No pretendimos encontrar extraordinarias piezas descriptivas referentes a la cocina, pero l lama la atención un conjunto de versiones sobre los verbos más empleados para deleite y desafío de Alexis Márquez Rodríguez. Citemos a modo de ejemplo: polvorear, polvorar, expolvorear, empolvorear; agregar, añadir, adicionar; flamear, flambear; freir, fritar; levar; marinar, marinear; glasear; cernir, cerner; confitar; cocer, cocinar; desleir. Sinónimos son: batir, licuar; biscuit, panecillos pequeños; judías, habichuelas; marshmallows, carlotas. Detengámosnos un poco en términos foráneos o inhabituales, pues, unas veces se escribe crepas (Variedades, 24/05/71, Nr. 406), crépes (Páginas, 16/02/74, Nr. 992) y crepés (Variedades, 20/09/71, Nr. 421); spaghetti (Páginas, 25/10/69, Nr. 767), spaguetis (Variedades, 02/04/70, Nr. 348), spaguettis (Variedades, 14/06/71, Nr. 409); strudel (Variedades, 16/10/68, Nr. 324), estrudel (Variedades, 04/02/74, Nr. 498). Usualmente se duda entre maicena y maizina; mercocha y melcocha; salcochar y sancochar; fois-gras y fois-grass; aliñar, adobar, aderezar, condimentar, sazonar. Mencionemos también: sopa, crema, hervido, potaje. En Ana Teresa Cifuentes, el potaje a la juliana es diferente a la sopa del mismo nombre (“La perfecta ama de casa”, Seleven, tomo I, p. 72). Y no es fácil aceptar una salsa para melocotones (Páginas, 17/04/71, Nr. 844), cuando la creemos propia de las comidas saladas.
Es notoria la presencia de una tecnología que no lograba traducirse en la cocina venezolana al principiar los sesenta. No había la “picadora” o el “microondas”, aunque no lo crean las recientes generaciones asi como tampoco dibujan la inexistencia del cassette para grabar instantáneamente o del refresco en lata. Por aquellos años hubo denominaciones muy inseguras: unas veces se dice “papel de estaño”, “papel plateado” y sólo más tarde aparecerá el “papel de aluminio”. Se habló del “heavy duty aluminun foil” y del papel de aluminio laminado (Vanidades Continental, 15/05/63, Nr. 10). La industria y la publicidad van domesticando el argot.
La “lata” o “latica” sustituye como medida a la feudal o preindustrial “raja”, aunque sigue hablándose de “manojito”, “pizca”, “cabo”. La cucharada “sopera” y la “taza” se impone y, en menor proporción, expresiones como “vaso” o “copita”.
A mi modo de ver, hay expresiones que transmiten la atmósfera del plato: cocedura, guarnición, picoso. Es menos frecuente leer “hágales una cavidad bastante profunda” a las papas (Variedades, 06/02/69, Nr. 288) o “perfumar con ron” (Páginas, 03/09/68, Nr. 707). Y nombres poéticos como “huevos prisioneros” (Variedades, 22/08/77, Nr. 681).