La virtualización social del poeta: la poesía en tiempos de exclusión - La poesía en un cruce de caminos
La poesía, hija de estos tiempos de incertidumbres, no puede dar verdades últimas ni un “por fin” definitivo. Se abre al fragmento contra el sistema globalitario cerrado; se une a la conjetura contra la certeza total; reflexiona en poema y en ensayo contra el tratado unitario. De allí que sea una garantía de libertad para el pensamiento creativo, el cual siempre estará a la expectativa de encontrar otras rutas y posibilidades.
Sin embargo, ella se encuentra en un cruce de caminos, extraviada y confusa frente a extraños acontecimientos que trata de asimilar y comprender. La crisis del mundo del texto, lo que no significa su disolución total de la cultura, y el avance paulatino del lenguaje del gesto, visual, teatral, produce urticaria en algunos poetas como también la satisfacción en otros, por sus múltiples posibilidades de exploración. Esta es la encrucijada. Del texto lecto-escritural al gesto lecto-teatral-visual. Se podría pensar que estamos ante el fin de un tipo de poesía y el inicio de una poética que aprovecha otros lenguajes, otros ámbitos en su creación. Este último aspecto abre espacios, resuelve el nudo gordiano. Sí, otras posibilidades. No debe entenderse esto como relajación del rigor y del trabajo intenso y pulsional del poema -sea en el formato que fuere-, sino búsqueda de calidad estético-poética ante todo; rechazo a la trivialidad ligera y banal de la obra de arte. Integración, fusión, mezcla, flujo por todos los medios posibles, nomadismo iluminado y propositivo, posición analítica en el poeta bricoleur, performer, digital, visual, objetual, concreto, plástico, etc., todo con una liberalidad absoluta unida, eso sí, a una actitud crítica y de rigor poético.
Un no al gesto estúpido, ridículo, vulgar convertido en espectáculo y aplauso en la sociedad light; un no al gesto que proclama el consumo sin conocer y el conocer sin preguntar; no al gesto que ignora cínicamente la tradición de bastos siglos de lucha de poetas contra inquisidores establecimientos; un no al gesto ingenuo, hipócrita, cautivo de seductoras palmadas por ser conciliador con el destierro de las libertades democráticas; oposición a la poesía y al arte hechos por encargo, según intereses económicos de los utilitaristas de turno; oposición a una poesía realizada para las “preferencias del cliente”.
La poesía asume las mutaciones, las asimila pero no abandona su intensa fuerza libertaria. Está en la encrucijada con sus poros abiertos como esponja. Ello no significa que se indigeste de tanta seductora imagen. Está en el mar de las transformaciones pero se impone sus propios cambios. No debe permitir ser obligada, por ningún fetichismo ecónomo, a abandonar su ethos y su pathos intrínsecos. No está en su vocabulario la palabra claudicar; no hace parte de su estrategia el ser la sirvienta de los nuevos patrones del gusto. Desde el umbral de sensibilidades y voces, es permeable a diversos estilos, ritmos, atmósferas. Integra géneros, se enriquece con las sensaciones novedosas de su época, es en sí misma alteridad, diálogo activo y no simple yuxtaposición, eterna vigía de los movimientos que se producen en sus fronteras. Y tal como hemos escrito en otros lugares, la desgracia de la realidad es su gracia. De la realidad parte, pero también, con inteligencia y estremecimiento, contra ésta se rebela.
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