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La segmentación de los grupos sociales en el espacio urbano: - La región mas transparente (1958) de Carlos Fuentes y Las rei

Artículo creado por Francisco Manzo-Robledo. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/segmenta.html
16 de Septiembre de 2006
AntropologíaCiencias sociales

2 - La región mas transparente (1958) de Carlos Fuentes y Las rei

La segmentación contra la que Norma infructuosamente combate se complica otro poco al intervenir otro eje de definición en la conformación del acto espacio: los valores, algo mencionado por la teoría cultural de masas, en este caso en particular con referencia a relaciones sexuales ilícitas. Los ejemplos en la novela abundan y aquí sólo se mencionan dos, en donde cada parte en la conversación tiene una idea propia del acto-espacio ajeno; en la misma conversación entre Norma y Pimpinela ya antes citada, comentan:

—¡Qué monada. No cabe duda que las gentes que se han criado igual acaban juntándose. Sobre todo en este ambiente tan inmoral. ¿Que te parece lo de Silvia y Caseaux? [pregunta Norma].

—No hay que culparla. Vivía sola, sin la menor atención de su marido, sobre todo en esos pequeños detalles que tanto cuentan. [contesta Pimpinela]

—Yo vivo igual y no me quejo ni ando buscando padrotes, tú.

—Ahí está la diferencia claro. Tú eres gente decente. La decencia da fuerza.

—…

—Son cosas que no se aprenden, Norma…así nos criaron (Corchetes míos, 301)

En otro fragmento de la novela, Gus, el “homosexual de regreso” (16) dice de Pimpinela: “—Y prendida a su virginidad, toda chorita, como si la aristocracia se definiera por el culo. Palabra, Bobó, eso estaba bien cuando México era una aldea y todas las familias se conocían. ¡Pero ahora, con cuatro millones! Francamente, ni quien te lleve la cuenta de los orgasmos” (320).

La hipocresía y la pretensión de clase de Norma se ponen al descubierto por medio de Ixca Cienfuegos, uno de los “guardianes” de los acto-espacios de los personajes importantes en la novela, una especie de conciencia colectiva. Antes de acostarse con ella, éste la inscribe en una posición de “intermediaria social” (309), es decir, un puente de unión entre el pobre enriquecido y los ricos-pobres y los de abolengo, requerido para salvar la distancia abierta por la segmentación.

Vemos pues que en la gran urbe, a la segmentación geográfica y de clase económica, se añade la otra, la de la herencia de sangre y la de género. Para terminar de complicar la situación de la fragmentación grupal, en La región más transparente están los extranjeros que por el hecho de serlo, reciben admiración en los círculos sociales (por ejemplo Pedro Caseaux, “jugador de polo, amante de Silvia Régules” (16)), aunque resulten ser impostores4 como es el caso de “Principe” Vampa que según Bobó (uno de los “satélites”), resultó que “no era más que un cocinero titulado de una pizzería de San Francisco”(441). La segmentación es entonces reforzada por una admiración a la cultura apátrida, especialmente la francesa y la estadounidense (similar a la admiración de Sarmiento). En la novela, esta admiración se hace inminente por la profusión de léxico extranjero entreverado en las conversaciones de los personajes (y con esto no se hace referencia a Gabriel y el Tuno, los que estuvieron de braceros e imitan los sonidos de algunos vocablos en inglés) adoptando también modales de culturas que consideran dominantes. Por ejemplo, Norma hablando de sí misma con Ixca Cienfuegos y bajo los efectos de las copas dice: “—¡Ergo Norma Larragoiti¡ ¡Social Climber Number One! ¡A la bío, a la bau! (309).

En La región más transparente se muestra que dentro del núcleo económico más poderoso, el dinero y el poder no es suficiente para ser plenamente aceptado, y que se produce otra segmentación con una jerarquía como la que sigue: 1) los ricos con “buen” apellido, 2) los de “buen” apellido, aunque no sean ricos, pero que siguen practicando las “buenas” costumbres de la clase alta (estos son los ricos pobres), 3) los ricos extranjeros y 4) los nuevos ricos. Esto se recrudece entonces al aplicarse a las otras clases sociales, que sin dinero y sin linaje permanecen en la inferioridad, siendo los poseedores de los acto-espacios con mayores limitantes. En la novela, esta segmentación, factor importante en la conformación del acto-espacio, es aún más áspera para la mujer. En La región más transparente, a la mujer se la presenta con muchas de las peculiaridades concurrentes en El laberinto de la soledad de Octavio Paz. Esto se ve, por ejemplo, en el siguiente comentario de parte de Natasha (una de las extranjeras ricas, en busca del paraíso, antigua cantante de un cabaret de San Petersburgo, París y Berlín), que al igual que Paz, es profunda observadora del comportamiento de la clase alta mexicana. Habla con Rodrigo:

