



A lo largo de nuestra existencia, todos hemos comprobado alguna vez cómo determinados sucesos han provocado algún cambio en nuestra vida, y sin embargo, no le hemos dado mucha importancia y los hemos bautizado con el nombre de “mala racha”, o hemos echado la culpa a los demás, sin investigar que es lo que estaba ocurriendo detrás de estos hechos. Sin embargo, nuestra mente nos envía constantemente unos mensajes a través de los sueños y de los acontecimientos diarios para advertirnos sobre la manera en que estamos encauzando nuestra vida.
No hablamos de premoniciones sin a hechos concretos. Más bien se trata de cosas tales como el que todos los electrodomésticos de la casa por ejemplo, en determinados momentos sufran averías (a todos nos ha ocurrido en algún momento), o a gastos imprevistos por deterioro de algún elemento de la casa, o retrasos en acontecimientos previsto, entre otras mil posibilidades, y es importante aprender a encontrar ese lenguaje simbólico que vincula el mundo exterior con nuestro subconsciente a través de esos acontecimientos diarios, en lugar de considerarlos como situaciones diferenciadas.
Dice el axioma hermético “Lo que está afuera es como lo que está adentro y lo que está Arriba es como lo que esta abajo, Todo es Uno”, y esa unidad indica una sincronización, una vinculación de acontecimientos que actúan como espejos polares: afuera-adentro, arriba-abajo, masculino-femenino, blanco-negro, luz –oscuridad, y asi seguiríamos la enumeración hasta el infinito.
En el plano externo la energía se rige por unos elementos que configuran la materia, constituyente
del mundo visible a nuestros ojos:
Agua, Fuego, Aire (metal) y Tierra, y por dos polos positivo y negativo, no en el sentido de bueno o malo, sino de exterior o interior, de masculino/femenino, activo-receptivo. Las culturas Asiáticas agregan la Madera a los 4 elementos anteriores.
Nuestro cuerpo es energía igualmente constituida por una materia que a su vez participa de la misma correspondencia. Aquí entra la primera curiosidad. Los elementos que construyen el entorno terráqueo, dirigen o alimentan a nivel energético los órganos internos del hombre. Una vez mas el interior y exterior no son sino las dos caras de una misma moneda.
La Tierra es el Hogar temporal del hombre Aquí se desarrollan todas nuestras experiencias evolutivas. Es la base donde materializamos la vida y la casa es el mundo interior del ser humano, es la imagen del Universo, al igual que la ciudad y el templo. Así esta reconocido desde ciencia del psicoanálisis hasta las religiones y filosofías más antiguas. El Budismo la identifica con el cuerpo humano y añade 6 ventanas que son sentidos.
Pongamos por un momento la atención en esta estructura:
Básicamente la casa tiene cuatro lados que se corresponderían con los 4 puntos cardinales y asi pues las estaciones, que además están regidos por 4 elementos, al que se añade una salida de humos hacia el espacio que vincularía el cielo y la tierra el exterior el interior. Es también un símbolo femenino, en el sentido de refugio, madre, protección y seno materno.
Las técnicas de interpretación de sueños aplican a la casa diferentes significados según las habitaciones representadas, que corresponden a diferentes ámbitos de la mente. La fachada es la máscara o apariencia externa individual. El techo es la cabeza y el espíritu: el control de la conciencia; la cocina simboliza el lugar de las transformaciones alquímicas, es decir el momento de evolución interior. Los dormitorios, el inconsciente y los instintos. La casa está asentada sobre unos cimientos y vigas, y creada a con unos materiales de tierra (el solar, los ladrillos), agua (liquido que mueve energías mediante tuberías), fuego (soldaduras, la cocina, el calor la calefacción o chimenea), aire/metal (espacio huecos como habitaciones y cañerías), madera (estructura interna como puertas, armarios, muebles).
Hablamos de hogar familiar como centro de protección grupal, pero en realidad, en sus orígenes era el espacio donde ardía la lumbre y en torno a cual se reunían los miembros de una familia o clan, para cocinar, comer y calentarse en las noches frías de invierno mientras relataban las historias de los antepasados o compartían las inquietudes de presente.
En nuestros días la llegada de la calefacción ha roto aquel encanto y el hogar se ha convertido en todo el recinto familiar donde el grupo convive, pero sin embargo, ha conservado el sentido privado de espacio donde podemos ser nosotros mismos, ver a nuestros hijos crecer, recibir a nuestros amigos y sentir nuestra magia. Es el lugar de protección del exterior, el sitio donde nos manifestamos más auténticamente y por supuesto donde las relaciones suelen ser más conflictivas. En casa descansamos, dormimos, soñamos, nos alimentamos, y proyectamos nuestra vida en sociedad. Allí educamos a nuestros hijos, cultivamos nuestras aficiones, creamos y desarrollamos nuestras relaciones más íntimas. Es lógico pues que representemos al hogar como el mundo interior del ser humano. Y por consiguiente es nuestro centro mágico. La casa tiene que ser lo más confortable posible para nuestro trabajo interior, porque es la base de todas las funciones mágicas de la vida. Podremos crear centros mágicos en otros lugares, pero las raíces de la magia comienzan en casa. Allí descansamos, meditamos, y en ella nos preparamos para realizar cualquier tipo de trabajo que deseemos desarrollar. Asi pues la casa debe ser el reflejo de nuestro propio espíritu a fin de que no haya escisiones entre el exterior e interior a la hora de realizar la obra magica.
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