La Subversión de la Filiación, futuro del parentesco - La Subversión de la Filiación, futuro del parentesco (IV)
08 de Mayo de 2006
Antropología
En el aborto, la tesis del “precio del placer” o de “el que la hace la paga” [NOTA 63], es desagradablemente cierta, por cualquier lado que se tome, cualesquiera sean los antecedentes o el resultado. El aborto es opción cuando la torpeza es mucha y las circunstancias adversas. “Tener un hijo sólo es un derecho legítimo cuando los padres pueden educarlo en condiciones consideradas, con razón o sin ella, «satisfactorias».” [NOTA 64]
El aborto implica gasto de dinero, stress, consecuencias sobre el cuerpo de la mujer, franquear la ley vigente, recurrir al “asesinato de un niño” para salvar la “felicidad del adulto”, escudados tras que “no se está en condiciones” de traer al niño a este mundo, pues lo escaso de dinero de los progenitores sólo les causaría molestias a “todos”: progenitores y niños.
“Los debates actuales sobre el aborto pueden parecer limitarse al cuerpo y a los derechos que la «dueña» del mismo pueda tener o dejar de tener sobre sus productos. Pero el debate del aborto se refiere en parte a si el feto es o no una persona y, en caso de serlo, en qué momento de su desarrollo puede considerarse como tal… Aparecen unidos problemas de definición filosófica, derechos humanos y moralidad.” [NOTA 65]
Las paradojas del neoindividualismo se hacen sentir, ninguna posición es más legítima que otra: “Derecho a la vida contra derecho a elegir: a través del tema actual del aborto, dos legitimidades morales fundamentales se enfrentan en la escena pública.” [NOTA 66] Como ciudadano, ¿apoya uno la promulgación de la LOPNA o el “hacer visible el género” a través de añadir partículas en femenino a toda frase nominal? Tal es el debate: proteger al menor, liberar a las féminas. (Mientras tanto, con esto, los géneros de los homosexuales y demás, aún invisibles, y su derecho a procrear, inimaginable). Soluciones pro-life (supuestamente a favor de los derechos del niño) y pro-choice (supuestamente a favor de los derechos de la mujer) hay muchas, y las síntesis son posibles. Pero no todo puede permitirse ser posible.
“El problema de los derechos del feto está fuertemente influido por lo que se piensa de la «vida», en cuanto cuestión tanto moral como analítica.” [NOTA 67] Y para ejercer influencia sobre lo que se piensa de la vida, lo tiene la Autoridad que se identifica con la Moral y que financia o no, legaliza o ilegaliza, los análisis. Poder influenciar es cuestión de Poder.
Si vivimos en una civitas de libertad contractual, libre empresa y la auto-propiedad del cuerpo, ¿por qué no congelar, transferir el embrión? ¿Por qué no alquilar el vientre? “Si una pareja puede comprar un embrión, la paternidad se convierte en una cuestión legal, no biológica.” ¿No ha sido así siempre, en todas las sociedades, aun aquellas sin “ley”? La cuestión es que legalmente el referente de la paternidad es la biología, y sin ella, depende de quien monopolice la ley decir quién puede ser padre o no. Los estériles (incluidos homosexuales) pueden aceptar al hijo cuyos genitores no han deseado. ¿Por qué no capitalizar su error? Serendipity. ¡Así surgieron los más grandes y productivos inventos! ¿Dónde queda el laissez faire? A manos de quien por “justicia” lo restringe.
