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La psicología de masas del fascismo - Sobre la psicología de masas en la clase media

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Artículo creado por Wilhelm Reich. Extraido de: http://www.lainsignia.org
14 de Septiembre de 2005
Historia

4 - Sobre la psicología de masas en la clase media

Establecimos que el éxito de Hitler no se debe ni a su "personalidad", ni al papel objetivo que desempeñó su ideología dentro del capitalismo. Por otra parte, tampoco se le puede atribuir al simple "ofuscamiento" que suscitó en las masas que lo seguían. Hemos puesto el dedo en el meollo del asunto. ¿Qué sucedía al interior de las masas como para llevarlas a seguir los dictados de un partido cuyo liderazgo, tanto de manera objetiva como subjetiva, era diametralmente opuesto a los intereses de la clase trabajadora?

Para responder a esta pregunta, antes debemos recordar que, durante su primera incursión exitosa, el movimiento Nacional Socialista se apoyó en las amplias capas de las llamadas clases medias, es decir, los millones de empleados públicos y privados, los comerciantes de la clase media y el campesinado de las clases bajas y medias. Desde el punto de vista de su base social, el Nacional Socialismo era un movimiento de la clase media, y lo fue en cualquier parte que surgiera, ya sea en Italia, Hungría, Argentina o Noruega. Es por ello que la clase media baja, que anteriormente se situaba al lado de las diferentes democracias burguesas, tuvo que haber experimentado una transformación interna que la llevó a cambiar su posición política. La situación social y la estructura psicológica asociada a ella en las clases medias bajas, nos permiten explicar las similitudes y las diferencias básicas entre la ideología de la burguesía liberal y los fascistas.

La clase media baja fascista es la misma que la clase media baja de la democracia liberal, pero en un diferente periodo histórico del capitalismo. Durante los años electorales, entre 1930 y 1932, el Nacional Socialismo obtuvo sus nuevos votos casi exclusivamente del Partido Nacional Alemán y de las pequeñas facciones partidistas existentes en el Reich alemán. Sólo el centro Católico mantuvo su posición, aún en la elección prusiana de 1932. No fue sino hasta esta última elección cuando el Nacional Socialismo logró también una incursión exitosa al interior de las masas de los trabajadores industriales. La clase media fue, y continuó siendo, el bastión de la esvástica. Esta misma clase, como defensora de la causa del Nacional Socialismo, fue la que irrumpió en la arena política y contuvo la reconstrucción revolucionaria de la sociedad durante la convulsión económica más severa que había experimentado el sistema capitalista (1929-32).La interpretación política de la reacción, en cuanto a la importancia de la clase media, fue absolutamente correcta. En un folleto del Partido Nacional Alemán, con fecha del 8 de abril de 1932, puede leerse: "La clase media tiene una importancia decisiva para la existencia del Estado."

Después del 30 de enero de 1933, la cuestión de la importancia social de la clase media fue ampliamente discutida por la izquierda. Hasta entonces se le había prestado muy poca atención a esta clase, en parte porque todos los intereses se enfocaban en el desarrollo de la reacción política y del liderazgo autoritario del Estado y, en parte, porque una línea de cuestionamiento basada en la psicología de masas era impensable para los políticos. A partir de ese momento, en diferentes ámbitos, se le otorgó paulatinamente una mayor prominencia a la "rebelión de la clase media". Al estudiar las discusiones sobre este tema, sobresalen dos puntos de vista: el primero afirmaba que el fascismo "no era sino" el partido guardián de la clase media alta; el segundo, sin restarle importancia a este hecho, hacía hincapié en "la rebelión de las clases medias"; a consecuencia de ello, los exponentes de esta tesis fueron acusados de omitir el papel reaccionario del fascismo. Para sustentar tal acusación, se mencionaba el nombramiento de Thyssen como dictador económico, la disolución de las organizaciones económicas de la clase media y el rechazo a la "segunda revolución"; en síntesis, se hacia referencia al carácter reaccionario sin ambages del fascismo, que se volvió cada vez más evidente y pronunciado desde finales del mes de junio de 1933.

