



La dura competencia de la televisión comercial ha abierto distintos derroteros a la cocina para asombro de quienes, incluso, la creían vedada a la ciencia y tecnología de entretenimiento. Maestros reales e imaginarios intentan transmitir los secretos, sabores, olores y colores de platos escondidos por mucho tiempo a las masas exhaustas de la cocina prefabricada e instantánea que puebla las calles y avenidas del globo terráneo. No obstante, puede aseverarse que la industrialización de las hornillas como acto recreativo, tiene sólidos antecedentes en los medios impresos que, décadas atrás, posiblemente no adivinaron cuán lejos llegaría en el territorio audiovisual.
Al hurgar la vieja hemerografía venezolana, en la búsqueda de datos que nos permitieran concretar ciertos acontecimientos políticos, fue inevitable dar un vistazo a los recetarios que asomaban e interpretaban un cambio de época. E inadvertidamente, apuntamos las características de una cocina de divulgación pocas veces suscrita por un autor o el manejo de un lenguaje raramente poético al que le preocupaba la traducción de términos franceses o anglosajones, tomando también una muestra de valor sociológico en la medida que retrataba una transformación de estilos y expectativas muy acordes con las ya añejas bonanzas dinerarias de un país dependiente de la renta petrolera.
Las revistas presuntamente destinadas a la mujer, por ejemplo, planteaban un modelo subyacente de la relación de pareja o la administración del hogar, atreviéndose al tratamiento de temas considerados como serios que podrían ayudar a la distinción social. Una suerte de frivolización del momento histórico, nos avisa de secciones empeñadas en el lucido tratamiento de un tema adecuado a un acto de festividad, como la nacionalización de la industria del petróleo, bajo el significativo título “No se quede callada” (Variedades: 10/02/75, Nr. 550); “para no aburrir al marido” con “cuentos de vecinas o pañales de bebé”, sugería a algún novelista o poeta; (Ellas, 01/69, Nr. 111); o en el grotesco experimento de “pensamientos”, se deslizaba aquello de “familia con buena comida permanece unida” (Páginas, 18/04/67, Nr. 635).
La cocina fue ganando espacios en medios no especializados en ella, siendo útiles los recetarios para promover productos, artefactos y servicios, así sacrificara el modo de preparación enunciando apenas los ingredientes, como fue el caso de unos champiñones a la griega (Variedades, 09/04/70, nr. 379). A veces, esos recetarios no aparecían (Páginas, 22/04/69, Nr. 740; Variedades, 02/08/71, Nr. 416; o Momento, 10/10/71), imaginando las dificultades en la venta de los espacios publicitarios.
Ejercicio de precisión, por lo que respecta a una muestra de las revistas que por entonces circulaban en Venezuela, adivinamos en la literatura gastronómica un curioso antecedente del actual y muy rentable apogeo audiovisual de la cocina que, igualmente, facilita la familiarización con autores complementariamente editados, difundiendo valores y estilos de placer en sociedades que los ansían, independientemente de sus niveles de desarrollo económico. La infopista facilita la promoción de escritores, cronistas y fabricantes de recetas, con tópicos que muy bien pueden atrapar la atención de poetas, cuentistas y novelistas en la dura faena de actualización de los referentes y de materiales culinarios se hicieron obras muy afamadas, siendo “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel una de las más conocidas, o motivando ensayos que convocan a una docente de física y química y a otra de lengua castellana y literatura, sobre la nueva cocina en la novela picaresca (http://www.jimena.com/cocina/apartados/picaresca.htm)
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