“Si hubiese embriones en venta, ¿podría una empresa comprar uno de ellos? ¿Podría comprar diez mil? ¿Podría revenderlos? Y, si no una empresa, ¿podría hacerlo un laboratorio no comercial? Si compramos y vendemos embriones vivos, ¿no volveremos a una nueva forma de esclavitud?” [NOTA 69]
No queremos adelantarnos a nuestra discusión sobre la biotecnología, pero seguimos discutiendo las salidas legales a la cuestión de qué hacer ante el aborto. Lo legal, desde hace un tiempo, lo define arbitrariamente al Estado, pese a la supuesta soberanía del ciudadano que expresa su opinión mediante el voto. El Estado tiene el monopolio sobre lo considerado legítimo, y en este caso, los códigos legales ofrecen algunas soluciones desde el tiempo de los romanos. Si el Estado con su gusto por la intervención tiene que entrometerse en todo esto, ¿por qué no podría financiarse la gestación y después ceder a la criatura en adopción a parejas estériles (incapaces de trascender la idea del fin reproductivo del matrimonio), sin más costo a la mujer gestante que las incomodidades del embarazo y los dolores del parto? Porque, en definitiva, el Estado del Bienestar no está para ayudar, sino para fastidiar al ciudadano y beneficiar al ministro, cualquiera sea la legislación.
Con toda la legislación paternalista, siguiendo las “bondadosas” recomendaciones de la UNICEF, al niño pequeño todavía no le quedan muchos derechos. Ahora podrán contestar, pero seguirán sin ser oídos. A los niños “acostumbramos a presuponerlos simples, y cualquier dato que no encaje en el esquema es ignorado, si no considerado como una perversión casi metafísica del niño.” [NOTA 70] El padre, situado en la familia (“microcosmos de la sociedad”) como representante de la autoridad social, seguirá teniendo todo el poder sobre el niño, cuya liberación aun nos parece impensable. Las alternativas pro y anti aborto no benefician más vida que la del padre, la sociedad, el Estado. Se castiga o se premia al que aborta según sus intereses.
Legislar a favor de una libertad total para el aborto, es dar rienda suelta a la tiranía de la patria potestad. Desvaloriza la vida humana y asciende al déspota. Sólo el progenitor sabe lo que es bueno para el niño y tiene poder sobre su vida y su muerte. La familia autoritaria se reproduciría en ella. Y una forma monárquica: se acumula todo este poder sobre una única persona… está el monoparentalismo, y la amenaza al macho de una forma radical de ginecocracia.
Comenzaría este fantasioso nuevo orden matriarcal (¿o sería anti-matriarcal después de todo?) con el poder absoluto de la mujer sobre su cuerpo, donde el niño no es sino molesto parásito, y está en el derecho de la mujer echar de sí al invasor, si no se lo desea. Y cabe la posibilidad de que nunca lo desee. Un niño es costoso y puede arruinar una bonita carrera, y un bonito cuerpo, que ahora puede alterarse por paga. ¿Cómo arruinar semejante escultura? El reino de la vagina dentada comienza por la legislación pro-choice, teme el macho, cuya única esperanza de libertad es la ectogénesis, o gestación del niño fuera del cuerpo humano, posibilidad que proveería la biotecnología quizá algún tiempo. Mientras tanto, la mujer continuaría descargando sus fantasmas negativos sobre el niño, la demostración de la potencia del falo del macho.
La alternativa no es mejor. La persona infantil sigue rebajada. Los derechos de la infancia hoy tan cacareados, que hace que padres o incluso madres lactantes sean encarceladas por dar imponer correctivos a sus hijos, sirven a los mismos intereses del millonario propietario de un establo de purasangres que no quiere ver sus caballos mal peinados por los cuidadores, antes de verlos correr por el hipódromo, obteniendo dinero de ellos a cambio de zanahorias. La potencialidades del caballo son las de dar fatigosas vueltas, viernes, sábado y domingo, alrededor de un circuito, mientras una cantidad de viciosos les gritan invitándoles a correr más rápido, a ver si sacan su tajada del esfuerzo ajeno. Pero si el caballo cae, se parte la pata y, si no se le considera potencial semental que pudiera salvarse, se le pega un tiro. No sirve para más nada. Ni siquiera para correr libre, aunque cojo, en praderas, fuera de los rigores del hipismo.
