La musa de la vanguardia aubiana: lectura de A - La musa de la vanguardia
1 - La musa de la vanguardia
La actividad autorial de Max Aub en torno a la plaquette “A” nos ilustra las claves de su producción literaria en los años complejos y convulsos en que la vanguardia española, ese poliédrico proceso de renovación literaria, abandona su torre de marfil y empieza a bajar a las calles para tomar contacto con la realidad social y política de preguerra en la primera mitad de los años treinta. Son los años en que la trayectoria de la lírica española abandona esa actitud que la crítica ha venido denominando “pureza” o “deshumanización” allá por los años veinte, se adentra en el surrealismo y marcha hacia el compromiso con la cultura de la República y después con la guerra civil.
Como sabemos, Max es un autor polifacético desde el primer momento: cultiva todos los géneros y se mueve en todos los campos de las actividades autoriales y editoriales. Esa capacidad proteica, que lo convierte en un ‘auctor’ humanista (Calles 1998a y Calles 2000a), es una de las claves de lectura de “A”, que se abre ante los ojos del lector como un auténtico “libro de artista”.
Son los años de la vanguardia en España y Aub nos presenta en “A” su particular lectura de la vanguardia poética, matizada por el peso canónico de la tradición. Parece que la extensión ultraísta del postsimbolismo culminó, como podemos comprobar en los textos poéticos que Aub elaboró y editó en aquellos años, en un cierto retorno al orden marcado por el clasicismo y la recuperación de la lírica popular. Era el signo de los tiempos y parece ser el contexto de la modernidad poética española del momento, esa es la forma en que Max eligió convocar a la musa de la vanguardia lírica.
Durante esos primeros años, aún de aprendizaje literario, estudia como prosistas a Benjamín Jarnés, Antonio Espina, José Bergamín, Ernesto Giménez Caballero, Juan Chabás, etc.. En ese camino de formación de su taller como escritor, será fundamental la influencia de Enrique Díez-Canedo, quien será la puerta de acceso al conocimiento del simbolismo y sus derivaciones, y hacia la presencia de los poetas simbolistas franceses del momento: Laforgue, Verhaeren, Rodenbach, Samain y, por supuesto, F. Jammes, cuyo modelo había sido fundamental para Los poemas cotidianos (Barcelona, 1925).
Es una poesía “a media voz”, como el poema de Díez-Canedo1, que se apoya en artificios retóricos tradicionales para romper definitivamente su ligazón postsimbolista. Es también la puerta hacia la atracción del Madrid capital de la cultura, ese Madrid de las revistas literarias y de las tertulias (en el café Regina, en la Granja del Henar, en Pombo), de los teatros, de la bohemia y de los poetas. Además, la cultura francesa funciona como nexo común (Enrique Díez-Canedo marcha con su esposa, también poeta ‘reciéncasado’, en 1909 a París, donde vivirían dos años, con el cargo de secretario del Embajador de Ecuador). Qué significativa también esa foto de estudio en 1932, en Valencia, en la que Genaro Lahuerta, Max Aub, Juan Chabás y Pedro Sánchez (de pie), rodean a Enrique Diez-Canedo, sentado delante de todos ellos: tiene el sabor de “otro” manifiesto generacional.
Max había publicado anteriormente “Momentos” (en la revista España, 1923), un anticipo de Los poemas cotidianos (Barcelona, 1925), y algunos poemas en revistas de la época, como “Luna”, “Homenaje a Matisse” o “Falsa décima a su dama...” que representan con claridad el impulso vanguardista en la poesía aubiana, corroborado por la publicación de “A”, que constituirá, sin duda, un primer punto de inflexión en su producción poética.
Es curioso el paralelismo del soneto “Treinta años de José Medina”, sociólogo valenciano y amigo de juventud de Max Aub, a quien también dedicó el libro Geografía, con “A” (presencia de referencias mitológicas en torno al tema del amor perdido, elección del soneto como forma estrófica, actitud lírica de apóstrofe a un “tú” misterioso en una “deleitosa suma de noches”).
Parecen años vacilantes, pero, en realidad, son los años de despliegue del Max Aub proteico que alcanzará su plenitud durante los años de exilio. Los años veinte han sido los años en que Max Aub, además, profundiza en su relación con la prensa escrita. Se suscribe a la Nouvelle Revue Française y a España y es asiduo lector de Revista de Occidente
Recordemos que hacia 1930 empiezan a manifestarse con claridad líneas críticas por parte de los escritores hacia la Dictadura cuyo objetivo es la proclamación de la república. Es el caso de la revista Nueva España. Al mismo tiempo, empieza a sentirse el arte de vanguardia como una sensibilidad en vías de liquidación, a favor del nuevo arte “de avanzada” que se afirmará en años sucesivos.
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