-¿Sabes que eres muy cariñoso y dulce? Lo sé, querido no lo digas; aquí es muy difícil. Todas las mujeres mexicanas de nuestra clase son unas beatas hipócritas fruncidas o unas putas baratas. Quieren seguridad o manosear, pero no una relación....¿humana? Il faut savoir mener les choses, ¿sabes?

-¿Y quién tiene la culpa?

-Los hombres mexicanos, bien sur. ¿Qué cosa decía la monjita esa? “Hombres necios”, etcétera. Éllos quieren que las mujeres sean beatas o putas, algo definido que no los obligue a gastar mucho la imaginación. ¿Y qué más? ¿Te lo digo? Ecoute: no hay quien me pare de hablar mal de México. ¿Nuevos ricos que no saben qué hacer con su dinero, que sólo tienen eso, como un caparazón de bicho, pero no todas las circunstancias cómo se dice… de gestación que en Europa hasta a la burguesía le dan cierta clase? Claro la burguesía en Europa es una clase; es Colbert y los Rotschild, pero es también Descartes y Montaigne; y produce un Nerval o un Baudelaire que la rehacen. Pero aquí, querido, es como un regalito imprevisto para unos cuantos, on ne saurait pas se débrouiller… No hay, cómo se dice… ligas, se trata de una casta sin tradición, sin gusto, sin talento. Mira sus casas y ¡sale marmite!, sus ajuares; son una aproximación a la burguesía, son toujours les singes… los changuitos mexicanos jugando a imitar a la burguesía. (176)

La observación mordaz de Natasha no termina ahí, continua en otras páginas. Ella es la observadora de la cultura mexicana que desde su posición de extranjera considera tener un lugar privilegiado para juzgarla. De la cita viene a la mente el estereotipo de la mujer como la monja o como Malinche. Norma, su conciencia, expresa con referencia a Federico Robles: “me violaba, me exigía todo de la carne, me rajaba y se rajaba a sí mismo en un esfuerzo divagado por darme toda la gloria de su machismo, en un ejercicio mecánico, frío” (350).

En la novela de Fuentes, el espacio urbano es repartido a los diferentes grupos, y las actividades que cada grupo lleva a cabo atañen a la clase a la que corresponden con su acto-espacio asignado. Así, a los de la clase alta los vemos en fiestas y convivios (Ovando, los burgueses, los extranjeros); los ricos nuevos; los hijos de la Revolución, “preocupados” por el país y su dinero (Federico y Régules); los de la clase baja en los trabajos manuales y de servicios (taxista, sirvienta, secretaria, prostitutas). La región más transparente nos da una fotografía, con buen contraste, pero muy complicada, de cómo se interrelacionan los habitantes en el medio urbano, adaptándose a las condiciones que el medio impone, reinventándose para sobresalir (tal es el caso de Robles, Rodrigo Pola, Régules, Beto y otros) a las dificultades que se presentan, acoplando el acto-espacio personal al hegemónico, aunque esté de por medio el vender los principios personales (como el caso de Rodrigo Pola).

Los personajes de las clases alta en La región más trasparente pertenecen a los que años antes ya había expuesto Luis Spota (1925-85) en forma bosquejada en La estrella vacía (1950) y con mayor precisión en Casi el paraíso (1956); más de treinta años después, en1988, aparecen las mujeres de esa clase en la primera edición de Las reinas de Polanco, que con anterioridad ya habían aparecido en forma de reportes periodísticos.

Las reinas de Polanco es una colección de crónicas, del tipo costumbrista, “crónicas de crisis” según Schaefer-Rodríguez (62). En la contraportada del libro de la edición utilizada en este trabajo (1994), Elena Poniatowska dice:

Nos brinda la crónica de los ricos, pero una crónica que nada tiene que ver con la que durante muchísimos años se hizo en los periódicos, la reseña administrativa de actitudes que se traducían en actividades... un mundo reducido y fácil de reseñar que sin embargo jamás fue reseñado con la ferocidad con la que Guadalupe Loaeza ataca a una sociedad mucho más fragmentada, muchísimo más dispersa y más difícil de encajonar, que es la sociedad de hoy.