Ciertos elementos ocultos se evidenciaron durante estas discusiones tan acaloradas. El hecho de que, al hacerse del poder, el Nacional Socialismo se mostró, cada vez más, como un nacionalismo imperialista cuyas intenciones eran las de eliminar cualquier contenido "socialístico" que tuviera el movimiento, y prepararse para una guerra con todos los medios a su alcance, no se contradecía con el hecho de que el fascismo tenía respeto por sus bases populares y que, en realidad, constituía un movimiento de la clase media. Si no hubiese prometido luchar en contra del gran capital, Hitler nunca habría logrado el apoyo de las clases medias. Obtuvo su respaldo para conseguir la victoria porque estaban en contra de ese gran capital. Debido a la presión que ejercieron las clases medias, las autoridades se vieron obligadas a adoptar medidas anticapitalistas, del mismo modo que, más tarde, tuvieron que abandonarlas bajo la presión del gran capital. Si no se distinguen los intereses subjetivos de las masas que conforman la base de un movimiento reaccionario, de la función objetiva reaccionaria -los dos se contradicen uno al otro pero se reconcilian bajo el manto de la totalidad del movimiento nazi- no es posible comprender todo esto. El primero tiene que ver con los intereses reaccionarios de las masas fascistas, mientras que el segundo se refiere al papel reaccionario del fascismo. Todas las contradicciones del fascismo se originan en la antítesis de estas dos facetas del movimiento, del mismo modo que su recomposición en una figura única, el "Nacional Socialismo", caracteriza al movimiento de Hitler. Dada la necesidad del Nacional Socialismo de hacer hincapié en su carácter de movimiento de clase media (antes de su llegada al poder e inmediatamente después),de hecho fue anticapitalista y revolucionario. Sin embargo, no despojó al gran capital de sus derechos y, ante la urgencia de consolidar y mantener el poder que había alcanzado, su función en pro del capitalismo se llevó cada vez más al primer plano hasta que, finalmente, el movimiento se convirtió en el partidario más acérrimo del imperialismo y del orden económico capitalista. Sobre el particular, resulta del todo irrelevante saber cuántos de sus líderes tenían una filiación socialista honesta o deshonesta (¡de acuerdo a su definición de esta palabra!), al igual que carecía de importancia saber cuántos de entre ellos eran impostores consumados y traficantes del poder. Una política radical antifascista no puede basarse en estas consideraciones. Todo lo necesario para entender el fascismo alemán y su ambivalencia, podía aprenderse a partir de la historia del fascismo italiano, ya que éste último mostraba también la reconciliación, en un todo, de estas dos funciones, contradictorias en sentido estricto.

Quienes niegan la función de las masas como base del fascismo o no le conceden la importancia que amerita, se quedan atónitos ya que, en su opinión, la clase media que no posee los principales medios de producción y que no trabaja con ellos no puede convertirse en una fuerza motriz permanente de la historia y, por lo mismo, debe oscilar entre el capital y los trabajadores. No comprenden que la clase media puede ser y es "una fuerza motriz de la historia", tal vez no de manera permanente, pero sí temporal, como lo hemos aprendido del fascismo italiano y alemán. No sólo nos referimos a la demolición de las organizaciones obreras, a los innumerables sacrificados y a la irrupción de la barbarie; más allá de todo esto, el fascismo impidió que la crisis económica se tradujera en un levantamiento político, en una revolución social. Dicho claramente: mientras mayor sea la amplitud e importancia de los estratos de la clase media de una nación, más decisiva será su participación como una fuerza social efectiva. A partir de 1933, y hasta 1942, nos hallamos frente a la paradoja de que el fascismo había sido capaz de aventajar al internacionalismo revolucionario social como un movimiento internacional. Los socialistas y los comunistas estaban tan seguros del progreso del movimiento revolucionario en relación con el de la política de la reacción, que cometieron un rotundo suicidio político, aunque eran guiados por las mejores intenciones. Este punto amerita una atención muy particular. El proceso que ocurrió durante la última década en las diversas capas de la clase media en todos los países, merece una atención mayor que la opinión tan banal y trillada de que el fascismo constituye la reacción política llevada al extremo. La simple constatación de la naturaleza reaccionaria del fascismo no permite el desarrollo de una política opuesta que resulte efectiva, como se demostró ampliamente con los sucesos ocurridos entre 1928 y 1942.

