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Una vez que sea asimilada en su totalidad la premisa que reza: “la gente es la empresa” muchas de las deficiencias gerenciales presentes en las organizaciones contemporáneas desaparecerán de manera inmediata. Tal y como se propuso en el Congreso Mundial de Recursos Humanos en México celebrado en el año 2002, la visión que han de desarrollar las empresas deberá estar orientada a “volver a la gente” y ello significa el otorgamiento de toda la importancia y el valor que ella posee. Sencillamente sin gente no hay empresa. Es por ello que aquellos profesionales que desarrollen una sensibilidad verdadera por este concepto, se inclinen a buscar el beneficio de las personas, sin que ello signifique sacrificios exagerados en el manejo del negocio y sepan manejar las competencias y habilidades de la gente para permitirles intervenir en el destino de las organizaciones, terminarán por ser considerados verdaderos líderes circunstanciales y su influencia en el personal generará verdaderos resultados extraordinarios. De lo contrario, y mientras se continúe observando al personal como un simple “recurso” para alcanzar la visión del negocio sin involucrarlo realmente en el proceso, el liderazgo continuará siendo ejercido de manera vertical y bajo la premisa del líder formal impuesto por la jerarquía de su posición en la empresa.
Las organizaciones están cambiando, cada día se hace más importante valorar a la gente porque al hacerlo el profesional se está valorando así mismo, por lo tanto quienes asuman esa posición serán dignos de ser imitados y ser seguidos.
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