En estos casos, la red víctima no puede hacer nada. Aunque filtre el tráfico en sus sistemas, sus líneas estarán saturadas con tráfico malicioso, incapacitándolas para cursar tráfico útil. Un ejemplo habitual es el de un teléfono: si alguien nos quiere incordiar, sólo tiene que llamarnos por teléfono, de forma continua. Y si descolgamos el teléfono para que deje de molestar, nos encontramos con que tampoco podemos recibir llamadas de otras personas. Este problema es habitual, por ejemplo, cuando alguien intenta mandarnos un fax empleando nuestro número de voz, y el fax insiste durante horas y horas... sin que el usuario llamado pueda hacer nada al respecto.
En el caso de "net flooding" ocurre algo similar. Aunque filtremos el ataque en nuestro cortafuegos, nos encontramos con que nuestras líneas estarán tan saturadas de tráfico que las conexiones auténticas simplemente no pueden competir. En casos así el primer paso a realizar es el ponerse en contacto con nuestro "carrier" (el operador de "backbone") para que intente determinar la fuente del ataque y, como medida provisional, filtre el ataque en su extremo de la línea (normalmente de bastante mayor capacidad que nuestro extremo).
El siguiente paso consiste en localizar las fuentes del ataque e informar a sus administradores, ya que seguramente se estarán usando sus recursos sin su conocimiento y consentimiento. Si el atacante emplea "ip spoofing", esto puede ser casi imposible.
En muchos casos, la fuente del ataque es, a su vez, víctima. El origen último puede ser prácticamente imposible de determinar.
Este paso puede ser bastante lento y requerir la ayuda del personal técnico del "carrier" o "backbone". Si el ataque dura poco tiempo, un par de horas, puede resultar imposible movilizar los recursos necesarios para localizar su fuente.