5 - Notas

Artículo creado por Rafael Recio Vela. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/escrutin.html
21 de Octubre de 2006

[1] Marasso señala,

Ab Jove principium (Bucólica; III, 60)[…] Fue un gran acierto de Cervantes empezar el escrutinio con el Amadís de Gaula. Seguía, quizá por intuición de su propio genio, el orden jerárquico de los dioses en el canto del pastor virgiliano. Pero el cumplimiento de este precepto de Virgilio se debe más bien en Cervantes a la sugestión de Quintiliano. Cuando escribía los primeros capítulos del Quijote había leído las Instituciones oratorias. El donoso escrutinio, guarda relación con el catálogo razonado de autores del libro X de las Instituciones. El retórico latino sugirió a Cervantes este examen crítico de obras. «Como Arato cree que debe comenzar por Júpiter, así me parece que nosotros debemos empezar, según la norma, por Homero. Porque como él mismo dice que las fuentes y ríos tienen su principio en el Océano, podemos decir que sirvió de ejemplo y de modelo a todas las partes de la elocuencia. Nadie lo ha superado...». No se le escapaba tampoco a Cervantes la Subasta de los filósofos de Luciano.

Cervantes leyó a Quintiliano en el texto latino o en la traducción italiana de Toscanella (Venecia, 1566), traducción que quizá lleve comentarios en el margen. En la dedicatoria de la versión del Arte poética de Horacio, escribe Villén de Biedma: «Lo postrero en orden de todas las obras de Horacio es el Arte poética que no sin misterio tiene este lugar; pues (como V. m. sabe) las cosas que ordenaron los hombres discretos, no son acaso, sino con prudencia y acuerdo». Varón discreto, Cervantes puso, no sin misterio, el Amadís en el comienzo del donoso escrutinio
http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/cerv/02459286100915617400080/p0000001.htm#I_19_

[2] Leemos en Don Quijote de la Mancha:

Cuando llegaron a don Quijote, ya él estava levantado de la cama, y proseguía en sus voces y en sus desatinos, dando cuchilladas y reveses a todas partes, estando tan despierto como si nunca hubiera dormido. Abrazáronse con él y por fuerza le volvieron al lecho; y después que hubo sosegado un poco, volviéndose a hablar con el cura, le dijo:

-Por cierto, señor arzobispo Turpín, que es gran mengua de los que nos llamamos doce Pares dejar tan sin más ni más llevar la victoria deste torneo a los caballeros cortesanos, habiendo nosotros los aventureros ganado el prez en los tres días antecedentes. (139-140)

[3] Es muy interesante la dicotomía que en la narración de Mujica se da entre día y noche como complementaría de la que se produce entre realidad y fantasía. La noche es el tiempo destinado al triunfo del hombre contemplativo. La lectura de las novelas de caballería que provoca la locura del cura y el barbero tiene lugar a lo largo de una larga vigilia nocturna. Es entonces cuando el hombre cede ante los ideales trascendentes desencadenando la reflexión filosófico. Mas, la llegada del día significa el triunfo definitivo de lo material frente a lo espiritual, de las necesidades mundanas del hombre sobre sus ideales trascendentes.

[4] Jean Andreu considera que estas novelas conforman “una manera de balance general, de incesante juicio final, de minucioso recuento de las estrategias narrativas, re recreación continuada de toda su obra.” (18)

[5] Así, por ejemplo, encontramos a un maestro Cristaldo aún niño en el cuento “Nonato” frente al adulto que aparece en “Bajo el puente”, ambos pertenecientes a su libro El baldío. Carmen Luna Sellés, en su estudio sobre la narrativa breve de Roa, señala, “El profesor de Itacuruví, protagonista de «Nonato» y «Bajo el puente», está presente en todos ellos: en «Moriencia» y «Cuerpo presente», donde es identificado con el nombre de Cristaldo, en tanto que personaje secundario; en «Cuando un pájaro entierra sus plumas» es simplemente nombrado; y en «Ración de león» advertimos indirectamente su evocación o «huella» en los pensamientos del narrador, que fue, en época recordada, uno de sus alumnos.” (79) El último comentario es sumamente interesante pero desborda los límites de nuestro propósito. Así, cuentos como “Bajo el puente”, “Moriencia”, “Ración de león” y “Cuerpo presente”, considera Luna Sellés, presentan a un mismo narrador, desconocido, que bien puede coincidir, creemos, con este personaje que se constituye en narrador de Contravida, alumno del maestro Cristaldo.

[6] “Él le dio ese nombre: Manorá. El-lugar-para-la-muerte. Si un lugar era para el morir, lo cierto era que hasta el morir todo es vivir.” (199). En los cuentos de Moriencia, cuyos primeras cinco relatos son fragmentos de una primera versión de Contravida, señala Jean Andreu, donde “aparece ya el espacio imaginario del emblemático Manorá” (23)

[7] Manorá es también un espacio utópico dentro de cada uno de los habitantes de Iturbe, espacio que, sin embargo, muchos de ellos desoyen, igual que el cura y el barbero en la fantasía de Mujica. Roa utiliza la imagen del cuarzo en cuyo interior se observa la mancha coloreada formando la visión de Iturbe así como su sombra o reflejo, Manorá, para explicar la existencia de ambos espacios coincidentes.

[8] Frente a Iturbe, “Manorá no tenía autoridades. Ni cura, ni jefes políticos, ni seccionales.” (201)

[9] Como en aquella, la cueva en la que Gaspar Cristaldo sitúa a los personajes de ficción se constituye en un espacio propicio para la fantasía y la imaginación. Espacios propios también para el sueño, ya fuera del caballero andante, “y estando en este pensamiento y confusión de repente y sin procurarlo, me salteó un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que pueda criar la naturaleza ni imaginar la más discreta imaginación humana.” (Don Quijote de la Mancha II 198), ya fuera del maestro de Manorá, “El limbo del maestro Cristaldo era exactamente eso: un lugar parecido a los sueños, fuera del espacio y del tiempo, donde moraban los personajes de las historias inventadas.” (217) Espacios, ambos también, ajenos a la muerte, “y aunque pasan de quinientos [años de encantamiento], no se ha muerto ninguno de nosotros” (Don Quijote de la Mancha II 200), “En Manorá ciertamente, pesa a su nombre o gracias a él, ya no moría la gente.” (Contravida 204)

[10] Leemos en Yo el Supremo, “Únicamente me he permitido pedir a Su Merced me releve del puesto para el cual ya no sirvo, por viejo y porque el tambor está cada vez más lejos de mí. […] Vea esto, Supremo Señor. ¿Qué es eso? El callo que me ha formado el tambor de apoyarlo en el pecho. Tan grande como una joroba de cebú, tan duro como una piedra. […] En ese callo debe estar enterrado todo el sonido que no te salió fuera. Te has jorobado, Efigenio.” (314)

[11] José Vicente Peiró señala al respecto, “Desde los años cuarenta hasta Yo, el Supremo, es cuando se aprecia que con Gabriel Casaccia y Augusto Roa Bastos, la narrativa paraguaya se incorpora a la nueva narrativa hispanoamericana, desde la publicación de sus obras respectivas La babosa (1952) e Hijo de hombre (1960).” http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12482280880131519643846/p0000008.htm#I_52_

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