Inicio / Wikis / Artículos / Los enigmas del azar - La suerte y lo inesperado

Los enigmas del azar - La suerte y lo inesperado

Artículo creado por
10 de Junio de 2006
FilosofíaPensamiento y política

Vivimos en un mundo en el que nuestras intenciones y nuestros objetivos, nuestros "proyectos más elaborados y mejor diseñados", y, en definitiva, nuestra vida misma están a merced del puro azar y la contingencia inescrutable. En un mundo así, en el que somos nosotros los que disponemos, pero el destino dispone, en el que los resultados de gran parte de nuestras acciones depende de "circunstancias que escapan a nuestro control", la suerte está destinada a desempeñar un papel decisivo en el drama humano.

Es posible que nunca lleguemos a ser conscientes de lo afortunados que somos en realidad. En cada paso que damos el azar puede intervenir para bien o para mal. Se sabe que nos libramos de la muerte al menos una docena de veces al día al no inhalar un microbio mortal, o al no pisar una piedra que nos haría resbalar y chocar contra un autobús en marcha. La suerte es, pues, un factor omnipresente y formidable en la vida humana tal y como la conocemos, un compañero que, queramos o no, nos acompaña desde la cuna hasta la tumba.

  La suerte entra en juego cuando las cosas que son importantes para nosotros acontecen de forma fortuita, por pura casualidad. "Importante" quiere decir en este contexto que nos acarrean beneficios o perjuicios. A veces, necesitamos del transcurso del tiempo para saber con certeza si un beneficio es tal. Por ejemplo, no se puede pronosticar el éxito o el fracaso de un matrimonio el mismo día de la boda. De la misma forma, sólo una consideración retrospectiva podrá juzgar el resultado de un encuentro entre un hombre y una mujer. Generalmente, sin embargo, tendemos a evaluar lo bueno y lo malo a corto plazo, sin preocuparnos demasiado por "cómo terminará". (Después de todo, tal y como afirmó John Maynard Keynes "a la larga nos morimos todos".

  La suerte gira en torno a lo impredecible. En un mundo en el que todo estuviera previsto de acuerdo con un plan dado, no cabría la suerte. Pero nosotros vivimos en un mundo totalmente distinto. Las cosas nos pueden ir bien o mal y ello depende de condiciones y circunstancias que escapan totalmente a nuestro control cognitivo o manipulador. Tuvo verdaderamente mala suerte la España de Felipe II al dispersarse "La Armada Invencible" en el transcurso de una tormenta en el Canal de la Mancha. Sin embargo le vino muy bien a la Reina Isabel. La suerte, buena o mala, afecta tanto a los individuos particulares como a los grupos (piénsese en los judíos polacos, o en los pasajeros del Titanic). No hay forma de librarse de ella en este mundo. El traer niños a este mundo no es hacerlos rehenes de la fortuna, pero sí entraña una apuesta. Donde quiera que invirtamos nuestras esperanzas y objetivos e intenciones, y cualquiera que sean nuestras expectativas, planes y aspiraciones, la fortuna entra en juego para hacer que nuestros sueños se hagan realidad o para frustrar nuestros deseos. Los planes más estudiados, como el del ratón de Robert Burn fracasan ("gang aft agley",(1)) , y ocurre así por razones que escapan totalmente a nuestro control y a nuestro entendimiento. Jugamos nuestras cartas lo mejor que podemos, pero el resultado depende de lo que hace el resto de los jugadores en el sistema, ya se trate de la capacidad de la gente o de las fuerzas de la naturaleza. Vivimos la vida entre esperanzas y temores. Las cosas salen de tal forma que pueden redundar en nuestro bienestar o en nuestro infortunio sin que nosotros podamos preverlo o controlarlo. Y es justamente ahí donde el factor suerte recorre un camino inexorable en el dominio de los asuntos humanos. A menudo la vida de una persona es una cadena formada de eslabones de suerte. Las influencias personales de la juventud que ayudan a tomar decisiones respecto a qué carrera seguir, las contingencias que determinan el propio puesto de trabajo, los encuentros casuales que nos conducen al matrimonio, etc., constituyen ejemplos de lo que es la suerte.

