El interés por el estudio y la enseñanza de la lengua ha sido una preocupación constante del hombre. El nuestro está en detectar cómo en el discurso glotodidáctico se trata la noción de variedad diafásica.
Brevemente pasamos revista a algunos autores representativos del pensamiento lingüístico anteriores al siglo XX, y luego nos centramos en dos autores contemporáneos.
Entre el año 42 y 118 después de Cristo encontramos la figura de Quintiliano1, considerado por algunos como el iniciador del pensamiento relativo a la enseñanza de la lengua en la cultura hispánica. Este famoso pedagogo romano en su lema “Vir bonus, peritus dicendi”(Páez y Jones, 1994) alude a la formación total del hombre. Y si es diestro en el uso de la lengua podrá comunicarse eficazmente. Esa destreza y eficacia hacen que el hombre sea competente comunicativamente. Podemos vislumbrar en su lema el actual concepto de competencia comunicativa, por lo tanto considera aunque no científicamente, en su pedagogía lingüística las variedades diafásicas.
Catorce siglos más tarde, aparece la figura de Antonio de Nebrija, también didacta de la lengua. En cuanto al tema que nos interesa es importante su aporte porque anota: “…que lo que agora en él se escriviere pueda quedar en un tenor” (Páez y Jones, 1994). Vemos que se preocupa por fijar el registro escrito y sobre el oral, afirma: “no es otra cosa la letra sino figura por la cual se representa la boz…” (Páez y Jones, 1994). Deja clara la existencia de dos aspectos básicos en el dominio situacional de la lengua, el uso oral y el escrito.
En el siglo XIX en América, Andrés Bello, da a conocer su postura sobre los fenómenos lingüísticos. Reconoce en la enseñanza del idioma su carácter instrumental y transversal porque inicia el “alma en estudios severos auxiliares de la bella literatura, y preparativos indispensables para todas las ciencias, para todas las carreras de la vida…”( Páez y Jones, 1994). Esta expresión evidencia, si la vemos desde una perspectiva actual, la importancia del conocimiento certero de una lengua en su aspecto comunicacional. Si saber una lengua prepara “para todas las carreras de la vida”, prepara también al hombre para resolver todas las situaciones comunicativas. Las variedades diafásicas según el dominio se anuncian en estas palabras. También hay una especial atención dedicada a la variedad escrita: “…los dos instrumentos más poderosos de civilización son la lectura y la escritura”. Se ve la evolución en Bello ya que se reconocen ideas capitales que serán desarrolladas luego con el concepto de competencia comunicativa.
En el siglo XX con. la ruptura espistemológica saussureana se establecen las bases de una nueva lingüística que se define como científica. Las diferentes corrientes de pensamiento lingüístico formulan cada una su modelo teórico sobre el lenguaje, y la lengua. Y la enseñanza de la lengua recoge estas ideas. Variadas son las teorías y muchos son los teóricos, quisiéramos tomar a dos españoles de la segunda mitad del siglo XX que son exponentes representativos de la didáctica de la lengua y que además han influido notoriamente en la labor docente de nuestro país. Sin dudas Juan Manuel Álvarez Méndez y Daniel Cassany tienen mucho que ver en las prácticas pedagógicas actuales en nuestras aulas.
En el año 1987 Álvarez Méndez publica su “Didáctica de la lengua materna. Un enfoque desde la lingüística”. En esta obra el autor sintetiza sus ideas principales acerca de cómo debe ser la enseñanza de la lengua materna. Destaca la importancia de enseñar lengua no gramática y anota (Álvarez Méndez, 1987) “ …‘aprender gramática’ no es objetivo primario de la escuela. Ciertamente que en los años de escolaridad se aprende gramática pero como recurso auxiliar…” Tampoco deja de lado, los aportes con los que la sociolingüística contribuye a la glotodidáctica. Toma en cuenta las variedades diatópicas y diastráticas de manera explícita. La referencia a las variedades diafásicas, a las que también recurre, no están, nos parece, tratadas con la rigurosidad y precisión que merecen. Muchas veces aparecen peligrosamente vinculadas con las variedades diastráticas.
Plantea una enseñanza de la lengua que dignifica la que trae el niño y a partir de ella, la adquisición del estándar. Sobre esto plantea: “La tarea educativa consiste sustancialmente en sistematizar y concienzar sobre esa adquisición primaria con el fin de llegar a comprender y a utilizar los recursos posibles que ofrece el sistema. Se trata, por tanto, repito, de ir de lo ya dado, de lo conocido a lo desconocido, según una jerarquización programada conforme a una serie de contenidos formales que debe dominar (aprendizaje) y conforme con unas necesidades de comunicación dentro de su campo experiencial a través del cual se integra y se diferencia dentro de una comunidad específica (expresión).” (Álvarez Méndez, 1987). Destaca, también, la responsabilidad del docente que debe conocer y reconocer la existencia de los fenómenos sociolingüísticos en el momento de la planificación de las actividades de clase. “Mi propósito es que, (…), la escuela lleve al niño al conocimiento de los elementos básicos de la lengua partiendo del medioambiente y de la lengua hablada por la comunidad en la que el sujeto está inmerso; es decir, de la experiencia sociolingüística - que motiva su reacción anímica y mimética- y del hecho vivo que es la lengua. Por lo cual considero indispensable que el maestro conozca bien los modos de expresarse de la comunidad idiomática del niño y sepa a qué se deben sus peculiaridades lingüísticas para comprender cuáles pueden ser los errores de lengua que debe corregir y cuáles las variantes que corresponden a la norma lingüística de la región.” (Álvarez Méndez, 1987)
El docente, modelo, cuyo repertorio lingüístico debe ser amplio, tiene que ser coherente en el uso de la terminología técnica. Este uso técnico puede verse desde lo diastrático y lo diafásico. Bosque I. y otros (1999) anotan:”La actividad profesional es un dominio cerrado, y por tanto, la variedad funcional ligada a ese dominio es también, una jerga de grupo: el habla de los médicos es una variedad funcional porque quienes la utilizan lo hacen sólo en las situaciones relacionadas con su profesión, mientras que en otras situaciones cambian de registro; pero de igual forma es también una jerga porque está restringida a un determinado grupo de hablantes, los médicos.” Cambiando lo que hay que cambiar, podemos reconocer la certeza de estos conceptos en el uso del vocabulario de la teoría lingüística sumamente heterogénea cuyo uso desordenado en el discurso glotodidáctico conduce al fracaso y no al éxito del aprendiz.
