Capitulos de este wiki
  1. 1 Tras el escrutinio cervantino
  2. 2 Glosas castellanas
  3. 3 Contravida
  4. 4 Conclusiones
  5. 5 Notas
  6. 6 Bibliografía

Las fantasías de Mujica y Roa - Tras el escrutinio cervantino

1 - Tras el escrutinio cervantino

Artículo creado por Rafael Recio Vela. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/escrutin.html
21 de Octubre de 2006

Pide y suplica humildemente, cuanto puede, a V. M. sea servido de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres o cuatro que al presente están vacos
Miguel de Cervantes Saavedra

Fue Don Quijote un libro viajero. De igual manera que el caballero andante abandona la comodidad de su hogar en pos de unos ideales que la realidad en que vivía había definitivamente destruido, igual que el propio Cervantes: preso en Argel, guerrero en Lepanto; pocos meses después de su aparición, en ese año de 1605, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote la Mancha emprende la peregrinación que su creador hubiera deseado llevar a cabo y que no pudo sino mediante la palabra impresa de su criatura. No tuvo efecto, no pudo impedirlo, la Real Célula del 4 de abril de 1531 prohibiendo la llegada a América de los “libros de romance de historias vanas o de profanidad, como son de Amadís, e otros de esta calidad porque es mal ejemplo para los Indios, e cosa en que no es bien que se ocupe ni lean”. Casi dos siglos después, y nuevamente aunque formaban parte de la lista de libros prohibidos, llegan a la América española las doctrinas ilustradas que servirán de base a los movimientos emancipadores del primer cuarto del siglo XIX, y a las cuales, “nuevos Libros de Cavallería, no ya de Romances solamente, ni de Historias Vanas o de Profanidad como son los Amadises y otros desta calidad” (Yo el Supremo 268-269), se “inficiona” el mismo Dictador Francia. Don Quijote, personaje, llega con toda la fuerza de la imaginación, con su poderoso brazo lanza en ristre, a galope en rocín flaco. Comienza sus viajes por los más vastos caminos de la América colonial como ya había transitado por los andurriales castellanos, siempre en compañía de su fuel escudero, el labriego Sancho Panza, junto a su amo, ambos dos, a lomos de Rocinante y el rucio.

Son muchos los escritores hispanoamericanos que retoman la pluma de Cervantes, aquella para la cual únicamente había existido las aventuras de don Quijote y Sancho, devolviéndoles la vida. Cual nuevo Avellaneda, el ecuatoriano Juan Montalvo publica en 1895 sus Capítulos que se le olvidaron a Cervantes. Otros optan por hacer posible en el caballero andante el deseo de viajar al Nuevo Mundo de Cervantes y revivir allí el ideal caballeresco, son obras como la del cubano Luis Otero y Pimentel, Semblanzas caballerescas o las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha (1886) o la del venezolano Mario Briceño Iragorry, El Caballero de Ledesma (1942). Pero ejemplos como estos, muy numerosos, no son más que la superficie de un proceso de mucho más hondo calado que tiene lugar, paralelamente al que se produce en la Península, con la Modernidad Hispanoamericana. Si don Quijote cabalga de nuevo, lo hace de la mano del también inmortal nicaragüense, de Rubén Darío que, años antes de que aparecieran las semblanzas que los noventayochistas españoles dedican al mito castellano, en este 1898 del desastre, escribe su relato “D. Q.” Darío significa el aldabonazo de salida a este proceso, y el cuento, así como el poema de las “Letanías del Señor don Quijote”, una senda en la interpretación y en la imagen de la novela y del personaje. Senda transitada, entre otros, por Lugones, y, definitivamente instaurada como canónica por Borges.

El juego caracteriza en muchos momentos la creación de Cervantes. El Quijote que se sabe leído antes de su tercera salida, que encuentra, durante su peregrinaje, personajes que han conocido al apócrifo de Avellaneda, que gana, en batalla, el derecho a ser reconocido como el verdadero, el único y el real, posadas que se convierten en castillos, molinos en gigantes y gigantes en molinos por la acción de magos y encantadores, gobernadores de ínsulas imaginarias. Empeño el mío que también pertenece al ámbito de lo jocoso, del “entretén-y-miento” como lo definiría, en tono burlesco, el Dictador Francia, travesura que, espero, se me perdone. Como todo juego, el azar, el denostado azar que sólo la prisión de un aerolito errante del infinito cosmos puede -en la mente de un Dictador Supremo- aprisionar, me dio a conocer un texto primerizo del escritor argentino Manuel Mujica Lainez. Andaba el año de 1936, joven escritor aún, cuando aparece su primer libro, extraña composición bajo el nombre de Glosas castellanas. Años después, en una de sus novelas cumbres, Bomarzo, Pier Francesco Orsini, contrahecho, conoce en los prolegómenos de la batalla de Lepanto al joven paje del cardenal Aquaviva y Aragón que le regala un volumen de los poemas de Garcilaso de la Vega. Treinta y cuatro años después, este desconocido personaje se convertirá para siempre en Miguel de Cervantes Saavedra, autor de Don Quijote de la Mancha. El influjo del escritor manchego es perceptible en toda la obra del creador argentino: también lo es en la del creador paraguayo. “En un lugar de la Liguria de cuyo nombre no quiere acordarse” nace el Almirante -el Descubridor, Colón- protagonista de la tercera de las novelas de Augusto Roa Bastos. En 1973 había nacido, del sueño de Roa, el Supremo Dictador -no el José Gaspar Rodríguez de Francia real, nato un día de Reyes más de doscientos años antes-, este don Quijote americano que recorre los caminos no castellanos sino paraguayos. El maestro Cristaldo, no sólo no abandona su pueblo, sino que pretende volver al seno materno del que proviene. Mas, cual nuevo Cervantes, recrea su propio mundo habitado por personajes de ficción, protagonistas de sus lecturas predilectas. Contravida, novela a la que pertenece este episodio, frente a las Glosas castellanas, cierra el ciclo definitivamente de la novelística de Roa, aún cuando aparezca, un años después, la que sí será su última novela, Madama Sui. Sin embargo, aquella, más que esta, unifica el mundo narrativo de Roa, lo completa para finalmente cerrarlo en un todo unitario en el que las partes asumen un significado tanto en su individualidad como en su relación con el resto de la producción creativa. Autobiografía novelesca y novelada de su vida literaria -la obra del paraguayo- en contraste con los primeros pasos y balbuceos de un joven narrador -la del argentino.

1 opinión

jose vicente

cervantes,sancho

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Artículo de Rafael Recio Vela. Extraido de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero31/escrutin.html CopyLeft
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