Habrá que aclarar que de todas las crónicas en el libro, solamente tres de un total de treinta y ocho se cuelan al otro extremo de la escala económico-social, es decir al de la clase baja: ”Lucha en Las Lomas”, “Una esquina mexicana” y “Payasos mexicanos”. Por eso mejor sería decir que se trata de crónicas de un sector de la sociedad, el mismo del que Luis Spota y Carlos Fuentes ya se habían ocupado.

En 1981-82 (como ya antes había sucedido en 1977), los eventos en México expusieron la fragilidad del sistema económico basado en la bonanza del petróleo. El “milagro económico” (Benjamin Keen 311) era un espejismo creado en falsas expectativas. La deuda externa se encargó de aclarar la atmósfera económica, dejando al espejismo sólo en la memoria y en los bolsillos vacíos del trabajador. En estos años se produjo una de las mayores crisis económicas en la historia del país, con una duración persistente durante toda la década (y que en la actualidad se repite). En 1983 el ingreso per capita en México, medido en dólares, era siete veces menor que el de 1950 (Keen 312). A estos años se refieren las crónicas de Loaeza.

Las reinas de Polanco nos habla de mujeres de la clase alta con acto-espacios bien definidos, vestidas en “’jogging suit’ con niños en los brazos, otras ataviadas con elegantísimos trajes en lino; las más jóvenes, vestidas con conjuntos comprados en Houston, en mezclilla made in Mexico” (23). Las reinas, perjudicadas por la crisis, tratan de adaptarse al estado de sitio económico, es decir, hacen lo mismo que todas las mujeres de las otras clases, con la única diferencia que las reinas compran menos cerezas venidas directamente de Estados Unidos y tratan de pagar los 80 pesos de tortillas con un billete de cinco mil (10), o ya no pueden viajar a Houston o a La Joya “como si se fuera a la esquina para ir de shopping y regresar con las petacas (Louis Vuitton ¡of course!) repletas y revueltas con kilos y kilos de ropa…” (41). Las crónicas confirman lo que ya era del dominio público: la clase alta vive mejor aún durante la crisis. Don Pablo, el carnicero de la Estrella de Polanco, le vende carne a una clienta que le manda postales de la Tour Eiffel: “Don Pablito, ahora voy a llevar dos buenos kilos de filetes muy limpiecitos (5 mil pesos el kilo), porque van a venir mis nietos a comer. Mire le voy a enseñar las fotos” (10). Las crónicas informan: la crisis es real, también la clase alta la sufre, por lo tanto, sus integrantes, también son mexicanos: “¿Te das cuenta, y yo que regresé mis dólares para invertir en México, porque al fin comenzaba a creer en él”(23). Pero al mismo tiempo avivan el efecto de la segmentación al proponer las diferencias en los acto-espacios de los grupos sociales. De los que frecuentan el Café 58 se nos dice que

Allí todos son nice, casi, casi, beautiful people, aunque unos ciertamente, no muy beautifuls que digamos. Pero poco importa, ya que, con sus beautifuls coches estacionados brillantísimos en batería y en doble fila, se sienten soñados, seguros porque son hijos de papi y también de mami y ¿por qué no?, nietos de sus abuelos y primos de sus primos, que también son muy ¡acá!, y viven en Las Lomas y Polanco. (16)

En este establecimiento de ricos, se sienten “super, super”, “at home”, de lo más “relax”, “very mexicans” usando la salsa Tabasco sobre las papas a la francesa (16). Comparemos a éstos con Lucha, vestida con “uniforme de cuadritos rosa y blanco, pequeño mandil riveteado con encaje de tira bordada, sandalias de plástico Windy’s y peinada a la Verónica Castro” (71) o los que

a partir de las diez de la mañana, van llegando listos para trabajar con sus bolsitas de tela donde guardan su botella de plástico y su cuña: el Chicote, el Very, el Hueso, el Búho, el Querreque, el Ruso, Drupi, el Negro, el Pichirilo, el Orejón, el Zorrillo, el Machupichu, el Clash, el Mouse, el Teca, y el Miraviones. Diez y seis chavos en total, que tiene entre doce y diez y siete años, caminan entre los coches y dicen; ‘¿Una repasadita, joven?’. (77)