“La persona pequeña es contada, medida, pesada y juzgada según una única línea, según su proximidad a la imagen del adulto. El primer efecto… es mutilar el resto de las potencialidades del niño… El segundo efecto es… [que] el adulto quiere que el niño se haga un adulto como él, pero también necesita que el niño no sea todavía un adulto. Lo necesita para justificar y mantener esa sensación de poder, de importancia, de vigilancia moral y científicamente legitimada que le proporciona la relación adulto-niño.”
Igualmente, una legislación pro-life reproduciría todas las necedades tradicionales del niño como víctima y esclavo de las mayores. El niño es inocente, débil, hay que cuidarlo y enseñarlo. Puede ser un gran soldado mañana, para el macho que se ha valido del útero como productora de obreros. ¿No hay salida para el menor? En todo caso, su persona es negada. Sólo un adulto cuenta.
“La persona pequeña real o posible es ignorada y su lugar se llena de suposiciones: es suplantada… El adulto se limita y se complace en monologar ante el niño, es decir, dialoga con sus propios fantasmas, ya sean éstos positivos o negativos… Atribuye así al niño la inocencia, la ausencia de sexualidad, cierta dulzura sospechosamente emparentada con la que se atribuye a la mujer, o, en versiones más progresistas, un carácter rebelde, renovador, natural o puro. Todo lo que el adulto trata de espantar de sí mismo, todo lo que teme respecto de su sucesor porque le cuestionaría a él mismo como adulto, porque forma parte de los problemas que ha decidido alejar, exorcizar más que resolver, todo eso constituye los fantasmas negativos.” [NOTA 72]
Si el aborto produce ansiedad en la concepción de la persona, de la vida y la libertad, es porque ante todo, se la estima intromisión humana en el curso de la naturaleza. “El cuerpo solía considerarse un aspecto de la naturaleza, regido fundamentalmente por procesos sometidos sólo incidentalmente a la intervención humana.” [NOTA 73] El aborto puede ser contemplado como sacrilegio de jugar el hombre a ser Dios, con poder de repartir bendiciones o dar anatema, según el humor con el que baje del monte Horeb en el Sinaí, independiente de la voluntad de los hombres, aunque bastante suspicaz de sus obras.
Notas
El aborto implica gasto de dinero, stress, consecuencias sobre el cuerpo de la mujer, franquear la ley vigente, recurrir al “asesinato de un niño” para salvar la “felicidad del adulto”, escudados tras que “no se está en condiciones” de traer al niño a este mundo, pues lo escaso de dinero de los progenitores sólo les causaría molestias a “todos”: progenitores y niños.
“Los debates actuales sobre el aborto pueden parecer limitarse al cuerpo y a los derechos que la «dueña» del mismo pueda tener o dejar de tener sobre sus productos. Pero el debate del aborto se refiere en parte a si el feto es o no una persona y, en caso de serlo, en qué momento de su desarrollo puede considerarse como tal… Aparecen unidos problemas de definición filosófica, derechos humanos y moralidad.” [NOTA 65]
Las paradojas del neoindividualismo se hacen sentir, ninguna posición es más legítima que otra: “Derecho a la vida contra derecho a elegir: a través del tema actual del aborto, dos legitimidades morales fundamentales se enfrentan en la escena pública.” [NOTA 66] Como ciudadano, ¿apoya uno la promulgación de la LOPNA o el “hacer visible el género” a través de añadir partículas en femenino a toda frase nominal? Tal es el debate: proteger al menor, liberar a las féminas. (Mientras tanto, con esto, los géneros de los homosexuales y demás, aún invisibles, y su derecho a procrear, inimaginable). Soluciones pro-life (supuestamente a favor de los derechos del niño) y pro-choice (supuestamente a favor de los derechos de la mujer) hay muchas, y las síntesis son posibles. Pero no todo puede permitirse ser posible.
“El problema de los derechos del feto está fuertemente influido por lo que se piensa de la «vida», en cuanto cuestión tanto moral como analítica.” [NOTA 67] Y para ejercer influencia sobre lo que se piensa de la vida, lo tiene la Autoridad que se identifica con la Moral y que financia o no, legaliza o ilegaliza, los análisis. Poder influenciar es cuestión de Poder.
