Las marchas por La PAZ - Columnistas del tiempo
02 de Abril de 2008
Editoriales, Investigación periodística, Periodismo digital, Periodismo político, Prensa escrita, Redacción
1 de marzo
D’artagnan Alfredo Rangel
9 de febrero
Las marchas sí sirven
Creer que millones se movilizaron por engaño es considerar a la gente tonta.
La marcha del 4 de febrero ha sido la más multitudinaria y espontánea manifestación popular en la historia de Colombia. También fue la primera movilización nacional en contra de un grupo guerrillero. Superó de lejos todas las manifestaciones partidistas y todas las movilizaciones en contra de la violencia o a favor de la paz que se han realizado en el país. Realmente ha sido un hecho histórico extraordinario, que podría tener significativas consecuencias hacia el futuro.
Millones de personas movilizadas voluntariamente le dieron un mentís a quienes descalificaron la marcha por ser exclusivamente contra las Farc. El Polo dijo que era manipulada por los medios de comunicación y por el Gobierno. Astrid Betancourt que era promovida por los paramilitares. Piedad Córdoba que era racista. Álvaro Camacho que era derechista. Otros más alucinados que era en defensa de la violación de los derechos humanos. Algunos jerarcas católicos dijeron que promovía el odio entre los colombianos.
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Como si la lucha contra el terror fuera patrimonio de la derecha o de alguna raza. Creer que millones de personas se movilizaron porque fueron engañadas es considerar a la gente tonta y bruta. El Gobierno tampoco es omnipotente: en su momento el pueblo de Bogotá votó por un candidato distinto al favorito del Presidente. Las manifestaciones contra la Eta no provocaron el odio entre los españoles sino la unidad nacional y la solidaridad colectiva contra el terrorismo. En Colombia y en el exterior la gente se movilizó porque está harta de barbarie y se le dio la bendita gana de rechazar a las Farc. Punto.
¿Que las manifestaciones no sirven para nada? Depende del tamaño y del momento. Dos ejemplos.
En Italia las masivas manifestaciones contra la mafia después del asesinato del juez Falcone acabaron con la resignación del pueblo italiano y con el mito de la legitimidad de la mafia, lo que permitió al Estado lograr avances nunca alcanzados contra esas organizaciones criminales que desde entonces quedaron a la defensiva.
En España la historia de la Eta se partió en dos después de las multitudinarias manifestaciones de rechazo al secuestro y asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco. Eta perdió apoyo y legitimidad entre el pueblo vasco, disminuyó su capacidad de reclutamiento, aumentaron las deserciones, las denuncias y las capturas. Su debilitamiento se volvió irreversible.
Las consecuencias del 4 de febrero pueden ser significativas. Porque el mensaje para las Farc, en un momento crítico de aislamiento político y debilitamiento militar, ha sido contundente: su proyecto armado no tiene ninguna posibilidad de triunfo político o militar, porque es rechazado por la inmensa mayoría de la población. Esto podría provocarles más desmoralización, más deserciones y menos reclutamientos. Y convencer a miembros de su dirección de que la única opción es una negociación de paz seria y pronta con el Estado. Al presidente Chávez se le devaluará aún más su discurso en favor de las Farc, se le dificultará todavía más conseguir apoyos para semejante causa, y la marcha debería convencerlo de que ha elegido la opción equivocada para su proyecto bolivariano.
De otro lado, en Colombia la oposición debería entender que frente a la violencia es necesario construir un solo frente en defensa de la libertad y la democracia. Y el Gobierno debería convocar un gran acuerdo nacional para tal efecto. Porque los millones de marchantes no solo rechazamos los métodos terroristas. La marcha también fue un gran clamor nacional a favor de la unidad para defender la libertad.
¿Que las marchas no sirven para nada? No es cierto. Pueden servir y mucho. Por eso desde ya me comprometo a marchar el próximo 6 de marzo en contra del Eln, los paramilitares y las mafias.