o el payaso de la calle, Amador Gabino Aceves, con horario de trabajo de 9:00-5:00, edad: tres años, estatura: 70 cms., peso: 17 kilos…(79). La segmentación social se intensifica por la misma obra de Loaeza, un producto de la cultura de masas (todas sus crónicas fueron primeramente artículos periodísticos). También, el desbalance en el número de crónicas intensifica la idea de segmentación social: treinta cinco de la clase alta contra tres de la baja, con una implicación posible de que las actividades de la clase alta, por más vacías que lo parezcan, son más importantes de narrar. El acto espacio de la clase alta es de mayor interés, aunque por otro lado dé la impresión de ser una crítica abierta al sistema.

El continuismo de los mitos también juega un importante papel en lo que es o no aceptado en la sociedad. William B. Gudykunst y Young Yun Kim, nos dicen, “Humans are active organisms. In making sense of our environment, we create as much as we define. A large class of social objects, such as our concept of love, friendship, beauty, and freedom, ‘exist’ only as created and collectively understood meanings” (34).

Las crónicas de Loaeza y la novela de Carlos Fuentes (como antes lo hizo Spota), recrean el mito de lo frívolo de las actividades de la clase alta, sobre todo en la representación femenina, en donde sus acto-espacios se reducen a lo más insubstancial y nimio, en contraste con el de los hombres siempre en plan de conquistadores, agresivos y en busca del éxito aunque sea material. Allí no encontramos a las Valerias, las Morenas o las Genovesas de la novela Dos mujeres (1990) de Sara Levi Calderón, y nos obliga a preguntarnos: ¿no existe este tipo de mujeres en Polanco, Roma, Las Lomas, etcétera? Independientemente de que Las reinas de Polanco y las mujeres de La región más transparente sean de la clase alta, ¿son tan vacías y faltas de fortaleza para buscar soluciones a los problemas reales de sus vidas? En Dos mujeres, las mujeres (Valeria por lo menos) son de la clase alta, pero siguen siendo de carne y hueso, siguen sufriendo las injusticias de la sociedad machista; en Las reinas de Polanco y La región más transparente las mujeres sufren la enfermedad virulenta del materialismo y del ocio como si hubieran alcanzado el todo, o la nada, y claro, la crónica es popular y aceptable porque dice todo lo superficial que puede llegar a ser una clase social, pero al final de cuentas no dice nada nuevo, aunque sí lo peor. Tanto Las reinas de Polanco como La región más transparente dejan al lector hacer sus propias conjeturas, lo empuja a que vea más allá de las páginas del libro, y de la misma manera, parece decir: bien, esto puede suceder en la clase alta, pero mira a tu alrededor dondequiera que estés, verás que la mujer es mucho más compleja y capaz de lo que la sociedad admite y permite. Si nos quedamos en la lectura superficial, en la de “crónica de crisis”, nos quedamos en lo que Mas’ud Zavarzadeh llama “fábulas de inteligibilidad” (24) impuestas por diferentes medios de comunicación y difusores de “cultura”. Entonces, por ejemplo, mientras que Las reinas de Polanco ataca a un segmento de la clase alta, las mujeres en su totalidad son las perjudicadas, puesto que las mujeres de esa clase son las que en todo caso tienen la mejor educación y tendrían la capacidad de escapar el dominio patriarcal.

Concluyendo, la segmentación en el medio urbano de la sociedad contenido en obras literarias puede ser analizado usando teorías culturales. Sin embargo, la segmentación se hace más complicada cuando intervienen otras circunstancias, es decir (dentro de un mismo grupo social) la segmentación también se manifiesta atendiendo a otros factores además de los económicos, como son el origen, el género y la cultura propia, siendo uno de los más importantes la diferencia entre los acto-espacios y las tensiones que estas diferencias producen. La segmentación puede ser advertida leyendo contracorriente, de otra forma todo queda en la “normalidad” de las circunstancias narradas. El hilo de conexión que une a obras tan desemejantes como La región más transparente, Las reinas de Polanco, o también Casi el Paraíso o la Estrella vacía, es la forma en que expresan la segmentación de la población en el medio urbano y luego la otra segmentación que puede producirse al interior de un mismo grupo, captando así los pormenores que caracterizan a un grupo o clase dentro del marco general de la sociedad mexicana.

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Francisco Manzo-Robledo Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero23/segmenta.html CopyLeft
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