  El papel del azar en los asuntos humanos ha sido un tema ampliamente debatido en profundidad entre los filósofos. En la Grecia Helenística, los teóricos debatían incansablemente sobre el papel de la "e i m a r m e n h ", el destino insondable que implacablemente gobierna los asuntos de dioses y hombres, sin tener en cuenta sus deseos o sus acciones. Los Padres de la Iglesia lucharon poderosamente para combatir el canto de la sirena que constituían las ideas del azar y el destino, potencias que invitaban a la superstición. (San Agustín detestaba la palabra destino). El tema de la buena o la mala fortuna, junto con la cuestión de hasta qué punto controlamos nuestro destino en este mundo, volvió a ponerse de relieve en el Renacimiento, cuando los estudiosos volvieron a obsesionarse con los asuntos del destino humano planteados por Cicerón y San Agustín. Y el tema, sin lugar a dudas, tiene un amplio y largo futuro ante sí, puesto que es indudable que, mientras continúe la vida humana, la suerte tendrá un papel destacado en todo lo que a ella se refiera.

  Los desastres representan una bifurcación destacada en la rueda de la fortuna en tanto que dividen a quienes les afecta en dos: los afortunados y los desafortunados, las víctimas y los supervivientes. (Piénsese en los aristócratas de la Revolución Francesa o los judíos europeos en la época de Hitler), los gulags de la Unión Soviética de Stalin, los pasajeros de un avión que se estrella o los de un barco que se hunde). Cuando nos golpea una tragedia nos enfrentamos a una de las estampidas de la historia que nos empuja y arrastra, lo queramos o no, en una u otra dirección, del bando de los afortunados o de los desafortunados. Es la forma más clara que tiene el ser humano de reconocer el papel que desempeña la fortuna, ya que nos hace apreciar la contingencia de los triunfos humanos y de los desastres. "Voy a donde me conducen los dictados de la fortuna" es un pensamiento humilde que nos invita a una reflexión muy saludable para todos nosotros. La cuestión clave (tanto para los afortunados como para los desafortunados) es ¿por qué yo?, ¿qué he hecho yo para merecer esto? Por supuesto, la ironía es que la respuesta apropiada y correcta a dicha pregunta es: nada. Se trata simple y llanamente de un asunto de mera casualidad fortuita. Ocurre que, dada nuestra tendencia natural humana a pensar que vivimos en un mundo racional, creemos que existe siempre una última razón por la que las cosas ocurren de la forma en que ocurren. Cuando las cosas salen mal nos invade un sentimiento de culpa y de carga. (¿Por qué he sido elegido? Mientras que cuando todo sale bien nos preguntamos: ¿qué es lo que tengo que hacer ahora para hacerme merecedor de lo que me ocurre? Ambas reacciones son absolutamente normales, pero totalmente inútiles. En definitiva, la única actitud racional es sentarse cómodamente en la silla de la vida y aceptar la idea del azar como tal. En el fondo nos damos cuenta perfectamente bien de que no funciona siguiendo una razón o un ritmo compensador. Unas veces con ironía y otras en el sentido más literal, utilizamos el consuelo de "¡Qué haya suerte la próxima vez!".

En un mundo en el que no se puede evitar vivir sumergido en cierto grado de incertidumbre, en el que por alguna extraña razón las consecuencias de nuestras acciones o de nuestras omisiones están sustancialmente más allá de nuestro alcance profético, el hecho de confiar en la suerte es, en cierta medida, inevitable. Nuestras acciones pueden hacer propuestas al mundo, pero sus consecuencias, para bien o para mal, están casi fuera del alcance de nuestro conocimiento y control. Ya sea para bien o para mal, aquello que le ocurre realmente a la gente es con demasiada frecuencia un asunto de suerte.

  Al igual que una herencia inesperada, la buena suerte nos llega por regla general inopidadamente, "por arte de magia". A veces para asegurarnos tomamos medidas preparatorias y preliminares para ponernos en el camino de la suerte. Es imposible ganar dinero a la lotería si no hemos jugado previamente, o no se pude hacer dinero en las carreras si no se apuesta. Algunas veces se trata de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. Pero con frecuencia es poco o nada lo que hay que hacer. Para escapar por los pelos, por ejemplo, simplemente hay que evitar, con un margen lo suficientemente estrecho, estar en el lugar inadecuado en el momento inoportuno. Por supuesto, se puede decir lo mismo con respecto a la mala suerte.

  Con frecuencia es únicamente la suerte la que determina el estatus y el significado de nuestras acciones. Ese salto en el vacío, ¿fue un golpe genial, o el principio del fin? ¿La confesión de Juan fue un gesto inútil o se trató de un acto sincero de expiación? La decisión de Henry de regresar a los EEUU en un intento por evitar el precipitado matrimonio de Mary, ¿fue un movimiento inteligente o un paso hacia el desastre? Todo depende. Qué descripción se adapta mejor a un acto dependerá del resultado, y el resultado con demasiada frecuencia depende de cómo las cosas ocurren por casualidad, esto, por mera suerte.