10 de febrero
Eduardo Pizarro LeonGomez
¡A marchar el 6 de marzo!
Debe ser concebida como continuación de la marcha del 4 de febrero.
Mucha gente dudó o se negó a participar en la mayor marcha de la historia de Colombia contra los crímenes de las Farc cuando Salvatore Mancuso apoyó, a través de su página web, la manifestación. Ahora, cuando Anncol, el servicio informativo de las Farc, está invitando a participar en la marcha del 6 de marzo, igualmente, miles de colombianos dudan o se niegan a participar en esta nueva marcha.
Mancuso le hizo mucho daño a la marcha del 4 de febrero. Anncol le hace, igualmente, un enorme daño a la marcha del 6 de marzo. En Colombia, tanto los grupos paramilitares como los grupos guerrilleros de las Farc y el Eln se han ganado el repudio de todos los colombianos. Ni unos ni otros tienen ninguna autoridad moral para llamar a la movilización social: los crímenes de unos y otros son execrables. ¿Qué diferencia hay entre la motosierra de los 'paras' y la mina antipersonal sembrada por el Eln y que mató a una humilde familia campesina esta semana en Samaniego (Nariño)?
Es impactante constatar que quienes están llamando a la nueva marcha fueron, precisamente, quienes se opusieron a la marcha del 4 de febrero. Y, para ello, utilizaron dos argumentos básicos: por una parte, que una marcha con nombre propio agravaba el odio y no contribuía a la reconciliación. Y, por otra parte, que denunciar los crímenes de un actor (las Farc) buscaba ignorar u ocultar los crímenes de otros actores (los paramilitares y agentes del Estado).
Sin embargo, con una enorme incongruencia intelectual en sus llamamientos a la nueva marcha, hacen lo mismo que criticaban: de un lado, hacen un llamamiento con nombre propio (los 'paras' y agentes del Estado) y, de otro, ocultan los delitos de la guerrilla.
Para llevar a cabo este malabarismo intelectual se fundamentan en una "contabilidad del terror", éticamente muy cuestionable.
Aducen que los crímenes de los paramilitares son mayores que los crímenes de la guerrilla. Más allá de la solidez o no de estas estadísticas de la muerte, lo cierto es que ningún crimen de lesa humanidad se puede justificar por el hecho de que una de las partes los comete con mayor frecuencia. En la conciencia humanitaria que hoy domina en el mundo, un crimen de lesa humanidad contra un ser humano constituye una afrenta a todos los seres humanos. Este es el significado profundo de la internacionalización de los derechos humanos y la creación de la Corte Penal Internacional de La Haya (2002), que, más temprano que tarde, va a jugar un papel importante en Colombia si la justicia falla en el juzgamiento de los crímenes de guerra y de lesa humanidad.
A pesar de la enorme inconsistencia intelectual de los promotores de la marcha del 6 de marzo, es importante que todos los colombianos nos movilicemos ese día, con objeto de demostrar que no solamente los crímenes de las Farc nos merecen todo el repudio, sino cualquier crimen contra cualquier colombiano. Ni un colombiano más debe ser asesinado, desaparecido o desplazado. Esta debería ser la consigna central de la manifestación de marzo.
Los colombianos debemos participar en esta marcha en solidaridad con todas víctimas, sin ninguna excepción. En este sentido, debe ser concebida como una continuación de la marcha del 4 de febrero contra las Farc, añadiendo a la lista del horror a los paramilitares, al Eln y a los agentes del Estado que hayan cometido crímenes contra la población civil.
Las dos marchas deberían ser el fundamento social y ético para la propuesta que, desde distintas vertientes políticas, se está planteando de un gran acuerdo nacional contra la violencia y por la paz. Un acuerdo como el que -en medio de avances y retrocesos- han alcanzado en España contra el terrorismo de Eta. Tanto el Partido Socialista (PSOE) como el Partido Popular (PP) y otras fuerzas políticas y sociales han logrado, mediante estas marchas masivas, deslegitimar y aislar el terrorismo etarra y fortalecer el Estado de derecho.
