



Me gustaría resaltar este reciente intento por parte de Marta Harnecker de hacer todavía viable, en este nuevo contexto socio-histórico, el análisis crítico de corte marxista. Esta autora advierte sobre el patente fenómeno de la internacionalización del proceso productivo, que discurre en coincidencia con la mundialización de los mercados de capitales. No creo descabellada la idea de que la relocalización del proceso productivo, en virtud del principio de la minimización de los costes, significa una difusión planetaria del sistema capitalista de explotación en proporciones hasta ahora desconocidas.
Manuel Castells define el concepto de red como "conjunto de nodos interconectados. Un nodo es el punto en el que una curva se intersecta a sí misma. Lo que un nodo es concretamente, depende del tipo de redes a que nos refiramos" (Castells, 1997: 506).
Citado por Reg Whitaker en "El fin de la privacidad" (Whitaker, 1999).
En concreto, "el ‘feudalismo’ como metáfora se muestra especialmente inepto cuando pretendemos comparar un sistema enraizado en la permanencia y la inmovilidad, en la tradición y en las costumbres, con otro basado en el cambio febril, en la liquidación y recreación constantes, en el movimiento casi por el movimiento mismo" (Whitaker, 1999: 199).
Jeremy Bentham ideó este proyecto como escenario de una vigilancia permanente, que, en realidad, no es constante; sin embargo, su propia estructura y organización sugiere eso: la ilusión de un control total invisible. Para un conocimiento de la estructura del edificio panóptico y de su finalidad social ver "El panóptico" (Bentham, 1989).
No obstante, pienso que nos queda la posibilidad de una conceptualización débil, consistente en la identificación parcial de los distintos tipos de elementos-nodos inmersos en la interrelación. Ello por la razón de que no podemos obviar la interacción existente entre un este mundo telemático y lo que sobrevive del mundo de los territorios, las fronteras y las instituciones objetivas -los "lugares". Como ya he indicado, en la cúspide del sistema hemos de situar las grandes corporaciones multinacionales. Ellas, en su calidad de controladoras de las infraestructuras del medio cibernético y de todo el sector de la información y comunicación de masas, en general, juegan un papel dominante. En gran medida, al encarnarse en sujetos identificables como el B.M. y el F.M.I., auténticos focos de irradiación de las consignas vitales. Frente a ellos, o, quizá, junto a ellos, se localizan, de forma complementaria, los estados nacionales subsidiarios. Estos últimos, supeditados a las relaciones, han dejado de ser lo que eran. A pesar de todo, disfrutan todavía de un relevante papel de vehículos canalizadores de las instrucciones corporativas. Además, cumplen funciones primordiales de orden y seguridad. De hecho, la jerarquía diferencial que explica el distinto grado de importancia de cada nodo se basa en la posición destacada, dentro de una "geopolítica del caos", de E.E.U.U. en el ámbito militar, y la tríada E.E.U.U.-Unión Europea-Japón en el económico. Finalmente, habremos de considerar nodos de categoría inferior que podemos definir en torno a las distintas formas de organización no gubernamental de una ciudadanía en crisis. El concepto de "geopolítica del caos" está extraído de "Un mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo" de Ignacio Ramonet (Ramonet, 1997).
Es evidente que desde la óptica de la dialéctica local-global, que define al llamado fenómeno de la globalización, las crisis globales de sentido y las amenazas que se ciernen sobre la identidad convierten a los nacionalismos excluyentes, en tanto reacción antropológica natural, no en una mera reacción, sino en uno de los ingredientes constitutivos esenciales de este nuevo "des-orden" social. Pero, ésta fórmula de resistencia en los "lugares" no es la salida que propongo. Esta perspectiva se puede hallar en "Nacionalismo y globalización: localización-deslocalización simbólica del espacio social" (Vidal, 1997/1998).
|