La clase media se involucró en los acontecimientos e hizo su aparición como fuerza social a través del fascismo. Por lo mismo, lo que importa, no son los propósitos reaccionarios de Hitler o de Göering, sino los intereses sociales de los diversos estratos de la clase media. Dadas las características de su estructura, la clase media posee un poder social que supera ampliamente su importancia económica. Se trata de la clase encargada de preservar nada menos que millares de años de patriarcado y de perpetuarlo con todas sus contradicciones.

El simple hecho de que exista un movimiento fascista es, sin duda, la expresión social del imperialismo nacionalista. No obstante, para que este movimiento fascista se convirtiera en un movimiento de clases y que lograra, además, tomar el poder (cumpliendo, a partir de ahí, su función en pro del imperialismo), debió contar con el apoyo absoluto que recibió de la clase media. Sólo al tomar en cuenta estas contradicciones y antítesis, cada una por separado, es posible comprender el fenómeno del fascismo.

La posición social de la clase media está determinada por: 1. Su posición dentro del proceso capitalista de producción. 2. Su posición dentro del aparato autoritario del estado. 3. Su particular situación familiar que depende directamente de su posición en el proceso de producción, y que representa la clave para entender su ideología. Sin duda existen diferencias en la situación económica de los pequeños campesinos, de los burócratas y de los empresarios de clase media, pero la naturaleza básica de su situación familiar es la misma.

Durante el siglo XIX, el veloz desarrollo de la economía capitalista, la rápida y continua mecanización de la producción, la amalgama de las diversas ramas productivas en sindicatos monopólicos y mutualidades, representa el origen de la pauperización progresiva de los pequeños comercios y negocios de las clases medias bajas. Incapaces de competir con las grandes empresas de mayor rentabilidad económica, las pequeñas firmas se arruinaron sin posibilidad alguna de recuperación.

"La clase media no puede esperar de este sistema sino una aniquilación despiadada. La cuestión es la siguiente: o nos hundimos todos en la profunda y gris desolación del proletariado, en donde todos poseemos lo mismo, es decir casi nada, o bien la energía y la aplicación le permitirán de nuevo al individuo estar en posición de adquirir una propiedad, gracias al arduo trabajo. ¡Clase media o proletariado! ¡Esta es la cuestión!" - tal fue la advertencia de los Nacionalistas alemanes antes de la elección para la presidencia de la república en 1932. Los Nacional Socialistas actuaron con menor descaro; en su propaganda evitaron instigar una división marcada entre la clase media y el grueso de los trabajadores de la industria; este enfoque resultó más provechoso.

La lucha en contra de las grandes tiendas desempeñó una función preponderante en la propaganda del NSDAP. La contradicción entre el papel del Nacional Socialismo en favor de las grandes empresas, y los intereses de la clase media de la que derivaba su principal apoyo, se aprecia en la conversación de Hitler con Knickerbocker:

«Las relaciones germano-americanas no habrán de depender de una mercería cualquiera [refiriéndose a la situación de la tienda Woolworth en Berlín] ... la presencia de ese tipo de empresas promueve el bolchevismo... destruyen a numerosas empresas pequeñas. No las sancionaremos por estos motivos, pero pueden estar seguros de que sus empresas de esta naturaleza que se establezcan en Alemania, recibirán el mismo trato que las empresas alemanas similares.» 2

Las deudas de las empresas privadas con los países extranjeros representaban una enorme carga para la clase media. Dado que su política exterior dependía de la solución de las reclamaciones extranjeras, Hitler favorecía el pago de estas deudas privadas; no obstante, sus partidarios demandaban la anulación de las mismas. Por ello, la clase media baja se rebeló "en contra del sistema", en alusión al "régimen marxista" de la Socialdemocracia.