D’artagnan Alfredo Rangel
9 de febrero
Las marchas sí sirven
Creer que millones se movilizaron por engaño es considerar a la gente tonta.
La marcha del 4 de febrero ha sido la más multitudinaria y espontánea manifestación popular en la historia de Colombia. También fue la primera movilización nacional en contra de un grupo guerrillero. Superó de lejos todas las manifestaciones partidistas y todas las movilizaciones en contra de la violencia o a favor de la paz que se han realizado en el país. Realmente ha sido un hecho histórico extraordinario, que podría tener significativas consecuencias hacia el futuro.
Millones de personas movilizadas voluntariamente le dieron un mentís a quienes descalificaron la marcha por ser exclusivamente contra las Farc. El Polo dijo que era manipulada por los medios de comunicación y por el Gobierno. Astrid Betancourt que era promovida por los paramilitares. Piedad Córdoba que era racista. Álvaro Camacho que era derechista. Otros más alucinados que era en defensa de la violación de los derechos humanos. Algunos jerarcas católicos dijeron que promovía el odio entre los colombianos.
¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón! Como si la lucha contra el terror fuera patrimonio de la derecha o de alguna raza. Creer que millones de personas se movilizaron porque fueron engañadas es considerar a la gente tonta y bruta. El Gobierno tampoco es omnipotente: en su momento el pueblo de Bogotá votó por un candidato distinto al favorito del Presidente. Las manifestaciones contra la Eta no provocaron el odio entre los españoles sino la unidad nacional y la solidaridad colectiva contra el terrorismo. En Colombia y en el exterior la gente se movilizó porque está harta de barbarie y se le dio la bendita gana de rechazar a las Farc. Punto.
¿Que las manifestaciones no sirven para nada? Depende del tamaño y del momento. Dos ejemplos.
En Italia las masivas manifestaciones contra la mafia después del asesinato del juez Falcone acabaron con la resignación del pueblo italiano y con el mito de la legitimidad de la mafia, lo que permitió al Estado lograr avances nunca alcanzados contra esas organizaciones criminales que desde entonces quedaron a la defensiva.
En España la historia de la Eta se partió en dos después de las multitudinarias manifestaciones de rechazo al secuestro y asesinato del concejal Miguel Ángel Blanco. Eta perdió apoyo y legitimidad entre el pueblo vasco, disminuyó su capacidad de reclutamiento, aumentaron las deserciones, las denuncias y las capturas. Su debilitamiento se volvió irreversible.
Las consecuencias del 4 de febrero pueden ser significativas. Porque el mensaje para las Farc, en un momento crítico de aislamiento político y debilitamiento militar, ha sido contundente: su proyecto armado no tiene ninguna posibilidad de triunfo político o militar, porque es rechazado por la inmensa mayoría de la población. Esto podría provocarles más desmoralización, más deserciones y menos reclutamientos. Y convencer a miembros de su dirección de que la única opción es una negociación de paz seria y pronta con el Estado. Al presidente Chávez se le devaluará aún más su discurso en favor de las Farc, se le dificultará todavía más conseguir apoyos para semejante causa, y la marcha debería convencerlo de que ha elegido la opción equivocada para su proyecto bolivariano.
De otro lado, en Colombia la oposición debería entender que frente a la violencia es necesario construir un solo frente en defensa de la libertad y la democracia. Y el Gobierno debería convocar un gran acuerdo nacional para tal efecto. Porque los millones de marchantes no solo rechazamos los métodos terroristas. La marcha también fue un gran clamor nacional a favor de la unidad para defender la libertad.
¿Que las marchas no sirven para nada? No es cierto. Pueden servir y mucho. Por eso desde ya me comprometo a marchar el próximo 6 de marzo en contra del Eln, los paramilitares y las mafias.
10 de febrero
Eduardo Pizarro LeonGomez
¡A marchar el 6 de marzo!
