Gregorio Martínez Sierra (Madrid, 1851-1947) es el dramaturgo que, con excepción de Benavente, estuvo más unido al Modernismo.
Creó y colaboró muy activamente en varias revistas pertenecientes a ese movimiento y escribió poesía, novela y prosa varia típicamente modernistas, obras que, actualmente, están casi olvidadas.
Fue también traductor de Shakespeare y de Maeterlinck, entre otros autores dramáticos, así como animador de empresas editoriales, como la de Renacimiento, y de varios intentos de reforma de la escena, sobre todo en el Teatro Eslava de Madrid, del cual fue director durante muchos años1, en colaboración de la actriz Catalina Bárcena.
El teatro de Martínez Sierra personaliza el ala blanda y ternurista del teatro de la época pero, a pesar de ello, se le considera ante todo un hombre de teatro, tanto más como director que como autor del teatro moderno europeo, amén de un renovador en la escenografía.
Su obra dramática se distingue, dentro del tono benaventiano, por una cierta finura psicológica y una cierta delicadeza poética que, a veces, está al borde del sentimentalismo dulzón.
Entre sus mejores obras destacaría:
- La sombra del padre (1909)
- Canción de cuna (1911);
- Primavera en otoño (1911);
- Mamá (1913); y
- El reino de Dios (1916), drama este último en el que, sin abandonar el modo psicológico y sentimental que caracteriza toda su obra, intenta dar significación social y revolucionaria al tema de la caridad cristiana.
Sobresale Martínez Sierra, al igual que Jacinto Benavente, en la creación de personajes femeninos.
La importancia dada a estos personajes puede observarse ya en el título de algunas de sus obras, tales como La Tirana, comedia lírica en dos actos, con música de Vicente LIeó; Margot, una comedia lírica en tres actos, con música de Joaquín Turina y La suerte de la Isabelita, zarzuela cómica, en un acto y cuatro cuadros, con música de los maestros Jerónimo Jiménez y Rafael Calleja.
Las dos primeras, al poseer una extensión de dos o más actos, pueden ser consideradas zarzuelas grandes mientras que, la tercera, por estar compuesta únicamente de un acto, entraría dentro de la denominación de género chico, pues solo esta es la diferencia entre ellas, sin que tenga nada que ver en este tratamiento la mayor o menor calidad de la composición.
Otras obras de este autor que tuvieron importancia en su momento fueron las comedias Triángulo, Torre de marfil, La hora del diablo y Seamos felices (constando las tres últimas de tres actos).
La mayoría de ellas fueron publicadas en la Biblioteca Renacimiento y, aunque tienen también la denominación de comedia lírica, me ha sido imposible insertarlas en este trabajo, al no encontrar información sobre posibles compositores de su música, o de intenciones de enriquecerlas musicalmente, por lo que he optado por dejarlas de lado, citarlas únicamente como obras de cierta importancia dentro del conjunto creativo de Gregorio Martínez Sierra y centrarme en las cuatro más conocidas, por estas características: La Tirana, Margot, La suerte de la Isabelita y Las Golondrinas.
La particularidad que las une es que todas fueron adaptadas para el teatro lírico o fueron escritas especialmente para él, siendo Las Golondrinas la más conocida.
La Tirana es una comedia lírica en dos actos a la que puso música Vicente Lleó. Desarrolla su acción en dos escenarios semejantes, aunque por su ambientación parezcan diferentes: los dos son un music-hall. El del primer acto tiene un aspecto pobre y, hasta cierto punto, lúgubre y está ubicado en Madrid; el del segundo es un lujoso local, sito en San Petersburgo.
El primer acto se desarrolla en el saloncito del pobre music-hall madrileño, en donde actúan La Tirana -cuyo verdadero nombre es Lucía-, Trini, Inés, Lola y Carmen.
Allí están también Doña Romana, quien recogió a La Tirana cuando quedó huérfana, Quintín, el novio de la artista, y Don Lino, el empresario del local.
Su argumento es el siguiente:
Todas las componentes del espectáculo de un pobre music-hall están cansadas de luchar sobre un escenario cada día, sin sacar fruto de su trabajo, pero se resignan a ello para poder comer al menos cada dos días.
Allí charlan las jóvenes con los clientes, intentando que consuman para que así el empresario saque algunos beneficios.
La mayor aspiración de las muchachas es que algunos de esos adinerados clientes las hagan sus esposas. Todas, excepto una: Lucía -La Tirana-, quien tiene por novio a Quintín, un pobre compositor sin futuro, expulsado de la orquesta del local en el que ella trabaja, debido al afán de interpretar sus canciones, que nunca son del agrado del público.
Los asiduos del local y los que en él trabajan vienen observando, desde hace algún tiempo, que un joven distinguido llega cada día al local en el momento en que actúa La Tirana y que se marcha en cuanto el número acaba: es Fernando.
Todas las trabajadoras del local están deseosas de charlar con él y de conocerlo, pero siempre las elude.
El día en que transcurre la acción, Fernando accede a hablar con ellas y a tomar una copa de champán. Su objetivo es esperar a que salga La Tirana, para poder decirle que la quiere y que desea que se vaya con él. Ésta, tras propinarle una sonora bofetada se marcha.
