chicas, y que también aparezca la ocasional chica con carrera profesional. Quizás deberíamos apreciar más que la rubia omnipresente deje lugar a la ocasional morena, e incluso a la negra. Quizás deberíamos estar contentas por que, además de tener como muñecas modelos de comportamiento de objeto-sexual-feliz-ama-de-casa, nuestras hijas tengan también modelos de alegres patriotas que a veces se meten en líos pero siempre salen victoriosas, y así facilitar la aceptación por nuestros hijos de la gran e inevitable ‘American way of life’. Yo no estoy muy tranquila.
Yo no puedo ser un guardián, y regular el torrente de influencias que pueden llegar a mi hija. No sólo sería una tarea ingente, también estaría limitando mi atención a mi preciosa y privada prole. Como comprar un sistema de purificación del aire (recomendado por médicos) para los dos metros cuadrados alrededor de la cama de mi hijo. Mientras el mundo de ahí afuera tiene vastos comandos de moléculas de aire sin filtrar esperando a invadir sus pulmones.
No hay salida, de todas formas. Cada vez que interrumpo la historia con mis reflexiones (de acuerdo, diatribas), ella me dice, "Mama, no puedes simplemente leer el libro?"
Los expertos dicen que compremos juguetes que fomenten el juego creativo y que evitemos juguetes que sólo hacen una cosa. Así, ahorramos al no tener que comprar una Barbie que hace empastes (mientras está de puntillas), otra Barbie que hace aerobic (también de puntillas) y aún otra Barbie vestida en traje de noche (y cómo si no, de puntillas). Es más, tu hijo se beneficiará de un juego más libre, menos dirigido por juguetes exigentes y sus accesorios. También quiero añadir que debemos ser precavidos con los libros "educativos" que ofrecen justificaciones bien afinadas para las instituciones dominantes del pasado y del presente. Estos libros pueden interesar al intelecto de nuestros niños, pero representan el comienzo del proceso de inculcar a los niños los valores y normas que necesitarán para racionalizar un mundo injusto.
Consideremos también, en el mundo más allá de la habitación de tu hijo, cómo podemos ayudar a crear y respaldar instituciones y comunidades que ofrezcan alternativas. Crear espacios que den más énfasis al cuidado mutuo que al consumo, a la continuidad que al desecho, a la diversidad sobre la universalidad, mostrará a los niños valores que no encontrarán en el mundo convencional.
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