Si vivimos en una civitas de libertad contractual, libre empresa y la auto-propiedad del cuerpo, ¿por qué no congelar, transferir el embrión? ¿Por qué no alquilar el vientre? “Si una pareja puede comprar un embrión, la paternidad se convierte en una cuestión legal, no biológica.” ¿No ha sido así siempre, en todas las sociedades, aun aquellas sin “ley”? La cuestión es que legalmente el referente de la paternidad es la biología, y sin ella, depende de quien monopolice la ley decir quién puede ser padre o no. Los estériles (incluidos homosexuales) pueden aceptar al hijo cuyos genitores no han deseado. ¿Por qué no capitalizar su error? Serendipity. ¡Así surgieron los más grandes y productivos inventos! ¿Dónde queda el laissez faire? A manos de quien por “justicia” lo restringe.
“Si hubiese embriones en venta, ¿podría una empresa comprar uno de ellos? ¿Podría comprar diez mil? ¿Podría revenderlos? Y, si no una empresa, ¿podría hacerlo un laboratorio no comercial? Si compramos y vendemos embriones vivos, ¿no volveremos a una nueva forma de esclavitud?” [NOTA 69]
No queremos adelantarnos a nuestra discusión sobre la biotecnología, pero seguimos discutiendo las salidas legales a la cuestión de qué hacer ante el aborto. Lo legal, desde hace un tiempo, lo define arbitrariamente al Estado, pese a la supuesta soberanía del ciudadano que expresa su opinión mediante el voto. El Estado tiene el monopolio sobre lo considerado legítimo, y en este caso, los códigos legales ofrecen algunas soluciones desde el tiempo de los romanos. Si el Estado con su gusto por la intervención tiene que entrometerse en todo esto, ¿por qué no podría financiarse la gestación y después ceder a la criatura en adopción a parejas estériles (incapaces de trascender la idea del fin reproductivo del matrimonio), sin más costo a la mujer gestante que las incomodidades del embarazo y los dolores del parto? Porque, en definitiva, el Estado del Bienestar no está para ayudar, sino para fastidiar al ciudadano y beneficiar al ministro, cualquiera sea la legislación.
Con toda la legislación paternalista, siguiendo las “bondadosas” recomendaciones de la UNICEF, al niño pequeño todavía no le quedan muchos derechos. Ahora podrán contestar, pero seguirán sin ser oídos. A los niños “acostumbramos a presuponerlos simples, y cualquier dato que no encaje en el esquema es ignorado, si no considerado como una perversión casi metafísica del niño.” [NOTA 70] El padre, situado en la familia (“microcosmos de la sociedad”) como representante de la autoridad social, seguirá teniendo todo el poder sobre el niño, cuya liberación aun nos parece impensable. Las alternativas pro y anti aborto no benefician más vida que la del padre, la sociedad, el Estado. Se castiga o se premia al que aborta según sus intereses.
Legislar a favor de una libertad total para el aborto, es dar rienda suelta a la tiranía de la patria potestad. Desvaloriza la vida humana y asciende al déspota. Sólo el progenitor sabe lo que es bueno para el niño y tiene poder sobre su vida y su muerte. La familia autoritaria se reproduciría en ella. Y una forma monárquica: se acumula todo este poder sobre una única persona… está el monoparentalismo, y la amenaza al macho de una forma radical de ginecocracia.
Comenzaría este fantasioso nuevo orden matriarcal (¿o sería anti-matriarcal después de todo?) con el poder absoluto de la mujer sobre su cuerpo, donde el niño no es sino molesto parásito, y está en el derecho de la mujer echar de sí al invasor, si no se lo desea. Y cabe la posibilidad de que nunca lo desee. Un niño es costoso y puede arruinar una bonita carrera, y un bonito cuerpo, que ahora puede alterarse por paga. ¿Cómo arruinar semejante escultura? El reino de la vagina dentada comienza por la legislación pro-choice, teme el macho, cuya única esperanza de libertad es la ectogénesis, o gestación del niño fuera del cuerpo humano, posibilidad que proveería la biotecnología quizá algún tiempo. Mientras tanto, la mujer continuaría descargando sus fantasmas negativos sobre el niño, la demostración de la potencia del falo del macho.
