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  1. 1 Los Guerreros de Xian, la Gran Muralla y el emperador biblioclasta Qin Shi
  2. 2 En torno a los guerreros de Xian y la Gran Muralla

Los Guerreros de Xian, la Gran Muralla y el emperador biblioclasta Qin Shi Huang - Los Guerreros de Xian, la Gran Muralla y el emperador biblioclasta Qin Shi

1 - Los Guerreros de Xian, la Gran Muralla y el emperador biblioclasta Qin Shi

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Artículo creado por Marcos Ros. Extraido de: http://www.documentalistaenredado.net/166/los-guerreros-de-xian-la-gran-muralla-y-el-emperador-biblioclasta-qin-shi-huang/
09 de Marzo de 2006
En ocasiones, nos maravillamos ante lo que nos quedó construido, o supuestamente legado, lo que sobrevivió a lo largo de la Historia y se nos revela como un retrotraimiento a un pasado lejano. Sin embargo, ante todo esto, tendemos a olvidar lo que se perdió o se destruyó, por acción o por omisión, durante el camino. Un ejemplo de aquello que se nos dejó y que al mismo tiempo se destruyó, lo podemos encontrar con el Primer Emperador de la China, Qin Shi Huang, que empezó la construcción de la Gran Muralla y adornó su mausoleo con el ejército de arcilla más famoso del mundo, el de Xian; pero que al mismo tiempo que construyó decidió destruir todos los libros de su imperio.

Shi Huang tenía tan sólo 13 años cuando se convirtió en el líder de la dinastía Qin (246 a.C.), que era una de tantas que componían la antigua China. Su corta edad a la hora de acceder al trono, estimuló a muchos de sus enemigos para atacarle, sin mucho éxito puesto que provocaron el efecto contrario. Shi Huang no pudo ejercer su mandato como rey hasta el año 236 a.C. fecha en la que mató al amante de su madre y exilió a su tutor regente. Inmediatamente a su ascenso al poder, comenzó una campaña contra los feudos más próximos y comenzó a someterlos uno a uno.

El éxito de sus campañas militares hizo que sus enemigos cambiasen de táctica, tratando de asesinarlo en varias ocasiones, pero en vez de amedentrarlo le animaron a proseguir con sus campañas militares. No vaciló en matar, sobornar y destruir a sus opositores conviertiéndose en un monarca rico y poderoso. En el año 215 a.C. ya disponía de un territorio bajo su mando que podía considerarse un verdadero imperio y consciente de ello ordenó colocar en Atizan la inscripción: “He reunido todo el mundo por vez primera”.

Sus miras hacia la uniformización no se detuvieron en las meramente geográficas y trató de unificar las medidas, las pesas, el ancho de los caminos, las vestimentas, las opiniones, los modos de lucha y los idiomas en la escritura. Centralizó el ejército, controló numerosas actividades económicas que implicaban la conversión de los comerciantes en agricultores y creó 36 distritos dentro de sus dominios a los que sometía a un control feroz.

En cuanto a la persona, Qin Shi Huang nunca se dejaba ver y era bastante difícil saber en cuál de sus 260 palacios se encontraba en un determinado momento. En realidad, lo que quería era poner las cosas difíciles a sus enemigos que una y otra vez trataban de asesinarle. Viajaba mucho, ya que su única obsesión era encontrar el elixir de la inmortalidad.

Finalmente, en el año 213 a.C., ordenó quemar todos los libros excepto los que versasen sobre agricultura, medicina o profecías. Entusiasmado por sus acciones contra la casta de los letrados, creó una biblioteca imperial dedicada a vindicar los escritos de los legalistas, defensores de su régimen, y ordenó confiscar el resto de los textos. De hogar en hogar, los funcionarios se apoderaron de los libros y los hicieron arder en una gran pira.

En el Imperio de Qin Shi Huang, el peor delito era la ocultación de un libro, sancionado con el envío del infractor a trabajar en la construcción de la Gran Muralla. Centenares de letrados murieron y sus familias sufrieron múltiples humillaciones por la posesión de un sólo escrito. Esta medida acabó con cientos de escritos recogidos en distintos soportes, incluyendo huesos, conchas de tortuga y tablillas de madera. Sin embargo, la resistencia existía y una anécdota sobre esto es que el emperador odiaba los escritos de Confuncio especialmente, sin embargo años más tarde cuando los sirvientes limpiaban la Biblioteca Imperial encontraron una copia escondida por algún bibliotecario reacio.

La Biblioteca Central fue arrasada en 206 a.C. después de una guerra civil que destruyó su imperio y sólo durante el año 191 a.C. pudo ser restituido su contenido gracias a que numerosos eruditos habían conservado en la memoria obras enteras que pudieron ser restituidas en su mayor parte.
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