



El pasado 17 de marzo, escuché una noticia en el informativo del mediodía que me chocó sobremanera. "Las mujeres son más complicadas que los hombres". Tampoco voy a decir que se me cortase la digestión, pero sí que me llamó poderosamente la atención. El presentador informó de que científicos estadounidenses y británicos habían descubierto que los genomas de la mujer y del varón eran diferentes y que el par de cromosomas sexuales femeninos XX tenía ciertas particularidades desconocidas. En los varones, los cromosomas sexuales son XY, por lo que hasta ahora se había pensado que uno de los cromosomas femeninos X estaba "silenciado" para evitar redundancias genéticas. Sin embargo, se ha descubierto que no es así, es decir, que las mujeres tienen activos gran parte de los genes de ese cromosoma X duplicado. Como colofón, el estudio ha demostrado que los varones se parecen más entre ellos que las mujeres entre sí.
La sapiencia popular ha venido afirmando que "todos los hombres son iguales" y que "las mujeres son muy complicadas" o "no hay quien las entienda". ¿Tanto han tenido que trabajar estos científicos -12 años de estudio intensivo del genoma- para llegar a una conclusión que ya recoge el refranero popular? ¿No será que más que las mujeres sean más complicadas, lo que ocurre es que son genéticamente más complejas? Es decir, que al tener más genes en el par sexual, ¿sean también, por qué no decirlo, genéticamente superiores?
Lo que desde el principio más me llamó la atención fue el término complicadas. Enseguida me vino a la cabeza el refrán popular, la carga negativa que tiene este término empleado para hacer referencia a una persona y la intencionalidad que podría, o no, tener su empleo. Era otro término, complejas, similar en sus letras iniciales, pero distinto en cuanto a origen y evolución, el que me parecía más adecuado para expresar la conclusión a la que habían llegado los científicos.
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