La psicología de masas del fascismo - Antecedentes de Hitler
14 de Septiembre de 2005
Historia
El führer que encabezó la rebelión de las clases medias alemanas era hijo de un burócrata. Esta circunstancia nos lleva a un conflicto característico dentro de la estructura de masas de la clase media. Su padre deseaba que se convirtiera en burócrata; sin embargo, el hijo se insubordinó en contra del plan paterno y resolvió que no obedecería "por ningún motivo"; se dedicó a la pintura y, en el proceso, cayó en la pobreza. A pesar de ello, la rebeldía en contra del padre siempre estuvo acompañada por el respeto y la aceptación de su autoridad. Esta actitud ambivalente hacia la autoridad -rebelión en contra de, aunada a aceptación y sumisión- constituye un rasgo característico de todas las estructuras de la clase media, desde la pubertad hasta la edad adulta, y es especialmente pronunciada en aquellos individuos que provienen de situaciones materiales precarias.
Hitler habla de su madre con gran sentimiento. Afirma que lloró sólo una vez en su vida, cuando ella murió. Su rechazo al sexo y su idolatría neurótica de la maternidad son evidentes en su teoría sobre la raza y la sífilis. (Véase el siguiente capítulo).
Cuando era un joven nacionalista que vivía en Austria, Hitler decidió emprender la lucha en contra de la dinastía austriaca que había "eslavizado a la patria alemana". En sus polémicas en contra de los Habsburgo, la acusación de que existían varios sifilíticos entre ellos ocupa un lugar preponderante. Uno no le prestaría mucha atención a este factor, de no ser porque la idea del "envenenamiento de la nación", y su actitud en general acerca de la sífilis, se plantean una y otra vez y, más adelante, después de la toma del poder, constituyen un punto central de su política doméstica.
En un principio, Hitler simpatizaba con los socialdemócratas porque estos últimos encabezaban la lucha a favor del sufragio universal, lo que habría permitido el debilitamiento del "regimen de los Habsburgo" que él detestaba. Sin embargo, Hitler sentía animadversión por el énfasis de la Socialdemocracia en contra de las diferencias de clases, su rechazo de la nación, de la autoridad del estado, de la propiedad privada de los medios sociales de producción, de la religión y de la moral. Lo que finalmente lo condujo a apartarse de los socialdemócratas ocurrió cuando se le invitó a formar parte de un sindicato. Se negó y justificó su negativa demostrando por vez primera su perspicacia acerca del papel desempeñado por la Socialdemocracia.
Bismarck se convierte en su ídolo; había logrado la unificación de la nación alemana después de luchar contra la dinastía austriaca. Agrupaciones como la antisemita Lueger y la nacionalista alemana Schönerer jugaron un papel preponderante en el futuro desarrollo de Hitler. A partir de ese momento, su programa se basa en designios nacionalistas e imperialistas que intenta alcanzar a través de métodos diferentes, más indicados que aquellos que había empleado la antigua "burguesía" nacionalista. Los medios que utiliza están determinados por su reconocimiento de la efectividad del poder marxista organizado, y por su comprensión de la importancia que revisten las masas dentro de cualquier movimiento político.
«...Sólo hasta que la visión internacionalista del mundo -dirigida políticamente por el marxismo organizado- se vea confrontada por una visión popular del mundo, organizada y conducida con el mismo sentido de unidad y, suponiendo que la energía combativa sea equivalente en ambos bandos, habrá de inclinarse el triunfo hacia el campo de la verdad eterna. »
«...Lo que resultó determinante para el éxito de la visión internacionalista fue su conducción por parte de un partido político organizado en base a tropas de asalto; la causa de la derrota de la visión opuesta sobre el mundo se debió, hasta la fecha, a la ausencia de un cuerpo unificado que la representara. No es la libertad irrestricta para interpretar la visión generalizada, sino la opción limitante, pero integradora, de una organización política la que permitirá luchar por una visión mundial y conquistarla.»
Muy pronto, Hitler descubrió la inconsistencia de las políticas de la Socialdemocracia y la impotencia de los viejos partidos burgueses, incluyendo al Partido Nacional Alemán.
«Los partidos "burgueses", como se denominaron ellos mismos, nunca serán capaces de atraer a sus filas a las masas "proletarias"; estamos frente a dos mundos que se oponen, en parte de manera natural, y en parte como resultado de una división artificial, y cuya relación mutua sólo puede ser de lucha. El más joven será el victorioso -y de esto se trata el marxismo.»
Hitler se encontró frente a las siguientes interrogantes: ¿cómo llevar la idea del Nacional Socialismo a la victoria? ¿De qué modo podía combatirse el marxismo en forma efectiva? ¿Cómo se debe actuar para acercarse a las masas?. Con estas dudas en mente, Hitler apela a los sentimientos nacionalistas de las masas, pero, al mismo tiempo, decide desarrollar su propia técnica de propaganda y emplearla de manera consistente para organizar a las masas, como lo había hecho el marxismo.
Así, lo que él desea, -y lo admite abiertamente- es instaurar un imperialismo nacionalista, a partir de métodos que se apropian del marxismo, incluyendo su técnica de organización de masas. Sin embargo, el éxito de esta forma de organización de masas debe atribuírsele a las masas y no a Hitler. La estructura autoritaria del hombre, temerosa de la libertad, fue la que permitió que su propaganda echara raíces. Por ello, la importancia que adquiere Hitler en términos sociológicos no surge de su personalidad, sino de la importancia que le confieren a él las masas. Lo que torna aún más complejo el problema es el absoluto desprecio que le profesa Hitler a esas masas, de cuyo auxilio necesitaba para concretar sus ideas imperialistas. En lugar de esgrimir una serie de pruebas para demostrar este argumento, basta con una cándida confesión: "...el humor del pueblo no era más que el desecho de aquello que se canalizaba hacia la opinión pública desde arriba".
