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Las Odas de Ricardo Reis: un poeta contemplativo - La poesía de Ricardo Reis (I)

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CopyLeft Artículo de Juan Blas Ruiz Jiménez - 04 de Septiembre de 2006
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1. La poesía de Ricardo Reis (I)
Sabemos que este joven monárquico, nuestro poeta, vive en su exilio brasileño, pero otros testimonios lo sitúan muy cerca de Lisboa -así nos lo cuenta Tabucchi-, y allí, en un pueblecito, se gana el sustento ejerciendo de médico1. El pueblo es pequeño, se llama Azeitâo, y el tiempo sobrado para que este hombre, Ricardo Reis, emplee su ocio, satisfechos los trámites de la vida cotidiana, en una tarea para él necesaria:Reis quiere desembarazarse de su yo, que parece estorbarle el comercio con la realidad.Reis es un pagano, un espíritu ante todo contemplativo y hay en su contemplar la serenidad de quien nada pide a los dioses:

Los dioses me concedan que, desnudo
de afectos, de la fría libertad
de las cumbres yo goce.
Quien quiere poco, tiene todo; quien
nada, es libre; quien no tiene o desea,
hombre, es como los dioses. 2

Que me concedan no pedirles nada
pido a los dioses.Un yugo es la dicha
y ser feliz oprime
por ser un cierto estado. 3

y el esfuerzo del hombre que procura romper las limitaciones de su yo o, digámoslo de otra manera, de aquél que quiere olvidarse a sí mismo:

Coge las flores mas suéltala
Apenas tú las mires.

Siéntate al sol. Abdica
Y sé rey de ti mismo.4

Coronadme de rosas.
Coronadme en verdad
De rosas
-Rosas que se apagan
En frente que se apaga
Temprana.
Coronadme de rosas
Y de hojas breves,
Basta.5

Estos dos aspectos, estrechamente relacionados, constituyen, a nuestro juicio, el sentido más hondo de su poesía. Así, las Odas de Reis, independientemente del tono estoico que las acompaña, reconocido por el propio poeta:

En cuanto a mí, si de mí puedo hablar, quiero ser al mismo tiempo epicureísta y estoico, seguro como estoy de la inutilidad de toda acción en un mundo6 en que la acción está en el error, y de todo pensamiento en un mundo donde el modo de pensar se ha olvidado.7

no son la expresión de un yo que, buscándose a sí mismo, se erija en atalaya solitaria, en fortaleza firme desde la cual resistir los golpes adversos de la fortuna:

Sé igual al promontorio donde sin cesar se quiebran las olas.El permanece inconmovible y a su alrededor se adormece la furia burbujeante del agua.8

Su estoicismo ha de entenderse como respuesta vital a unas circunstancias y a una época. Porque el poeta, perdónesenos la insistencia, no ha pretendido en ningún momento, y esto no viene sino a revelar un estoicismo particularísimo, construirse una identidad que, curtida en la lucha permanente con el mundo, -¡él, Ricardo Reis, tan, en cierto modo, resignado!- le permita, endurecido por el combate, transformar su frágil yo en el pétreo reducto desde el cual defenderse a sí mismo y elaborar su sueño de artista puro, refugiado, más allá de lo trivial, en la inmarcesible torre de marfil. Ni parnasiano ni simbolista:

Nos ha dislocado un destino misterioso. Cual ingenieros nacidos en las selvas africanas, llevamos con nosotros capacidades que no podemos realizar, el esbozo de un destino que no podremos cumplir.9

El pensamiento estoico, cuyo interés y peso en nuestra cultura lo dotan de vigorosa presencia, supone, en su desarrollo, un movimiento, una tensión de naturaleza contraria a la que el poeta manifiesta como sabia actitud vital en sus Odas. Digamos, porque ello puede aclararnos la escritura de Reis, algo más sobre el estoicismo y su obsesión por encontrar en el centro cordial del yo la referencia fundamental a una forma de entender la vida cuyo fin último es la salvación del individuo, obligado a desenvolverse en un medio social cada vez más ajeno. El estoico en modo alguno se vuelca contemplativamente en las cosas. Más bien al contrario. En su anhelo de fuga, buscando desesperadamente un refugio que no puede proporcionar el mundo, reelabora las cosas con la ayuda del lenguaje y, ante sí, ya juez supremo, se las representa y sobre ellas emite un fallo inapelable que puede resumirse así: la realidad es lenguaje:

Suprime la opinión: la posibilidad de sufrir daño queda suprimida.Suprime la posibilidad de sufrir daño: el daño queda suprimido.10

El estoico, en su reclusión, es yo y pensamiento y, tal vez, un idealista, porque desde la clausura de una conciencia desengañada, pero capaz de aprender, diseña un nuevo mundo a medida y ese mundo, no lo olvidemos, es un sueño, un bello sueño del lenguaje:

Que todo es opinión y ésta depende de ti. Elimina, pues, cuando quieras la opinión y como bonanza para el que dobla un cabo, todo quedará inmóvil, y el golfo sin olas.11

He aquí la metafísica estoica. Pero ¿en qué consiste esencialmente la relación de nuestro poeta con el mundo? Su comercio con las cosas es de naturaleza lingüística. Los sueños del poeta son, como los del viejo sabio estoico, lenguaje, y, sin embargo, la metafísica del artista difiere de la del pensador. Quizá con el propósito de no estorbar el acercamiento del lector a su poesía y mantener viva la comunicación, Reis rechaza la poesía metafísica porque los sueños metafísicos, aunque puedan ser los de un visionario, no se construyen con el sentimiento. La materia prima es la misma, el lenguaje, pero otra es la forma y, así, metafísica y poesía son, como expresión, muy diferentes. Dirígese ésta al sentimiento; aquélla, a la inteligencia:

La poesía metafísica es ilegítima.¿Cómo así, si la metafísica es legítima y la poesía es un producto tan intelectual como la metafísica? Porque la poesía no es un producto exclusivamente intelectual.Su base es el sentimiento, aunque se exprese con la inteligencia.La inteligencia sólo debe servir para expresar el sentimiento.12

A pesar de estas palabras, resulta apasionante indagar en la interesante filosofía de Reis, que defiende, como acabamos de mostrar, la ilegitimidad de la poesía intelectual. Aunque así sea, lo que desde un principio llamó nuestra atención fue descubrir en estas Odas una honda concepción del mundo y de la vida en donde metafísica y lenguaje manifiestan una intimísima unión y otorgan a la realidad un sentido moral enteramente nuevo. Repitámoslo: el poeta se vale de la palabra y ella viene a ser el hilo de la tela de araña que va, laboriosamente, tejiendo poco a poco. Interesa investigar el papel que corresponde al sujeto en tan ardua tarea, pero ocurre que el carácter cismundano de lírica de Reis elimina de raíz cualquier tratamiento crítico que intente abordar al yo por separado. En efecto, la subjetividad no puede, en este caso, entenderse al margen del mundo y de las cosas. Las líneas que siguen creemos que aclararán esta idea. Nos queda el otro polo de la relación, esto es, la realidad que el poeta capta y refleja a través de la escritura. Busca el poeta la serenidad y la encuentra en las cosas y en la aceptación de lo vivido y no en la reclusión de la conciencia. Por eso, Ricardo Reis nos propone abdicar y vivir sin memoria, porque sólo en un yo desposeído que consiente, en su afán de autodisolución, fundirse en abrazo cordial con el mundo, encuentra el hombre su reposo:

Todo cuanto cesa es muerte, y la muerte es nuestra
Si para nosotros cesa. Aquel arbusto
Fenece y va con él
Parte de mi vida.

En todo cuanto miré me quedé en parte.
Con todo cuanto vi, si pasa, paso.
La memoria no distingue,
De lo que vi, qué fui. 13

Y estos dos fragmentos:

Hoy, Neera, no quieras ocultarnos;
nada nos falta porque nada somos.
No esperamos ya naday al sol sentimos frío.

Mas, tal como es, gocemos del momento,
solemnes levemente en la alegría
y aguardando a la muerte
como quien la conoce.14

No tengas nada en las manos
ni una memoria en el alma,

que cuando un día en tus manos
pongan el óbolo último,

cuando las manos te abran nada se te caíga de ellas.15

Nada mejor para comprender estas Odas que el parecer crítico de Antonio Mora, el filósofo pagano, de quien Alvaro de Campos dirá que es pagano por inteligencia, y que acusa a Reis de adoptar una postura decadente:

Quiero que seamos indiferentes a una época que nada puede solicitar de nosotros, y sobre la cual en absoluto podemos actuar.Pero no quiero que se cante esa indiferencia como algo bueno en sí mismo y esto es lo que hace Ricardo Reis. En tal punto, lejos de volverse indiferente a las corrientes de la época se integra en una de ellas: la decadente. Dicha indiferencia es ya una adaptación al medio y una concesión.16

Si decimos que la crítica de Mora ayuda a desvelar el pensamiento poético de Reis es porque nos obliga a enfrentar la sensibilidad de nuestro poeta con la de otros compañeros de generación17 y de la tensión y del enfrentamiento, a veces, surge la luz. En cualquier caso no hemos encontrado en la poesía de este heterónimo de Fernando Pessoa ningún género de concesión que haga del poeta un espíritu decadente y resignado.La obra de este joven monárquico - pagano por carácter, según Campos, y no se olvide que el vocablo "carácter" hace referencia a un modo de ser adquirido, al cúmulo de experiencias que el hombre va incorporando a su fondo anímico en el trato continuo con las cosas y el mundo- quizá revele su secreto comparándola con la del autor de la Oda Triunfal y si bien dicha comparación no puede, desde luego, agotar todo su significado, sí creemos que salva al contemplativo Reis de la crítica de Mora18 . Recordemos, pues, que Alvaro de Campos, pagano por rebeldía , es decir, por temperamento -nos dirá él- ha transformado el nihilismo en arma de guerra, ariete demoledor con el que acometer la realidad y defenderse, al mismo tiempo, de su ataque. En combate contra el mundo, Alvaro de Campos se encierra en sí mismo y desde la clausura refuerza su subjetividad, aunque escriba:

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.19

Al ser el nihilismo arma de combate no tiene más remedio el poeta que definirse frente a una realidad que, al demolerla, analiza. Su nihilismo no es sino continua puesta a punto del yo, y éste se identifica con el acantilado descrito por el gran sabio estoico. Reis busca el sosiego en sus ansias de disolución; Campos, la seguridad que sólo puede encontrar en él mismo. Un espíritu solitario:

No: no quiero nada
Ya he dicho que no quiero nada.

¡No me vengáis con conclusiones!
La única conclusión es morir.
[...]
¡Oh revisitada pena, Lisboa de antaño, de hoy!
Nada me dais, nada me quitáis, nada sois que yo me sienta.
¡Dejadme en paz! No he de tardar, que nunca tardo...
Y mientras tardan el Abismo y el Silencio, ¡quiero estar a solas!20

Autor y licencia de 'Las Odas de Ricardo Reis: un poeta contemplativo - La poesía de Ricardo Reis (I)'
Juan Blas Ruiz Jiménez Extraído de: http://www.ucm.es/info/especulo/numero18/reis.html CopyLeft
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