La alternativa no es mejor. La persona infantil sigue rebajada. Los derechos de la infancia hoy tan cacareados, que hace que padres o incluso madres lactantes sean encarceladas por dar imponer correctivos a sus hijos, sirven a los mismos intereses del millonario propietario de un establo de purasangres que no quiere ver sus caballos mal peinados por los cuidadores, antes de verlos correr por el hipódromo, obteniendo dinero de ellos a cambio de zanahorias. La potencialidades del caballo son las de dar fatigosas vueltas, viernes, sábado y domingo, alrededor de un circuito, mientras una cantidad de viciosos les gritan invitándoles a correr más rápido, a ver si sacan su tajada del esfuerzo ajeno. Pero si el caballo cae, se parte la pata y, si no se le considera potencial semental que pudiera salvarse, se le pega un tiro. No sirve para más nada. Ni siquiera para correr libre, aunque cojo, en praderas, fuera de los rigores del hipismo.
“La persona pequeña es contada, medida, pesada y juzgada según una única línea, según su proximidad a la imagen del adulto. El primer efecto… es mutilar el resto de las potencialidades del niño… El segundo efecto es… [que] el adulto quiere que el niño se haga un adulto como él, pero también necesita que el niño no sea todavía un adulto. Lo necesita para justificar y mantener esa sensación de poder, de importancia, de vigilancia moral y científicamente legitimada que le proporciona la relación adulto-niño.”
Igualmente, una legislación pro-life reproduciría todas las necedades tradicionales del niño como víctima y esclavo de las mayores. El niño es inocente, débil, hay que cuidarlo y enseñarlo. Puede ser un gran soldado mañana, para el macho que se ha valido del útero como productora de obreros. ¿No hay salida para el menor? En todo caso, su persona es negada. Sólo un adulto cuenta.
“La persona pequeña real o posible es ignorada y su lugar se llena de suposiciones: es suplantada… El adulto se limita y se complace en monologar ante el niño, es decir, dialoga con sus propios fantasmas, ya sean éstos positivos o negativos… Atribuye así al niño la inocencia, la ausencia de sexualidad, cierta dulzura sospechosamente emparentada con la que se atribuye a la mujer, o, en versiones más progresistas, un carácter rebelde, renovador, natural o puro. Todo lo que el adulto trata de espantar de sí mismo, todo lo que teme respecto de su sucesor porque le cuestionaría a él mismo como adulto, porque forma parte de los problemas que ha decidido alejar, exorcizar más que resolver, todo eso constituye los fantasmas negativos.” [NOTA 72]
Si el aborto produce ansiedad en la concepción de la persona, de la vida y la libertad, es porque ante todo, se la estima intromisión humana en el curso de la naturaleza. “El cuerpo solía considerarse un aspecto de la naturaleza, regido fundamentalmente por procesos sometidos sólo incidentalmente a la intervención humana.” [NOTA 73] El aborto puede ser contemplado como sacrilegio de jugar el hombre a ser Dios, con poder de repartir bendiciones o dar anatema, según el humor con el que baje del monte Horeb en el Sinaí, independiente de la voluntad de los hombres, aunque bastante suspicaz de sus obras.
Notas
- MARQUES, Ibíd., p. 28.
- LIPOVETSKY, op. cit., p. 167.
- GIDDENS, op. cit., p. 275.
- LIPOVETSKY, op. cit., p. 171.
- GIDDENS, op. cit., p. 284.
- TOFFLER, op. cit., p. 252.
- Ídem.
- MARQUES, op. cit., p. 46.
- Ídem.
- Ibíd , pp. 47-48.
- GIDDENS, op. cit., p. 275.
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