  Puede ser simplemente por casualidad o por un antojo cualquiera por lo que terminamos reservando nuestro billete en el Mauritania o en el Titanic para nuestro viaje de regreso. Pero qué camino toma nuestra decisión puede ser "determinante en el mundo." En esta vida no somos dueños de nuestro destino o más bien, lo somos, pero en una porción muy limitada. La mano de la contingencia imprevista está presente en todo lugar. La idea clásica según la cual "el carácter es el destino" es muy problemática en todas sus versiones, porque en mayor medida de lo que nos gustaría admitir, es la suerte más que la naturaleza la que determina lo que llegamos a ser en este mundo. Bajo la influencia de la filosofía estoica y epicúrea, algunos de los antiguos romanos concibieron al hombre como dueño de su propio destino. Pero un punto de vista totalmente diferente gozaba también de mucho predicamento. Según éste estamos a merced de fuerzas que escapan a nuestro control: el destino tiene sus propias mañas para con nosotros, lo queramos o no. "Los dioses nos golpean como si fuéramos pelotas" afirma Plauto. Y Shakespeare dice que somos bufones en la corte del reino del azar, regido por un monarca déspota que nos obliga a bailar al son de su látigo. Algunos de los riesgos que corremos son fruto de nuestra actividad, pero gran parte de lo que nos acontece nos llega sin ser bienvenido ni haber sido invitado; aspectos simplemente inevitables de la vida en un mundo incierto y a menudo poco amistoso.

  No existe un equilibrio de la suerte en el curso natural de las cosas. El terrorista, que va a colocar una bomba en un establecimiento que está abarrotado de gente y le explota a él en el coche, tienen mala suerte. Pero gracias a su "mala suerte" hay mucha gente que la tiene buena.

Con frecuencia al elegir a una adinerada que compite con otra pretendiente, por ejemplo, o al escapar ileso de una explosión gracias al escudo humano de cualquier otra persona, la buena suerte de uno es a costa de la mala suerte de otro. X, sin darse cuenta, deja caer un billete de $100, Y se lo encuentra, suerte para él, pero mala para el que lo perdió. Pero, por supuesto, no siempre ocurre así; la buena suerte puede también no ocasionar víctimas. La persona que encuentra petróleo en su jardín es realmente afortunada sin serlo a expensas de nadie. La vida no es un juego de suma cero en el que la fortuna de uno es siempre a costa de otros. Si por mera casualidad el mundo se libra de una epidemia apocalíptica o de una guerra nuclear, todos somos afortunados sin que haya desafortunados que tengan que pagar un precio por ello.

Valora este capítulo:
Autor y licencia de 'Los enigmas del azar - La suerte y lo inesperado'
Nicholas Rescher Extraído de: http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/contenidos.html

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Reconeixement-NoComercial-CompartirIgual 2.5 Espanya
Este contenido ha sido recopilado por el equipo de Wikilearning. Todo el contenido recopilado se ha obtenido respetando y comunicando en nuestro site la licencia de cada fuente.
Wikilearning tiene permiso expreso por escrito de los autores para publicar los contenidos que ha extraído de otras webs, incluyendo su uso comercial.

Opiniona sobre 'Los enigmas del azar - La suerte y lo inesperado' (0)

Tu nombre debe tener tres caracteres como mínimo.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
Es necesario que te des de alta con una cuenta de correo válida.
El contenido del título de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.
Es obligatorio que selecciones una valoración del recurso.
El contenido del comentario de tu opinión debe tener tres caracteres como mínimo.

Opina sobre este artículo



* Valoración:
* Nombre:
* Correo electrónico:
* Título:
* Comentario:

Wikis relacionados con 'Los enigmas del azar - La suerte y lo inesperado'

Sería absolutamente simple, empezar a responder desde la afirmación peregrina que, "el hombre es el... Más »
Por su tendencia realista, opuesta al tono alucinante (lingüístico y temático) de Los días enmascarados... Más »
Dentro de los aspectos importantes para la viabilidad y sustentabilidad de las microempresas y pymes,... Más »
En un mundo altamente competitivo hay cada día menos espacio para la falta de recaudos.... Más »
El objetivo de este artículo es reflexionar sobre el problema de los límites del lenguaje... Más »
¿Estás seguro de que deseas eliminar este capítulo?