¿De qué forma estaban constituidas estas estructuras de las masas, para que, a pesar de todo esto, acabaran empapándose de la propaganda de Hitler?
Hitler habla de su madre con gran sentimiento. Afirma que lloró sólo una vez en su vida, cuando ella murió. Su rechazo al sexo y su idolatría neurótica de la maternidad son evidentes en su teoría sobre la raza y la sífilis. (Véase el siguiente capítulo).
Cuando era un joven nacionalista que vivía en Austria, Hitler decidió emprender la lucha en contra de la dinastía austriaca que había "eslavizado a la patria alemana". En sus polémicas en contra de los Habsburgo, la acusación de que existían varios sifilíticos entre ellos ocupa un lugar preponderante. Uno no le prestaría mucha atención a este factor, de no ser porque la idea del "envenenamiento de la nación", y su actitud en general acerca de la sífilis, se plantean una y otra vez y, más adelante, después de la toma del poder, constituyen un punto central de su política doméstica.
En un principio, Hitler simpatizaba con los socialdemócratas porque estos últimos encabezaban la lucha a favor del sufragio universal, lo que habría permitido el debilitamiento del "regimen de los Habsburgo" que él detestaba. Sin embargo, Hitler sentía animadversión por el énfasis de la Socialdemocracia en contra de las diferencias de clases, su rechazo de la nación, de la autoridad del estado, de la propiedad privada de los medios sociales de producción, de la religión y de la moral. Lo que finalmente lo condujo a apartarse de los socialdemócratas ocurrió cuando se le invitó a formar parte de un sindicato. Se negó y justificó su negativa demostrando por vez primera su perspicacia acerca del papel desempeñado por la Socialdemocracia.
Bismarck se convierte en su ídolo; había logrado la unificación de la nación alemana después de luchar contra la dinastía austriaca. Agrupaciones como la antisemita Lueger y la nacionalista alemana Schönerer jugaron un papel preponderante en el futuro desarrollo de Hitler. A partir de ese momento, su programa se basa en designios nacionalistas e imperialistas que intenta alcanzar a través de métodos diferentes, más indicados que aquellos que había empleado la antigua "burguesía" nacionalista. Los medios que utiliza están determinados por su reconocimiento de la efectividad del poder marxista organizado, y por su comprensión de la importancia que revisten las masas dentro de cualquier movimiento político.
«...Sólo hasta que la visión internacionalista del mundo -dirigida políticamente por el marxismo organizado- se vea confrontada por una visión popular del mundo, organizada y conducida con el mismo sentido de unidad y, suponiendo que la energía combativa sea equivalente en ambos bandos, habrá de inclinarse el triunfo hacia el campo de la verdad eterna. »
«...Lo que resultó determinante para el éxito de la visión internacionalista fue su conducción por parte de un partido político organizado en base a tropas de asalto; la causa de la derrota de la visión opuesta sobre el mundo se debió, hasta la fecha, a la ausencia de un cuerpo unificado que la representara. No es la libertad irrestricta para interpretar la visión generalizada, sino la opción limitante, pero integradora, de una organización política la que permitirá luchar por una visión mundial y conquistarla.»
Muy pronto, Hitler descubrió la inconsistencia de las políticas de la Socialdemocracia y la impotencia de los viejos partidos burgueses, incluyendo al Partido Nacional Alemán.
«Los partidos "burgueses", como se denominaron ellos mismos, nunca serán capaces de atraer a sus filas a las masas "proletarias"; estamos frente a dos mundos que se oponen, en parte de manera natural, y en parte como resultado de una división artificial, y cuya relación mutua sólo puede ser de lucha. El más joven será el victorioso -y de esto se trata el marxismo.»
Hitler se encontró frente a las siguientes interrogantes: ¿cómo llevar la idea del Nacional Socialismo a la victoria? ¿De qué modo podía combatirse el marxismo en forma efectiva? ¿Cómo se debe actuar para acercarse a las masas?. Con estas dudas en mente, Hitler apela a los sentimientos nacionalistas de las masas, pero, al mismo tiempo, decide desarrollar su propia técnica de propaganda y emplearla de manera consistente para organizar a las masas, como lo había hecho el marxismo.
Así, lo que él desea, -y lo admite abiertamente- es instaurar un imperialismo nacionalista, a partir de métodos que se apropian del marxismo, incluyendo su técnica de organización de masas. Sin embargo, el éxito de esta forma de organización de masas debe atribuírsele a las masas y no a Hitler. La estructura autoritaria del hombre, temerosa de la libertad, fue la que permitió que su propaganda echara raíces. Por ello, la importancia que adquiere Hitler en términos sociológicos no surge de su personalidad, sino de la importancia que le confieren a él las masas. Lo que torna aún más complejo el problema es el absoluto desprecio que le profesa Hitler a esas masas, de cuyo auxilio necesitaba para concretar sus ideas imperialistas. En lugar de esgrimir una serie de pruebas para demostrar este argumento, basta con una cándida confesión: "...el humor del pueblo no era más que el desecho de aquello que se canalizaba hacia la opinión pública desde arriba".
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