La didáctica de Álvarez Méndez ubica en su justo lugar la enseñanza de la gramática en la educación lingüística. Reconoce, también, los aportes de la sociolingüística y nos dirige hacia la enseñanza de la lengua.
En 1994, siete años más tarde, Daniel Cassany publica junto con Marta Luna y Glória Sanz su libro “Enseñar lengua”. Desde el título queda situada la concepción didáctica de estos autores. Se debe enseñar lengua. El desplazamiento de la enseñanza de la gramática planteado también por Álvarez Méndez, toma en el discurso pedagógico de Cassany y sus colegas solidez definitiva. La excesiva atención dada a la competencia lingüística hasta el momento, cede el paso a la atención y al reconocimiento de la competencia comunicativa, sobre la que Cassany y otros (2000) apuntan: “El concepto de competencia comunicativa fue propuesto por el etnógrafo Hymes (1967) para explicar que se necesitaba otro tipo de conocimientos, aparte de la gramática, para poder usar el lenguaje con propiedad. Hay que saber qué registro conviene utilizar en cada situación, qué hay que decir, qué temas son los apropiados, cuáles son el momento, el lugar, y los interlocutores adecuados (…) Así, la competencia comunicativa es la capacidad de usar el lenguaje en las diversas situaciones sociales que se nos presentan cada día.” Y más adelante proponen el siguiente gráfico: (Cassany y otros 2000)
Sin duda el criterio didáctico cambia. Este enfoque que da supremacía a la competencia comunicativa se denomina enfoque comunicativo cuyo principal objetivo es, según apuntan Cassany y otros (2000) “…no es ya aprender gramática sino conseguir que el alumno pueda comunicarse mejor con la lengua”. Estos autores, imbuidos de los últimos supuestos sociolingüísticos introducen como factores determinantes en la enseñanza de la lengua a las variedades en sus dimensiones diatópicas, diacrónicas, diastráticas y diafásicas. Esto puede verificarse en el concepto de lengua y comunidad lingüística que proponen: “Una lengua es la manifestación concreta que adopta en cada comunidad la capacidad humana del lenguaje. En este sentido es, además del medio que permite la comunicación entre los miembros de esta comunidad, un signo de adscripción social, es decir, de pertenencia a un grupo humano determinado. No se puede hablar de lengua sin hablar de sociedad, sin tener en cuenta que la lengua es un hecho social y que todos los demás hechos sociales se vinculan a ella. Por otra parte, el sistema de signos que utiliza un ser humano es parecido al sistema de signos de las personas de su mismo grupo y diferente de los sistemas de otros grupos más alejados.
Este fenómeno configura conjuntos humanos que reciben el nombre de comunidad lingüística: un grupo de personas que utiliza la misma lengua y que, normalmente, está vinculado a un entorno geográfico y a un mismo contexto histórico, social y cultural.” (Cassany y otros 2000).
Así concluimos con estos autores: “Desde este punto de vista, la enseñanza de la lengua también deberá mostrar la diversidad como fenómeno enriquecedor de la realidad y de las experiencias (…). Un enfoque de este tipo favorece de manera muy especial los componentes actitudinales del aprendizaje y uso de la lengua, ya que fomenta el respeto hacia todas las comunidades, hacia todas las lenguas y hacia todas las variedades. (…) En las clases de lengua tiene que producirse un intercambio y una producción similar a la del entorno social: a través de la lengua hacemos amistades, trabajamos, aprendemos, nos expresamos, inventamos, leemos y sentimos lo que expresan las demás personas. (…) La escuela debe facilitar criterios para saber qué variedad -dialectal propia o estándar- y qué registro se tiene que usar según la situación de comunicación. (…) La enseñanza de la lengua tiene que ayudar a configurar en los alumnos un repertorio lingüístico rico, variado y creativo. (…) En este sentido, saber lengua o gramática significa dominar los usos orales y escritos del mayor número posible de dialectos y registros.” (Cassany y otros 2000)
Se pasa de un enfoque estrictamente lingüístico con una primera aproximación a la inclusión de factores sociolingüísticos (Álvarez Méndez) a un enfoque comunicativo (Cassany y otros). Reconocemos el cambio de un aprendizaje fundamentado en la descripción interna del sistema (código) a un aprendizaje mediante el estudio del sistema en su variedad, inserto en su medio concreto.( Álvarez Méndez, Cassany y otros). Este enfoque comunicativo realza el estudio de las variedades diafásicas. Vemos cómo ha evolucionado el tratamiento que de ellas se hace en el discurso glotodidáctico. Adquieren un papel cada vez más protagónico y encuentran un lugar cada vez más claro y definido.