Ese mismo día, La Tirana, atendiendo a un desesperado ruego de su novio, que quiere abrirse camino a toda costa en el mundo de la música, interpreta una de las canciones por él compuestas, cosa que el empresario le había advertido que no volviera hacer (cada vez que canta una de ellas, hay pateo general en el teatro). Pero a pesar de ello, al ver tan desesperado a Quintín, accede a su ruego y, tras la mala acogida que esta tiene ante el público asistente, el empresario le lanza un ultimátum, diciéndole que, si quiere continuar en su espectáculo, para equilibrar el enfado del público por la canción que acaba de interpretar, en el siguiente número debe dejar ver parte de su cuerpo.
Tras la rotunda negativa de la joven, el empresario opta por despedirla. En esto, aparece ante ella una tabla de salvación: Trini, quien le propone que se marche con ella al extranjero, pues le han ofrecido un trabajo y en el espectáculo hay lugar para las dos.
La Tirana duda: le da lástima dejar a Quintín, pues sabe que come únicamente cuando ella le proporciona algún dinero.
El mismo sentimiento surge en ella cuando piensa qué pasará con su madre adoptiva, Doña Romana.
Trini insiste en que pasarán algunas penurias, pero que eso podrán mitigarlo enseguida, en cuanto ella comience a trabajar y a enviarles algo de dinero.
El segundo acto se desarrolla en un elegante music-hall ruso, instalado en un jardín de invierno.
Algunos hombres rodean a Trini, comentándole que sospechan que La Tirana les rechaza porque tiene algún amor en España.
En esos momentos aparece Fernando, el joven millonario que le declaró su amor en Madrid y a quien ella rechazó violentamente, pero La Tirana sigue sin hacerle caso.
El empresario no entiende la actitud de La Tirana y le dice que el negocio funciona de la forma que lo hace Trini, alternando con los clientes y haciéndoles consumir en el bar.
La llegada del jefe de policía de San Petersburgo, acompañado de unos agentes, viene a dar un vuelco a la acción de la obra. Éste viene a hacer una petición, en nombre del Gran Duque Iván, admirador de La Tirana, quien pretende cenar con ella en dicho local, pero desea pasar desapercibido.
Esta petición la transmite el empresario a La Tirana y, antes de que ella pueda negarse, aparece el Gran Duque.
La joven, de mala gana, pasa al jardín para compartir la cena con el aristócrata.
A La Tirana no le gusta la manera de actuar de este hombre y, cuando decide huir de entre sus manos, debe hacerlo con violencia, forcejeando. Su intento de fuga no surte efecto pues la policía, que está apostada estratégicamente tras los árboles, le cierran el paso.
Lucía -La Tirana- está angustiada y, como nadie acude en su ayuda, decide gritar que hay fuego.
Aparecen entonces en tropel el empresario, los acompañantes de Trini y Fernando. En vista de los sucesos acaecidos, el empresario decide, definitivamente, despedirla.
Trini le hace ver que la vida que se ha propuesto llevar le está amargando la existencia. Le hace recordar también que hay un hombre de buena posición que realmente la ama y que ha viajado desde España para buscarla: Fernando.
Lucía y Fernando se quedan solos en la estancia. Éste le declara su amor, pero ella continúa reticente porque piensa que sus intenciones son tan deshonestas como las de todos los demás hombres que ha conocido a lo largo de su vida.
Fernando ve que realmente es una mujer honrada y le confiesa su amor, haciéndole comprender que es verdadero, accediendo ésta, finalmente, a ser su esposa.
Y en ese feliz momento para ella, aún tiene tiempo para pensar en los demás, sobre todo en aquella que la ayudó cuando más lo necesitaba, Trini, a quien le dice que se marche con ella. Ésta se niega, puesto que ya es feliz viendo la dicha de la pareja. Ella prefiere continuar en esa vida, que tampoco es del todo de su agrado, pero en la que debe perseverar si quiere comer, pues ese trabajo es el más adecuado a sus posibilidades.
La segunda de las obras analizadas es Margot, una comedia lírica dividida en tres actos estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 10 de octubre de 1914, con música de Joaquín Turina (obra que constituye el número 11 de sus opus).
La acogida que hizo la crítica de esta obra fue excepcional, constituyendo su estreno un acontecimiento, aunque se discute la debilidad del libreto de Martínez Sierra, pues ese tema lo había tocado en otras obras y los personajes pueden verse reflejados también en La Tirana, como es el caso de la profesión de la protagonista y su status social, y la pertenencia a una buena familia del protagonista masculino.
La acción de la obra -que esta dividida en tres actos- tiene lugar en dos escenarios diferentes: el primero de ellos se desarrolla en París y el segundo y el tercero, en Sevilla.
El reparto es muy amplio. Para su puesta en escena se necesitaron 30 actores (amén de los figurantes: caballeros, cocotas, vendedoras, nazarenos, guardias, ingleses, franceses, gitanos y chiquillos), pues de los 32 personajes de la obra, dos de ellos hacían doblete.
El tema que plantea la obra es la oposición de amores con que lucha Juan Manuel: el de Margot, a quien conoce en un cabaret de París, y de quien se enamora, y el de Amparo, su novia sevillana, a quien le une pasión y cariño.