



No debe extrañar que Marechal se haya detenido con minucia y con originalidad en el poema de José Hernández, en una conferencia titulada "Simbolismos del Martín Fierro" (1955).
Esta conferencia está planteada casi como una prolongación de las reflexiones desarrolladas en la anterior, desde el momento en que se inicia con las mismas palabras con que termina la otra. Esto indica una continuidad en el pensamiento marechaliano sobre este tema. Según lo asegura Marechal, el poema de Hernández nació en el momento adecuado: "Sin complejo alguno, 'con toda la voz que tiene', Martín Fierro se parece bastante a un hecho libre de la literatura nacional, producido, como todo milagro aleccionador, en el instante justo en que se lo necesitaba, es decir, cuando la nueva y gloriosa nación, habiendo nacido recién de la guerra, como todo lo que merece vivir, debía reclamar con las obras su derecho a la grandeza de los libres, tal como había reclamado su derecho a la existencia en la libertad."13
Marechal plantea dos instancias por las que atravesó el poema de Hernándeez, situaciones a las que denomina "enigmas": el primero, relacionado con la difusión del poema. El segundo, con las primeras interpretaciones que se le dieron.
El primer "enigma" está en relación con los destinatarios del poema. Marechal afirma que el Martín Fierro, está dirigido a "la conciencia nacional", es decir: a todos los argentinos14. Pero en el momento en el que el poema aparece, Marechal advierte que hay una clase dirigente y una intelectual, por cuyas acciones se produce lo que Marechal denomina el proceso de "enajenación o el extrañamiento del país con respecto a sus valores espirituales y materiales"15. Entonces, Martín Fierro es sistemáticamente ignorado o admitido como un mero hecho literario por las dos clases arriba citadas.
En este punto, Marechal se pregunta: "¿Cuál era, pues, la única órbita de acción que a Martín Fierro le quedaba? La del pueblo mismo cuyo mensaje quería transmitir el poema. Y entonces ocurre lo enigmático: el mensaje desoído vuelve al pueblo de cuya entraña salió."16 En esto cifra Marechal el "enigma": un fenómeno de consecuencias inusitadas, por el camino recorrido por el poema, que implica una apertura en la conciencia popular, un abandono de la ciudad y un regreso a la tierra.17
El segundo "enigma" es el de la incomprensión, ingenua o deliberada, del poema. Marechal asegura que en el país hay inteligencias que conocen la verdad que encierra el Martín Fierro, pero que operan como obstructoras de esa verdad. "Cierto es que las circunstancias de enajenación u olvido con respecto al ser nacional y a sus intereses vitales, no sólo perduraban en el país, sino que se habían agravado, merced a las corrientes cosmopolitas (inmigratorias o no) cuyo flujo había cubierto nuestro limo natal y añadía nuevos factores de confusión al problema de aclarar lo nuestro."18 La claridad con la que Marechal resuelve el "enigma" que él mismo había enunciado para el poema, reubica la obra de Hernández en una instancia crucial, en tanto no se atienda a lo que Marechal está poniendo en evidencia: "El poema de José Hernández no fue entendido cabalmente por su crítica inicial; y no será entendido por ninguna que desvincule al Martín Fierro de su misión referente al ser argentino y a su devenir."19
Así, Marechal rescata el valor del Martín Fierro por configurarse como una obra representativa del ser nacional y por encarnar la voz de su pueblo.20 Al tratarse de una realización popular, asume el carácter de tradicional. Este aspecto había sido puesto de manifiesto por Lugones en El payador, quien, como Marechal, lo vincula a la épica occidental: "El Martín Fierro es, como las epopeyas clásicas, el canto de gesta de un pueblo, es decir, el relato de sus hechos notables cumplidos en la manifestación de su propio ser y en el logro de su destino histórico."21 Y a continuación, inserta lo medular de su comentario sobre el poema de Hernández, cuando lo vincula con lo que el mismo Marechal había denominado "los movimientos del alma"22: "... la de Martín Fierro es una gesta ad intra, vale decir, hacia adentro, que el ser argentino ha de cumplir obligado por las circunstancias. Es la gesta interior que realiza la simiente, ante de proyectar ad extra sus virtualidades creadoras."22
Ahora bien: si Marechal, en otra coincidencia con Lugones, considera que Martín Fierro es una epopeya, en una obra de esta naturaleza se destaca la imagen de un héroe. Marechal establece dos niveles de interpretación: uno literal, en el que reconoce al gaucho como héroe del poema, es decir un gaucho perfilado según características raciales y espaciales específicas. Pero el otro nivel de lectura, es simbólico, entonces afirma: "En el sentido simbólico, Martín Fierro es el ente nacional en un momento crítico de su historia: es el pueblo de la nación, salido recién de su guerra de la independencia y de sus luchas civiles, y atento a la organización de fuerzas que ha de permitirle realizar su destino histórico."24, inclusive, Marechal da un paso más en su interpretación, al sostener que Martín Fierro "...es el símbolo de todo un pueblo que, súbitamente, se halla enajenado de su propia esencia y, por lo mismo, hurtado a las posibilidades auténticas de su devenir histórico."25
Cuando Lugones asociaba el temple de Martín Fierro al temperamento de Hércules, el esforzado semidiós de los doce trabajos, establecía que una función arquetípica estaba sustentando el espíritu del gaucho, anunciando que los argentinos estábamos hechos de esa madera y que debíamos despertar de una especie de letargo que nos hacía dar las espaldas a esa realidad. Marechal, por su parte, profundiza lo arquetípico lugoniano y a esa misma categoría le asigna un grado metafísico: Martín Fierro es el ente nacional, es la encarnadura del ser argentino. Tanto de la reflexión de Lugones cuanto de la de Marechal, se repara en el hecho de que el poema de José Hernández constituye el espacio donde anida la tradición nacional, el origen y la proyección natural de lo más genuino.
La tradición literaria argentina está hecha del canto de los aedas, que rubricaron con su palabra la dinámica interna de la tradición. Si Marechal postula que, por una parte, la poesía verdadera debe profundizar lo autóctono para alcanzar proyección universal, el Martín Fierro logra ese nivel. Pero llega ahí por obra del pueblo, de la comunidad, que es el verdadero reservorio de la tradición.
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