Al contrario de las demás pirámides, no es una tumba. Este es el gran enigma de la Gran Pirámide, que ha hecho correr ríos de tinta a lo largo de los siglos. Junto con la Esfinge, otro importante enigma ubicado en sus proximidades, la Gran Pirámide de Keops constituye objeto apasionado de discusión, puesto que en ella se halla reflejado un auténtico compendio del saber humano... y una predicción de toda la historia futura de la Humanidad hasta su fin.
La observación de que la Gran Pirámide es algo más, o algo distinto, a una tumba, la elaboró ya Davidson al hacer observar que las cámaras del rey y de la reina disponen de un sistema de ventilación completamente inadecuado para las momias, y el hecho de que nunca llegara a colocarse en la Gran Pirámide la piedra terminal, lo cual, más que un descuido de los constructores como pretenden ver muchos egiptólogos, se considera como una clara simbología por algunos esotéricos. El propio Jesús dijo: «¿caso no leísteis en las Escrituras: "La piedra que rechazaron los constructores vino a ponerse en el vértice del ángulo; de parte del Señor se hizo esto, y es admirable a nuestros ojos"? Por ello os digo que será alzado de vosotros el reino de Dios, y será dado a la gente que produce los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra se hará pedazos; y a aquel sobre quien cayere lo triturara” (Mateo 21, 22-24).
La influencia de los hebreos en el Egipto de la Cuarta Dinastía, y el hecho de que su constructor fuera hebreo, ha hecho desvelar algunos misterios acerca de las características de la Gran Pirámide que han llevado a sorprendentes descubrimientos. La base de estos descubrimientos se halla en el sistema métrico empleado: el codo sagrado, y su fracción la pulgada piramidal, 1/25.° del primero. El codo sagrado, nos describe el abate Moreux, «era considerado por los hebreos como un presente directo de la Divinidad, utilizado tan sólo en algunas ceremonias santas y para la edificación de monumentos de alto simbolismo; fue llevado a Egipto, pero lo retornaron consigo tras el Éxodo; es considerado como la más perfecta de todas las medidas, hasta tal punto que Callet, el autor de la tabla de logaritmos, ha dicho de él que las naciones modernas se verán algún día obligadas a utilizarlo, puesto que el codo sagrado es invariable».
El codo sagrado hebreo es definido por los piramidólogos como «el equivalente de la diezmillonésima parte del radio polar terrestre», lo cual equivale a una longitud de 0'635660, es decir, que se trata de una medida apreciablemente mayor que el codo común, que es una fracción del meridiano terrestrey posee una longitud de 0'5237 metros. Y el codo sagrado de los hebreos es la pieza clave para interpretar la Gran Pirámide, el «logaritmo mágico» que convierte su estructura en un auténtico compendio del saber. Examinada a su luz, la magna obra arquitectónica adquiere una nueva dimensión que la convierte en uno de los más apasionantes enigmas que nos ha legado la 'Antigüedad.
Naturalmente, la erosión de los tiempos y los continuos saqueos y vandalismos a que se ha visto sometida ha hecho que algunas de sus medidas y proporciones hayan tenido que ser calculadas por suposición, lo cual ha permitido a muchos detractores considerarlas inválidas, ya que un error de unos pocos centímetros en la medición puede falsear una respuesta. Pero los hechos están ahí. En sus dimensiones se hallan encerradas medidas que evidentemente ya conocían los astrónomos egipcios, pero que sorprenden por su notable exactitud (que solamente hoy se ha podido comprobar con los aparatos más precisos), como son la medida del año solar, la del año sideral y anomalístico (el año sideral es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos del Sol por el mismo punto de su órbita aparente, y el anomalístico por el mismo perigeo de dicha órbita; la diferencia entre ambos años es de 4 minutos y 45 segundos), la ley de la precesión de los equinoccios, la de la variación de longitud del perihelio, la de la variación de la oblicuidad de la eclíptica, la distancia exacta al Sol, el diámetro polar de nuestro planeta... Todo ello prescindiendo de las proporciones de su forma en sí, que se revelan (como han demostrado recientemente Toth y Nielsen en el libro El poder mágico de las pirámides) como poderosos «condensadores magnéticos» que avivan el crecimiento de las plantas y mantienen incorrupta la carne.
Pero hay más cosas... muchas más. Entre ellas el sarcófago que se halla en el centro de la gran «Cámara del Misterio y de la Tumba Abierta», que no se halla destinado a albergar ningún cuerpo humano (de hecho, como hemos anotado ya, no parece que la Gran Pirámide de Keops fuera construida para servir de tumba, aunque muchos egiptólogos atribuyan la ausencia de momias a los constantes saqueos sufridos), y que es descrito así por Georges Barberin: «Su capacidad cúbica equivale, con una aproximación de siete milésimas, a la del Arca de la Alianza, y también a la del Mar de Bronce, el célebre vaso construido por Hiram para el Templo de Salomón, cosas éstas estudiadas por Arago y cuyas medidas se hallan en el Santo Libro de los Reyes. Y eso es lo extraordinario, ya que las medidas de estos tres recipientes antiguos tienen por unidad el codo sagrado de los hebreos.»