A pesar de la urgencia de los estratos inferiores de la clase media -bajo la presión de la crisis- de formalizar alianzas organizativas, la competencia económica que enfrentaban las pequeñas empresas operaba en contra del establecimiento de un sentimiento de solidaridad equivalente al de los trabajadores industriales. Como consecuencia de su situación social, el individuo de la clase media baja no podía aliarse ni con su propia clase ni con los obreros. No podía hacerlo con su clase porque, al interior de ella, reinaba la ley de la competencia, y tampoco con los trabajadores, porque su mayor temor era precisamente la proletarización. Sin embargo, el movimiento fascista logró construir una alianza dentro de la clase media baja. ¿Cuál fue la base de esta alianza en cuanto a la psicología de masas?

Hallamos la respuesta a lo anterior en la posición social de los empleados públicos y privados de la clase media y baja. La posición económica del empleado promedio es inferior a la de los trabajadores industriales calificados; esta situación más precaria, de algún modo se ve compensada por la exigua perspectiva de hacer carrera y, en el caso de un empleado gubernamental, por una pensión vitalicia. De modo que, bajo la autoridad del gobierno, prevalece una actitud de competencia hacia sus colegas, lo que se contrapone al desarrollo de la solidaridad. La conciencia social del empleado no está influenciada por el destino que comparte con sus compañeros de trabajo, sino por su actitud respecto al gobierno y a la "nación". Ello se traduce en una total identificación con el poder del Estado 3 y, en el caso del empleado de una compañía, en su identificación con la misma. Es tan sumiso como el trabajador industrial. ¿Por qué, entonces, no desarrolla un sentimiento de solidaridad como sucede con el trabajador de la industria? Esto se debe a su posición intermedia entre la autoridad y el conjunto de los trabajadores manuales. Aunque es un subordinado de los que se encuentran en la cima, para los que se sitúan por debajo de él, constituye un representante de la autoridad y disfruta, como tal, de una posición moral (y no material) de privilegio. En términos de psicología de masas el arquetipo de este personaje en el ejército es el sargento.

Los mayordomos, valets y otros empleados de las familias aristocráticas de estas características, son un ejemplo flagrante del poder de esta identificación. Al adoptar las actitudes, la forma de pensar y el porte de la clase dominante, experimentan un cambio radical y, en su afán de minimizar sus orígenes humildes, a menudo se convierten en una caricatura de la gente a la que sirven.

Esta identificación con la autoridad, la empresa, el Estado, la nación, etcétera, que puede formularse como "Yo soy el Estado, la autoridad, la empresa, la nación", constituye una realidad psíquica, y es una de las mejores ilustraciones de una ideología que se ha convertido en una fuerza material. Al inicio, la idea misma de imitar a sus superiores es la que estimula la mente del empleado o del oficial pero, gradualmente, a causa de su creciente dependencia material, toda su personalidad se remodela de acuerdo a los lineamientos de la clase dominante. Deseoso en todo momento de complacer a la autoridad, el individuo de la clase media baja crea una división entre su situación económica y su ideología. Vive bajo condiciones materiales muy precarias, pero asume aires de nobleza hacia afuera, muchas veces hasta caer en el ridículo. Se alimenta de mala manera y en cantidades insuficientes, pero le otorga una gran importancia a una "vestimenta decente". El sombrero de seda y el abrigo de vestir se convierten en el símbolo material de la estructura de su personalidad. Y nada es más adecuado para obtener una primera impresión de la psicología de masas de un pueblo que su manera de vestir. La actitud obsequiosa que caracteriza, de manera específica, a la clase media baja es la que distingue al hombre de esta clase del trabajador industrial.4

¿Qué tan lejos llega esta identificación con la autoridad? Ya hemos constatado que dicha identificación existe. Sin embargo, la cuestión es saber hasta qué punto -más allá de las condiciones económicas existenciales que lo afectan directamente- los factores emocionales refuerzan y consolidan la actitud del individuo de clase media baja, al grado de que su estructura no varía en tiempos de crisis, e incluso cuando el desempleo destruye la base económica inmediata.

Afirmamos anteriormente que las posiciones económicas de varios de los estratos de la clase media baja son diferentes, pero que los rasgos fundamentales de su situación familiar son los mismos. En esta situación familiar es donde encontramos la clave de las bases emocionales de la estructura descrita anteriormente.
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