



Si acceden a este curso, observarán que su contenido es intenso en los fondos, y sobrio, textual, en las formas: podría aparecer en Word o PowerPoint, como libro electrónico. Me llamó la atención porque el e-learning nos ha venido ofreciendo también, desde hace cuatro o cinco años, cursos o píldoras on line de gran aparato gráfico (que seguramente encarece el producto), y cuyo contenido didáctico ha sido a veces modesto y cuestionable.
Diríase que, en e-learning y hasta el momento, parecían imperar a menudo las formas audiovisuales sobre los fondos didácticos, de modo que, por ejemplo, podíamos seguir cursos con audio en que simplemente escuchábamos lo que ya podíamos leer en pantalla, o cursos con gran despliegue de animación e interactividad, sin que ello nutriera siempre el aprendizaje de modo significativo. Aunque pueda haber desde luego diseños de alta calidad, voces autorizadas han denunciado que el e-learning no estaba generando aprendizajes suficientemente significativos. Cabe, además y por ejemplo, recordar que un destacado proveedor, Fycsa, ahora integrado en “élogos”, aconsejaba en 2003 a sus clientes que dosificaran sus inversiones en contenidos on line, recordando que en la Universidad estudiábamos con “contenidos precarios” (se hacía referencia a “los apuntes del más estudioso de la clase”).
En efecto, sobre los contenidos de los cursos on line ha habido estos años proveedores y clientes que parecían relativizar su importancia, pero también proveedores y clientes que subrayaban la necesidad de contar con diseños de eficacia didáctica, en beneficio del aprendizaje y de la consiguiente mejora del desempeño profesional. El lector tendrá su opinión sobre el e-learning como solución para el aprendizaje permanente, pero creo que la eficacia didáctica —el paso de la información valiosa a conocimiento aplicable— demanda gran atención a diversos aspectos (rigor, claridad, aplicabilidad…) de la información que los docentes-diseñadores hacen llegar a los usuarios de los cursos.
Esta información didáctica puede confeccionarse a menudo con herramientas tan sencillas como el Word o el PowerPoint, y el alumno puede consultarla en pantalla, o imprimirla para estudiarla con más detenimiento y comodidad. El curso de CECALE de que les hablaba podría seguirse en papel, por no hablar de la mucha información que los directivos pueden encontrar en Internet (artículos, informes y documentos diversos) e imprimir igualmente, para nutrir, sin más coste que el tiempo empleado, su acervo de conocimientos y soft skills.
Sin duda, hay temas que demandan más complejos diseños interactivos y multimedia, y ponen a prueba la eficacia de los profesionales (docentes y técnicos) del sector del e-learning; pero hay otros que se pueden resolver con recursos similares a los utilizados en la formación presencial (textos didácticos, figuras, ejercicios, lecturas recomendadas…), asegurando la debida comunicación con el tutor. El curso de que les hablaba no hace innecesarios despliegues gráficos, pero proporciona información sencilla de digerir; otra cosa es que, por su brevedad, no pueda identificar mejor los casos en que las decisiones por consentimiento constituyen realmente una solución idónea. Y ya cierro esta digresión sobre el e-learning.
|