



Pero, ¿por qué para construir tan singular edificación se eligió precisamente un punto y una orientación concreta, en la falda de la
montarla? ¿Qué lugar ocupa la Pirámide de Malinalco en el orden cósmico?
Para averiguarlo, el mexicano Jesús Galindo Trejo, doctor en Astrofísica por la Ruhr UNiversitat Bochum de la antigua republica federal alemana realizó en 1990 un memorable experimento, cuyos alucinantes resultados veremos a continuación.
La astronomía mesoamericana, en una civilización que veía en el tiempo rueda cuyos radios retornaban eternamente, era utilizada para ordenarla de acuerdo con la repetitiva conjunción de los astros, además de servir como base a una técnica predictiva de la que hasta ahora sabemos muy poco, desarrollada por los sacerdotes astrónomos o Ilhuicatla-matinime.
El Sol fue uno de los cuerpos más observados en toda Mesoamérica debido a la aparente regularidad de su movimiento. La deificación del Sol o Tonatiuh -el
se va calentando, iluminando- significó el reconocimiento de su papel vital en la Naturaleza y en la sucesión de esos "espacio-tiempos" –un ámbito concreto ligado a una hora un color una dirección, concebidos por los antiguos mexicas como la esencia del devenir.
Malinalco es una prueba fehaciente de esa preocupación por el curso solar, pues se trata, sin lugar a dudas, de un peculiar observatorio astronómico dedicado a los acontecimientos solares. Por eso está orientado al Sur -dirección del dios solar Huitzilopochtli-, para poder observar mejor esos sucesos.
Son relativamente raras, en toda Mesoamérica, las estructuras arquitectónicas orientadas al Sur. La pirámide monolítica de Malinalco pertenece a esta clase y está relacionada con el Sol declinante, que alcanza precisamente su mínima altura sobre al horizonte sureño en el solsticio de invierno.
Malinalli es el símbolo de las hierbas que nacen en un cráneo y designa también a la deidad lunar de cuatrocientos pechos, Mayahuel, quien amamanta a la Vía Láctea Malinalco era considerado un centro importante para la práctica de la brujería, al grado de que se le llamaba lugar “de donde salían los brujos”. De ellos surgió la costumbre arraigada en Cholula, Tlaxcala y el Marquesado, de colocar banderetas pequeñas a los árboles frutales como el zapote, aguacate, ciruelos, tunales y magueyes.
Según diferentes cronistas la fiesta principal de Huitzilopochtli, el Panquetzaliztli o "despliegue de banderas", se celebraba "cuando el Sol estaba en su declinación". Así, el franciscano Torquemada afirma que en el día del solsticio de invierno tenía lugar en el México antiguo "la bajada de Huitzilopochtli al mundo".
Galindo Trejo midió el eje de simetría del santuario, es decir, la línea que une las cabezas del jaguar y del águila central, y descubrió, con gran asombro, que la desviación de ese eje con respecto al Sur astronómico era de tan sólo medio grado.
Este dato resulta admirable si tenemos en cuenta que el desconocido astrónomo precortesiano que alineó las cabezas no tuvo a la vista la Estrella Polar, la que señala el Norte astronómico, pues al estar incrustado en la montaña, el templo no tiene horizonte norteño. Cómo lograron aquellos hombres "primitivos" tamaña precisión careciendo de instrumentos ópticos y, según parece, de brújula, es uno más de los grandes misterios precolombinos.
Releyendo a Torquemada cuando se refiere a "la bajada de Huitzilopochtli al mundo", el historiador Romero Quiroz señaló que tal vez ese acontecimiento solsticial se verificaría en el templo monolítico de Malinalco al mediodía, cuando la luz solar iluminaba el águila central a través de un agujero en la fachada, hoy inexistente debido a que la parte superior ala boca de la serpiente de la entrada ha desaparecido y ha sido sustituida por una techumbre de paja. De ese modo, el Sol, al alcanzar su mínima declinación, iluminaría su propia imagen representada por el águila, para que Huitzilopchtlí descendiera -a través del rayo de luz solar- "realmente" al mundo donde existe el águila, su representación. Es lo que los antiguos griegos llamaban una hierofanía o iluminación repentina de un lugar o un objeto sacralizado.
Considerando tanto la fecha en que sucedería la hierofanía como la orientación del templo, Galindo Trejo calculó el ángulo bajo el cual los rayos solares podrían incidir sobre la cabeza del águila central del santuario, así como la hora exacta en que eso iba a suceder.
Para suprimirla obstrucción que significaba la techumbre de paja, su equipo introdujo en ella un grueso tubo, en el lugar y con la inclinación previamente calculados por este astrónomo. Así, en el día del solsticio de invierno de 1990, fecha en que, de acuerdo con los cronistas, se celebraba la fiesta principal de Huitzilopochtli, exactamente alas 14,40 del mediodía, se reprodujo un milagro ocurrido por última vez medio milenio atrás: un estrecho haz de rayos solares entró en el santuario e iluminó la cabeza del águila, recreándose de nuevo la bajada de Huitzilopochtli al mundo.
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