



Habrá tantos modelos de televisión local como localidades decidan tenerla. En cada municipio deberá adaptarse a su realidad. Pero es fácil prever tres grandes tendencias. La de las localidades de menos de 25 ó 30 mil habitantes, muy basados en fórmulas voluntaristas; el modelo más profesionalizado de las ciudades que superan estos habitantes y Barcelona que, por sus características, es un caso aparte.
Sea como sea la televisión local ha de serlo de verdad. No debe ser la excusa para crear los repetidores de nuevas redes. Aunque tampoco deben excluirse las formas federalizantes y que desde la libertad de cada uno se decida participar en proyectos de ámbito superior.
La información, la creatividad y la participación han de ser la base de estos canales. Una programación muy ligada a la localidad pero con mentalidad abierta al mundo y al debate. Ha de ser una televisión para ser vista, no una plataforma sociocultural. Es mejor producir poco y de buena calidad, que mucho y malo.
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