Debe ser concebida como continuación de la marcha del 4 de febrero.
Mucha gente dudó o se negó a participar en la mayor marcha de la historia de Colombia contra los crímenes de las Farc cuando Salvatore Mancuso apoyó, a través de su página web, la manifestación. Ahora, cuando Anncol, el servicio informativo de las Farc, está invitando a participar en la marcha del 6 de marzo, igualmente, miles de colombianos dudan o se niegan a participar en esta nueva marcha.
Mancuso le hizo mucho daño a la marcha del 4 de febrero. Anncol le hace, igualmente, un enorme daño a la marcha del 6 de marzo. En Colombia, tanto los grupos paramilitares como los grupos guerrilleros de las Farc y el Eln se han ganado el repudio de todos los colombianos. Ni unos ni otros tienen ninguna autoridad moral para llamar a la movilización social: los crímenes de unos y otros son execrables. ¿Qué diferencia hay entre la motosierra de los 'paras' y la mina antipersonal sembrada por el Eln y que mató a una humilde familia campesina esta semana en Samaniego (Nariño)?
Es impactante constatar que quienes están llamando a la nueva marcha fueron, precisamente, quienes se opusieron a la marcha del 4 de febrero. Y, para ello, utilizaron dos argumentos básicos: por una parte, que una marcha con nombre propio agravaba el odio y no contribuía a la reconciliación. Y, por otra parte, que denunciar los crímenes de un actor (las Farc) buscaba ignorar u ocultar los crímenes de otros actores (los paramilitares y agentes del Estado).
Sin embargo, con una enorme incongruencia intelectual en sus llamamientos a la nueva marcha, hacen lo mismo que criticaban: de un lado, hacen un llamamiento con nombre propio (los 'paras' y agentes del Estado) y, de otro, ocultan los delitos de la guerrilla.
Para llevar a cabo este malabarismo intelectual se fundamentan en una "contabilidad del terror", éticamente muy cuestionable.
Aducen que los crímenes de los paramilitares son mayores que los crímenes de la guerrilla. Más allá de la solidez o no de estas estadísticas de la muerte, lo cierto es que ningún crimen de lesa humanidad se puede justificar por el hecho de que una de las partes los comete con mayor frecuencia. En la conciencia humanitaria que hoy domina en el mundo, un crimen de lesa humanidad contra un ser humano constituye una afrenta a todos los seres humanos. Este es el significado profundo de la internacionalización de los derechos humanos y la creación de la Corte Penal Internacional de La Haya (2002), que, más temprano que tarde, va a jugar un papel importante en Colombia si la justicia falla en el juzgamiento de los crímenes de guerra y de lesa humanidad.
A pesar de la enorme inconsistencia intelectual de los promotores de la marcha del 6 de marzo, es importante que todos los colombianos nos movilicemos ese día, con objeto de demostrar que no solamente los crímenes de las Farc nos merecen todo el repudio, sino cualquier crimen contra cualquier colombiano. Ni un colombiano más debe ser asesinado, desaparecido o desplazado. Esta debería ser la consigna central de la manifestación de marzo.
Los colombianos debemos participar en esta marcha en solidaridad con todas víctimas, sin ninguna excepción. En este sentido, debe ser concebida como una continuación de la marcha del 4 de febrero contra las Farc, añadiendo a la lista del horror a los paramilitares, al Eln y a los agentes del Estado que hayan cometido crímenes contra la población civil.
Las dos marchas deberían ser el fundamento social y ético para la propuesta que, desde distintas vertientes políticas, se está planteando de un gran acuerdo nacional contra la violencia y por la paz. Un acuerdo como el que -en medio de avances y retrocesos- han alcanzado en España contra el terrorismo de Eta. Tanto el Partido Socialista (PSOE) como el Partido Popular (PP) y otras fuerzas políticas y sociales han logrado, mediante estas marchas masivas, deslegitimar y aislar el terrorismo etarra y fortalecer el Estado de derecho.
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